RESULTADOS CONCURSO TRANSFIGURACIONES

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Antes de ninguna otra cosa deseamos agradecer a todos los concursantes su participación y destacar la gran calidad de las obras recibidas. Después de una concienzuda deliberación hoy, 31 de marzo de 2008, el jurado ha decidido otorgar los premios como sigue:

Primer premio: Carlos Eulefí (personaje diseñado: Long Haul)

Segundo premio: Eduardo Olave (personaje diseñado: Spyblack)

Tercer premio:
Sebastian Gúmera (personaje diseñado: Seester-6)

Queremos también otorgar una mención de honor a:

Camila Escalante (personaje diseñado: Spyblack)

En breve nos pondremos en contacto con los autores y publicaremos los diseños en este mismo sitio y el ezine Transfiguraciones. Queremos también destacar la diversidad de estilos gráficos recibidos y la originalidad de muchas propuestas, así como el orgullo que ha supuesto para los creadores de los personajes verles cobrar vida de la mano de los participantes. De nuevo gracias a todos por su participación y les invitamos a leer el próximo número de Transfiguraciones.

Concurso de arte gráfico Transfiguraciones

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Concurso de arte gráfico Transfiguraciones 2008

1 - Podrán participar todas las personas que lo deseen con independencia de su edad y nacionalidad.

2 - Los participantes enviarán al menos un diseño de uno de los personajes propuestos, en color o blanco y negro. Podrá enviarse más de un diseño, pero en cualquier caso sólo se presentará un diseño por personaje. Los diseños deben corresponder solo a los personajes propuestos en la lista de personajes a ser ilustrados (punto 12 de las bases). Los diseños deben ser propiedad del autor y no estar comprometidos con terceros.

3 -
El plazo comienza desde el momento en que se publican estas bases y acaba el 30 de Marzo del año 2008. Mientras el plazo siga abierto pueden enviarse nuevos diseños, siempre y cuando se respete lo establecido en los demás apartados. El fallo del jurado será publicado antes del 13 de Abril, y será publicado en http://www.calabozodelandroide.cl/ . El premio puede declararse desierto.

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Transfiguraciones Volumen 6

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[Terminus Est] Con este relato escrito por Sergio inauguramos el Universo Transfix, una realidad alternativa en la que la historia de los Transformers no se desarrolló ni como se narra en la serie original ni como se narra en los comics. El punto de escisión será la batalla que tuvo lugar en Metroplex, y en la que tanto Optimus Prime como Megatron murieron. Ese acontecimiento tan crucial en la historia de los Transformers no ocurrirá tal y como nos fue relatado. Además de ello, conoceremos nuevos personajes exclusivos de este Universo, no sólo Autobots y Decepticons, sino también nuevas criaturas que tendrán un papel crucial en el mismo.

[Transforma la carne] Este peculiar relato de Daniel Guajardo ofrece una visión extremadamente personal de los Transformers. Una historia plagada de detallismo y con momentos muy sorprendentes en la que se dará una vuelta de tuerca al concepto de estos personajes, acercándolos a la ciencia ficción más hard.

[La canción prohibida de Primus] Esta historia de Sergio Meier se enmarca en la línea de comics como Hearts of Steel para mostrarnos a los mismos personajes que conocemos pero sobre un nuevo campo de batalla. Si quieren saber cuál es ese escenario tendrán que descifrar el borrador del cuento que publicamos como adelanto.

[Legado] En este relato de Gabriel Álvarez asistiremos a un nacimiento. El nacimiento de un personaje sobradamente conocido por muchos de los seguidores de los Transformers, con un toque de introspección y misterio que, de hecho, son más que adecuados teniendo en cuenta de quién estamos hablando. Pero como siempre, para resolver el misterio tendrán que comenzar a leer el relato.

[Fantasmas del mañana]
Cinco nuevos soldados Decepticon llegan a la Tierra tras la derrota de Megatron. Sólo diremos que son un equipo que ha hecho de la velocidad su arma. ¿Saben ya de quienes estamos hablando…?

[La Fuente: parte I] Arkanoid es un Transformer con un sólo sueño: alcanzar las estrellas. Y para lograrlo está dispuesto a lo que sea, desde aliarse con los Decepticons hasta utilizar una extraña e inagotable fuente de energón que caerá en sus manos.

Tranfiguraciones vol. 5

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[Los viejos guerreros nunca mueren] En esta historia escrita por Miguel Ángel López Muñoz acompañaremos a los Combaticons, uno de los escuadrones Decepticons con un pasado más desigual, en una historia que marca su regreso activo después de cumplir una condena impuesta por los Autobots. Sin embargo, como siempre les ha ocurrido, se verán inmersos en un complot que tendrá consecuencias imprevisibles para ellos…

[La Dama Escarlata] Sergio Alejandro Amira nos muestra un futuro desangelado y gris en el que apenas existe el honor o la nobleza, un mundo donde la venganza es el motor que impulsa a los que viven en él. Arcee, la protagonista de esta historia, se embarcará en una persecución que llevará al límite a muchos cuando alcance su temido final.

[Caída y renacimiento]
Federico Hernán Bravo vuelve a escribir para Transfiguraciones un nuevo relato, y en esta ocasión se centra en un momento crucial de la vida de Megatron, el momento en el dejó de ser llamado así y pasó a convertirse en Galvatron. Como no podía ser menos, el monstruoso Unicron tendrá un papel fundamental en esta historia.

[El ejército de los Colosos] Miguel Ángel López Muñoz, en este relato, trata de arrojar luz sobre uno de los puntos fuertes más curiosos de la OVA conocida como Transformers: Zone. ¿Cómo fue que los Decepticons más poderosos del pasado, como Devastator o Predaking, reaparecieron para el combate? ¿Y por qué se comportan como si fuera un solo ser? Conoceremos la respuesta a estas preguntas al tiempo que averiguamos cuál fue también el destino final del carismático personaje de Liokaiser.

[El sanador]
La última historia de este número es una historia simple y sencilla, pero no por ello menos atrayente e interesante. El protagonista de este relato escrito por Gabriel Álvarez es Ratchet, uno de los Autobots más queridos por los fans de la serie. La conversación que tiene con un humano de motivaciones muy definidas aporta un toque realista al concepto de los Transformers, al tiempo que los asocia con algunas de las preocupaciones más recientes del mundo actual, como es el caso del terrorismo.

Transfiguraciones vol. 4

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[Marionetas de metal] Para esta historia escrita por Miguel Ángel López Muñoz tendremos unos protagonistas de excepción: los Quintessons. Veremos un acontecimiento inédito en la historia de los Transformers que nos permitirá averiguar muchas cosas desconocidas relativas a su pasado y a su origen como especie inteligente. Todo ello gracias a una crucial conversación entre estos implacables seres y el más sabio y noble de todos los Autobots.

[Amar en Vano] En esta emotiva historia de Sergio Alejandro Amira nos centraremos en uno de los temas más peliagudos del concepto de los Transformers: ¿hasta qué punto entienden lo que es el amor? Veremos el punto de vista del autor al respecto, y además nos deleitaremos con la introducción de personajes clásicos de los cómics de Transformers y otros completamente nuevos y nunca antes mostrados.

[La leyenda del Jaguar] En este número tenemos muchas novedades, y este relato de Omar Vega es una más de ellas. Por primera vez veremos en las páginas de Transfiguraciones un relato enmarcado en el universo de Beast Wars, y que tiene por protagonista a Cheetor en lo que resulta ser un interesante punto de inflexión en el destino de este valiente guerrero Maximal.

[Sacrificio] Federico Hernán Bravo es el autor de esta historia que muestra, desde su propio punto de vista, la batalla entre los dos indómitos líderes de los Transformers, Optimus Prime y Megatron. Una batalla tanto física como ideológica que demuestra una vez más cuál es la diferencia entre ser un Autobot y ser un Decepticon.

[Una falsa esperanza] Y con este relato de Sergio Alejandro Amira se puede definitivamente asegurar que en este número imperan los protagonistas peculiares. En una terrible batalla la Matriz de los Autobots se pierde, pero no tarda en encontrar un nuevo dueño. Él no se considera a sí mismo Autobot ni Decepticon, pero puede transformarse igual que ellos. Si quieren saber de quién se trata tendrán que empezar a leerlo…

Transfiguraciones Volumen 3

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[El planeta de Alpha Trion] En esta primera historia Sergio se lanza a la tarea de demostrar que los Transformers encajan de lleno con la ciencia ficción más sesuda y compleja, y para eso fusiona su peculiar mitología con la novela El Planeta de Shakespeare, en el cual se nos presenta a un Galvatron que debe comprender a un extraño ente alienígena, y a un Alpha Trion que toma el lugar argumental del mismísimo William Shakespeare.

[Génesis del robot múltiple] Después de esta historia nos centraremos en contar el verdadero origen de uno de los Transformers más populares y recordados: el Decepticon Soundwave. Un relato, narrado por Miguel Ángel López Muñoz, en el que descubriremos no sólo el motivo de su hermética personalidad, sino también su pasado en el planeta Cybertron y su peculiar relación con su ejército de minirrobots. Este relato introduce también un nuevo personaje, amablemente cedido por Adam Alexander: el espía Botch.

[La armada de Cyclonus] Seguimos con los Decepticons y volvemos con Sergio. Esta vez, el protagonista en cuestión será Cyclonus (el leal soldado a las órdenes de Galvatron) y comprobaremos hasta qué punto llega su lealtad por los Decepticons que será capaz de hacer tratos con un ser que puede arrasar planetas a su paso. ¿Saben ya de quién hablamos…?

[La guerra que nunca fue] Miguel Ángel López Muñoz vuelve a basarse en los temas clásicos de la ciencia ficción para ofrecernos otro relato. Esta vez centra sus esfuerzos en las ucronías para contarnos la historia de un terrorífico futuro que no tuvo lugar. El punto de escisión: el momento en que los Decepticons despertaron en la Tierra. El motivo: los Autobots no lo hicieron al momento, sino muchos años después, siendo esclavizados en su mayor parte. Contamos, además, con un narrador de excepción: el Autobot Mirage.

[Fuego del cielo] Y finalizamos una vez más con Sergio, que nos mostrará también un futuro lejano, pero esta vez marcado por el recuerdo deformado de los Transformers. El amor y el odio por estos seres de metal se desata de nuevo en la Tierra por culpa de la reaparición de uno de ellos. Unos les defienden e incluso adoran, otros les demonizan. Y mientras tanto nuestro protagonista comprende al fin su destino para con los humanos. ¿Quieren saber de quién hablamos? Tendrán que seguir leyendo…

Transfiguraciones Volumen 2

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SINOPSIS

[Crónica de Ciudad Autobot] Inauguramos este nuevo número con un tema que ha dado pie a numerosos libros y relatos en la ciencia ficción: las ciudades sentientes. Un tema fascinante que ha sido tratado en multitud de formas y estilos, y como no podía ser menos, tuvo su reflejo en los Transformers. Miguel Ángel López Muñoz se pone en la piel de Metroplex para contarnos cómo vivió él uno de los momentos más épicos de la historia de los Autobots.

[Marte rojo desolado] Los Transformers pueden suponer una fuente de inspiración para muchos estilos literarios. Han acuñado toda una serie de términos específicos y de conceptos con los que son asociados de manera indiscutible, como las guerras entre máquinas. Este relato de Miguel Vargas aborda a estos colosos de metal desde una perspectiva más abstracta.

[Cuando los motores vuelvan a rugir] En esta extensa y desesperanzadora historia, obra de Pablo Castro, nos trasladaremos a un planeta Tierra devastado en el que humanos y Transformers han caído en desgracia y tratan de sobrevivir entre las ruinas de lo que una vez fue la civilización. Al mismo tiempo, conoceremos la historia del Decepticon Dead End, marcado por la traición que ejerció contra sus otros cuatro compañeros, los Stunticons, también conocidos como los Amos de las Carreteras.

[El relevo] Volvemos de nuevo a enfocar las relaciones entre los Autobots y los seres humanos. En este relato Teobaldo Mercado nos enseña cómo no hacen falta muchas palabras para condensar todo lo que une a ambas razas. Para ello, en representación de los humanos está Johanna, y en representación de los Autobots, el veloz y leal Blurr.

[Daño colateral] Y para terminar, contamos con la colaboración de Sergio Alejandro Amira, esta vez con una historia altamente emotiva y cercana que nos lleva de vuelta a América del Sur. Los Autobots siempre han sido los que han manifestado mayor empatía con los humanos, pero los Decepticons también han expresado en ocasiones sus propias inquietudes interiores. Sergio nos ofrece en este relato la peculiar historia de una amistad que a muchos se les antojaría como imposible, además de ofrecer una visión bastante desencantada de la guerra entre ambos bandos.

¿Quieres colaborar? pues ve aquí

Transfiguraciones Volumen I

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Transfiguraciones no es una antología cerrada a unos pocos privilegiados. Esperamos tus colaboraciones. No es necesario que poseas un gran conocimiento del mundo de los Transformers, ni que seas escrupuloso con la continuidad de los cientos de capítulos televisivos y cómics que existen, tan sólo que nos envíes relatos que demuestren que los Transformers forman parte indiscutible de nuestra cultura pop.

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Editorial #8

Esto no se supone que fuese a ocurrir.

Hace un tiempo sufrimos un cisma al interior de Transfiguraciones, y me quedé con la pregunta “¿vale la pena continuar?”

Mi intelecto me decía que sí, que se lo debía al menos a los autores que me habían confiado sus cuentos (aún sin publicar). Pero esta no era razón suficiente.

¿Para que seguir con esto cuando es mucho más fácil hacer nada? ¿Para que invertir esfuerzo, tiempo y recursos (tanto míos como de otros) en algo que no reditúa nada a cambio? Pues básicamente por que ni yo, ni los amigos que han participado de este proyecto, pueden evitar hacer este tipo de cosas. Cosas que llenan un vacío, que suplen una necesidad y que son imposibles de cuantificar en dinero. Esas cosas que simplemente, no se pueden comprar en el boliche de la esquina ni en tres cuotas precio contado en la multitienda. Transfiguraciones es una de esas cosas, no se puede comprar porque no está a la venta. Los sueños no se venden y cuando renunciamos a ellos, más vale estar muertos.

Pero aún así. No encontraba la voluntad heideggeriana, el sentido franklenesco para seguir adelante con Transfiguraciones. Como ya lo dije, es mucho más fácil hacer nada, sobretodo cuando uno se queda solo. Ya saben, es muy difícil levantarse de un sillón en el cual uno está como adherido, sin que venga alguien y te de una mano. Es más cómodo cerrar la cortina, apagar la luces e irse a casa.

Y entonces algo pasa, y la luz se enciende y la chispa vital regresa a la vida. Y es por eso que Transfiguraciones seguirá publicándose. A veces basta una sola persona para hacer la diferencia. Esa persona se llama Ana Cecilia López, y desde aquí le doy las gracias.

Hasta el día en que todos seamos uno…



© 2008, Sergio Alejandro Amira.

El aceite también sangra (1ª Parte)

screamRuta 66
Cerca de Las Vegas, Nevada
16:30

—He pensado en agregar algún detalle, algo que me diferencie del resto —pronunció el auto, un reluciente Lamborghini Reventón plateado—. Tal vez algo así —agregó, mientras sus sistemas nanotecnológicos cambiaban su color a un rojo furioso. Y un enorme alerón amarillo, con la forma de la punta de una flecha, crecía sobre el plano posterior del lujoso deportivo.

El camión. Un Kenworth Aerodyne, de cabina frontal y un solo cuerpo, pintado de blanco, con líneas azul claro, diseñado para transportar autos de carrera, se acercó al modelo italiano y le pidió apresurarse. Tiempo era lo menos que tenían.

—Aguarde, comandante. Una cosa es disfrazarse, pero otra muy distinta es hacerlo con estilo —sumó, mientras el dibujo de un águila de fuego cubría su capó.

—No estamos acá por arte, Hot Rod. Tenemos una misión, te lo recuerdo.

—Lo que usted diga, señor.

La enorme masa del camión hizo tronar sus escapes gemelos, levantados a ambos lados de la cabina, mientras su cerebro recordaba cada uno de los sucesos ocurridos desde el ataque sorpresa a la vieja colonia penal.

—Este es un mundo grande —pronunció —pero encontraremos a Prime, cueste lo que cueste.

—Espero que sus diferencias personales no empañen la misión, señor.

—Tengo claras mis prioridades Rod. Sé a lo que venimos, sé lo que debemos de hacer. ¿A cuantas millas estamos de la ciudad conocida como Los Angeles?

—A unas cuatrocientas señor.

—Perfecto, no perdamos mas tiempo, entonces.

El Lamborghini se adelantó y enfiló hasta la entrada de la autopista, pero antes de acelerar, volteó por última vez hacia el camión.

—¿Ultra Magnus? –le preguntó.

—Habla.

—Supongo que no diremos nada del asunto Starscream.

—Supone bien, soldado. Starscream es quien menos importa en estos momentos.

Y aunque Hot Rod dudaba de la posición y la obsesión de su comandante, no era quien para negarse a acatar las órdenes. Además Ultra Magnus era su amigo. Y alguna vez el Autobot que le había salvado la vida.

Y un deportivo de lujo italiano, en apariencia víctima de un propietario adicto al tunning, rugió por la carretera, seguido de cerca por un camión porta—autos de tres ejes y diez ruedas, con la forma de una enorme caja blanca, cubierta de escudos aerodinámicos.

Base US Navy
San Diego, California
23:55

Prototipo de Vehículo de Exploración y Superioridad Submarina, decía en el enorme hangar, emplazado sobre la base naval de San Diego, California. En el interior aguardaba tranquilo, y vigilado por diez guardias armados, el USS Skate, primero de una serie de nuevos submarinos nucleares, diseñados para no llevar más de dos o tres tripulantes en misiones de rescate, apoyo a naves mayores y espionaje subacuático. El vehículo, un cilindro de treinta metros de eslora, propulsado por un hidrojet movido por un pequeño reactor nuclear, era la punta de lanza de una nueva clase de máquinas militares, que llevaban bajo las olas la idea y el concepto de un avión caza. Aunque el USS Skate sumaba dos años en pruebas, nadie, salvo las autoridades navales más altas sabían de su existencia. A lo más, hace unos meses, Popular Mechanic había filtrado la supuesta existencia de un Sub-Stealth, pero ni las características, ni el diseño publicado correspondían con el resultado. Los redactores y reporteros imaginaban una nave en forma de manta raya, el Skate por lo contrario, no era muy distinto de un torpedo, pero de mayor tamaño. El principal proyecto negro de la US Navy continuaba negro. Por ahora.

Primero vino el corte de energía. Una baja en el voltaje y luego todo a oscuras. Los guardias encargados de custodiar la joya de la naval prepararon sus armas, activando sus trazadores láser.

Y entonces los vieron.

Dos luces rojas, como ojos, mirándolos desde la parte más alejada de la estructura. Lo que estuviera allí, estaba de pie y era grande, casi tanto como el hangar. Veinte o tal vez más metros de alto.

Y no se veía amistoso.

“¿Qué es eso”, alcanzó a decir uno de ellos, sin tiempo para reaccionar a la descarga de energía que dividió su cuerpo en dos. Suerte similar a la de sus colegas. El último de los soldados, con el brazo derecho colgando y casi desmayado del dolor, fue quien contempló lo que se les había venido encima. Y mientras aquella criatura caminaba hacia el submarino, los rumores del incidente de Qatar hace tres años se le hicieron más reales que nunca.

El horror estaba hecho de metal.

La descomunal figura humanoíde, ligeramente parecida a un insecto, caminó hacia los cuerpos de los seres de carbono y revisó que estuvieran muertos. Al percibir que uno de ellos continuaba respirado, lo reventó cargándolo con su pesada pata derecha. La sangre salpicó a través del piso, chorreando metales, maderas y fierros viejos. Luego la criatura avanzó con cautela hasta el USS Skate y examinó cada uno de sus detalles, con un rayo brillante y azulado que proyectó desde sus ópticos. Y a medida que lo hacía, microscópicos organismos nanotecnológicos replicaban sobre su propia forma, la geometría del submarino.

Dos minutos después, una nave idéntica al USS Skate se sumergió bajo la bahía de San Diego y comenzó su lenta marcha hacia el corazón del Pacífico. El viaje era largo, pero tenía todo el tiempo del mundo.

—Scourge iniciando misión—, pronunció el sumergible en un dialecto metálico e intraducible.

Y a medio mundo de distancia, cerca del puerto de Tokio, un MV—22 Osprey, sobre la cubierta de vuelo del portahelicópteros de asalto USS Essex respondió:

—En tres días, en el punto de encuentro.

—¿Y las chispas, Señor?

—Thundercraker se ha encargado de ello.

—El hermano del mal nacido… Guardar silencio entonces, debemos.
—Y esa es mi orden, soldado. Cyclonus fuera.

Luego el convertiplano regresó a la quietud de su forma disfrazada. Y pensó en Optimus Prime. El maldito no imaginaba lo que pronto le vendría encima.

Burbank, California
Instalaciones de Lockheed Martin Corporation
01:00

Thundercraker disfrutaba las potencialidades de su nuevo disfraz. Antes de adquirir el aspecto, había pensado en replicar un F-22 como forma de molestar a su medio hermano, pero después de lo ocurrido en el cuarto planeta, Starscream merecía menos atención de la que le estaban dando. Además el F-35C, versión naval del Lighting II, era un avión más ligero, pequeño y más ágil. La forma perfecta para un guerrero que había pasado toda su vida atacando rápido y escapando aún a mayor velocidad. Abrió la bahía de bombas y notó como las chispas de los dos Altos Señores brillaban al reflejarse contra la loza del hangar. Estaba solo, eso era bueno. Odiaba cuando los sucios humanos lo rodeaban, además ya había esperado demasiado, necesitaba un poco de acción. El señor Cyclonus tenía confianza en cada paso de la operación. Si Scourge ya estaba en marcha, cada vez faltaba menos para el regreso definitivo de Megatron… o de algo aún mejor. Usó una descarga para abrir las puertas del hangar y activó la turbina. Ya daba lo mismo que los guardias se dieran cuenta. La cuenta regresiva había comenzado a correr.

Orange County
L.A.
21:30

El Mustang GT, pintado con los colores de auto de persecución de la policía californiana se estacionó y esperó la llegada del Camaro. Se sentía sólo, pero era una responsabilidad que había asumido el día en que Optimus le pidió que se infiltrara en las filas enemigas y actuara de informante. Prowl miró como reventaban las olas del Pacífico y se preguntó cuanto más podría durar bajo la falsa identidad de Barricade. Jazz y Bluestreak, la habían ideado, ninguno de ellos estaba ahora con vida. Jazz era una chispa, implantada en la matriz de Prime, Bluestreak estaba perdido en algún lugar del sistema que los terráqueos llamaban Epsilon Eridani.

Bumblebee apareció haciendo sonar a máximo volumen una pegajosa pieza musical que los nativos llamada “Mr. Roboto”. Prowl/Barricade pensó que era un mal chiste. El Camaro se estacionó al lado del Mustang y proyectando el holograma de una chica rubia de grandes pechos saludó a su compañero.

—He estado leyendo acerca de estas máquinas, ¿sabías que el Camaro fue la respuesta de Chevrolet al Mustang de Ford?

—No tenía idea.

—Chevrolet desarrolló dos modelos de autos gemelos para derrotar al Mustang. Bajo el sello Pontiac presentó al Firebird Trans Am y con el logo Chevrolet el Camaro. Los dos autos eran idénticos, pero al ir bajo dos marcas constituyó un ataque doble contra el Mustang.

—¿Y ganaron?

—En realidad no, el Mustang siempre ha tenido más incondicionales que el Camaro o el Firebird. En fin, ¿cómo has estado Barricade?

—Prowl, por favor, me estoy volviendo loco, juro que si vuelves a llamarme Barricade, me convierto de verdad en Decepticon.

—Eres demasiado bueno para ser un Decepticon…

—Yo no estaría tan seguro… ¿Cómo esta el muchacho?

—Bien, Spike…

—¿Spike, pensé que era Sam?

—Ironhide lo bautizó así, se encariñó con el chico al igual que con el capitán Lennox, lo llama Duke, sabes. Ironhide es un viejo corazón de lata.

—Ya lo creo.

—Te envía saludos, igual que Prime. Todos agrademos tu sacrificio.

—…

—¿Estas bien?

—No, Bumblebee. No estoy bien, no soporto vivir como un Decepticon, pero es mi deber, soy un soldado Autobot y si Prime me dio esta misión, debo obedecer.

—Prowl, Prime entendería.

—…

—Esta bien, aunque no lo creas te entiendo.

—Atacaron el Satélite Penal.

—¿Starscream?

—No.

—¿Quién entonces?

—Después de la derrota de Megatron, Starscream se dirigió al mundo llamado Marte a buscar refuerzos. Se autoproclamó líder Decepticon, pero Cyclonus y Thundercraker lo derrotaron y encerraron. Cyclonus reunió a los Decepticon bajo el lema de recuperar a Megatron.

—Megatron está muerto, el Cubo lo fundió.

—Ellos lo saben, pero tienen un plan.

—¿Qué plan?

—No lo sé, pero tiene que ver con las chispas de Shockwave y Straxus.

—Las chispas de los dos Altos Lores estaban a cargo de la gente de Ultra Magnus.

—Los atacaron y robaron. Escucha Bumblebee, hace dos semanas un batallón de guerreros de elite Decepticon arribaron a la Tierra y ya están disfrazados. Y tienen las chispas de los Lores, estoy seguro que planean recuperar los restos de Megatron para galvanizarlo con las mentes de los viejos líderes.

—Mierda.

—Has aprendido palabras nativas.

—Más que lo sano, Prowl.

—¿Y eso no es todo?

—Habla.

—Aprovechando la ausencia de Cyclonus y Thundercraker, Starscream escapó.

—Volvió a la tierra.

—No.

—¿Dónde está?

—Nadie lo sabe.

—…

—…

—¿Hay otra cosa que no me has dicho, cierto?

—Es algo que tiene que ver con Prime.

—Que pasa, Prowl.

—Su hermano está acá.

—¿Magnus?

—El mismo, Bumble… Ultra Magnus está en la tierra, aterrizó hace dos días junto con Hot Rod.

—…

—Tomó la forma de un camión blanco.

—Lo imaginé.

Base militar Yaroslav Skarko
Ucrania, 07:55

“Hay trafico no autorizado en el sector D”, gritó uno de los controladores de radar.

—Estamos probando algo –reaccionó su superior, mirando a alguno de sus subalternos.

—Que yo sepa nada, señor.

El superior tomó el teléfono y marcó los tres dígitos del código directo. Tras escuchar la voz del Coronel le consultó si algún prototipo estaba siendo volado en la zona. Le respondieron negativamente. Colgó el auricular y preguntó si tenían un AWACS en vuelo.

—Águila 303, esta cerca –respondió el operador de radar.

—Comunique con ellos y ordene un barrido al sector D, hay que cazar el bandido. ¿A que velocidad se mueve?

—900 kilómetros por hora, pero cuando apareció venía rozando el Mach 3.

—Envíe dos Su—35 interceptar.

—Hecho

A 60 kilómetros al norte, en el borde del cuadrante D, un viejo bombardero turbohélice Tupolev Tu-95, modificado para misiones AWACS de alerta temprana, con un gigantesco radar rotatorio montado sobre el fuselaje, bajó su altitud de vuelo y obedeció las ordenes emitidas por Skarko. Las ocho hélices montadas al frente de cuatro propulsores gemelos tronaron sobre las nubes de la república rusa. Tras la cabina de pilotaje, los computadores de control comenzaron a traducir los códigos del eco reflejado. Colas gemelas, dos grandes motores, la nave era de ellos, no cabía duda.

—¿Es un MiG-25, señor? —indicó extrañado el ingeniero de vuelo.

—Imposible —respondió el capitán de Águila 303—. El último de los MiG-25 fue suspendido hace dos años. Todas las unidades que los operaban fueron sustituidas con MiG-31, hasta Star City opera con 31. Skarko acaba de despachar dos Su-35, me pueden comunicar con ellos.

—De inmediato.

Tras la estática, Águila 303, enlazó con uno de los interceptores.

—Solicito confirmación visual. El eco indica que es un MiG-25.

—Eso es imposible —repitió el piloto.

—No lo es, mira —interrumpió su compañero de vuelo.

Efectivamente, ante los Su-35 apareció un viejo MiG-25, el interceptor preferido de la edad de oro de la URSS. Un avión de una época ya inexistente.

Los Su-35 rodearon al avión y tras indicar a la base que se trataba de tráfico inusual, abrieron comunicación con el piloto para indicarle que lo escoltarían. No hubo respuesta. Trueno 1 y 2, los dos Su-27, alistaron sus armas y se pegaron a las colas del enorme Mig-25

Cerca y en estado de completa invisibilidad al radar, un avión tanque IL-78 Midas, con cola en “T” también ingresó al custodiado sector D. Nadie lo advirtió, como tampoco nadie notó que en una de las más apartadas instalaciones de Yaroslav Skarko un tanque T-90 encendió sus motores, sin tener un solo tripulante dentro.

Escoltado por dos Su-35, el Mig—25 hizo dos pasadas sobre la pista, sin mostrar intención de bajar el tren de aterrizaje. Desde la torre de control, la orden fue directa: o el avión bajaba o lo bajaban. Los sistemas antiaéreos de las instalaciones estaban listos y apuntando al inusual visitante.

—Hay otro problema —interrumpió un joven suboficial, tras un panel de computadores.

—Diga, soldado —habló su superior.

—Según la matrícula de ese MiG-25, el avión se estrelló hace doce años en unas operaciones en el mar báltico.

Jodida madre Rusa, alcanzó a pensar el jefe de la torre, recordando los informes del confuso incidente de la base norteamericana de Qatar hace unos años.
Ya era demasiado tarde.

Antes de que una de las torres antiaéreas abriera fuego, antes de que uno de los Su-27 despachara uno de sus misiles contra el intruso, el MiG-25 bajo hasta casi rozar la loza de la pista y se dirigió a velocidad de colisión contra un inesperado tanque T-90 que surgió destruyendo todo a su avance, ante el horror y el desconcierto de los soldados presentes. Y entonces el MiG y el tanque chocaron, uno contra otro, de frente. 400 kilómetros por hora contra 70. Pero no hubo explosión, ni latas saltando, todo lo contrario. Avanzados sistemas nanotecnológicos demoraron exactos tres segundos en enlazar las estructuras mecánicas y metálicas de ambas naves de guerra para dar forma a una figura ligeramente arácnida que se levantó, giró y abrió hasta adquirir un aspecto más antropomórfico de casi trinta metros de alto. Y cuando las piernas levantaron el torso y los brazos del tanque unido al avión, la cabeza del Decepticon conocido como Blitzwing apareció entre lo que segundos antes eran las tomas de aire de un MiG-25.

Y Blitzwing sonrió. Luego activó su cañón frontal y comenzó la carnicería. Aviones, hombres y máquinas saltaron por los aires, incapaces de enfrentar al coloso que caminaba destruyendo todo a cada paso. Intentaron cercarlo con otros T-90 y disparar en su contra todas las baterías antiaéreas de las instalaciones. Error, que sirvió para que en las afueras de la base, nadie se percatara del modo en que dos camiones de reaprovisionamiento de combustible formaron las piernas de un gigante aún más grande, cuyo cuerpo y espaldas eran conformados por un tanquero IL-78 que acababa de asaltar el espacio abierto.

—Tardaste en llegar, Octane.

—No soy tan rápido como tu Blitzwing. Veo que ya te has encargado de estos insectos.

—Son débiles e insignificantes.

—Gloria a Megatron —exclamó Octane mientras descargaba sus lanzallamas contra un batallón de soldados. Cenizas y carne quemada se fundieron con los humos y llamas de las explosiones.

—¿Dónde está el disfraz? —preguntó Blitzwing.

—En aquel hangar —indicó el triple cambiante, formado por vehículos de reaprovisionamiento.

Pisoteando todo a su alrededor, los robots guerreros se acercaron a las instalaciones y usando sus brazos como garras quitaron el techo del hangar.

—¿Esto es? —preguntó Blitzwing

—Veloz, ágil y con un gran cañón, ideal para la reencarnación del Alto Señor.

—Aun no me acostumbro a las máquinas nativas de este mundo, tal vez Megatron no…

—No vuelvas a llamarlo así, Cyclonus nos explicó que Megatron estaba muerto, que era un nuevo líder el que se levantaría de sus ruinas.

—Como sea. Octane, transfórmate en avión y abre tu bodega de carga.

Octane giró sobre su cuerpo y sus tres componentes tomaron las formas del tanquero de transporte IL-78 y los dos camiones de reaprovisionamiento. El portalón de la bodega de carga de la nave bajó y los primeros que subieron fueron los camiones-piernas, luego Blitzwing acomodó en su interior las partes del helicóptero cañonero Kamov Ka-52 que acababan de robar.

—Espero que quede espacio para mi parte blindada.

—Lo siento hermano, pero estoy repleto, busca un modo alternativo para moverte.

Blitzwing regañó entre dientes, furioso. Odiaba que lo dejaran tirado en un campo de batalla. Decidió no regresar a su disfraz y arreglárselas caminando. Y mientras pateaba el último edificio en pie de la base rusa, vio como Octane alzaba vuelo hacia el punto de encuentro.



© 2008, Francisco Ortega.

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