‘Vuelve con sangre en las ruedas, o no vuelvas’ - Autor: Richard Morgan
- Título: Leyes de mercado (Market Forces, 2004)
- Editado por: Gigamesh
- Colección: Gigamesh Ficción, núm. 38. Colección dirigida por Alejo Cuervo
- Traducción de Jesús Gómez
- Prólogo de Fernando Ángel Moreno
- Ilustración de portada de Juan Miguel Aguilera
- ISBN: 84-96208-36-2
- ISBN-13: 978-84-96208-36-0
- 432 págs.
| |  | En Inversión en Conflictos de Shorn Associates sólo nos hacemos dos preguntas: ¿Ganarán? Y en tal caso, ¿pagarán? No juzgamos; no moralizamos; no malgastamos. Nosotros calculamos, invertimos. Y prosperamos. Richard Morgan me lo ha puesto fácil. Para dar una idea de lo que es Leyes de mercado sólo habría que reunir fragmentos de la misma y plantarlos a pelo. Es una novela de ésas de las que se puede decir sin miedo: léala, en serio, es una gran novela, no le dejará indiferente y además le enganchará y le divertirá.
Se desarrolla en Londres, pero no en un maldito salón de té victoriano sino en las calles, la zona empresarial, las residencias de la clase acomodada y los suburbios acordonados de una ciudad inmersa en un ambiente distópico y cyberpunk de mediados del siglo actual.
Si les vale como orientación, el autor dice que se inspiró en Rollerball y Mad Max. En la contraportada afirman que se incluyen temas orwellianos con una estética entre Mad Max y La hoguera de las vanidades. Pero miren, cuando llevaba un par de capítulos o tres, yo pensaba más bien que era una especie de mezcla entre Rollerball y La tapadera (sí, la peli de Tom Cruise). Más adelante cambié de opinión y ahora que la he terminado no llego a ver tanta inspiración, o al menos no me recuerda tanto a las obras que he mencionado.
Fue concebida como relato, de éste se hizo un guión (y me parece que se hará la película) y del guión surgió la novela. Esto también les puede servir para hacerse una idea del dinamismo de la obra. Morgan ha marcado el tempo de una forma muy visual. Por cierto, su estilo, sus recursos literarios, son francamente potentes. Si lo que quieren es que la resuma en cinco palabras, es fácil: Esto no es Bambi. Y me ha sobrado una. Pero seré generoso y me extenderé un poco. ¿Cuál es el planteamiento? Antes de decírselo responda a algunas preguntas: ¿Cree posible un mundo en el que todos se contenten con una vida de trabajo duro, recompensas modestas y placeres sencillos, en el que los recursos se compartan por arte de magia como en una fiesta de cumpleaños mundial para niños bien educados? ¿Le parece a usted que la humanidad va por ese camino? Y lo que es más importante, ¿lo desea? No. En serio. Sea sincero ¿De verdad cree que nos podemos permitir que se desarrolle el mundo en vías de desarrollo? ¿Cree que podemos sobrevivir al surgimiento de unas superpotencias china e india modernas y articuladas? ¿Nos podemos permitir un tercer mundo lleno de países dirigidos por líderes inteligentes e incorruptibles? Imagínelo por un momento: toda la población mundial disfrutando de enseñanza, seguridad social, seguridad, aspiraciones… Derechos para las mujeres… Por Dios, no. El libro de Morgan no nos lleva esos derroteros. De hecho está ambientado en un futuro a medio plazo que refleja algo muy diferente. No podemos permitirnos un mundo como el que he descrito más arriba. ¿Quién se encargaría de absorber los excedentes subvencionados? ¿Quién nos fabricaría la ropa y el calzado? ¿Quién nos suministraría la mano de obra y la materia prima baratas? ¿Quién almacenaría nuestros residuos nucleares y equilibraría nuestros excesos con el CO2? ¿Quién nos compraría las armas? ¿Quién? Una clase media con estudios no quiere tirarse once horas al día inclinada sobre una máquina de coser; no va a trabajar en las plantaciones hasta reventarse los pies; no va a vivir junto a un reactor nuclear sin protestar. Esa clase media quiere prosperidad. Quiere vida urbana, electrodomésticos, consolas de videojuegos para sus hijos. Y coches. Y vacaciones, sitios donde pasarlas y aviones que los lleven a ellos. Ése es el significado de la palabra desarrollo. Ése es el libro de Richard Morgan, Leyes de mercado, y para ello trabajan sus protagonistas, los zektivs. ¿Qué es un zektiv? Pues un tipo bien pagado, que usa trajes caros y que va en coche desde su casa a su oficina. Puede ser un abogado, un economista, un corredor de bolsa... Ah, lo que antes se llamaba un yuppie. Pues no. Los yuppies no van armados con una ‘Nemex’ —semiautomática de doble acción y bloqueo de retroceso, uso estándar—. Y tampoco se retan en duelo mortal —legal, televisado— con sus coches para lograr sus ascensos, promociones laborales o simplemente el favor de sus clientes. El lema de los yuppies, que yo sepa, nunca ha sido ‘Vuelve con sangre en las ruedas, o no vuelvas’. ¿No les suena? Es parecido a lo que decían las madres espartanas a sus retoños: ‘Vuelve con tu escudo, o sobre él’. No, no es un libro para almas cándidas. Lo único que le pediría al lector es que no se involucre demasiado con ningún personaje. No le pongan demasiado corazón al asunto, por favor, déjenlo que fluya. Be water, my friend. Quien esté en posesión de unas fuertes convicciones basadas en la fe en el espíritu humano puede pasar un mal rato. Quien tenga un fuerte sentimiento de clase puede atragantarse al leerla. No es una novela moralista, sin duda, aunque su componente ético sea inmenso, y más aún si el lector aprovecha la lectura para dejar volar su imaginación. Si alguien quiere ver en el libro un grito anti-sistema, puede hacerlo. Pero también, si lo desea, podría leerla con una sonrisa en los labios quien piense: “Para lograr la felicidad, únete al sistema, y hazlo del lado de los que mandan”. Como breve sinopsis sólo citaré que el protagonista, Chris Faulkner (Morgan es un gran bromista) accede a un puesto en la división ‘Inversión en conflictos’, de la gran compañía Shorn Associates. ¿A qué se dedican en esa empresa? Pues a eso, a ganar dinero invirtiendo en conflictos del tercer mundo. Cárteles de la droga, escuadrones de la muerte, jemeres camboyanos… esos son sus clientes. ¿Qué les venden? La victoria en su guerra. Impresionante. Sencillo. Brutal. ¿Inmoral? Louise Hewitt, jefa de Faulkner, no opina lo mismo al comienzo del libro, en un discurso promocional que se recoge en la misma solapa de la novela: “En todo el mundo, hombres y mujeres siguen encontrando causas por las que matar y morir. ¿Quiénes somos nosotros para discutírselo? ¿Hemos sufrido sus circunstancias? ¿Sentimos lo que sienten ellos? No. Decidir si es correcto o incorrecto no es nuestro cometido; no hacemos juicios de valor ni interferimos. En Inversión en Conflictos de Shorn Associates sólo nos hacemos dos preguntas: ¿Ganarán? Y en tal caso, ¿pagarán? […] No juzgamos; no moralizamos; no malgastamos. Nosotros calculamos, invertimos. Y prosperamos.” El libro tampoco es un tratado sobre libre mercado. Es una novela que rebosa acción. No es una historia de amor, pero incluye sentimientos, corazones rotos, lazos familiares, amistad y sexo. De verdad. Una novela muy recomendable.
Federico G. Witt, 2006
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