África... polvo, sudor y sed
Los científicos predicen un incremento de la temperatura en África de entre 2 y 6 grados centígrados para 2100. Un informe presentado en la Cumbre de Nairobi indicaba que la vulnerabilidad del continente al cambio climático es más acusada de lo que se creía hasta ahora, al tiempo que cuantificaba esa amenaza. Así, se ponía cifras a la subida del nivel del mar, entre 15 y 95 centímetros de aquí a 2100, y entre las zonas del sureste africano más afectadas por las inundaciones costeras se incluían Ciudad del Cabo, Maputo y Dar es-Salaam. FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A.
A sólo 18 kilómetros de la capital de Tanzania, en un pequeño pueblo costero llamado Kunduchi, vive Rajabu Mohammed Soselo, una de las víctimas de los efectos que el cambio climático ya está dejando en África. Tiene 62 años y lleva 42 viviendo de la pesca en Kunduchi, junto a su mujer y a sus siete hijos, en una pequeña casa a sólo doscientos metros de la actual línea de costa. Y es que, explica Rajabu a ABC, en el tiempo que lleva viviendo en esta localidad, muy conocida por el atractivo turístico de sus playas, «el mar ha avanzado ya doscientos metros». Tanto es así que recuerda cómo una mezquita, un hotel y una decena de casas han desaparecido literalmente del mapa, al igual que un mercado de pescado construido a mitad de los años 70. Corta vida para un mercado que fue tragado por el mar, pero que a la vista de los datos también podría haber muerto de inanición. DESCENSO DRAMÁTICO DE LA PESCA Y es que, como explica Rajabu, la pesca ha caído de forma dramática. Y él lo achaca al aumento de la temperatura. La estación de lluvias se ha hecho más corta, de tal forma que se reduce también el agua de los ríos que llega al océano Índico. Esta menor cantidad de lluvia, además de haber creado problemas en el suministro de agua, ha provocado una mayor salinidad en las aguas más cercanas a la costa, con lo que los peces que antes representaban una parte importante de las capturas, ahora se han ido mar adentro, a aguas más profundas y menos calientes. Rajabu explica que «también he sido testigo de un fenómeno que yo creo que está relacionado. A lo largo de la playa antes se encontraban varias estructuras dunares. He visto disminuir esas dunas tanto en número como en tamaño durante la última década, más o menos. Al mismo tiempo he visto cómo las praderas marinas cercanas a la costa empezaban a estar cubiertas por la arena. Me acuerdo de esto porque fue el año (1996) en que la población del pez loro disminuyó de repente». Una reducción en las capturas que ha afectado seriamente a su trabajo, pues con el aumento de la demanda y la caída de la oferta, los precios del pescado se han disparado. «La gente a la que yo suelo vender no pueden pagar un precio tan alto, y esto está mermando mis ingresos». MENOS CULTIVOS Pero no sólo la pesca se ha visto seriamente afectada en esta zona costera de Tanzania, también la agricultura, porque ese cambio en el patrón de lluvias ha supuesto una merma de los productos agrícolas, como granos y legumbres, que «son básicos en la dieta de mi comunidad», afirma Rajabu. Su dedo acusador apunta como único culpable al cambio climático, y dice que tanto él como su familia esperan que los gobiernos hagan cualquier cosa que puedan para frenar estas modificaciones del clima. «Espero que se tomen medidas para ayudar a mi comunidad a vencer los cambios en nuestro entorno». Los campos de cultivo son también el sustento de la familia de Nelly Damaris Chepkoskei. Esta mujer enjuta trabaja con la ayuda de sus cinco hijos sus tierras en una aldea llamada Kipchebor, en el distrito de Kericho, en el oeste de Kenia. Sin embargo, en los últimos años ha tenido que dejar de cultivar muchas de las tierras porque no hay agua. «En el distrito de Kericho -dijo en la Cumbre de Nairobi, invitada por la organización WWF/Adena- estábamos acostumbrados a tener lluvias durante todo el año. Recuerdo cómo mi familia celebraba la Navidad cuando las lluvias eran muy fuertes, pero esto ha cambiado. Hoy, suele ser un periodo seco». También en Kenia occidental, a unos cien kilómetros de Nairobi, se dejan sentir los efectos del cambio climático. Juna Njunge Macharia vive en Murungaru, un pequeño pueblo en la zona de Kinangop. Además de agricultor es curandero, por lo que las hierbas medicinales se convierten en parte de su sustento. «Cuando era joven la estación de lluvias en Kinangop empezaba a mediados de abril, pero ahora se ha retrasado hasta junio, cuando normalmente terminaba en esa fecha». Unos patrones de lluvias que se han vuelto impredecibles. Mientras la sequía afecta a gran parte del Cuerno de África, hace escasos días, nada más aterrizar en Nairobi, la televisión local mostraba imágenes de inundaciones en una zona cercana a Mombasa. El cambio climático no entiende de continentes, ni razas, ni lenguas. Es un fenómeno global y también habla swahili. Una agricultora, un pescador y un curandero de diferentes regiones de África oriental ponen voz a los impactos del cambio climático en el continente más pobre del planeta. Autor: Araceli Acosta Add as favourites (0) | Cite este artículo en su sitio | Views: 741
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