Se viene hablando mucho del problema de las nuevas ayudas e intentos de la UE -y otros organismos oficiales- de primar la producción de biocombustibles para favorecer su empleo con respecto al de los combustibles fósiles. No es nada nuevo. Y ya hemos empezado a detectar las consecuencias: productos de primera necesidad, como el pan, han comenzado a venderse más caros y se prevé que este encarecimiento no ha hecho más que comenzar. Tal vez los gobiernos intenten frenar esta inflación a base de subvenciones o ayudas al sector de la alimentación, de modo que el consumidor pague sólo una parte de lo que vale lo que compra, pero no olvidemos que al fin y al cabo el dinero de las subvenciones viene del propio contribuyente. Y todo esto sin que que aún se hable apenas del impacto sobre otro recurso importante: el agua. Por otra parte, aparentemente no podemos prescindir del empleo de biocombustibles. Yo sigo creyendo que una de las posibles soluciones es el empleo de las centrales nucleares, pero esto sólo sirve para la generación de electricidad, no para los combustibles de automoción. ¿Qué soluciones puede haber? En este artículo, el autor nos habla de una de ellas: utilizar los residuos lignocelulósicos generados en el aprovechamiento de las plantas de uso comestible. Biocombustibles, ¿buenos para todos? En la actualidad nadie pone en duda que para un transporte sostenible es necesario recurrir a los biocombustibles, entre los que el bioetanol ocupa un puesto destacado. Pero, ¿de dónde procede este alcohol? Gran parte se obtiene a partir de cereales que se emplean en alimentación, tanto humana como animal. La gran demanda de bioetanol, promovida además por ayudas gubernamentales en la mayoría de los países, está produciendo un aumento considerable del coste de estos alimentos de primera necesidad. ¿Qué es más importante, el medio ambiente o la alimentación? [Javier Dufour]
Por supuesto que se trata de una pregunta demagógica y, además, de difícil o imposible respuesta. Dependerá de a quién se le pregunte, de su potencial económico, de si vive en un país en vías de desarrollo o del primer mundo, etc. No obstante, sí considero que se trata de un buen punto de partida para reflexionar. Pablo Pardo publicó una noticia en la edición del 22 de julio del periódico El Mundo (“Las vacas americanas ahora comen golosinas”) en la que se apuntaban datos muy interesantes como que en Carolina del Norte los cerdos se estaban alimentando con regaliz, galletas, frutos secos, mantequilla de cacahuete… Este fenómeno se extendía a otros animales de corral y otros estados como Pensilvania, Idaho o California. Esta nueva tendencia alimentaria no se debe a razones de aumento de calidad de la carne o de la productividad de los animales, sino al alto precio que está alcanzado el maíz en los EE.UU. propiciado por los distintos organismos gubernamentales norteamericanos que han decidido desarrollar su industria del etanol de maíz para combatir el aumento del precio de la gasolina. Este alto coste está provocando también el encarecimiento de otros alimentos como el trigo, ya que hasta se ha llegado a fumigar campos plantados de este cereal para matar las cosechas y así poder plantar maíz. El descenso en la producción ha motivado una subida del precio de hasta el 20% en productos derivados del trigo. Por otra parte, el gobierno estadounidense subvenciona a sus agricultores, pero no así a sus ganaderos, lo que se traduce en incentivos para plantar maíz y fabricar bioetanol que a su vez dispara los costes de la cría de ganado. Todos estos factores, unido al alto precio de la gasolina, ha ocasionado que la inflación de los alimentos en EE.UU. haya alcanzado el 6,1% en el primer semestre del actual año. No podemos olvidar que en un mundo globalizado como en el que nos encontramos, los problemas de una potencia como son los Estados Unidos afectan a numerosos países, si no a todo el planeta. Sólo hace falta recordar las recientes revueltas sufridas en Méjico por el aumento del precio de las “tortillas” elaboradas con maíz. Este incremento se debe precisamente al aumento de exportaciones de ese cereal a EE.UU. aprovechando su alto precio en este país. Este ejemplo no se debe restringir sólo a EE.UU., sino que podría extenderse a cualquier otro país desarrollado y a otros en vías de desarrollo que suministran materias primas. Todo esto genera una nueva pregunta, ¿deben sufrir los habitantes de países menos desarrollados la apuesta de los países ricos por los biocombustibles? Volviendo al punto de vista global, debemos recordar que los biocombustibles son una de las alternativas más realistas para conseguir un trasporte sostenible y, por consiguiente, contribuir a mitigar los problemas del cambio climático, redundando en el bien común. Por lo tanto, parece claro que tampoco podemos prescindir de ellos. Entonces, ¿cuál es la solución? Quizás la más clara sea desligar su obtención de los cereales y de otros productos agrícolas directamente implicados en la alimentación. La solución más sencilla que se nos puede ocurrir es el empleo de otros cultivos, pero, ¿en qué terrenos se plantarían? ¿En los destinados a los cereales comentados? En este caso se volvería a producir su escasez y, por tanto, su encarecimiento. ¿Qué otra solución tenemos? Los residuos lignocelulósicos generados en el aprovechamiento de las plantas de uso comestible. Estos residuos se componen de lignina, hemicelulosa y celulosa. Los procesos para su beneficio en forma de bioetanol se centran transformar la celulosa y parte de la hemicelulosa en azúcares y fermentar los mismos a etanol. Las etapas necesarias son: En la actualidad existen diferentes trabajos publicados explorando estas posibilidades, pero todos ellos se encuentran con el mismo inconveniente, las bajas concentraciones de etanol que pueden ser inferiores al 1%. Esto obliga a su concentración posterior para eliminar el agua, lo que hace que el proceso consuma una gran cantidad de energía, posiblemente mayor que la contenida en el bioetanol. Por tanto, es necesario invertir más en investigación, principalmente en las tres primeras etapas (pretratamiento, prehidrólisis e hidrólisis) para conseguir mayores concentraciones y que estos procesos sean viables. Este artículo se publicó en el blog Energía y Sostenibilidad, gestionado por David Serrano, el 9 de agosto de 2007. Podéis acceder al original desde este enlace. Otros artículos relacionados con las energías alternativas: Lo que se habla sobre los biocombustibles en la blogosfera: Add as favourites (3) | Cite este artículo en su sitio | Views: 301
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