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Artículos - Ciencia y Sociedad
Escrito por Hari Seldon   
miércoles, 13 de diciembre de 2006

El mar se agota

El mar está dejando de rendir. Parecía inmenso, inagotable, eterno. Se convirtió en una fuente casi ilimitada de proteínas, en un vertedero que todo lo absorbía, en un mundo lleno de animales desconocidos de los que se podía extraer siempre alguna utilidad para el hombre. Lo dio todo, y ahora se está quedando vacío. Así lo lleva advirtiendo una y otra vez la comunidad científica, sin demasiados frutos hasta ahora.

FUENTE | El Mundo Digital
 
 
Pero el apetito por los pescados y mariscos no parece tener freno. La Humanidad los seguirá consumiendo siempre y cuando siga habiendo mercancía en las pescaderías. Bien lo sabe la industria pesquera, que vive de un pan que es para hoy, y hambre para mañana.

Terranova es una isla situada en el extremo oriental de Canadá, en el Océano Atlántico Norte. Su clima inhóspito y su lejanía de Europa la habrían mantenido aislada en los siglos pasados si no hubiese sido porque atesoraba en sus aguas una mina: grandes bancos de bacalao. Durante siglos, las flotas pesqueras del Reino Unido, Francia, Portugal y España extrajeron de Terranova gran parte de su pescado; un comercio rentable que permitió alimentar a la mayoría de la población europea y comenzar a construir, ya en el siglo XX, los grandes buques de la pesca industrial.

En los años 20 del siglo pasado, los primeros grandes barcos españoles zarparon del puerto de Pasajes, en Guipúzcoa. Pero el negocio no duraría más de siete décadas. En 1992, el Gobierno de Canadá se vio obligado a dar la mala noticia al mundo: los bancos se habían agotado. La veda se cerró sobre el bacalao de Terranova y estranguló a buena parte de la industria pesquera.

Hoy, la moratoria no sólo sigue vigente sino que los expertos piden extenderla al otro lado del océano, en el Mar del Norte. Ésa ha sido la última recomendación del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) al Parlamento Europeo, rechazada debido a las enormes pérdidas económicas que tal medida supondría. Vetar la pesca industrial del bacalao implicaría prohibir o reducir drásticamente la explotación de otras especies como el arenque, ya que es pescando estas piezas cuando se produce gran parte de las capturas accidentales de bacalao, que llegan a representar el doble del límite permitido. Cuando esto ocurre, los pescadores se ven obligados a devolver al mar los miles de ejemplares de bacalao muertos, ya que podrían enfrentarse a multas por tratarse de pesca ilegal. Éste es uno de los motivos por los que, a pesar de que en 2004 se redujeron las capturas un 15% -frente al 40% recomendado-, los stocks de bacalao no se han recuperado en el Mar del Norte. El ICES cree que las cifras de captura que se hacen públicas sólo representan entre un 35% y un 40% de la real.

«Tenemos que aprender de Terranova. Es una lección histórica sobre la necesidad de gestionar los recursos en nuestros mares», dice Rosa García-Orellán, profesora de antropología de la UNED y organizadora de la exposición 'Rumbo al gran barco de Terranova' que actualmente se puede visitar en Pasajes. «En Terranova, tras el colapso del bacalao, un 15% de la población local se vio obligado a emigrar».

Destino parecido le esperaba a la anchoa en el Cantábrico. La moratoria cayó este verano sobre esta especie tan popular en la cocina española tras ser esquilmada por las redes de arrastre pelágico (superficial), una técnica industrial que, aunque prohibida en España, está permitida en otros países europeos como Francia. «Nosotros pescamos artesanalmente, pero venían los franceses con el arrastre y se lo llevaban todo. Luego tiraban la mitad de las anchoas porque no les servían», explica una fuente anónima de la Federación de Cofradías de Pescadores de Pontevedra. De no actuar a tiempo, tras el bacalao y la anchoa vendrán la merluza, el mero, el rape, el salmonete, el lenguado, el pez espada, el atún rojo o el tiburón. El caso es especialmente grave para estas dos últimas especies, que están ya al borde de la extinción comercial, es decir, que pronto se encontrarán tan pocos ejemplares que ya no será rentable salir a faenar.

El pasado mes de octubre, un estudio publicado en 'Science' volvió a poner el grito en el cielo al recordar que la gran mayoría (el 91%) de las especies marinas de valor económico o ecológico se han reducido a la mitad, y que el 29% de los peces de consumo se han colapsado ya -son menos del 10% de lo que eran en 1950-. De continuar así la tendencia, todas y cada una de las especies de pesca podrán haber desaparecido de los mercados en menos de 50 años, advertía el estudio. Y, sobre todo, los océanos habrán perdido biodiversidad. ¿Pero qué supondría tal cosa?


PÉRDIDA DE RENDIMIENTO

En 2002, el investigador español del CSIC Enric Sala, uno de los autores del citado estudio, y otros expertos marinos organizaron una conferencia en el Instituto de Oceanografía Scripps, en EE.UU. «Tras tres días de debate, una periodista del semanario británico 'The Economist' se levantó y dijo que sólo se hablaba de lo importante que es en teoría saber cuántas especies existen, pero que todavía no había oído por qué esa biodiversidad es importante», explica Enric Sala. «Boris Worm, el primer autor del estudio, y yo nos miramos y decidimos que teníamos que ser capaces de responder a esa pregunta de manera clara, y nos pusimos en marcha». Así es como, cuatro años después, Sala llegó a publicar uno de los estudios con mayor impacto de los últimos meses. Sin duda, los investigadores lograron dar una respuesta rotunda a la inquieta reportera: la pérdida de biodiversidad disminuye la capacidad del océano para producir alimento, para resistir enfermedades, para proteger la costa y para recuperarse de la sobrepesca o del cambio climático.

Tras esa pérdida de variedad de vida está, naturalmente, la sobreexplotación de los recursos, pero también la contaminación, la introducción de especies y el calentamiento global. La destrucción de hábitats mediante la construcción en el litoral y las técnicas de pesca destructivas están, además, despojando a las especies de la posibilidad de recuperarse por sí mismas. Sin biodiversidad, el mar deja de rendir.

En el Mar del Norte, apenas quedan peces que pesen más de tres kilos -en 15 años ha desaparecido el 90%-. Eso hace que cada vez se pesquen más jóvenes y más pequeños, lo cual dificulta aún más la recuperación de los stocks. Las estadísticas son igual de alarmantes en el litoral español, donde casi todas las especies sufren sobrepesca. Algunas de ellas, como el pulpo, han registrado una disminución del 40% este año, y en los caladeros del Golfo de Vizcaya, la merluza, el gallo o los langostinos podrían correr la misma suerte que la anchoa.


GRANDES Y DEPREDADORES

En este expolio, las especies que se sitúan en lo alto de la cadena trófica son las más amenazadas. «En tierra comemos herbívoros. A nadie se le ocurriría ir al mercado y exigir carne de lobo o de tigre. Pero cuando se trata del mar, tenemos un apetito insaciable por los depredadores, los atunes y meros que son el equivalente en el mar de lobos y osos», dice Enric Sala. El consumidor tiene la ilusión de que el mar es inagotable porque en el mercado siempre hay pescado, dice. «Lo que no sabe es que el pescado que se ha agotado aquí hay que traerlo de otros mares» que también están expuestos a la sobreexplotación.

Enrique MacPherson, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y ecólogo de peces, no puede evitar lamentarse de la situación «muy poco halagüeña» que ha visto con sus propios ojos. Los artes de pesca destructivos (como el arrastre de fondo, permitido en España) están acabando con elementos de vital importancia para el mar. «En tres meses, un solo barco de arrastre puede acabar con el 80% de la biomasa del fondo marino», alerta.

La destrucción de los fondos marinos tiene un impacto especialmente grave sobre los ecosistemas, ya que acaba con poblaciones de especies que no tienen valor comercial pero que representan auténticos 'bosques' en los que anidan y se refugian los peces pequeños o que sirven de alimento a otros. «Es como si quieres cazar jabalíes en un hayedo del Pirineo y lo que haces es meter el 'bulldozer' y llevarte todo el bosque. Es lo que estamos haciendo con el mar», explica. Un bosque talado somete el suelo a erosión, y una vez erosionado, es difícil que se recupere. «Yo he visto zonas arrasadas en el mar. Eso no vuelve a crecer», recuerda MacPherson.

Según la organización ecologista WWF/Adena, algunas redes de arrastre tienen capacidad para «tragarse» 12 aviones tipo Jumbo. Muchas de sus capturas son alevines debido a la escasez de ejemplares adultos, por no mencionar la cantidad de especies sin valor comercial que quedan atrapadas accidentalmente y que se desechan al mar ya sin vida. Además, dicen los ecologistas, la flota española está sobredimensionada y excede en un 40% su capacidad real, por lo que, consideran, los 1.400 millones de euros que recibe al año de subvenciones a través de los impuestos ciudadanos «sólo están sirviendo para alimentar prácticas insostenibles». Pese a estas condiciones, el mar se enfrenta a una creciente demanda: el consumo mundial de pescado podría alcanzar los 179 millones de toneladas en 2015, un 35% más que en 2002, según Naciones Unidas.

Pero hay esperanza, dicen los científicos. El mar se puede recuperar, y una vez recuperado, no sólo se mantendrá el pescado en las próximas décadas, sino que se multiplicará. La solución pasa por crear reservas marinas en las que las especies explotadas en otros caladeros se puedan regenerar, dicen los expertos, y sustituir los artes de pesca actuales por otros menos destructivos, velar por que los países cumplan la normativa y acabar con la pesca pirata.

A su vez, la acuicultura deberá reducir su impacto ecológico y centrarse en peces herbívoros, añaden, y el ciudadano debe saber qué hay detrás de cada especie que consume. «Nadie sabe lo que ocurre dentro del mar. Ojos que no ven, corazón que no siente», añade MacPherson. «Por eso es importante concienciar».

La Cofradía de Pescadores de Lira, en La Coruña, ha decidido actuar. Abanderada de la Red de Comunidades de Pescadores Artesanales, esta asociación reclama una generalización de la pesca artesanal, una regulación más estricta y periodos más largos de vedas. Estas medidas, lejos de repercutir negativamente en su economía, aportarán ventajas, dice Emilio Louro, secretario de la cofradía. «Si bajan los topes, pescaremos menos pero será de mayor calidad; sólo cogeremos lo mejor», señala. Además, «cuando vendes a precios bajos, tienes que pescar más para lograr tener un sueldo. Hay que hacer un esfuerzo y pescar lo justo para vivir dignamente», añade Louro, que se enorgullece de que su cofradía participe en la iniciativa Lonxanet, una lonja virtual que fomenta el consumo responsable de pescados de la zona. «Algo hay que hacer por no dejar una herencia con menos posibilidades que las que hay ahora», señala.


EL SELLO DE SOSTENIBILIDAD

El Marine Stewardship Council (MSC), consejo que vela por el control de las capturas, otorga un sello de pesca sostenible a productos y proveedores de pesquerías que demuestran ser responsables y respetuosas con el medio ambiente. Este certificado garantiza en buena medida que el producto o la empresa productora o distribuidora ha obtenido sus pescados y alimentos marinos de zonas de pesquería sostenible. El MSC está bastante extendido en Europa y Norteamérica (con empresas como Findus, rama de Unilever), pero aún no ha llegado a nuestro país. En España, Lonxanet es una de las pocas iniciativas de pesca responsable.


TÉCNICAS

El arte de pesca más destructivo es el arrastre de fondo, que arrasa el suelo marino (de Posidonia, coral, etc.) con sus redes. El llamado tren de bolos está prohibido en España pero sigue en manos de la pesquería ilegal, al igual que el arrastre pelágico -de aguas superficiales-, responsable de capturas accidentales de delfines y tortugas marinas, o las redes de deriva, vetadas en toda Europa, que se siguen empleando de forma encubierta.


ACUICULTURA

La acuicultura aumentó un 30% entre 1998 y 2002. Según la FAO, el cultivo de peces podría suponer el 40% de toda la producción marina en 2050. Los científicos consideran la acuicultura como una posible panacea a la crisis, pero insisten en que hay que reducir la contaminación que produce y centrar el cultivo en especies herbívoras que no requieran más peces para alimentarse. España es la primera potencia acuícola europea.


PIRATERÍA

Según la ONU, la pesca ilegal, no declarada y no regulada, supone un 30% de las capturas totales de las pesquerías. Además, conlleva un alto índice de capturas accidentales de especies en peligro. Un informe de WWF/Adena valoró en 1.000 millones de euros al año el dinero que mueve la pesca pirata, mientras que sólo cuesta unos cientos de euros comprar una bandera de conveniencia. La UE es la primera potencia en piratería.


STOCKS EXPLOTADOS

Actualmente, se capturan en el mar peces y otros animales marinos de 548 especies distintas, en su mayoría salvajes. Esta cifra sería impensable en los ecosistemas terrestres, donde los animales explotados para la alimentación, como la vaca o el cerdo, son apenas un puñado y no son salvajes, sino de crianza. Por otra parte, la gran mayoría de las especies pescadas son pelágicas (de aguas superficiales), desde los pequeños (arenques, anchoas o sardinas), que representaron el 26% de todas las capturas de 2002, hasta los grandes (atún, pez espada o bonito), que fueron del 21%.


LA POSTURA DE ESPAÑA

En la última reunión de ministros de Pesca europeos celebrada en Bruselas, España apoyó una mínima reducción de las cuotas de capturas de especies de profundidad, consideradas como la pesquería del futuro. Sin embargo, la Comisión Europea había propuesto una bajada del 80% tras la recomendación de los científicos de adoptar un principio de precaución.


LOS PESCADOS MÁS AMENAZADOS

  • Pez Espada 'Xiphias gladius'. De día vive en aguas profundas y emerge a la superficie por la noche. Su situación en el Atlántico es grave. Por cada tonelada de pez espada (también llamado emperador) que se pesca, se capturan accidentalmente tres toneladas de tiburones. Las redes de deriva marroquíes, usadas ilegalmente para esta pesca, se llevan al año 16.000 delfines.
  • Bacalao 'Gadus morhua'. Ha desaparecido de gran parte de los caladeros. Actualmente se pesca en el Atlántico Norte, en uno de sus últimos refugios. Es un pez de aguas profundas que tarda en reproducirse.
  • Rape 'Lophius piscatorius'. Vive en fondos profundos. Sólo 20 buques pueden descartar al año hasta 15.000 toneladas de rape. Muy sobrepescado.
  • Salmonete de roca 'Mullus surmuletus'. Vive en fondos de roca de poca profundidad. La FAO, de Naciones Unidas, ha advertido de su sobreexplotación.
  • Merluza 'Merluccius merluccius'. Es una especie de aguas profundas, sobreexplotada en la mayoría de los caladeros. Podría llegar en breve a la extinción comercial si no se toman medidas de restricción.


Autor: Tana Oshima

 
 
 
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