Según los científicos, la investigación con estos híbridos humano-animales puede ser la clave de la cura del alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. «Esto es una afrenta para los cientos de miles de pacientes con enfermedades degenerativas en Gran Bretaña desesperados por encontrar un tratamiento para sus enfermedades», dijo al rotativo
The Times Chris Shaw, director de investigación de células madre del
Kings College de Londres.
El ente regulador en temas genéticos y de reproducción, la
Agencia para la Fecundación y la Embriología Humanas (HFEA según las siglas en inglés), anticipó que no autorizará la investigación de «híbridos» al Kings College y otras dos universidades que solicitaron permiso para investigar en este campo científico. La investigación transfiere núcleos que contienen ADN de células humanas, por ejemplo de la piel, a óvulos de vacas o conejos a las que se ha extraído previamente casi toda su información genética.
OPOSICIÓN PÚBLICA
El mes pasado el Gobierno británico dejó clara su posición con la publicación de su «White Paper», primera etapa del proceso legislativo en la que el gobierno define la política oficial respecto a un proyecto de ley que debe debatir el parlamento. En este documento el gobierno indicó que planeaba prohibir la investigación debido a la oposición pública.
A diferencia del Gobierno de George Bush, opuesto a la investigación con células madre, el del primer ministro Tony Blair ha apoyado a los científicos en este campo desde que asumió el gobierno en 1997. La cuestión se complicó el año pasado a partir de un proceso de consulta pública para enmendar la ley sobre temas genéticos y reproductivos de 1990, ampliamente superada por los espectaculares avances de los últimos 15 años en la materia. Este proceso de consulta con científicos, organizaciones médicas y de pacientes, grupos religiosos y expertos en temas éticos produjo 535 respuestas sobre lo que se esperaba de una nueva legislación.
De éstas, unas 340 contenían recelos al tema de la investigación genética de híbridos. Según el gobierno, un 80 % de los consultados se oponía terminantemente a este tipo de investigación. Como resultado, en el «White Paper» de diciembre el Gobierno de Blair apoyó la investigación genética y la alteración de células, pero prohibió el uso de material genético animal de los híbridos, también llamadas «quimeras».
«MIOPÍA CIENTÍFICA»
Los científicos tienen dos argumentos para el uso de estas técnicas. El primero es práctico, cuantitativo: no hay suficientes óvulos humanos para experimentación. En un mes se obtienen dos o tres óvulos humanos de buena calidad en comparación con los 200 óvulos de vaca que se pueden extraer diariamente en cualquier matadero. El segundo es científico. La técnica «híbrida» produce embriones que son 99,5% humanos. Según los investigadores, el 0,5% animal restante permitirá a los científicos realizar comparaciones genéticas mucho más precisas. Los investigadores acusaron al gobierno de ceder ante la presión de grupos religiosos y a la Agencia de Fertilidad británica de falta de independencia. Stephen Minger, director de un equipo del Kings College londinense que estudia las enfermedades de Parkinson, el Alzheimer y la atrofia espinal, dijo que el gobierno estaba actuando con «miopía». «No entiendo cómo llegó el gobierno a esta postura, pero lo cierto es que ha influido a la HFEA y que ahora nos encontramos en esta situación verdaderamente desastrosa», dijo Minger.
Ian Wilmut, de la
Universidad de Edimburgo, que estuvo a la cabeza del equipo creador de Dolly, la primera oveja clónica, y que ahora trabaja con el equipo del Kings College, calificó de «vergonzosa» la negativa del organismo regulador. «Es un desastre para la ciencia británica. Esta es un área en la que el Reino Unido está en la vanguardia. Si efectivamente se prohíbe, será un terrible retroceso», señaló. Los científicos atribuyen el problema a una mezcla de malentendido, ignorancia y prejuicio respecto al tipo de investigación. «Las mismas objeciones y reservas se pusieron cuando se debatía el uso de tejidos animales. Hoy usamos válvulas cardiacas de cerdo para tratar problemas de corazón y a nadie se le mueve un pelo», indicó a la BBC el profesor Chris Shaw.
Más allá de estas consideraciones, no cabe duda que la percepción pública de este tipo de investigación despierta el fantasma de una ciencia descarrilada al punto de parir una nueva generación de seres mitológicos «mitad vaca-mitad humanos». Una de las figuras que ha liderado la lucha contra este tipo de investigación en la última década es Josephine Quintavalle, del Comité de Ética Reproductiva. «Estamos entrando en una era en la que nos damos cuenta de que hemos cometido errores muy grandes en relación con el medio ambiente y el mundo natural. Este tema forma parte de esto. Hay una innata repugnancia hacia la mezcla de lo humano y lo animal».
Autor: Marcelo Justo