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Jericho. Primera temporada Imprimir E-Mail
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Reseñas - Series de Televisión
Escrito por Hari Seldon   
sábado, 29 de septiembre de 2007

Aviso: en este artículo hay spoilers, pero no muy perversos.

Presentación de la serie de TV Jericho
Un buen día, que puede ser hoy, mañana o el viernes que viene, los habitantes de Jericho, un pueblo de Kansas, ven aparecer un hongo nuclear en la lejanía. Todo apunta a que Denver ha sido borrada del mapa.

¿Qué ha pasado? ¿Cuál es la DEFCON en ese momento? ¿Quién cojones ha tirado la bomba? ¿Con quién o quiénes están en guerra los EE.UU.? ¿Sigue la guerra? ¿Les están invadiendo? ¿Han atacado a otras ciudades? ¿Cuántos muertos hay? ¿Seguirán vivos los familiares que viven en otras partes de América?

Éstas y otras preguntas surgen inmediatamente en las mentes de los ciudadanos de Jericho, dedicados habitualmente al cultivo del maíz y otras actividades más o menos agrícolas, aparte de la explotación de una mina de sal. Pero pronto tienen otras cosas de qué preocuparse: un apagón a consecuencia del pulso electromagnético, el caos y la anarquía (supuestamente) reinantes en todo el país, las medidas federales de emergencia, o todo ello junto, les mantienen sin electricidad y sin comunicaciones con el exterior; empieza a llover y es probable que se trate de lluvia radiactiva —obviemos las patadas a la ciencia, por favor—; salir del pueblo es poco recomendable, todo está lleno de salteadores de caminos, la caza del hombre es costumbre común; llega el invierno y faltan los recursos, sobre todo la energía (el combustible) y los alimentos.

Y el ejército… ay, el ejército. Pero, ¿qué ejército?
  Cartel en inglés de la serie de TV Jericho

 


Jake Green hace frente a un pequeño ejército

Parece lógico pensar que pueda llegar a ser como nos lo presentan. En ese sentido la serie me ha gustado mucho. En el lado negativo tengo que decir que 1) faltan putas, estoy seguro de que en esas circunstancias proliferarían, como siempre que hay calamidades y carestía; 2) en ocasiones abusan un poco del chauvinismo americano, aunque lo compensan al dejar fuera del holocausto, aparentemente, al resto de países; y 3) hay algo que se va haciendo cómico a medida que avanzan los capítulos y que las condiciones se van poniendo chungas (sobre todo por la falta de combustible para calefacción y generadores de luz): frases como ‘Uf, llevo todo el día haciendo compañía a los refugiados. Cuando llegue a casa voy a llenar la bañera y me voy a dar otro baño bien caliente, necesito relajarme’ (y lo dice una tía que se supone que es de lo mejorcito, de lo más aguerrido y colaborador). Eso y que celebren Halloween y el día de Acción de gracias a todo trapo sin escatimar la comida mientras se supone que se mueren de hambre y que no saben cómo pasarán el invierno. Eso sí, lo hacen iluminándose con cientos de miles de velitas; la energía se debe gastar en baños bien calientes para relajarse tras una dura jornada haciendo compañía a los pobrecitos refugiados que no tienen qué llevarse a la boca. Ni bañeras. Pero bueno… concedámosles ese privilegio a los guionistas, los pobres nunca han pasado hambre ni frío e imaginar algo así es muy difícil para ellos. Lo mismo que imaginar un Halloween sin vaciar tantas calabazas (y tirar la pulpa) como para alimentar durante un año a un pequeño país del tercer mundo, un día de Acción de gracias sin un buen pavo o una presunta lluvia radiactiva (y de las de agua) sin salir inmediatamente al exterior para regocijarse cuando escampa.

Un niño observa un hongo nuclear que aparece en el horizonte. Denver ya no existe

Sin embargo, en general han conseguido amalgamar las historias que serían propias de un pueblo que pudiera verse sometido a esa situación junto a una historia que hace de línea central argumental, que va aclarándose con cuentagotas, más o menos a la misma velocidad con la que va llegando la información del exterior a Jericho. Lo principal es organizarse y sobrevivir. El alcalde, el sheriff y otras personalidades de la localidad (en España serían los cuatro que juegan al mus, a saber: el teniente de la guardia civil, el cura, el alcalde y el boticario) cobran una importancia inusitada en ése y otros pueblos de la comarca; las familias prominentes dominan la situación; los pueblos que no se organicen bien, o que carezcan de infraestructuras tales como hospitales, silos o graneros, fuentes de energía y algo de sobra con lo que comerciar (puede servir una mina de sal), lo van a tener muy jodido y se sumirán en el caos, la corrupción, el vandalismo y, eventualmente, la extinción. Armas tienen todos. Se sobreentiende. Es la América profunda.

Jericho es una serie con cosas buenas y otras que no lo son tanto. Aparte de lo de salir tras escampar la lluvia radiactiva y ‘una vez pasado el peligro’, hay unas cuantas patadas a la ciencia, pero en general son obviables, como lo es lo de la falta de putas o lo de darse un buen baño caliente cuando no hay energía para iluminar al hospital. No afectan al desarrollo de la trama. Cuando comenzaba, la vi por probar qué tal. Ni fu ni fa. Los primeros cinco capítulos prometían pero no se llegaba uno a meter de lleno en la historia, parecía que iba al ralentí. La verdad es que a mí las historias individuales de los protagonistas me importaban un bledo. Los noviazgos, problemas de pareja y relaciones familiares y coyunturales, como la de la sordomuda, la pija y el —supuestamente— garrulo, o la de la parejita de huérfanos que se tienen que buscar la vida por ellos mismos, o el asunto de que el hijo pródigo regrese al hogar en el momento en que el pepinazo nuclear se divisaba en el horizonte…, me la sudan bastante. Sólo me fue atrapando una de las historias, la única que discurre paralela a ese hilo argumental central que he mencionado antes, la del negro misterioso que llega con su familia a Jericho justo a tiempo para comprarse una casa y ver cómo todo el país se va a la mierda.

Del capítulo cinco al diez se puso más interesante. Ya no merecía la pena dejar de verla, aunque cortar aquí tampoco hubiera supuesto ningún trauma irreparable. Pero, ¿por qué no seguir y enterarse de qué ha ocurrido, quiénes son los malos y qué pasará con el pueblo (y con el negro misterioso)? Y ya puestos, ¿qué pasará con la sorda, la pija y el garrulo? ¿Y con la parejita de huérfanos? Así que uno sigue hasta el capítulo quince. Para entonces ya ha funcionado eso que está tan de moda que es meter uno o dos episodios de ‘cinco años antes del asunto’, o ‘el día antes del asunto’, que a mi juicio es un gran acierto en la mayoría de las ocasiones. Y ya no se puede dejar de verla.

En la TV sólo hay un mensaje de alerta. Nadie sabe qué ocurre

Como personajes relevantes citaré dos. El resto son de relleno.

El primero y más interesante para mí es el del negro que he mencionado: Robert Hawkins. Él es la historia. Es el único que no sólo sabe de qué va el asunto sino que está metido hasta el cuello en él. Un tipo duro pero noble a su modo. Misterioso, inquietante, peligroso si se cabrea, no hace concesiones a la ñoñería pero haría lo que hiciera falta para salvar a los suyos y al resto del mundo. Si el futuro del planeta tuviera que pasar por elegirle a él o a Peter Petrelli, le escogería a él. Al menos intenta saber, controlar la situación.

Y luego tendríamos al que los guionistas, director, productores y probablemente el resto de espectadores han elegido como protagonista, como símbolo del auténtico americano: Jake Green, que no es ni más ni menos que el hijo pródigo que también mencioné más arriba. Jake es joven, guapo, rebelde, incomprendido. Es el hermano no favorito, el que no recibe los honores en casa, el que da problemas y se pelea con su padre. Se va muy lejos durante una época, a vivir, y regresa en el momento preciso para convertirse en héroe. Su hermano —que se encuentra en una situación de disyuntiva sentimental, bien-bien, ora-ora, ya-ya— se pone celoso por el hecho de que todo el mundo adore a Jake cuando él ha sido siempre el que ha estado ahí, con la familia. No, joder, esto no es el Nuevo Testamento. Sí, ya sé que le han plagiado por la cara el personaje y la idea a varios evangelistas pero a Jake le han reservado todavía mayor protagonismo que el que tuvo el hijo pródigo en la famosa parábola. Jake es —contra su voluntad— el futuro de todo, el líder que Jericho estaba esperando, el que sucederá a su padre y será recordado en los libros de Historia. Se nota, se siente, Jake presidente (o como mínimo, concejal). Y el caso es que a mí me da la sensación de que este personaje intenta ser aquél con el que se identifique el público, el personaje que da la nota local (o regional) frente a Hawkins, que es más inespecífico, sin arraigo, patria ni ley —ni ratitos de ocio— y que sigue tan sólo el dictado de su conciencia racional. ¡Eso es! No sabía cómo decirlo pero puede ser un buen punto de vista: mientras Jake escucha a su corazón, Hawkins primero echa un vistazo a la información del satélite desde su portátil (que es el único ordenador que funciona, por cierto).

El resto de los personajes, ya digo, salían en Bonanza, La casa de la pradera, Los Wolton, Con ocho basta, La conquista del Oeste (bueno, aquí también salía alguien como Jake: Luke, el hijo que se convierte en pistolero), Dallas, Dinastía, Falcon Crest y cualquier otra saga familiar americana. No merecen mayor atención. Tal vez resulte algo novedosa Mimi, la pija burócrata que viene de Washington a auditar a los hermanos Richmond, Stanley y Bonnie, propietarios de la mayor granja de Jericho, y se queda atrapada —sin su shiatsu (sic)— en el Medio Oeste. Resulta simpática, nada más. El resto poco me importa si viven o mueren. Un personaje desaprovechado es el de la tramposa, una verdadera superviviente que llega con los militares del tanque. Podrían haberle sacado mucho más jugo.

Mimi hace de tripas corazón e intenta decapitar a una gallina
¿Conseguirá Mimi vencer su horror a la visión de la sangre y sacrificará a la gallina para no tener que seguir comiendo coles?

Esta primera temporada ha constado de veintidós capítulos y el interés del espectador, al menos el de éste, crece exponencialmente según se avanza desde el primero hasta el último. Por cierto, cuando haga la reseña de la segunda temporada mencionaré por qué me he pillado el cabreo que tengo al término de la primera. Eso no se hace. No señor. Pero seguro que veré la segunda temporada, al menos los ocho capítulos esos que nos han prometido —iban a dejarlo así pero ante la avalancha de cartas que enviaron con nueces dentro a la presidenta de la CBS cuando ésta anunció que la serie quedaba truncada, decidieron hacer otros ocho capítulos y ver qué respuesta había antes de proseguir con una tercera temporada (SPOILER: ‘Nuts!’ fue lo que le dijo el general yanki al alemán en la historia que cuentan casi al final, expresión que en la serie han traducido por ‘¡Y un huevo!‘, cosa que tiene gracia porque si el general hubiera dicho eggs!, las cartas enviadas a la CBS hubieran sido algo más jugosas).

Ahora os meto un par de imágenes que son otros dos spoilers como dos casas, pero no me resisto a hacerlo.

Mapa de EE.UU. donde se indican las ciudades donde ha explotado una bomba y las seis nuevas capitales

Nueva bandera con las barras verticales y muy pocas estrellas



Federico G. Witt, 2007



Imágenes propiedad de la CBS



Otras reseñas de series de TV (sin incluir las series animadas):

 



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