|
El invento “Han Solo” había sido desaprovechado durante décadas. Cuando George Lucas desarrolló la idea de un contrabandista espacial al estilo del lejano Oeste, sin escrúpulos, capaz de disparar primero (Han Solo lo hizo, aunque luego retocaran la escena) y que se busca la vida al margen de la ley procurando evitar problemas pero cayendo en ellos sin cesar, la incluyó dentro de una saga de tanto impacto que eclipsó al personaje. Pero a nadie pasó inadvertido que la historia del capitán del Halcón Milenario y su acompañante Chewbacca podría tener serie propia, una serie en la que la ironía acostumbrada de este tipo de productos podía quedar fuera en favor del cinismo y el sarcasmo sin rodeos. Y algo así, elevado a su máxima potencia, tenemos en Firefly, de Joss Whendon (Buffy Cazavampiros, Angel). Los episodios narran las peripecias del comandante Malcolm (“Mal”) Reynolds y su peculiar tripulación a bordo de la nave espacial Serenity, de la clase Firefly (luciérnaga*). La serie, de 2002, consiste en una sucesión de capítulos autoconclusivos que conservan una cierta línea argumental central y en la que en ocasiones repite algún personaje externo.
Sólo consta de una temporada, corta, de catorce episodios. Durante su primera emisión en EE.UU. fue cancelada cuando iban por el capítulo once. La Fox (sonrisa malévola) decidió que Firefly no tenía futuro. Y luego, lo de siempre: los fans se rasgan las vestiduras, montan la de Dios es Cristo, convierten a Firefly en una serie de culto y, cuando ésta sale en vídeo, arrasa.
Pero se había quedado a medias. Y no sólo eso; da la impresión de que Whendon tenía pensado desarrollar una larga e interesante serie de muchas temporadas y que esta primera iba a tener la función exclusiva de presentar a los personajes, pero que lo mejor iba a venir a continuación, cuando se fueran fraguando las historias particulares de algunos de ellos, que por desgracia quedan inconclusas, truncadas o, en algunos casos, cubiertas por un tupido velo (o manta zamorana, más bien). Da la impresión, también, de que el director-guionista tuvo que hacer algunos reajustes a medida que avanzaba la temporada. Y por supuesto da la impresión de que el cierre que se efectuó años más tarde, en 2005 con la película Serenity, no pudo dejar atados todos los cabos, aunque quedó bastante apañadito: Serenity se forró de premios y de denominaciones por votación popular como “la mejor película de…”, entre las que recuerdo alguna como “la mejor película de ciencia ficción de la historia”. Vale, no lo es, pero no está nada mal. En conjunto, entre la serie y la película constituyen un producto que aunque no deja a (casi) nadie con la boca abierta tampoco defrauda. Es más que digno. Es bastante bueno, para qué andarnos con rodeos. Os la recomiendo. La ambientación nos sitúa quinientos años en el futuro, en el espacio, un espacio sideral en el que las especies extraterrestres brillan por su ausencia. El ser humano ya no habita la Tierra. De hecho dan a entender que nuestro planeta o bien se ha destruido o se ha vuelto inhabitable, puesto que en varias ocasiones mencionan a “La Tierra Que Fue”. Y la humanidad ha emigrado a un enorme sistema estelar situado en otra parte de la galaxia —en la serie parece que la humanidad ocupa algo así como un sector de la galaxia pero en Serenity queda claro que se trata de un gran sistema estelar individual—. Han prevalecido dos potencias, los EE.UU. y China, que en un momento determinado se han unido en lo que se llama La Alianza, con un gobierno federal centralizado.
Es por eso que en la serie la gente habla inglés con jerga del oeste y cuando se requiere una exclamación, un saludo o —más habitualmente— un exabrupto, utilizan el mandarín. En los programas de TV y los anuncios publicitarios también se puede apreciar la presencia de caracteres katakana japoneses. Y el atrezzo muestra una mezcolanza entre La conquista del Oeste, El último emperador, Blade Runner y Aeon Flux. En la nave Serenity, en una sala que hace las veces de comedor, se pueden distinguir mesas y sillas de madera, como si de un momento a otro fueran a sentarse allí los habitantes de “La Ponderosa”. En lo que se adivina que es la cocina, al lado del comedor, cuelgan unas sartenes de lo más viejo y roñoso que se pueda despachar. Y si aterrizan en algún planeta, en la cabaña del Zebulón de turno aparece un jarrón de la cuarta dinastía Ming. Y no me hagáis hablar de las cortinas... Eso sí, cuando se ven imágenes de la zona central de La Alianza, el aspecto es como el de cualquier película futurista: austero, minimalista, pulcro, limpio, donde la alta tecnología está presente. Me gustaría que quedara claro el contraste que supone esto con lo rudimentario del hecho de llamar “la mula” al aerodeslizador que utilizan los tripulantes de la Serenity cuando salen de su roñosa nave para vender, por ejemplo, ganado —ganado de verdad; vacas, para ser precisos.
Y es que, a medida que la humanidad fue terraformando planetas y formando colonias, La Alianza ejercía el control principalmente sobre una zona central. Los planetas más externos quedaban parcialmente fuera del dominio federal, sin recibir apenas ayuda, y su terraformación no fue completa, por lo que ahora todos ellos parecen tener un aspecto árido y desolado, como del Oeste americano. Precisamente cuando La Alianza se propuso reafirmar su dominio y unificar a todas las colonias bajo su gobierno, muchos de los planetas más alejados se opusieron. Esta negativa dio lugar a la Guerra de la Unificación, en la que La Alianza aplastó a los independentistas, que por sus atuendos eran denominados “casacas marrones”.
Dos de estos casacas marrones eran el sargento Malcolm Reynolds y su subordinada Zoë Alleyne, que en el momento en el que arranca la serie se encuentran siendo derrotados junto a sus camaradas en la cruenta batalla del Valle de Serenity, donde La Alianza dio uno de sus mayores golpes de efecto para lograr la victoria definitiva sobre los independentistas, que además fueron traicionados por sus propios refuerzos. Ésta va a ser una de las claves de Firefly, ya que va a determinar el carácter de ambos personajes y el enfoque desesperanzado y cínico que muestran ante la vida. No esperan nada, porque nadie jamás les dio nada; no prometen nada, porque todas las promesas son vanas; no quieren responsabilidades, porque las responsabilidades son un lastre que su nave no soportará; pero sobre todo tendrán su propia escala de valores, seguirán su particular código ético y moral, porque sus compañeros perdieron la vida por culpa de quienes no obedecieron ese código ético y esa escala de valores. Y es que antes que nada están sus compañeros, su gente, su tripulación, y nadie ni nada más importa. Se puede robar, estafar, matar a quien se ponga por delante; pero también se puede defender lo contrario, todo depende de quien te pague. La única diferencia la marca lo que dije antes, hay que proteger a los compañeros. Ésa es la ley en la nave de carga Serenity, de la clase Firefly, y para formar parte de su tripulación hay que aceptarla. Aunque en ocasiones, si el asunto tiene que ver con niños o enfermos, se puede romper un contrato.
El hecho de haber bautizado con el nombre de una batalla emblemática a una nave destinada al transporte (a veces) legal de personas y mercancías no será la única causa de problemas para la tripulación de la Serenity. En el primer capítulo de la serie, cuya acción se desarrolla años después de que Reynolds haya adquirido la nave, se incorporan algunos personajes más: una pareja de hermanos que se encuentra en status legal de búsqueda y captura y un predicador que tiene un pasado que se adivina turbio. Los demás problemas vendrán solos, y habitualmente tendrán su origen en la forma de ser de Reynolds y de todos y cada uno de los miembros de su tripulación que, excepto en el caso del piloto, podremos calificar como de cínicos honestos. Menos Jayne, que el día en que repartieron la honestidad se la robó al de al lado.
Pero será mejor que presentemos un poco mejor a los personajes:
 De izquierda a derecha: Inara, River, Wash, Simon, Kaylee, el predicador, Jayne y Zoë Alleyne. Sentado, Malcolm Reynolds
En primer lugar tenemos a Malcolm (“Mal”) Reynolds, del que ya hemos hablado. Podríamos añadir que es sin duda el protagonista de Firefly. Su carácter inicialmente negativo y desesperanzado se irá dulcificando poco a poco. No nos confundamos, no se trata de un individuo falto de humor, tiene esa capacidad pero le cuesta sacarla fuera, y cuando lo hace resulta cínico, como ya hemos mencionado. Perdió muchos hombres en la guerra y se siente responsable de quienes están bajo su mando. Es como es porque la vida le ha hecho así, como a Jeannette, y se muestra tan capaz de amar o perdonar a un enemigo como de pegar un tiro de gracia a quien va a morir, sin sentir por ello ninguna lástima. No es prolijo en remordimientos. Esas cosas son para los demás. Los remordimientos tal vez sean un lujo que se puedan permitir quienes vivan en la zona central de La Alianza, no los outsiders como él. Pretende hacer sus negocios en paz pero al final igual tiene que liarse a tiros con sus propios socios que escapar de los reavers (asesinos psicópatas caníbales que merodean cerca de las fronteras exteriores) o proteger un burdel de las aviesas intenciones del terrateniente de turno. Malcolm Reynolds compró la Serenity y su destino será el de su nave. Por el camino hacia ese destino tendrá que participar en aventuras que podrían figurar en series como Battlestar Galactica, sí, pero también como Kung Fu o La casa de la pradera. No sé si me explico. Ésa es, a mi juicio, la esencia de Reynolds y de la serie. El papel está interpretado por Nathan Fillion (el villano Caleb de Buffy cazavampiros).
Zoë Alleyne Washburne, la segunda de a bordo, es absolutamente leal al sargento Reynolds, a quien continúa llamando “Señor” para desesperación de su marido Wash, que siente celos de los lazos de compañerismo que existen entre Zoë y el comandante de la nave. Es una mujer aparentemente fría pero se entrevé que en realidad es muy ardiente en sus actos amorosos. En cualquier caso, cuando se levanta de la cama terminan las concesiones: si hay que infiltrarse sigilosamente y pasar una guarnición a cuchillo sin dudarlo ni temblar, todos pensarán en ella para esa misión. Gina Torres ( Hércules, Xena, Ángel y Alias) da vida al personaje. Hoban ("Wash") Washburne, marido de Zoë, es un tipo positivo y bastante feliz, salvo por esos celillos que le acosan en alguna ocasión, que creo que son justificables —tampoco le enemistan con nadie, ni suponen una fuente de rencor—. Suele ver las cosas con cierto optimismo. Hombre, a veces es realista y si por ejemplo se van a estrellar no lo niega, o se cabrea si la situación se les va de las manos por una estupidez, pero es un excelente piloto y suele salir airoso de las situaciones complicadas sacando adelante a la nave y a su tripulación. Sin embargo es, con toda probabilidad, el papel menos importante y carismático de la serie, y también el único que en lugar de cinismo hace gala de cierta ironía. El papel fue interpretado por Alan Tudyk ( Yo Robot, CSI). Jayne Cobb ( Adam Baldwin, al que hemos visto en Depredador 2, Independence Day, Ángel o Expediente X): ¿Necesita usted un cachas que no ponga reparos si hay que disparar sin hacer preguntas? Entonces Jayne es su hombre. Eso sí, asegúrese de que le paga lo suficiente, es decir, más de lo que le pagaría la víctima. Jayne no se separa de Vera, su fusil de asalto, y tal vez lo único que pudiera hacerle actuar gratis fuera un pago alternativo, por ejemplo porque por algún capricho del destino diera la casualidad de que a quien hubiera que ayudar tuviera la fortuna de regentar un burdel. ¿Conflictos morales? Ninguno. ¿Y escrúpulos? Menos. Un buen personaje dentro de una serie que no pretende seguir los pasos de la familia Ingalls. Y es que Firefly, sin dejar de tener sus momentos entrañables, no es ni Bambi ni un puto salón de té victoriano, aunque a veces la correcta y protocolaria Inara (ver más adelante) pretenda convertirlo en algo así. Kaywinnit ("Kaylee") Frye es la mecánico de la Serenity. Aunque Wash pilote, la nave vuela porque Kaylee hace que funcione, tiene un talento especial. Este papel de segunda fila, interpretado por la cándida Jewel Staite, cobra relevancia cuando la Serenity tiene problemas. Vive una especie de enamoramiento con Simon que no se concretará hasta el final. De hecho, a la película llega bastante necesitada de un revolcón, tal y como confiesa en algún momento. Es curioso: apareció en la Serenity para echar un kiki con el anterior mecánico, le quitó el puesto a éste y a partir de entonces se quedó en seco, llegando a ser la promesa de un polvete lo que le dio ánimos en la lucha final contra los reavers cuando ya había tirado la toalla. Simon Tam es un médico lechuguino y ex rico heredero que se convierte en pasajero de la Serenity en el primer capítulo y luego pasa a ser el médico oficial de la tripulación. La razón de que se quede con el grupo de Reynolds es que es un fugitivo de la Alianza, al haber liberado a su hermanita del recinto donde hacían experimentos con ella. Es el tipo que vive el ten con ten romántico con Kaylee. Su falta de decisión es clave en varios episodios pero suele resultar útil curando heridas prácticamente un episodio sí y otro también. El papel está interpretado por Sean Maher, que aparte de salir ocasionalmente en CSI Miami no sé dónde le he podido ver. River Tam, la hermana de Simon, es un misterio hasta el final de la serie, donde se destapa como poseedora de poderes psíquicos. Ya antes había dejado flipada a Kaylee liquidando a tres soldados de La Alianza sin apenas mirarlos. La película Serenity es prácticamente una resolución del misterio, siendo River uno de los personajes principales. Ahí no será sólo Kaylee la que alucine pepinillos sino que todos verán de lo que es capaz la tierna hermanita del doctor. El problema de River, que queda patente durante toda la serie, es que los experimentos que hicieron con ella le dejaron el cerebro como un queso gruyère. La actriz que da vida a este personaje, Summer Grau, es otra reciclada de Ángel (se nota el vínculo Whendon, ¿eh?) y luego ha aparecido en CSI Las Vegas, Los 4400 y las Sarah Connor Chronicles. Derrial Book ( Ron Glass, que hace de Nightingale en Star Trek: Voyager) es un reverendo cuyo pasado está claro que no siempre estuvo vinculado a la salvación de las almas. Tengo la sensación de que Whendon tenía reservado un papel muy importante para este personaje en la segunda o tercera temporada, pero la fulminante cancelación de la serie dio al traste con el tema. Después de ir dejando pistas, insinuaciones, indirectas y otras miguitas de pan aquí y allí, el predicador muere en la película de la forma más miserable posible —en términos televisivos—, esto es, dejando al espectador pensando “¿Y tanto misterio para esto?”. Inara Serra, a quien da vida Morena Baccarin (la Adria adulta en Stargate SG-1), creo que es un personaje bastante desaprovechado. En este futuro de dentro de 500 años existen unas mujeres denominadas acompañantes (según Reynolds embajadoras, aunque otras veces las califica directamente de furcias) que son algo así como lo que podían representar las geishas de mayor rango en el Japón. Eran unas mujeres dotadas de gran belleza que habían recibido una instrucción muy completa y severa que comprendía todas las artes, incluidas las amatorias y las marciales, y psicología. Las acompañantes, que disfrutaban de un alto status social, debían complacer a sus clientes en todos los sentidos. Estaban organizadas legal e institucionalmente y disfrutaban de una soberbia infraestructura que les permitía establecer contactos y escoger a sus clientes. A diferencia de las prostitutas, que serían una versión pirata o independiente y de categoría muy inferior a la de las acompañantes, estaban muy bien consideradas y llevar a una en una nave confería a la tripulación ciertos privilegios diplomáticos y salvoconductos, además de desviar la atención de las autoridades. Entre Inara y Mal existe algo más que aprecio. Yo no diría que se aman locamente pero entre ellos se produce una tensión que no sólo es sexual, y eso está en boca de toda la tripulación. La máxima manifestación de dicha tensión la representan las constantes peleas que protagoniza la pareja. Pero eso es todo. En mi humilde opinión se ha desaprovechado una fuente inagotable de posibilidades argumentales por el hecho de reducir a Inara al papel de “que sí, que no, que sí, que no…”. Una pena. Firefly podría haber rendido a la posteridad algo equivalente a lo que hiciera Dune con las Bene Gesserit —de otra manera, claro. Entre el resto de personajes cabe destacar la presencia de unos tipos con guantes azules que de haber seguido la serie podrían haber dado mucho juego. Asimismo, originales son también los reavers que hemos mencionado en un par de ocasiones. La película Serenity deja claro su origen, por el que el espectador se pregunta en la serie. También destacaría a una ex acompañante que es una prenda y una lianta de cuidado —está casada con media galaxia, técnica que utiliza para robar, matar y heredar, cuando no simplemente para huir de un planeta que ya no le gusta— y al cazarrecompensas del último capítulo, personaje cuya última aparición promete una nueva que, obviamente, no se llega a producir. Sin embargo, a partir de este personaje yo creo que crearon al maloso de Serenity, un asesino cuyas creencias religiosas son el leiv motiv para cumplir su misión de manera tan obcecada como eficiente y meticulosa. El resto de personajes que aparecen son sustituibles, nada que no hayamos visto en otras ocasiones. Por último quería mencionar un detalle que he recordado al hablar de Vera, el arma de Jaynee. Salvo excepciones, las armas de Firefly-Serenity podrían salir en cualquier película del Oeste con Clint Eastwood como protagonista. Se trata de revólveres largos y de escopetas de cañones recortados, principalmente. Por supuesto también salen armas de precisión y algún artefacto futurista que emite rayos pero en general las peleas son pura y dura balasera. Los cerebros encargados de la serie se han cuidado de no caer en el tema de los fusiles láser. En el futuro una bala mata igual que lño ha hecho siempre y no hay razón para usar otra cosa cuya eficacia no tiene por qué ser superior. Eso sí, al cargar y amartillar las armas, el sonido es más o menos electrónico. Mola.
Ya para terminar, ¿queréis mi opinión? Hay que ver Firefly. Y Serenity también. Pocas cosas se pueden ver que sean mejores y hayan sido hechas con menos medios. Que haya quedado incompleta y se haya apañado un cierre a última hora no es óbice para disfrutar de este producto. Y si pensamos que no se trata de una serie con pretensiones intelectuales, ni con un trasfondo metafísico, ecológico o ideológico, sino una jodida space opera que parece (o mejor, que es) un western, el hecho de que se haya convertido en una serie de culto significa que Whendon ha logrado lo que se proponía. Y que la Fox hace cosas muy raras.
Palabra de boy scout (si queréis).
* Aunque lo cierto es que el sistema luciferina-luciferasa de las luciérnagas emite luz azul-verdosa, no amarillo-anaranjada como la parte “abdominal” de la nave Serenity al acelerar.
Todas las imágenes mostradas en este artículo tienen copyright y son propiedad de Fox Entertainment Group y empresas relacionadas. Aquí las mostramos con fines exclusivamente informativos.
Otras reseñas
Otros artículos Add as favourites (2) | Cite este artículo en su sitio | Views: 215
|
- Por favor, mantenga el tópico de los mensajes en relevancia con el tema del artículo.
- Lenguaje inapropiado será borrado.
- Por favor, no use los comentarios para promocionar su sitio, ese tipo de mensajes serán removidos.
- Aségurse de *Recargar* la página para mostrar un nuevo código de seguridad antes de cliquear 'Enviar', en caso de haber ingresado un código incorrecto.
|
Powered by AkoComment Tweaked Special Edition v.1.4.6 AkoComment © Copyright 2004 by Arthur Konze - www.mamboportal.com All right reserved |