Para empezar con esta reseña debo deciros que si habéis caído aquí sin haber leído antes El cetro de Zink, podéis hacer dos cosas en lugar de seguir leyendo (porque si no, no os vais a enterar de nada):
En la reseña de
El cetro de Zink la verdad es que ya introduje prácticamente lo que había que introducir del
Universo Kadingir. Hablé de los personajes principales, el planeta Ki, las razas, la tecnología, los planos de conocimiento… Y también comenté mis impresiones sobre la edición que ha hecho
Roca Editorial en su sello
Roca Junior, con las magníficas ilustraciones de
Enrique Corominas, ilustrador que, por cierto, está dando muy buenos resultados sobre todo en Gigamesh. Nada de esto ha cambiado, y se agradece.
También se agradece que haya libros como estos, que pueden leer los más jóvenes por su contenido didáctico. Promueve valores tales como el compañerismo, la amistad, la preocupación y el respeto por el medio ambiente, el enfoque alegre de la vida, el pensamiento positivo, la valoración de la ciencia y la tecnología como aspectos importantes de la sociedad… Ya comenté en su día algo de todo esto, y que me parece que
Kadingir es un instrumento adecuado para crear hábito de lectura, ya que además es divertido y entretenido.
Pero después de leer
El Señor de Zapp, a lo que dije en la reseña de
El cetro de Zink tengo que añadir dos observaciones relevantes:
- La historia se va poniendo aún más emocionante, y
- he cambiado de opinión respecto a la heroína, Ishtar, que ya no me parece cargante e impetinente.
Respecto a la primera observación, es lógico que tras los hechos iniciáticos descritos en
El cetro de Zink y una vez presentado el universo de la saga (planeta, tecnología, ambientación, razas, personajes…), la trama se meta de lleno en el ajo. Y es que ya sabemos de qué pie cojea cada cual, quién se lleva mejor con quién, a qué se refieren cuando mencionan los tres planos de conocimiento, etc. Ahora que tenemos la cultura kiíta metida en el cuerpo, podemos enfocar toda nuestra atención sobre la historia en sí, sin tener que detenernos a pensar de qué raza es o de dónde ha salido cada individuo. Eso ya está asimilado a estas alturas del partido. De todos modos, la guía que proporciona la
web oficial de Kadingir la verdad es que ayuda lo suyo porque el universo de la serie es muy rico y lleno de matices, y los personajes son muchos y variados. En cualquier caso yo he hecho trampa porque además tengo un folleto en papel que me traje de la última Hispacón, que es una guía de personajes, con ilustraciones, que he utilizado según iba leyendo.
En lo tocante al tema Ishtar, decía que me ha caído mejor que en el primer libro, y tal vez se deba a que la chiquilla ya se va acostumbrando a pormenores tales como viajar en el espacio-tiempo o ser reina de un país de tecnología avanzada que se encuentra en un planeta de una realidad paralela a la nuestra, sin parecer que todo eso le da igual. Esa falta de curiosidad y de sentimientos de la que hacía gala ya no se ve en el segundo libro. Es una nena de pocos años, once si no recuerdo mal, pero una cosa es ser una niña y otra ir por el mundo sin miedo, preocupaciones o capacidad de empatía (está muriendo gente a su alrededor, ella misma podría perecer, y no mostraba preocupación, miedo ni pena, sólo unas ganas tremendas de ser muy guay). Ahora, aunque sigue siendo la misma, rechazando protocolos y diciendo lo que le apetece, parece que está más centrada y va consiguiendo niveles en los tres planos (aunque poco a poco, todo hay que decirlo). Tiene talentos ocultos que irá mostrando con cuentagotas pero siempre en los momentos oportunos, y eso es un valor añadido al personaje. También ocurre una cosa y es que, como en este segundo libro los demás personajes cobran mayor relevancia, el peso de la historia no recae tanto sobre Ishtar como ocurría en
El cetro de Zink. Sigue siendo la protagonista pero ya vemos cómo se perfilan otros personajes que hacen méritos para destacar entre el resto. Esa distribución del protagonismo, a la vez que su aparente comprensión de lo que ocurre a su alrededor, hacen que mire a la joven con otros ojos. Creo que el proceso de desarrollo del personaje está bien: antes para ella todo esto era irreal, ahora se ha dado cuenta de que
ella forma parte de Ki. Yo estaba confundido, por juzgarla antes de tiempo.
Por otro lado, su familia terrestre aparece poco en este segundo libro. El padre anda despistado, sin enterarse de que su casa está siendo algo así como un centro neurálgico de viajes interdimensionales. La madre también permanece ajena a las idas y venidas a través de los portales que se forman en su domicilio cuando (casi) nadie mira. Y Gerard… bueno, pobre Gerard. Lo mejor sería que dejara de intentar informar a los suyos de lo que está viendo y que procurara irse con su hermana y su abuela a Ki la próxima vez que el espacio-tiempo se rasgara en su casa. En cualquier caso, él también tiene algo de kiíta.
El Señor de Zapp no se limita a centrarse en los personajes que ya conocíamos de
El Cetro de Zink. En esta segunda entrega conoceremos a tres nuevos protagonistas, y al menos uno de ellos parece que se incorporará a la primera plantilla del equipo. Me refiero al joven Malag, ziti (kiíta humano) de la edad de Ishtar, que pondrá celosón a Nimur, rey de los tidnums (grandes felinos humanoides). Las otras son Musnin y Mirnin, respectivamente esposa y nieta de Usumgal, que si recordáis es el reptil maloso. Respecto a este personaje, sigo opinando lo mismo que dije en la anterior reseña, que casi da lástima ver cómo cae en los mismos errores de todos los Señores del Mal: principalmente rodearse de traidores y además tener una dosis extremadamente grande de mala suerte. Hombre, Usumgal también hace cosas feas, muy feas, así que no hay que sentir lástima por él. No olvidemos que
Kadingir está enfocado al público joven y los autores procuran no especular excesivamente acerca de la lábil frontera que separa el Bien del Mal. Pero es que, la verdad, parece que el malvado tirano lo tiene todo en contra. Y no, no me olvido de Mashua y de Laima, que también aparecen bastante en
El Señor de Zapp, pero es que me da la impresión de que seguirán siendo personajes secundarios.
Al respecto de esto último, una cosa que ya suponía que iba a ocurrir es que Golik y Galam, dos personajes que en principio jugaban en segunda B, cobrarían más protagonismo. No sé por qué pero lo intuía. Tal vez porque el potencial de estos personajes se entrevé de lejos. Son los que pueden pero no quieren. Son el prototipo de antihéroe que, sin pretender otra cosa que llevar una vida segura ocupándose de sus asuntos (un club nocturno y los principales proyectos de Ciencia y Tecnología de Zink, respectivamente), están abocados a ser los salvadores del mundo… de dos mundos, mejor dicho.
Antes de terminar, no puedo resistirme a contar que me ha hecho gracia una cosa en particular: en este libro, sin ser personajes, entrarán en escena los xíbits, una especie de animalillos amarillos redonditos que además de sentir adoración por Ishtar guardan bastantes secretos. Y hasta ahí puedo leer.
Federico G. Witt, 2008