1.- Argumento de la experiencia, también conocido por “ya he visto todo lo que hay que ver en este mundo”. Este argumento es el más sencillo. Se limita a la frase: “Esto es sólo un ciclo más”.
2.- Argumento “cualquier tiempo pasado fue mejor”: la ciencia ficción ha muerto porque los buenos autores han hecho lo correspondiente o se han hartado y viven de los recuerdos, y los que quedan vivos… tsk, tsk, no son lo mismo.
3.- Argumento “la gente no quiere pensar, prefiere que se lo den todo masticado”. Versión en positivo: “son necesarias la imaginación y la magia en un mundo tan materialista”. La ciencia ficción ha muerto porque lo que mola ahora es la fantasía, una literatura más de evasión, menos sesuda, que es lo que el lector prefiere en esta época. Y los autores del género han emigrado por razones editoriales —la pela es la pela, vamos, y a quien lo critique… ¿Es que acaso tú trabajas por amor al arte?
4.- Argumento "BETAMAX (en Dolby Stereo)". En su día (años 80) este argumento se llamó “Cinemascope en Technicolor (con Sensoround)” y en su versión actual dice que la ciencia ficción no ha muerto, que lo que pasa es que ya no se consume en forma de libros sino en otros soportes (cine, televisión, videojuegos…), y que debido a la cantidad de productos audiovisuales disponibles —y que se pueden conseguir gratis bajándolos de la red— no queda tiempo para leer. Esto debería ser común a todos los géneros pero precisamente el lector de CiFi es el más
geek de todos, por lo que este género —paradójicamente— se ha visto más afectado por el fenómeno de la modernidad y el cambio de soporte que los otros, que —según la hipótesis 3— al no requerir dos dedos de frente ni saber hacer la O con un canuto siguen fomentando el comercio con libros de cuentos de hadas y dragoncitos (y además de papel, cargándose el planeta).
5.- Argumento del marketing para productos con valor añadido: la ciencia ficción literaria se sigue consumiendo pero se ofrece en otros envases con una etiqueta que procura evitar mencionar los ingredientes de CiFi, tal y como se hace con los productos del supermercado cuando contienen transgénicos o aceites que no sean de oliva, y se sustituyen por los rótulos más aceptados y deseados por el consumidor de bestsellers (
thriller biotecnológico,
technothriller, narrativa contemporánea, novela política…). En resumen, la CiFi emite CO
2 y en cambio el
thriller es sostenible, renovable y tiene el ISO 14001, tal y como certifican AENOR y El Corte Inglés.
5.b. Los autores que algún día escribieron CiFi reniegan del género que les dio de mamar y, por el contrario, los del
mainstream practican el noble arte del
slipstream e incluso escriben mejores novelas que los anteriores, pero no quieren que sus lectores puedan llegar a sospechar que eso que han escrito es (puaj) lo que siempre se ha llamado Ciencia Ficción, literatura de cuadernillo barato que, normalmente en forma de
historietastream y
cuentostream, como también hicieran el
cómicstream y las revistas
pornostream (las más guarrillas), triunfó en el rastro y otros puntos de compra-venta o de vil e innoble intercambio. Consecuencias del 5 y el 5.b.: mucha gente ahora lee ciencia ficción pero llamándola de otra manera; el nombre del género para ellos es equivalente a esoterismo y ufología, y nunca dirían que
Soy Leyenda,
Fahrenheit 451,
Un mundo feliz,
1984,
Hijos de hombres o
La carretera son…
eso. Y ya puestos, tampoco Murakami, Ballard, Chabon y Houellebecq. No, estos autores escriben narrativa contemporánea con maravillosas salpicaduras de genialidad y gran profusión de ideas. Cualquier parecido con la ciencia ficción son ganas de joder.
5.c. Argumento neodarwinista, también conocida por su sobrenombre de “evolución del mundo editorial como consecuencia de la selección natural, o la supervivencia de las editoriales mejor adaptadas a las crisis que corren desde que Dick perdió el mechero”. Otros aluden a este argumento con el bonito nombre de “globalización, puta globalización”. Las grandes editoriales se quedan con los autores más solicitados; y el género más leal, con los autores emergentes procedentes del
fandom, queda relegado a las editoriales pequeñas que no pueden hacer otra cosa que intentar sobrevivir sin ser absorbidas, fagocitadas o simplemente empujadas a la cuneta. Eso repercute a su vez sobre el
fandom en forma de retroalimentación negativa. Esta aldea de irreductibles galos se recluye en un espacio endogámico cerrado que además es desconocido por el público generalista —ese que no distingue entre géneros sino que sólo quiere leer lo que le parece bueno, venga de donde venga (pero por favor, que no lleve la etiqueta "CiFi").
6.- Lo que Barceló ha bautizado como
“muerte por disolución en el contexto”. Me ha molado. La CiFi ha quedado medio obsoleta y no llama la atención. Ya se ha inventado o desarrollado mucho de lo que aparecía en los textos clásicos especulativos. Vale, no podemos incluir la conquista del espacio (snif), la vida inteligente en otros planetas (snif), la IA (snif) ni las grandes distopías (uf), pero en el resto incluso se ha superado en muchos aspectos. Lo nuevo, predecible, se da por hecho, y lo que ya vemos convertido en realidad es tanto y tan diverso que supera a la ficción. Excepto si en realidad no existimos y somos personajes virtuales que ignoran este hecho, claro. He visto y leído cada cosa que ya no descarto ninguna posibilidad.
7.- Argumento “Hijos de hombres”: la ciencia ficción ha sido un género en el que se han criado muchos lectores. La literatura juvenil ahora se ha separado del camino de la CiFi y ha tomado nuevos rumbos (Harry Potter y derivados), con lo que el género ha perdido una de sus fuentes tradicionales de alimentación más importantes (¿alguien se ha parado a recopilar datos acerca de lo que vende la literatura juvenil?
David Mateo sí se ha tomado la molestia). Curiosamente, en el artículo de
Jacinto Antón en El País dan un ejemplo de excepción que confirma la regla (la saga de Pern, de Anne McCaffrey). Pero, en general, sin nuevos nacimientos de voraces larvas que luego permanezcan adictas en su estado adulto y enganchen a su vez a sus propios retoños, la decadencia y consiguiente extinción de la raza fandomita cienciaficcionera sería inevitable.
Todos estos argumentos se han esgrimido una y otra vez. Y otra, y otra. Yo creo que esgrimirlos es uno de los pasatiempos favoritos del
fandomita. ¿Son ciertos algunos de ellos? ¿Todos? ¿Hay una sinergia entre todos ellos? Vamos a dejarlo en suspenso, yo no tengo mucha idea, sólo lo que he oído-leído pero no tengo cifras de ventas ni puedo compararlas con cifras de ventas pretéritas. Me fío de lo que dicen.
Pero si es así, y teniendo claro que sólo hay crisis en el ámbito literario del género y no en otros como el cine o los videojuegos (y es obvio que no), excepto los argumentos 1, 2 y 3…, y 4…, bueno y 6, el resto, que son el 5 (con sus partes b y c) y el 7, tiene solución. Además, el 1 tampoco es ningún drama, puede que incluso sea bueno.
Solución para el 5 y sus subpartes (y de paso el 7): dar a conocer la CiFi al mundo, pero con la etiqueta bien visible (¡coño ya!). Promocionar la etiqueta, ponernos un lazo color metálico, una camiseta que en lugar de “Friki power” diga “Scifi Power”, elegir un día del orgullo Scifi, llamar a los canales de TV para que vengan a la Hispa(World)cón —y si hay que ir vestido de princesa Leia con el bikini metálico porque es lo que esperan, se va—. Todo sea que Tarantino y compañía se enteren y se pongan a promocionar esta etiqueta, como en su día han hecho con las historietas pulp o con el género cinematográgico B (o Z) de los 70, que ahora conoce todo el mundo.
Álex de la Iglesia parece que se ha puesto en ello, no sé si será suficiente.
También nos hace falta un Camarón, para que ocurra como con el flamenco, que de la noche a la mañana pasó de ser “eso de los gitanos de Jaén que le gusta a los guiris” a lo más
chic de lo
chic para la gente que está en la onda (y todos fueron a sus conciertos, e incluso entablaron una íntima amistad con él; es como lo de las Torres Gemelas, que todo el mundo estaba allí esos días y se libraron porque se les olvidó el pasaporte en el hotel y tuvieron que volver). Pero a ver quién es el guapo que se ofrece voluntario…
Otra opción: cuando den un premio a un autor que haya ganado un concurso con una obra de ciencia ficción bajo la etiqueta de
thriller, podemos asistir al evento, levantarnos todos al unísono y, como en la segunda versión de los ladrones de cuerpos titulada “La invasión de los ultracuerpos”, emitir un horrible y agudo sonido gutural señalándole con el dedo acusador. Que todo el mundo se entere de que eso no es un
thriller sino una novela de ciencia ficción. Y que ha sido premiada. Y que los autores de éxito niegan al género y nombran a otros en vano. Y que repartan las pelas, hombre.
No, ahora sin coña. Y que me perdonen por el tono de antes todos aquellos que se ven perjudicados por esta crisis, que, si los que llevan mucho tiempo como profesionales del sector dicen que es grave, hay que considerar que es cierto. No creo que la ciencia ficción desaparezca de los estantes de las librerías. Es probable que durante un tiempo en las grandes editoriales la descripción cambie de nombre (a
algo-thriller o
thriller-algo), y que las pequeñas sigan teniendo que vivir del siempre fiel fandomita, que suena a secta, pero nunca se sabe si llegará ese día en el que todo esto se ponga de moda y peguen el pelotazo. Para eso primero hay que aguantar el tirón. El fandomita nunca se va, si acaso se muere cuando llega a viejo. Así que creo que se ha tocado fondo. Peor no puede ser, a menos que las propias editoriales especializadas desaparezcan o se dediquen a otra cosa. La otra opción es tragar y pasarse al
thriller para siempre. Ya me veo cambiando en nombre del portal. Creo que además el dominio portal-del-technothriller.com está libre.
La verdad es que no creo que (casi) nadie lea ciencia ficción porque sea ciencia ficción sino porque le gusta, y entre toda la oferta da la casualidad que, sin dejar de lado todo lo demás, que es mucho y muy bueno, la ciencia ficción le suele gustar al… lector de ciencia ficción
*, le pongan el nombre que le pongan al libro en la contraportada. Hombre, siempre puede que haya quien cambie de gustos pero eso no lo determina un cambio de etiqueta. Lo más que puede ocurrir al respecto es que alguien diga un día: “Joder, hace tiempo me gustaba la ciencia ficción
hard pero ahora me he dado cuenta de que lo que de verdad me pone las pilas es el
technothriller”. Y se quedará tan ancho.
Federico G. Witt, 2008