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Tenemos una colaboración de un nuevo autor, Francisco Javier Masegosa Ávila, que recientemente ha publicado la antología de relatos de ciencia ficción Cuidado con los salvajes. La historia que adjuntamos a continuación, que se incluiría dentro de la colección Crónicas temporales, es la primera parte (de dos) del relato titulado Atrapados en 1634, que narra los avatares de un grupo de viajeros en el tiempo que quedan atrapados en el Massachusetts de la época de los colonos puritanos ingleses y la caza de brujas. Os dejo con esta emocionante historia.
CRÓNICAS TEMPORALES ATRAPADOS EN 1634 (Primera parte) Gracias a la lejanía del pueblo habían podido mantener en secreto las reparaciones del transportador; al menos lo lograron hasta que el inoportuno molinero observó desde una loma al científico de la familia realizando una prueba con los motores de conversión de la puerta.
Algo que era perfectamente normal en el siglo XXII le había producido a aquel aldeano el mayor terror imaginable. Su sensación de pánico al ver aparecer y desaparecer al hombre ante su atónita mirada fue indescriptible. Philip y Marcel lo vieron correr colina abajo como si lo persiguiese la misma guadaña de la muerte. No tardó el aterrado panadero en dar la alarma en el pueblo, jurando y perjurando al poderoso eclesiástico la veracidad de lo que había visto y convenciéndole de que esta vez no estaba borracho. Por algún capricho del destino aquel mismo día fue el del accidente. Una inoportuna fuga radiactiva en uno de los conductos que alimentaban el núcleo alcanzó de lleno a Drolan. Su hijo y su hermano se encontraban a cierta distancia en aquel momento, pero escucharon sus desgarradores gritos en la lejanía y lo encontraron apenas con fuerzas para moverse. Antes de desplomarse había realizado un esfuerzo sobrehumano para reparar el conducto y volver a ocultar el portal.
Todo empezó tres años atrás, paradójicamente tan solo se trataba de unas vacaciones familiares y no tenía que haber sucedido nada de esto. De hecho jamás nadie había salido del circuito de seguridad, pero una probabilidad imposible de calcular había sucedido. Marcel había insistido en visitar la época del puritanismo más exacerbado para, además de compartir unas pequeñas vacaciones con su hermano y su sobrino, poder conocer de cerca las costumbres religiosas de esa época de primera mano. En principio todo parecía haber salido bien, puesto que después del viaje se encontraban en Massachussets en el año 1634, en los inicios de Boston, tal como habían previsto; pero entonces sucedió lo inimaginable: los mecanismos de seguridad habían fallado, dañando el portal. Dichos mecanismos hacían llegar a los viajeros con un desfase temporal que no permitía interacción alguna con los habitantes autóctonos de la época visitada. De hecho era la primera vez que ocurría un accidente de estas características. Tras la llegada al inmenso bosque cercano a la colonia enseguida notaron que algo no había salido bien. Drolan, que había trabajado gran parte de su vida en proyectos de secuenciadores de portales, aun en su calidad de científico jubilado lo notó rápidamente. Lo primero que pensó fue que todo era demasiado nítido, cosa que no debiera ser así ya que la diferencia espaciotemporal restaba cierta intensidad a los colores, por lo que los viajeros, a pesar de poder observar y disfrutar plenamente de las secuencias históricas, siempre notaban un tono monocromático en las imágenes, que en esta ocasión no era palpable.
Lo que definitivamente les hizo caer en la cuenta de que eran totalmente visibles fue su encuentro con un hermoso ciervo. El animal los observó durante un instante y luego huyó del lugar como si lo persiguiera el diablo. Cuando consiguieron hacerse a la idea de lo que había pasado se les heló la sangre, pues rápidamente pensaron en la época violenta y abrupta que les rodeaba. En sus incesantes estudios el profesor Marcel había investigado escrupulosamente esta etapa humana que le había fascinado desde joven. Ahora, sin ser muy mayor todavía, había podido realizar el viaje que siempre había deseado. Conocería las costumbres de los primeros pobladores ingleses y vería de primera mano cómo vivían aquellas primitivas gentes. Por desgracia nada de eso sucedería, pues ahora su única posibilidad para seguir subsistiendo era pasar desapercibidos en este mundo antiguo.
Lo primero que idearon fue ocultar el portal. Para el hermano científico de la expedición fue fácil, ya que invirtió el flujo de un transductor de ondas de energía que mantenía las partes visibles de la puerta ocultas a miradas ajenas a pesar de continuar allí. El espeso bosque fue un aliado para la accidentada tripulación. Después, un golpe de suerte les hizo hallar una antigua cabaña que parecía abandonada hace tiempo. En ella hallaron ropas adecuadas para cambiar de aspecto, ya que con las suyas, tan llamativas para esta antigua época, hubieran sido acusados de herejes o poseídos en la primera ocasión en que se encontraran con los habitantes del pequeño poblado, situado apenas a un par de millas del bosque.
Consiguieron pasar desapercibidos varios meses. Durante ese tiempo el profesor de la familia pasó incontables horas explicando a sus consanguíneos las costumbres y ritos de la época. En algunos momentos parecía disfrutar con ello, pero cuando se daba cuenta de que estaban viviendo realmente en aquel lejano lugar en el tiempo también se percataba de los peligros a los que se expondrían si fueran descubiertos por los fervientes puritanos, que estaban en su época de máximo esplendor.
Un día sucedió lo inevitable. El molinero, que en sus borracheras nocturnas siempre deambulaba por los caminos del bosque, descubrió luz en la cabaña y se presentó de improviso ante los hombres del futuro. Fue entonces cuando no tuvieron más remedio que implicarse en asuntos como jamás hubieran deseado. Al principio obtuvieron la gran ventaja de que Marcel era un sabio conocedor de los usos y costumbres de aquellas gentes, por lo que no les costó mucho convencer al ebrio poblador de Nueva Inglaterra de que eran supervivientes de una matanza de los indios pequot, provenientes del norte, y de que habían ocupado temporalmente la cabaña.
Al poco tiempo toda la colonia sabía de ellos y se tuvieron que presentar al párroco, tal como aconsejó Marcel, ya que de lo contrario hubieran levantado sospechas de inmediato. El orador, que era la única voz con autoridad de aquel lugar, les pareció la persona más fanática que habían conocido jamás. Era un hombre de inexpresivas facciones y semblante duro que dudaba de cada detalle y de cada explicación sobre la falsa masacre denunciada por ellos y atribuía todos los males al demonio y la brujería. De algún modo en un principio tuvieron cierta suerte, puesto que después de pasar el examen del religioso del lugar parecía que habían sido aceptados por aquella primitiva sociedad.
Pero la situación se les había complicado exponencialmente, ya que el contacto con los colonos podía hacer tambalear los cimientos de su propio futuro al ser ellos mismos sus descendientes lejanos. Durante un par de años consiguieron relacionarse de la manera más superficial posible con aquellas personas de carácter beato, que eran la antítesis de una sociedad futura basada en la ciencia y la tecnología donde los hombres habían caído en el más puro agnosticismo.
Todo hubiera sido distinto si el molinero no se hubiera interesado tanto por los tres extraños vecinos del bosque. Sus visitas inesperadas a la vieja cabaña eran frecuentes en los últimos tiempos, y los hombres del futuro cometieron el error de profesarle cierta simpatía y acogerlo en sus tertulias de sobremesa las cálidas noches del tercer verano que pasaron allí.
Los viajeros no se percataron de que sus preguntas, que parecían cargadas de inocencia, estaban profesadas desde la retorcida imaginación de su interesada mujer, ávida del favor divino. Ella estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de sentirse importante para el patrono religioso de la colonia, por lo que aprovechó un caso concreto para acusarlos de brujería. Juró y perjuró al párroco que, en una de sus múltiples visitas a la casucha de los extranjeros, su marido había encontrado un extraño artefacto en la repisa de la cocina. Aquel extraño objeto emanó fuego cuando presionó un pequeño botón que había en él, cosa que aterró a su marido. Explicó al adorador las explicaciones tan poco convincentes que habían dado a su marido y que en su inocencia él sí que había encontrado aceptables. Solo tuvieron que pasar unos días para que el párroco visitara el hogar de los nuevos vecinos. Las explicaciones de Drolan sobre el misterio del mechero no complacieron por completo al hombre de fe, pero los argumentos del hombre del futuro habían sido lo suficientemente razonables para que el sacerdote desistiera de la acusación.
Desde entonces y por seguridad intentaron evitar a toda costa el contacto con su nuevo amigo, pero éste insistía en verlos de nuevo en sus incesantes visitas. Los tres hombres del futuro trataron de pasar desapercibidos pero, a pesar de todos sus intentos por ocultar el portal, el colono descubrió finalmente a Drolan trabajando en éste. Al observarle apareciendo y desapareciendo de la nada, un terror ancestral terror invadió su alma y por primera vez creyó en la palabra del párroco. Después de permanecer petrificado unos segundos en la escarpada ladera corrió con todas sus fuerzas hacia la colonia, santiguándose y profiriendo palabras de condena hacia aquellos demonios que le habían intentado embaucar con sus mentiras y sus palabras amables.
Entonces ocurrió el accidente…
(Continuará...) Francisco Javier Masegosa Ávila, 2008
Francisco Javier Masegosa Ávila nació en Barcelona el año 1972 y actualmente reside en Terrassa (Barcelona). Gran admirador de las películas de ficción, literatura y series relacionadas con este singular mundo desde muy temprana edad, no se dedicó a la creación literaria hasta los 33 años. Desde entonces descubrió una faceta suya inexplorada que le sorprendió a él mismo: escribir relatos y otros textos de no ficción. La expresión literaria fue un descubrimiento espontáneo que en la actualidad le ha llevado a empezar a desarrollar ideas y relatos. Recientemente ha publicado su primer libro, una antología de ciencia-ficción titulada Cuidado con los salvajes que consta de once relatos indendientes entre sí aunque relacionados por el nexo común de la evolución humana. Cuidado con los salvajes ha sido publicada en Lulu.com Blog del autor: Relator más que escritor Add as favourites (3) | Cite este artículo en su sitio | Views: 908
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