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Un par de apuntes sobre WALL·E (Pixar, 2008) Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 6
MaloBueno 
Reseñas - Películas
Escrito por Hari Seldon   
sábado, 23 de agosto de 2008
 
Póster de WALL-E
 
 
 
Mucho se ha escrito, se está escribiendo y se escribirá sobre la última obra de arte de Pixar, WALL·E, que está al nivel de Los Increíbles, superando a todos los demás productos de la empresa del flexo saltarín, que ya es superar, ya.
 
Creo que a estas alturas repetir los datos que se manejan por todas partes, resumir el argumento o alabar las virtudes de la película es superfluo. Así que sólo me apetece discutir un par de puntos:
 
- si la película lleva implícito (o explícito) un mensaje social,
 
- y si la rueda del timón supone un homenaje a tal o cual clásico del género.
 
Eso sí, no me quedará más remedio que meter spoilers, por lo que si eres de los que los odian y aún no has visto WALL·E, ya sabes...


 
 

 

 

WALL·E como mensaje al preadolescente americano, o no

Lo primero que me ha llevado a escribir este artículo es una discusión que he leído hoy mismo, que incluía una reflexión bastante crítica con respecto al carácter vectorial pro status USA que se respira en la cinta.

Intentaré resumir este punto de vista. Según lo he entendido:
 
El robot EVA (sonda robótica detectora de vida vegetal) está dotado de un armamento extremadamente poderoso que no duda en utilizar en las regiones externas a su territorio. EVA se muestra, por el contrario, bastante reticente a utilizar su cañón de rayos dentro de los confines de su “sociedad”, a pesar de que en determinados momentos le sería de gran utilidad. Esto, en la reflexión de la que hablamos, se interpretó como un posible mensaje, dirigido a los preadolescentes americanos, que podría ser el siguiente: fuera de tu sociedad civilizada puedes —y debes— utilizar armas, pero dentro de ella no, porque tus gobernantes velarán por ti (las cursivas no indican que se trate de una cita textual).
 
Como corolario de la crítica, el mensaje social de la película incluiría: tus gobernantes actúan procurando lo mejor para ti y, si algo fallara, los culpables serían quienes les asesoran; sin embargo, cualquier error que se produzca se remediará debido al carácter virtuoso de los gobernantes y de la gente de bien, a pesar de que esto tal vez exija un gran esfuerzo (aquí es donde podemos visualizar el momento en que el obeso comandante de la nave Axiom se pone en pie con el típico fragmento de Also spracht Zaratustra de fondo, en un guiño a 2001: Una odisea espacial que se ha repetido hasta la saciedad en la historia reciente del cine).
 
El robot EVA empuñando su arma mortífera en WALL·E

Bueno, ésa era, en resumen, la reflexión crítica que abría la discusión. Ha habido quien la apoyaba y quien la criticaba. Quienes respondieron en contra argumentaron que parece lógico que EVA porte armamento y que lo utilice allí donde el ambiente sea desconocido y probablemente hostil. Además, no está exento de cierta lógica pensar que emplear de forma indiscriminada un arma poderosa dentro de una nave espacial conlleva riesgos indeseables. De todas formas, añaden, EVA sí que empleó su cañón de rayos un par de veces: cuando la van a apresar los robots policías y para escapar de la basura compactada donde había quedado atrapada, aunque por supuesto dispara con una intensidad moderada. Llega incluso a disparar contra un monitor de advertencia donde ella figura como enemigo público número uno.

En cualquier caso, esta segunda visión me parece más acertada, o al menos más próxima a la película que yo he visto. Sin embargo, detecto un problema con respecto al comportamiento inicial de EVA (disparar a todo lo que se mueva): los animales son una evidencia de vida, y por lo general se mueven. A pesar de que es obvio que EVA busca vida vegetal (EVE, en el original en inglés, además de aludir a nuestra primera madre representa las siglas de Extraterrestial Vegetation Evaluator), si yo me viera en la tesitura de enviar sondas para ver si un planeta es habitable también evaluaría la presencia de vida animal, que en general va asociada a la vegetal. Incluso las cucarachas se ven afectadas por la vida fotosintética, o por su ausencia, o al menos así sería después de setecientos años. Pero EVA no muestra ningún interés por la cucaracha.
 
WALL-E y su mascota la cucaracha
 
En cuanto al nudo sociológico expuesto en letras cursivas, plantearse algo así se antoja ligeramente exagerado para algunos de los contertulios. Según ellos, muchas de las obras de ciencia ficción que narran distopías relatan situaciones muy similares a las que se exponen en WALL·E, aunque, por supuesto, al estar esta película destinada a un público poco especializado en ciencia ficción, todo se toca de forma muy superficial en ella. Auto, la malvada rueda de timón en la que muchos ven un guiño a la díscola computadora HAL-9000 (de nuevo 2001: Una odisea espacial), sólo sigue las directrices de su programa hasta el fin. No es ningún malvado asesor con fines personales megalómanos. Y, de hecho, seguir las directrices prefijadas y las normas establecidas es algo que se repite de un modo absoluto en la sociedad de la nave Axiom. Los robots y los vehículos aerodeslizadores que trasladan a los orondos humanos siguen las líneas verdes que hay en el suelo, tal y como hacen los robots en miniatura que hoy en día compiten en las divertidas carreras que se celebran en las convenciones y congresos tecnológicos. Sólo los robots averiados y los dos individuos que se saltan las normas abandonan dichas líneas del suelo. Y en el caso del simpático M-O (Microbe Obliterator, el antimicrobios obsesivo compulsivo) esto se debe a que su directiva de limpiar cualquier rastro de suciedad prevalece sobre la —también muy fuerte, pero menos— que le obliga a seguir la línea verde del suelo.
 
M-O sigue su línea verde hasta que encuentra las huellas de WALL-E
 
M-O encuentra a WALL-E, el culpable de la suciedad
 
Es notorio que el capitán de la Axiom también se salta las normas establecidas por el presidente de BNL (Buy n Large), que también es el de EE.UU. (o la Tierra), de no regresar nunca. Y para lograr su objetivo, que surge del simpático acto de seguir un impulso o deseo irrefrenable, se ha de aliar con aquellos que también se saltan las reglas (WALL·E, EVA, los humanos que se habían quitado el interfaz de Realidad Virtual y los robots estropeados).

Es decir, para este segundo grupo de espectadores, el mensaje de la película, si lo hubiere, en todo caso sería el contrario al que se propuso antes en cursiva, y diría: la rebelión en ocasiones es conveniente. O si lo preferimos: a veces hay que saltarse las reglas porque nuestros gobernantes no siempre buscan lo mejor para nosotros.

Dos maneras muy distintas de ver una misma película, sin duda.


¿Es “Auto” un guiño a “HAL-9000”, o a “Madre”?

En segundo lugar tenemos el tema de los homenajes y guiños a otras obras. Desde luego que los hay, posiblemente a puñaos, pero, ¿cuáles son homenajes o guiños verdaderos y cuáles son simplemente objeto de la casualidad o de una —intencionada o no— “intertextualización”? Porque hay que reconocer que en muchas ocasiones, y creo que esto es algo más frecuente en los amantes de la ciencia ficción que en los aficionados a otros géneros, vemos guiños y homenajes por todas partes cuando en realidad no son tales (por cierto, los dos humanos que dejan de seguir las reglas se llaman John y Mary, clarísima influencia de Robert Palmer —es broma—).
 
Pero me gustaría centrarme en uno de estos guiños, que además está relacionado con lo que hemos estado hablando: ¿a qué computadora rinde homenaje en realidad la rueda de timón Auto, que durante siete siglos ha estado dirigiendo el rumbo de los pasajeros de la nave Axiom en su singladura de cinco años?

Auto, como hemos dicho antes, sólo sigue las directivas de su programa. Únicamente obedece a los comandos que le fueron asignados, pero lo hace muy bien, con una mano izquierda que ya quisieran muchos diplomáticos de carrera. En eso sí se parece a HAL, que también desobedecía dando muestras de un enorme respeto y de una educación exquisita (incluso se dejaba ganar al ajedrez). Pero me temo que, si excluimos al importante detalle del ojo rojo, los parecidos terminan ahí. HAL había adquirido conciencia de sí misma y actuaba en consecuencia, tomando decisiones basadas en el presupuesto de que se sabía superior a aquellos a quienes supuestamente servía. Por el contrario, Auto tan sólo cumple órdenes, aunque lo haga de modo que parezca que es el capitán, hombre de paja hasta que le da el siroco cuando ve escenas de la Tierra en el monitor, quien dirige la nave. Y eso ha sido así tanto con el comandante McCrea como con todos los que le precedieron en el puesto.
 
Auto, el capitán McCrea y EVA en la película WALL-E

Excepto en ese par de detalles mencionados (la mano izquierda y el ojo rojo), más que a HAL-9000 a mí Auto me recuerda a Madre (Mother), la forma en la que los siete tripulantes de la U.S.C.S.S. Nostromo denominaban al ordenador central MU-TH-R 182 en Alien: El octavo pasajero.
 
Ellen Ripley comunicándose con Madre en Alien, el octavo pasajero
Madre fue quien varió el rumbo del enorme carguero para dirigirse a la luna del gigante gaseoso donde se había detectado una señal de socorro. Madre fue la que, siguiendo sus directrices corporativas primarias, despertó de su sueño criogénico a la tripulación para que fueran a buscar supervivientes y así trajeran a un espécimen con una más que posible aplicabilidad en la industria armamentística. Madre fue la culpable, con la connivencia del androide científico Ash, de que el espécimen alienígena entrara en la nave. Madre fue la que se negó a obedecer cualquier orden que se apartase de la “Directiva Especial 937”, por la cual la forma de vida alienígena debía ser protegida y entregada a “La compañía”, aka la Weyland-Yutani, y la tripulación era prescindible. Y, por último, Madre dio señales de no ser otra cosa sino una computadora que funcionaba muy bien, sin haber adquirido conciencia de sí misma ni ninguna gaita de ese estilo, que es lo que el espectador había llegado a sospechar en algún momento. Y para muestra, un botón: cuando Ripley intenta desactivar (sin éxito, por los pelos y empujando con todas sus fuerzas para acelerar el proceso, pero sin lograrlo) el mecanismo de autodestrucción de la Nostromo, Madre permanece impasible. Es en ese momento cuando la por entonces todavía segundo oficial se desespera y procede a intentar hacer entrar en razón a la computadora, trata de convencerla como si estuviera hablando con una persona: "¡Madre, he vuelto a conectar las unidades de refrigeración!”, sin recibir otra contestación que una fría y sintética voz diciendo: “El mecanismo de autodestrucción ha sido activado, la nave se destruirá en…”.

En una situación similar, el preludio a su propio fin, HAL-9000 no mantiene el tipo como Madre; se le va la olla y canta aquella estupidez de Daisy Bell... Aunque hay que reconocer que le estaban practicando una lobotomía, que supongo que todo cuenta.

Bromas aparte, creo que Auto estaría más en la línea de Madre que en la de HAL-9000, a pesar de que la rueda del timón haya sido dotada de cierto carácter humano e incluso de algunas dotes persuasivas de las que carece la computadora de la Nostromo. Como detalle curioso añadiré que en la versión original la voz de Auto es cibernética, como la de Madre, mientras que la del ordenador de la Axiom (la que muestra detalles de la vida en la Tierra al capitán McCrea) es la de… ¡Sigourney Weaver!
 
 
Federico G. Witt, 2008
 

 
 
 
 
Edición del artículo: la reflexión inicial de la discusión a la que he aludido en este artículo se puede leer en Reseña muy personal sobre WALL-E (película)
 
 
 
 
 

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