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Este es el último de los artículos de la reseña del producto Bola de Dragón dedicado al argumento. Las dos sagas que se incluyen son las últimas de la tercera serie, Dragon Ball GT. 
Y no más preámbulos, vamos al grano. Estamos en lo mejor de la última serie, la parte que se podría equiparar a Bola de Dragón Z.
Saga de Super C-17. Episodios 41 al 47 Tras la rotunda derrota de Baby se produce un breve período de la paz en el que tiene lugar otro torneo de artes marciales. Mientras tanto han ocurrido un par de cosas: - Las esferas del dragón están sufriendo ciertos cambios sin que nadie se dé cuenta.
- Los doctores Mu y Gero se han hecho amigos en el infierno.
El Dr. Mu consigue idear un puente cósmico que conecta el infierno con la Tierra. Además ha creado una imitación perfecta del robot C-17 y éste conecta con el C-17 original, que sigue vivo… y tan capullo como siempre. La conexión entre ambos C-17 genera un portal interdimensional por el que el nuevo C-17 y los doctores escapan a la Tierra. Algunos de los antiguos enemigos de Goku —peleles que no hacen más papel que el de sacos de entrenamiento— también atraviesan el portal. Vegeta, Songoanda, Goten y Trunks se encargan de ellos sin problema. Un par de hostias a cada uno y listo.  Piccolo se da cuenta de cómo funciona la grieta interdimensional. Se lo cuenta a Goku y éste viaja al infierno para desfacer el entuerto… y la caga. Mientras pelea con Freezer y Célula —y los vence sin demasiado esfuerzo, y aquí habría que tirar de las orejas a los guionistas, ya que no es de recibo que ante enemigos sin categoría las pase canutas y ante verdaderos monstruos súper poderosos venza sin despeinarse— se vuelve a cerrar el portal, que es lo que habían planeado los doctores malignos. Pero Piccolo hace que lo envíen al infierno —para ello insulta al jefe en el cielo, cosa que tampoco representa un gran problema para él— y entre Piccolo y Dende, que como recordaréis son Uno en realidad, forman una conexión parecida a la que habían formado los dos C-17. Así abren el portal lo suficiente como para que Goku vuelva a la Tierra para salvarla. Tras un numerito verdaderamente canalla —por lo estúpido, por parte de Goku— Piccolo hace el canto del cisne y se sacrifica para siempre, quedándose en el infierno para los restos. Los planes de Mu y Gero van sobre ruedas (excepto por la liberación de Goku). Sin embargo, Vegeta le da caña al C-17 clon, por lo que los doctores llaman al C-17 original para que ambos androides se fusionen. Durante el trayecto, C-17 encuentra a C-18 y a Krilin e intenta hacer que su hermana se una a él. Ella se niega y C-17 la derrota y mata al ex calvito, que ahora peina canas y ha descuidado su físico —pa qué esforzarse, si a partir del viaje a Namek se vio que ya no podía aportar nada—. Cuando ambos C-17 se unen, de su fusión surge el Super C-17, que lo primero que hace es darle un repasito a Vegeta y luego otro a la ñoña de Pan y de propina a Gohan, Goten, Trunks y Oob, que no pueden ni rozarlo.
Inciso: los planes del Dr. Mu incluían traicionar al Dr. Gero, al que sólo pretendía utilizar en su propio provecho. El pobre Gero muere miserablemente.
Goku se transforma de nuevo en Super Saiyan 4 y lucha con Super C-17. Es la típica lucha en la que ninguno puede vencer. Este superandroide es capaz de absorber la energía de los golpes y rayos que le lanzan. De hecho, al principio es menos poderoso que Goku pero a medida que luchan le va superando.
Al final Goku tiene que recurrir a la ayuda de sus amigos. O al menos a la de sus amigas, y eso incluye a su madre, Bulma, Videl y la hija de C-18 (que está bastante buena, para qué callárselo). Por cierto, el cabreo que tiene la androide, que al final parece que sí quería a su marido, sirve para que se enfrente a su hermano. Se dan una serie de circunstancias equívocas —el tema de la no-bomba que llevaba C-18— por las que, en secuencia, al final C-17 mata al Dr. Mu y Goku deja seco a C-17.
Y ya sólo queda volver a invocar al dragón de nuevo para reconstruir la Tierra y efectuar la consabida resurrección de Krilin y de to quisqui que muriera desde que se unieron la Tierra y el infierno, pero…
Saga de los dragones malignos (capítulos 48 al 64)
… El dragón que aparece en esta ocasión es raro-raro-raro. Les dice que pasa de ellos y que a mamarla a Parla, y entonces las bolas van, se rompen y se dispersan por toda la Tierra, cada una formando un dragón maligno. Kaito les cuenta de qué va el rollo; y yo, que creo que esto es un follón, os lo detallo algo más: las bolas están pensadas para ser usadas por gente normal, no por esta panda de bestias. Al pedir un deseo, la parte buena del deseo se equilibra con una parte mala del mismo que absorben las bolas. Y se tarda unos 100 años en que la bola se vaya “purificando” y vuelva a ser normal. En condiciones normales no habría problema, ya que se tardaría eso, unos 100 años, en reunirlas. Pero ellos tienen el radar de Bulma y el uso abusivo de las bolas de dragón, siete veces en unos treinta años, ha originado la catástrofe, formando otros tantos dragones malignos. Además, estos dragones pretenden destruir la galaxia, cosa que ya habían hecho antes con otra galaxia (según Kaito).  Ya estamos como siempre. Otra vez Goku a salvar el planeta, la galaxia, el infinito y más allá. Pero esta vez se verá acompañado de Pan —por Dios, que alguien le diga a esta niña que se quede en casa haciendo las tareas, o que se vaya a llorar al parque; no la soporto. 
Inciso: hay algo que no me queda nada claro en todo esto: estas bolas son un tercer tipo de bolas de dragón (tras las originales de la Tierra y las de Namek). Pero parece que el rollo de las energías negativas, el yin y el yang y la madre que parió al dragón, se mantiene aunque se trate de otras bolas. Bueno, no importa demasiado. El primer dragón maligno al que encuentran es un tal Ryan Shinron, el dragón de la bola de dos estrellas, surgido del deseo de revivir al indio gigantón megacachas aquél, el papá de Upa, Bora, cuando Goku todavía era un niño. Es un dragón guarro y tontorrón pero precisamente por eso le pone las cosas complicadas a Goku (un par de capítulos, creo recordar). Lo solucionan por el método del chorro de agua limpia. Como era lógico. El siguiente dragón es Uh Shinron, el de la bola de 5 estrellas, cuya energía es eléctrica. Surgió del deseo de revivir a Goku ante la inminente llegada de Vegeta y Nappa en la primera parte de Bola de Dragón Z. La pelea tampoco tiene misterio ninguno y es rápida y tontorrona, a pesar de que este dragón es bastante poderoso y capaz de aumentar de tamaño. Le toca el turno a Ryu Shinron (6 estrellas), representante del agua, que es una chica y procede del primer deseo de la serie Bola de Dragón, el de Oolong de unas bragas, asunto delicado y enojoso que ni el propio dragón quiere mencionar. Goku y Pan se lo cargan gracias a una gaviota. Otro bluff. El siguiente es Chih Shinron, que está en poder de la bola de siete estrellas. Se originó cuando resucitaron a todos los que murieron a manos de Boo, Babidi y Vegeta. Su elemento es la tierra. Tampoco fue un gran problema —a pesar de Pan, que además de imbécil es un lastre continuo. Vamos con Suh Shinron, dragón de cuatro estrellas. Elemento: el calor (fuego). Y resulta ser bueno, noble. Era de esperar, ya que surgió de la bola del abuelo de Goku, aunque lo hiciera debido al deseo que pidió el primer Piccolo de ser eternamente joven. Pero tiene un hermano mellizo, San Shinron (frío, hielo, bola de tres estrellas). Mientras el primero deja ver su nobleza, negándose a matar a Pan y luego luchando limpiamente con Goku, el segundo es más perro y más malo que las anchoas ahumadas (esto es una apreciación personal de alguien que tiene un trauma infantil con este perverso alimento).  Goku se las ve con San Shinron pero Ih Shinrón, el que queda, entonces llega y mata a Suh Shinron. Goku se enfrenta a él. Es el dragón de una estrella, que no necesitó ninguna fuerza negativa de los deseos para ser creado. Goku necesita del aporte de energía de Goten, Trunks, y Songoanda, y ni por esas. El dragón se traga las bolas para tener un poder casi supremo. Es entonces cuando Vegeta, tras diversos avatares, se transforma en Super guerrero de nivel 4, se fusiona con Goku —él mismo lo propone, dejando alucinado incluso a su compañero, al que no para de llamar de todo menos bonito— y surge Gogeta. 
Tampoco es que éste se luzca; se dedica a juguetear con su poder en lugar de luchar en serio, pero al menos consigue que el dragón expulse las bolas. 
Una vez separados los dos superguerreros, Goku logra recuperar la bola de cuatro estrellas, gracias a Pan, y se la traga para que Ih Shinron no adquiera más fuerza de nuevo. La bola se le pone en la frente y de ella surge de nuevo Suh Shinron, que ayuda al superguerrero. Sin embargo, esto sólo retrasa a Ih Shinrón, que vuelve a adquirir todas las bolas. Sólo queda una opción: que los compañeros distraigan a Ih Shinrón todo el tiempo que puedan para que Goku acumule la energía vital de todos los humanos, namekianos y demás paisanaje que ha aparecido en Bola de Dragón, para hacer una de sus bolitas de energía y derrotar defitivamente a Ih Shinron. Y así es. Todo esto lo coordina Kaito, que ya dijimos en la entrega anterior que no parece el mismo patán de siempre. El dragón de los deseos, Shenron, el de toda la vida, aparece sin que lo invoquen y por fin resucita a Krilin y al resto de muertos de las últimas refriegas. Pero también dice que no serán concedidos más deseos durante mucho tiempo, por la razón que os he adelantado antes (el abuso; el tema de las bolas al fin y al cabo es como la Master Card, que sí, te lo da todo, y lo que te da no tiene precio pero, si te pasas, la cagas). Goku decide acompañar al dragón cuando éste se lo pide. Mientras Goku vuela a lomos de Shenron, las siete esferas del dragón se absorben en su cuerpo y él parece desaparecer. No, Goku no desaparece, sino que se transforma en energía vital. Sólo Vegeta se percata de esto, el resto cree que se ha sacrificado. A partir de aquí, amigos, la mejor parte de todo Dragon Ball GT. Emotiva a más no poder. Un cierre fantástico. Antes de irse para siempre, Goku pide hacer una visita a Muten Roshi y Krilin en Kame House. Yamcha y Puar, que están en el desierto, donde aparecieron por primera vez (está claro que su amor es verdadero y que no se iban a separar), ven pasar al dragón y sienten a Goku. Y lo mismo ocurre con la otra parejita romántica de Bola de Dragón: Chaoz y Ten Shin Han. Si os fijáis, ambas parejas son las únicas estables e indivisibles de todo Dragon Ball en sus tres series. Las demás son algo… uhmm… laxo, incluyendo los matrimonios que van surgiendo. Bola de Dragón tiene un toque gay, no se puede negar. En la isla de Kame House, Goku y Krilin efectúan un último entrenamiento de combate a modo d despedida, para rememorar la época en la que se conocieron. Luego Goku visita a Piccolo en el infierno, donde el demonio verde tiene a todo el mundo a raya. Se confiesan el cariño que ambos se profesan después de que el odio desapareciera allá a comienzos de Dragon Ball Z… y luego Goku se va para siempre. Sniff. De verdad, qué lagrimones, que emoción... Os lo digo en serio, han sido cientos de capítulos junto a estos personajes. Ya eran parte de la familia. Pero los lagrimones no acaban aquí, os lo juro. 100 años más tarde, Vegeta Junior y Goku Junior, tataranietos de Vegeta y Goku e igualitos a ellos respectivamente, se enfrentan como finalistas de una nueva edición del Torneo de Artes Marciales. Todo es emoción y recuerdo. Añoranza y nostalgia invaden nuestros sentimientos desde cada esquina de la pantalla. Hay una estatua de Goku... otra de Satán… y Pan, anciana, cree ver a Goku entre el público. Éste se va, caminando, mientras las emociones continúan fluyendo y embargando nuestros corazones; los personajes, las escenas, se evocan… Sniff. Sic transit Gloria Mundi. Olé tus huevos, Goku. Qué buenos ratos me has hecho pasar, condenao. Me niego a contar la película posterior, que, aunque oficialmente sea la continuación, es una auténtica birria infumable. La serie, para mí, acaba aquí. FIN Y no os perdáis lo próximo: lo que ocurrió con Toriyama y compañía en Dragon Ball GT y el misterio de Dragon Ball AF. Federico G. Witt, 2008
Como siempre, las imágenes e ilustraciones se han tomado de diversas fuentes en Internet. Al igual que los personajes, son marcas registradas y la propiedad del copyright es de sus autores y editores. Su uso aquí es con fines meramente informativos.
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