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1. EL HIPERPUENTE Y EL ASTILLERO ESPACIAL
El viaje la había agotado. Era la primera misión de Sheila Summer fuera de Cinia Capital, su experiencia en el espacio se limitaba a breves vacaciones en los sistemas cercanos al planeta natal, trayectos de pocos meses en una Caravana Estelar.
El portentoso convoy que recorría la galaxia la impresionó. No sólo por el tamaño, el de una pequeña luna, sino por la gente que consagraba su vida manteniéndolo activo. Los navegantes y la tripulación formaban una comunidad que no conocía la sensación de pisar el suelo de un planeta; a decir verdad sentían rechazo ante la idea. La mayoría había nacido en el espacio, a bordo de una Caravana Planetaria.
Recordó la larga fila de navíos espaciales introduciéndose en el gigantesco hangar. Cuando abordó, salió del transporte orbital para contemplar las paredes metálicas elevándose más allá de la vista y recibió una reprimenda de la tripulación por ello, pero pensó que había valido el riesgo. Después, el periplo entre las estrellas le resultó tedioso, a pesar de las comodidades y los centros de esparcimiento que abundaban en las instalaciones. Una humana como ella, morena, de espesa cabellera, no pasaba desapercibida en una astronave que pocas veces transportaba personas de la capital. Solicitó hasta el cansancio un pase para ver a los navegantes en el puente, pero recibió corteses negativas en todas las ocasiones, aun cuando presentaba su carnet de periodista de la ITEC, el servicio intergaláctico de noticias. Lo soportó durante los ocho meses de viaje, hasta que anunciaron el arribo a la Nube Cometaria del Sistema Kora. Sheila preparó su equipo, revisó que todo estuviese en orden antes de dirigirse a la unidad de traslado que la llevaría, junto a periodistas de todos los rincones de la galaxia, para realizar la nota de su vida: la primera visita autorizada al primer Hiperpuente.
Un par de días en Kora le sirvieron para renovar energía, había publicidad de la Multiplanetaria Sabbathco en todos lados, en Cinia apenas la conocían y le habían advertido que en los mundos lejanos no simpatizaban mucho con los cinianos de la Capital, a ella eso no le importó. Aunque registró con su cámara una palabra escrita en varios muros de la ciudad de manera desprolija y en dialectos alienígenas: Independencia. Esperó con paciencia que el trasbordador de la ITEC la llevara hasta el Hiperpuente. Tuvo que mostrarse firme con los transportadores que subían su equipo cuando los oyó quejarse del volumen y el peso de los contenedores, mostró sus permisos y los amenazó con cobrarles el seguro si algo se rompía.
Una vez en el transporte, no perdió tiempo en relacionarse con otros reporteros, quería centrar toda la atención en su misión, así que se dirigió a una de las cúpulas del mirador de la nave.
Activó su transmisor-robot, colocándose frente al mismo, y aclaró su garganta para decir:
—La civilización galáctica se extiende desde la zona lindera del núcleo hasta las tres elipses. La emprendedora raza de los humanos creó un mercado entre los mundos y puso en funcionamiento una flota para recorrerlos, las Caravanas Planetarias; sus tripulantes, llamados comúnmente Errantes, representan al gobierno humano: la Monarquía Genética Corporativa. —Sheila suspiró, sabía que el nombre sonaba a viejo, eran muchas las veces que necesitó explicar cómo estaba organizado el gobierno de Cinia, por eso aclaró—: No se trata de una monarquía tradicional donde una exclusiva familia ostenta el poder, cualquier persona con su credencial genética actualizada puede ocupar cargos administrativos. Existe una ley para que únicamente los genes aptos puedan acceder al gobierno en la Multicorp, que administra el sindicato de las Caravanas, llamado Arquerrán y controla el mercado con la línea de crédito, el CART. —La muchacha percibió el cuchicheo de otros periodistas, ubicados a pocos pasos, venir de Cinia no era una buena carta de presentación en ese rincón de la galaxia—. Así era, hasta hoy, cuando una Multiplanetaria competidora aprobó el proyecto de instalar Hiperpuentes en cada sistema estelar, dejando obsoletas a las Caravanas y a millones de seres sin empleo. —Sheila Summer suspiró ante el diminuto punto de luz que captaba su imagen, repasó el informe transmitido a cada rincón del universo con un receptor decente gracias a la hiperonda, todos pagaban los derechos para usarla a la ITEC.
Ella se acercó a la base de la cúpula, curioseando en el exterior.
Los albedos del gigantesco Anillo se perfilaban sobre el infinito. Estaba alejado de las influencias gravitatorias del Sistema Kora, para poder desatar grandes cantidades de energía y liberarlas sin provocar ninguna alteración.
El trasbordador de la ITEC, aceleró. Tres pares de impulsores empujaron las cúpulas emplazadas en la proa de la astronave. Sobre el casco se distinguía una torre desde donde se guiaba la nave, la tripulación estaba compuesta por empleados de Sabbathco, la Multiplanetaria que financiaba esas maravillas espaciales llamadas Hiperpuentes. Atisbando por los ventanales, rostros de distintas especies demostraron expectación. Sheila sacudió su voluminosa mata de cabellos rizados, pronto estarían tan cerca del Anillo que no podrían abarcarlo con la mirada. Sobre el silencio que mantenían los periodistas, una voz de acento extrahumano informaba:
—El Puente Hiperespacial es un Anillo de mil doscientos kilómetros de diámetro que genera los hipercampos necesarios para combar el espacio, creando senderos nunca antes transitados. Nuestros ordenadores programan las coordenadas de destino. Habrá rutas, como muestra la simulación de nuestros comerciales, que los llevarán desde Arcturo a Quarzo C y Liuxor.
Había varios reporteros enfundados en sus trajes para atmósferas diversas. Sheila misma usaba un diminuto adminículo nasal, apenas perceptible; parecía más un adorno que otra cosa. Sus oscuros ojos, de largas pestañas, observaron al guía del paseo, un Clorounc, un nativo de Foornax, la Capital del Grupo de Sistemas Fronterizos. Era un ser de dos metros y medio de estatura, frágiles caderas, muy pequeñas para su amplio tórax. Las narices y orejas recordaban a un embudo acampanado, razón por la cual los humanos los llamaban Hombres Corneta. La organización social de los foornaxios se componía de dos castas: los Archivadores, quienes nunca salían de su planeta, dedicando su vida a la educación de las generaciones siguientes; y los Designadores; que dirigían la sociedad y se interrelacionaban con los extranjeros. Ese clorounc era un Designador.
—¡Helo ahí! —Dijo por sus tres cornetas—. El Puente Hiperespacial que mañana será inaugurado para uso civil. No más Caravanas Planetarias ¡Tan lentas e incómodas! La Multiplanetaria Sabbathco y la tecnología foornaxia hacen del viaje espacial un hecho consumado.
Sheila no prestó atención al resto de la perorata.
Sólo propaganda de Sabbathco, pensó.
Apuntó con movimientos disimulados su cámara escondida hacia el Anillo descomunal, violando una de las celosas reglas de la empresa constructora. Configuró el sensor cartográfico y registró lo que pudo de la superficie del Puente. La lente de contacto de su ojo derecho era en realidad un monitor diminuto que reproducía aquellas imágenes. Se topó con algo que no debería hallarse en ese lugar; unas estructuras en forma de osamentas entrelazadas, invisibles a los ojos orgánicos, no así para los objetivos electrónicos de la ITEC. Se disponía a iniciar la grabación cuando se sobresaltó al cubrirla la sombra de un ser que era en sí mismo una amenaza.
—¡Las cámaras no están autorizadas! —rugió una voz biomecánica.
Red Finsen, Director General de Sabbathco, se adelantó pesadamente. Aunque no sobrepasaba el metro setenta de altura, su cota anti-impactos, su yelmo e indumentaria carmesí de diferentes tonos, provocaban respeto y prudencia rayanos en el pavor. La espada electrónica y su pistola clásica anatómica contribuían aún más con aquella impresión.
Tomó entre sus dedos metálicos la credencial fijada en la chaqueta de la periodista.
—Sheila Summer, reportera ciniana —reverberó. —Enfoqué unas plataformas...
—El Astillero espacial de Sabbathco —explicó Finsen—. Cuando todos los puentes estén operativos habrá más de veinte sistemas interconectados, mi flota asegurará la paz en el hiperespacio.
—¿Aunque esté violando los tratados del Pacto de Pandior de dos mil quinientos cuarenta y siete en contra el armamentismo?
—Estamos a más de sesenta pársecs de Cinia Capital. El progreso trae cambios. La estabilidad es el primer síntoma del retroceso y nuestro Plan de Integración es moderno. La nueva moneda, el Univ, propone estructurar las oscilantes economías planetarias y tener pleno control de los capitales transmundiales. Quizá al fin termine el suplicio de los Bancos Centrales para amortizar las sacudidas del CART y las tasas de interés. Acercaremos los sistemas fronterizos al centro, a su Cinia Capital, Summer.
Durante una breve eternidad las miradas de ambos se sostuvieron. La mujer se veía fortalecida por el orgullo de tres mil años de conquista sobre el medio hostil del espacio, era humana y eso decía mucho. Pertenecía a una de las razas más astutas, inteligentes y hábiles; y por adición a la especie gobernante, la misma que tenía su sede en Cinia.
Por su parte, Finsen intimidaba con la apariencia. Su cuerpo estaba compuesto por bujes, engranajes, levas y válvulas de colores morados, siempre recubiertos por una película oleosa que le confería un brillo mate. Esa piel recordaba a huesos engrasados, duros, de apariencia indestructible. Aquel rojo era oscuro, viscoso, resultando asqueroso al tacto. Se rumoreaba que había sido reconstruido en Luxor, el planeta biomecánico y había pagado el costo de un mundo por ello. Su pasado era desconocido para la mayoría de los habitantes de la galaxia, no existían registros anteriores a sus promociones en Foornax. Sólo una carrera ascendente, violenta, hasta ocupar la jefatura de Sabbathco. Los investigadores de la ITEC contaban con meros indicios. Sus vestiduras, un delgado manto de cintas, de una tela aparentemente biomecánica, cruzaban pecho y espalda. En ellas se percibían caracteres de algún lenguaje extraño, aún no descifrado, como los arcanos en la vaina de la espada, más enigmáticos todavía.
El duelo de voluntades fue abruptamente interrumpido por alarmas que ulularon sobre ellos, el cambio de iluminación viró al rojo y los altavoces tronaron:
—¡Alerta! ¡Alerta! ¡Una esclusa ha sido violentada! ¡Tenemos un espía en el vacío!
Los crueles ojos biomecánicos escrutaron a la multitud de periodistas.
—¿Quién ha sido el autor de esto? —rechinó su voz.
El variado grupo de seres se acurrucó en una esquina de la amplia Cúpula Mirador, temblando de temor. Las huidizas miradas procuraron desesperadas la salida. Una tensión ominosa inundó sus almas.
El rostro de Finsen era poco más que un yelmo acampanado de escasa expresión, sólo los ojos demostraban, atrofiadamente, las emociones. Hizo ademanes con sus purpúreos dedos, sumergido en alguna especie de trance. De uno de los compartimentos utilitarios, en sus enormes muñequeras, extrajo un cuenco labrado, humeante.
—Dies Mies Jeschet Bene Deqfet Dimán Dowima Dimana EE Unx Enete Mas —salmodió en una pútrida invocación, en una lengua que nadie reconoció.
Una emanación obscena de oscuro carmín rodeó al biomecánico.
Los representantes de más de veinte mundos emitieron una cacofonía de gritos y alaridos. Parecían atacados por una macabra epilepsia, con movimientos espasmódicos y convulsos cayeron unos encima de otros; algunos no tardaron en extraviar la cordura. Chocaron entre sí rasgándose las vestiduras.
Sheila Summer se resistió todo lo que pudo, sintió en su mente la presencia de una voluntad ajena y morbosa asumiendo el control de su cuerpo. Se arrastró por la superficie alfombrada del Mirador con un hilillo de baba escapándose por las comisuras de sus labios. Su visión enturbiada logró distinguir a Finsen retirándose. Se apretó las sienes y contempló a los otros.
El espectáculo era inmundo.
El único consuelo era saber que había alcanzado su objetivo, en esos momentos la unidad de sondeo P.L.P.S. estaría realizando la tarea para la que había sido construida.
Red Finsen caminó por el acceso tubular transparente que unía las Cúpulas Mirador con el cuerpo principal del trasbordador de la ITEC. En su interior sabía que había dado un gran paso, incluso a expensas de las directrices de su amo; consideraba que había esperado mucho, ya estaba todo listo y no se había precipitado para nada. Alcanzó el elevador que lo condujo hasta la torre de mando. Los operadores hundieron sus rostros en las consolas al notar su presencia.
El biomecanoide paseó la mirada a través de las ventanas panorámicas de la torre. En la proa, un par de niveles más abajo, se veían las cinco cúpulas. Se dirigió a un oficial de estructuras y ordenó:
—Oficial. Desprenda la sección del Mirador y active las cargas explosivas. —Señaló un dibujo esquemático en el monitor de su consola— ¡Vuélelo!
En el exterior los destellos mudos de la volatilización de las cúpulas fue el único acompañamiento fúnebre que les concedió el vacío a los periodistas.
El Director General de Sabbathco se volvió hacia uno de los controladores biomecánicos fundidos en los asientos de las consolas que formaban parte de su personal privado.
—Agente Informático, diseñe una seudo recorrida turística en su ordenador y transmítala a la ITEC, nos dará tiempo hasta que la flota esté a punto.
En ese momento entró un oficial que informó:
—Monseñor, nuestro sondeo descubrió que lo que ingresó al vacío no era otra cosa que un robot cámara de reportaje, tal vez un moderno P.L.P.S.
—¡Encuéntrenlo! Esta vez no descuidaré ningún detalle.
A cientos de kilómetros de allí, en el frío del espacio, una pequeña máquina se amarraba con patas articuladas a la superficie irregular; palpitante de vida, de un acorazado sin terminar de la flota de Sabbathco.
El texto y las ilustraciones son propiedad de M.C. Carper Capítulo 2 (siguiente) Todos los capítulos Sobre el autor: M.C. Carper Add as favourites (2) | Cite este artículo en su sitio | Views: 1311
1. Genial Escrito por
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, el 08-02-2009 12:51 Realmente un aplauso, M.C., Esta reescritura tiene mucho mejor introducción y fluye mejor que el inicio del libro. |
2. Gracias!! Escrito por
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, el 17-02-2009 16:18 Este tipo de comentarios es estimulante. Hay muchas sorpresas en esta versión, espero que sea un grato entretenimiento. |
3. sigue asi!!!=D Escrito por matias raffault, el 20-02-2009 05:00 buenisimo!!sigue asi..pero que tal una historia de clones y hombres..un enfrentamiento y una rebeldia de ellos a sus creadores..seria un buena historia  |
4. Escrito por
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, el 07-05-2009 15:14
Muy bueno! |
5. ¡Heyyy! ¡Gracias! Escrito por
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, el 17-05-2009 18:28 ¡Mostro! ¡Gracias por el comentario! |
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