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Juan Guinot, nuevo colaborador, nos ofrece una historia de amor muy particular. Es futurista, sí, pero muy particular incluso dentro de lo futurista. Leedla y veréis por qué insisto en esto.
RECUPERACIÓN CAPILAR
La puerta se diluye, Tila aparece y camuflo los timbales dentro de mi pecho con un cruce de brazos. Huele a nueva y a rosas.
Llega a uno de los rincones de mi cubo hogar, se detiene, marca un cuarto de círculo compás clavada en su pierna izquierda, queda de frente, apoya el pie derecho. Efectúa medio paso hacia atrás y calza la espalda en las juntas de las paredes. Intuyo que ella busca un sitio de reconocimiento y construir con el registro del cuerpo un espacio tridimensional que sus ojos violetas no le muestran. Puedo imaginarlo perfectamente: desde el techo baja el eje de las Y, y topa en el piso con las bases de las paredes, los ejes X y Z. Tila aproxima sus estimaciones con fórmulas, ya que, en cuanto a visión respecta, solo puede ver plano y eso “no inhibe su profundidad”, como reza el anuncio retinal de Corporación Chicasnéticas.
Sigue erguida, sin decir un “hola” y acompaño su silencio.
Hay un gesto de su boca y contraigo mi campo de visión. Ella dibuja una sonrisa, los labios oleicos brillan en tensión y los dientes superiores, desnudos y en dos piezas, pellizcan la piel del labio inferior. Enfoco sus ojos. Sostengo los párpados abiertos para transmitirle cuán feliz estoy de tenerla en mi cubo hogar. Sé que le he llegado y la respuesta está en su boca: el labio inferior percudido por el contacto de los dientes ha dibujado una zanjita; grieta roja, lúbrica, profunda. Adelanto diez planos para hundir la mirada, llego al bajo mundo labial y desde el espacio abisal capto un cambio arriba, sobre la superficie. Al segundo, mi nervio óptico latiguea para retornar a primer plano de boca y descubro un puente piloso colgante, entre la pared dentaria y el labio: se trata de un pelo rubio. No repuesto de esa sorpresa, y cae otro y otro, y otro más, es una lluvia que rellena la grieta y enmascara la boca.
Agrando mi campo visual, primero veo cabeza y luego cuerpo entero. Descubro varios filamentos capilares esparcidos como pinceladas de oro por el torso, piernas, pies y piso refractario. Está claro, Tila presenta una irregularidad: caída de pelo.
Muerdo mi estupor con pestañeos. No quisiera revelar una onda expansiva de dudas, la última vez con Manzanilla hice eso y provoqué tal nivel de nocividad espacial que ella se perdió de mi vista para siempre. Pienso bien y gano la primera batalla: el hogar cubo no reblandece, he madurado.
Voy por aclarar la situación, ser pragmático y aplico el carrusel neuronal sobre el anuncio retinal de Coporación Chicasnéticas para dar con el origen de ese efecto no deseado, debe ser algo pequeño, un escollo simple, “como la vida misma”. En un barrido híper veloz busco “pelo”. Encuentro: “pelo untado con cerato de galeno”. Eso explica lo del perfume a rosas, pero ¿qué tendrá que ver con la caída? Reoriento la búsqueda “Pelo-caída”, el golpe de vista me pone de frente a “caída del pelo-no presenta caída del pelo”. ¿Entonces? Dejo los párpados enrollados y me refugio en el pensar bien. Despejo el globo ocular, el nervio óptico desmonta el anuncio retinal y vuelvo a ella. Lo que es tener la mente en positivo, me doy cuenta que por hurgar en los defectos olvidé a la hermosa Tila. Cuatro planos y allí la tengo, la recorro de arriba a abajo y llego a sus pies enfundados en botines de charol, repleto de reflejos dorados, como los pelos dispersos en trazos de oro desde la boca al suelo. Me viene una imagen: Tila es de la boca a los pies el dibujo centellante de una estrella caída del cielo; no puedo contenerlo, ajusto el pensar bien y le disparo mi deseo: “sé la aurora boreal, el fin de mi noche”.
Momento, algo no funciona bien. Tres golpes de planos y estoy sobre la bola de pelos arrullada a sus pies. Sí, es lo que parece, la bola de pelos se mueve, lo hace lento, pero lo noto porque mi primer plano hace que la vea difusa y obliga a que mande orden de ajuste visual. Me sorprende; de una primera marcha tortuga pasa a pique liebre y llega hasta mis borcegos, me hace cinco rodeos y se detiene. Por reclinar la cabeza con contracción inmediata de vista me mareo, lo tolero y logro verla, está casi encima de mis patotas. La bola de pelos hincha y deshincha volumen y empieza a despegarse del piso refractario en un ascenso vertical que no supera la altura de mis rodillas. Flexiono las piernas y esa bola peluda gana un sitio sobre mis muslos oblicuos. Allí queda, no se mueve más, parece satisfecha con el logro. La acaricio ¿Por qué lo hago? Y, porque todo lo de Tila me cae de maravillas, como su labio inferior tajeado por las paletitas de marfil.
En cuatro cortes reordeno el nervio óptico, allí la tengo, de una sola pieza. Eso sí, por completo calva y hundida hasta la cintura en un acolchado de pelos rubios. La bola salta de mi muslo, surca el espacio de mi cubo hogar y se funde en la masa cabelluda.
Mi nervio óptico, repentinamente tumefacto, no logra cambiar mi gran angular. Intento volver a toma de boca, dientes, zanjita de labios, pero no puedo. Eso me pasa siempre que deseo volver atrás, ver el sitio remoto en el que fui feliz hace que mis funciones oculares se encajen. Es un rato, nomás olvidar la idea y recuperaré el juego de enfoques según mis designios.
Tila levanta un brazo, luego el otro y sigue camino al techo hasta unir las palmas y empieza a girar. Como en la carga de un huso, trepan los cabellos atraídos por la fuerza centrípeta, la recubren y cuando hace tope en los esmaltes de las uñas, Tila, parece estar lista para devanar.
El vientito de los giros llena el espacio a perfume de rosas y los timbales de mi pecho regresan a la escena, retumban graves y el eco repercute latoso entre mis omóplatos.
El capullo rubio se resquebraja y se abre en dos mitades, comienzan a aletear, toman vuelo y llegan hasta el techo. En el espacio crecen, se hacen cada vez más grandes e interfieren con el derrame luminoso de mi cubo hogar, son un prisma dorado que laquea paredes, piso refractario y también a Tila, de pie, completamente dorada y desnuda, con su labio inferior pellizcado por el marfil de sus dientes.
Tila se separa de la pared y no lo hace a tientas, sino plano por plano, se me acerca en capas. Mi nervio óptico, tumefacto, hace la vea borrosa, cada vez más cerca, cada vez más difusa, fundida en oro, en mí, bajo las alas rubias que caen del techo y nos envuelven en la aurora boreal.
Juan Guinot, 2009
Datos biobibliográficos
Juan Guinot nació en Mercedes (Provincia de Buenos Aires, Argentina) tres meses y once días antes que el hombre pise la luna (05-04-1969). Allí fue columnista de diario, locutor y guionista.
En 1990 fundó con su padre la publicación El Bolsillo y desde el 2004 co-dirige con sus hermanos el sello “Contentotravez”.
Se Licenció en Administración (UBA), Psicólogo Social (Pichón Rivière) y Master en Dirección de Empresas (IAE).
A partir de 1990 trabajó cinco años en el Estado para recaudar dinero y entre 1995 y 2001, lo hizo en una empresa para que la gente lo gaste en golosinas.
Es profesor de marketing y creatividad.
Estudió clown, locución y desde el 2003 es discípulo del escritor Alberto Laiseca.
Escribió cuatro novelas y una nouvelle (no editadas) y más de cincuenta relatos.
Ha recibido las siguientes distinciones: Mención de Honor Fundación Lebensohn 2006, Segundo Premio Amadís de Guala 2007 (España) y Mención de Honor Revista miNatura 2008 (España).
Su poesía “A Guarda” forma parte del libro Do Atlántico a Oa Miño “Vista Parcial” del artista español Modesto Vázquez Prada (Vigo, Galicia) y el cuento “Yo estuve ahí” fue seleccionado por integrar el libro “Cuentos por Deportes 2” Editorial Homo Sapiens. La revista literaria "No Retornable" lo seleccionó para integrar un dossier con escritores que ficcionaron con la Guerra de Malvinas. Dos relatos suyos forman parte de la Antología Novacoletanea 2009 (Mina Gerais, Brasil)
Participó en lecturas en los ciclos Carne Argentina, Los Mudos, Naranjas Azules, NODO y Outsider (Buenos Aires), Café Bukowski y El Bandido Doblemente Armado (Madrid), donde alterna la lectura con actuación.
Actualmente escribe micro relatos de ciencia ficción en la revista miNatura (España).
Amante de la ciencia ficción y el género fantástico, espera por un mundo más sanito, que se deje crecer a cada uno según sus motivaciones, que se le aparezca un ovni o un alienígena y que, finalmente, los ingleses devuelvan Las Malvinas y El Peñón de Gibraltar.
Se lo puede contactar en:
juanguinot[@]yahoo.com y jguinot[@]ifisa.com (suprimir corchetes)
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1. Escrito por
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, el 09-02-2009 15:15 Este relato es excelente. Felicitaciones. |
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