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Enfrentamientos de los Dioses I - La caída de los monárquicos (cap. 3) - M.C. Carper Imprimir E-Mail
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Ficciones - Novela: Enfrentamientos de los Dioses
Escrito por Hari Seldon   
jueves, 19 de febrero de 2009

Enfrentamientos de los Dioses I - La caída de los monárquicos - M. C. Carper

 

 

3. YTENVE HOGAR

 

 

La construcción parecía una de esas artesanías frágiles que no pueden tocarse. La impresión de delicadeza estilizada de las altas columnas labradas llegaba al corazón, desde los canteros y los aleros traslúcidos con grabados. En las ciclópeas bóvedas, distintos artistas habían representado acontecimientos de la historia Jhaeliana. Las superficies tenían baldosones con arabescos y tonos acordes al empleo habitual de cada lugar. En todos los salones se respiraba paz. La arquitectura contemplaba, también, las potenciales direcciones de desarrollo personal de sus habitantes.
 
Enfrentamientos de los Dioses - Ytenve Hogar - M.C. Carper
 
Tenía muchos pisos. En la última torre había un pequeño astropuerto, uno de los pocos sitios donde la tecnología estaba actualizada. El silencio y la frescura de innumerable cantidad de flores se hacían omnipresentes. No existían robots de servicio ahí, ni siquiera ascensores, sólo esferas de iluminación que jamás eran utilizadas.
Todo esto era percibido desde su esencia por la coordinadora del ala oeste del Templo, el Ytenve Hogar. La muchacha, de sólo diecisiete años, canalizaba su meditación conduciendo a los noventa y tres practicantes que llevaban, pacientes, las cuentas de sus respiraciones. Todos en la postura de la calma, con los miembros vueltos hacia dentro, hacia el estómago.
El triángulo, respiró la chica.
Permanecía en un nicho a dos niveles de los aprendices. Su nombre era Nut. Estaba desnuda, las largas y flacas piernas cruzadas, rodeada por la oscura melena rizada que cubría su espalda absolutamente. Delgada como una vara, mas emanando esa fortaleza de los cuerpos entrenados. Su mirada siempre demostraba calidez y dulzura en sus enormes ojos oscuros. Centralizó en sus sentidos la última vibración.
¡¿Qué había sido aquello?! Parecía una dulzura... ¡Una paz!
Entreabrió los ojos iluminados y juntó los labios. Unió sus palmas y recitó una letanía que la ayudaba a fusionarse con el cosmos.
He surgido del polvo y volveré a él
Como lo hice y volveré a hacer
En la Eternidad toda
De una sola vez y con todas las cosas   
Siendo uno y siendo todo
Como todo es Uno y Uno es nada.
Aunque externamente no hubo el más mínimo cambio en su expresión, su interior estaba en éxtasis. Un momento después se distendió con una sonrisa.
 
Nut meditando - Enfrentamientos de los Dioses
 
Luego de vestirse con su túnica blanca y azul de fibras rosaemitas, con la adición de un aura de micrones de espesor, caminó  por la Galería de las Fuentes. Oyó el rumor de los laboriosos Xorcoxs, seres semivegetales, considerados los Botánicos por excelencia en la galaxia, cuyo rostro y torso eran un conjunto de entrelazadas cuerdas a manera de ramillas y raíces. En la parte inferior, poderosos dedos, decenas de ellos, constituían la base del cuerpo. Las extremidades superiores estaban pobladas de diversos dedos nudosos y las calvas testas se coronaban con un blando musgo, esmeralda. En tanto, los hombros y espaldas exhibían miríadas de esporas y folículos. No conocían el sentido de la vista, pero se comunicaban con toda facilidad con los Jhaelianos y más aún con sus perdidos padrinos: los Yeils.
La joven notó que el murmullo del agua y de las avecillas se atenuaba levemente, imperceptible quizá para alguien ajeno a ese sitio, el menos visitado del Edificio, pero demasiado significativo para Nut.
—¿Estás ahí? —dijo en un murmullo.
—Aquí —fue la respuesta firme y precisa. Provenía de una criatura sentada en los lados de un bebedero escultura. No era humano. Tenía un metro setenta de estatura y estaba cubierto de un corto pelaje blanquísimo, vestido con una túnica azul. Sus ojos eran grandes y negros, en un rostro que inspiraba paz y conocimiento. De nombre Gwtw, era miembro de la raza de los osrros nativos del sistema Rorac, un mundo tan antiguo como Cinia, con historias sangrientas y épicas. Había dos ramas de esa especie: los Anuar, robustos y altos, con pelaje violáceo y una espesa crin anaranjada surcándoles la cabeza hasta la columna, y los Tunuag, más pequeños, de color gris tenue y raramente de un blanco inmaculado.
—Todo es cambiante. —El ossrro se armonizó con su aprendiza procurando una respuesta. No hizo ninguna pregunta como indicarían las formalidades. Su simbiosis con la chica era de tal magnitud que muchas veces ni siquiera utilizaban palabras.
—Esto... —Nut escogió la palabra—. ¡Fue maravilloso! Me dejó una sensación de nostalgia... imprecisa... de los Yeilines. Ellos tenían algo de Moqzumo, la paz armónica.
—Sabes que aguardan el tiempo del último Enfrentamiento de los Dioses para unirse al resto de la galaxia. Se ocultan del Oscuro en un mundo secreto.
—¿El Maligno? —una rayita de preocupación apareció entre las finas cejas—. Sálvat lo abandonó en un mundo lejano. Nadie ha sabido de él desde hace miles de años.
—No nos adelantará sus planes. Viviremos en Moqzumo cuando neguemos el individualismo, internándonos en la naturaleza de pensar en nada. —El rostro del ossrro recordaba a un gato blanco, sus ojos dorados eran iguales a los de esos felinos.
—¡Sentí una energía pura! —insistió la chica— ¡Trascendía los contornos de mi ser!
—¡Por Rorac! —Gwtw abrió los ojos—. Aún se percibe en ti. ¡Jhael se ha estremecido! —Con la expresión trataba de describir una variación en el latido de la galaxia. Durante sus meditaciones, los jhaelianos se fusionaban con el entorno, buscando integrarse y percibir la conciencia del universo. Pensaban que si todos los seres lo hacían, alcanzarían un estado de comunión que denominaban Moqzumo.
 
Nut con Gwtw - Enfrentamientos de los Dioses
 
Guardaron silencio unos minutos. El jhaeliano había percibido la misma vibración, pero algo en él se negaba a admitirlo.
—El Hablante —murmuró.
Gwtw no era la clase de persona que precipitaba sus conclusiones. La alegría de Nut le era tan contagiosa que sentía el impulso de cantar y ponerse a bailar con ella. El Hablante era un asunto del que desconfiaba, los registros se habían pasado de boca en boca y no conservaban ninguna prueba. Un ser que era la manifestación de Jhael le resultaba más un engaño del clero para atraer a los desdichados que una realidad, pero ahí estaba el resabio de esa alteración llena de pureza. La única prueba tangible que conocía eran los Cristales Vivientes, aunque los físicos se habían agotado de hacerles pruebas, nada explicaba el comportamiento inmutable ante todos los elementos conocidos, ni las respuestas evidentes ante la telepatía. Con todo, lo del Hablante, la idea de un guía, un solo individuo trayendo el cambio, se le antojaba incongruente.
Una fulgurante luz los inundó hiriéndoles los ojos. Los cristales multicolores del exterior fragmentaron los haces que penetraban la tenue luminiscencia en la sala de meditación. El simple acto de abrir una puerta rasgaba la presente paz. Rodeada por el lechoso resplandor avanzaba una figura, su paso energético y confiado no les dejó dudas de quién se trataba.
—Tu tímida entrada de siempre, Cush —dijo Gwtw.
—Lo siento, maestro —replicó el jhaeliano—. Me he enterado de algo que conmueve el orden de nuestro Conjunto.
—Habla, Cush.
—Red Finsen ha aparecido y llegará a Cinia como diplomático de Foornax.
—¡Jhael! —suspiró Nut.   
—No hay duda de que su propósito no es benévolo —reflexionó el ossrro.
—Estoy convencido de lo mismo —declaró el ciniano—, y no podemos fiarnos de la Monarquía Genética Corporativa, está debilitada en la frontera galáctica.
—¿En la frontera? —sonrió el roraciano—. ¡Tanta etiqueta! ¡Tanto protocolo y tanto Honor! ¡Tanto desperdicio con esas evaluaciones genéticas! —A decir verdad, él tenía su punto de vista acerca de la herencia, pero no haría ninguna observación frente a alguien con el linaje de Sálvat.
—Dimán está detrás de esto —masculló Cush.
—¡¿Cómo te atreves a nombrarlo en el Ytenve Hogar?! —estalló Gwtw. La tradición de los jhaelianos colocaba a ese ser como el enemigo máximo de la creación, pero incluso entre muchos de ellos era considerado un mito.
—Lo siento, Gwtw.
—Es la segunda vez, pero te entiendo. Las cosas ya no serán como antes, todos nuestros sentidos en reposo se desperezan. Debemos prepararnos para un Gran Cambio.

 


 

El texto y las ilustraciones son propiedad de M.C. Carper

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Sobre el autor: M.C. Carper

 

 

 


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1. Mística
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla website, el 20-02-2009 13:56
La importancia de los nombres, el poder de las intenciones, la sensación de algo grande, la mención de la raza desaparecida y expectante, las armas legendarias, el poder de la meditación, las diferentes formas de aproximarse a lo mismo.  
 
Los eleméntos básicos de la mística están presentes, sin embargo es tarea del lector sumergirse en ella o simplemente tomarla como un dato más. 
 
Debe ser duro escribir sobre esto sabiendo eso.

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