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Selector de frecuencias (libro 2, capítulo 5) - Alexis Brito Delgado Imprimir E-Mail
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Ficciones - Novela: Selector de Frecuencias
Escrito por Hari Seldon   
lunes, 28 de septiembre de 2009
 
Selector de frecuencias, libro 2 capítulo 5
 
 
5

REVELACIONES EN LA RED

 
 
Aturdido, al alemán le costó asimilar que la imagen por la que había llorado durante tantos años fuera real. El cuerpo de Nessa estaba modelado por líneas intermitentes, no pertenecía al interior de la consola Hokusai. Éste había accedido a través de barreras inmateriales de hardware, cruzando el abismo virtual para llegar a su lado.
—¿Nessa... eres tú?
Su voz fue trémula, no creía que todo aquello fuera verdad, tenía que ser una pesadilla conjurada por su imaginación:
—Dorian —su nombre sonó modulado entre diversos collages de estática—. ¿Estás bien?
Los hologramas que llenaban la habitación se desvanecieron, ensombrecidos por una luz cubierta de códigos incorpóreos, cediendo ante la figura que permanecía de pie frente al diván.
—Debes acompañarme. —Al no conseguir una respuesta a su anterior pregunta, la cyborg continuó—: Si permanezco aquí durante mucho tiempo las IA de la Schneider me localizarán.
—¿Dónde has estado? —Los violentos latidos de su corazón le impedían concentrarse—. Llevo buscándote durante todo este tiempo. No he logrado olvidarte...
—Todas tus preguntas tendrán respuesta. —La mujer sonrió dulcemente—. Debes confiar en mí como antaño.
Sin dudarlo, Dorian apretó la mano que la cyborg le tendía. Una avalancha de sentimientos confusos le hizo estremecerse de la cabeza a los pies: ambos haciendo el amor en su oscuro apartamento de Los Angeles, mecidos por el fragor constante del océano que los sepultaba con el peso de sus olas, antes de que su vida cambiara desde el momento en el que ella había desaparecido. Llevaba muchos años solo y necesitaba el calor de alguien; añoraba el amor que podría proporcionar cierto consuelo a las dudas que se acumulaban en su pecho. No comprendía por qué Nessa lo había abandonado, temía arrepentirse de saber la verdad: sólo quedarían ruinas que rememorar después de aquel reencuentro.
—Dime lo que he de hacer. —Ella asintió aprobatoriamente—. Guíame tal como hiciste en el pasado.
En derredor, de improviso, se hizo una oscuridad total. Dígitos japoneses cubrieron el espacio que su campo visual podía abarcar. El tacto del Selector de Frecuencias se desvaneció mientras, sin moverse, viajaban a través del espacio y del tiempo. La cabeza le empezó a latir horriblemente, la sensación de tener cuerpo fue reemplazada por una ingravidez que parecía querer arrastrarlo a la locura. Asustado, el alemán deseó gritar, pero le resultó imposible; no poseía voz. Sólo le unía a la realidad la mano de la cyborg atrapando la suya, conduciéndolo por aquella caída interminable al abismo de los sueños. A pesar del calor que irradiaba el miembro de la mujer, se sintió inseguro, perdido dentro de los ilimitados confines de Internet. Todo terminó en un segundo. Una cascada de luces le golpeó las retinas hasta hacerle daño. Sus pies tocaron suelo firme lejos de cualquier punto real. Flotaba en el interior de un universo desconocido, rodeado por una negrura infinita, entre edificios piramidales de gran altura. Perdido entre prismas de información, su cuerpo era una sustancia irreal que le hizo estremecerse de miedo. Oscilaban en algún punto inconcreto en el que los caminos del presente, pasado y futuro se condensaban sobre sus destinos.

DORIAN: ¿Dónde estamos?
Era extraño, después de tanto tiempo, poder compartir sus pensamientos de una manera tan íntima con ella. Como si sólo hiciera unas horas que se había marchado de su apartamento, mientras dormitaba intranquilo entre las sábanas calientes por la huella de su cuerpo.
NESSA: En el interior de la Red —lo tranquilizó, alejándose ligeramente de él—. Aquí no podrán encontrarnos. Al menos por ahora...
Dorian intentó moverse en su dirección, deseaba estar cerca de su físico, que parecía haberse transformado en simples átomos sin sustancia ni forma. Pero como pronto descubrió, no sabía cómo avanzar, ni plegar el tiempo suspendido que los atrapaba. Ella sonrió al ver su desconcierto.
NESSA: No estás convenientemente equipado. —Se deslizó a su izquierda, con facilidad, mostrándole sus habilidades—. Necesitarías una consola, unos guantes de retroalimentación y un casco para moverte dentro de la matriz.
DORIAN: ¿Cómo puedes hacerlo?
Stark intentaba adaptarse a los acontecimientos sin saber por dónde empezar: ¿Estaría soñando dentro del holoestimulador, incapaz de abrir los párpados?
NESSA: Pertenezco a este lugar —le explicó meciéndose en el vacío—. Si Internet dejara de existir, yo moriría con los de mi especie...
DORIAN: ¿Tu especie? —El alemán enarcó las cejas—. ¿Este lugar está ocupado por cyborgs?
Ella soltó una risa irreal.
NESSA: No has cambiado, Dorian. Sigues pensando con los mismos parámetros de siempre: entre lo que es humano, y lo que no lo es.
DORIAN: Es mi trabajo. —Sin proponérselo, la gastada frase salió de sus labios, con la misma miseria de siempre—. ¿Qué eres exactamente?
NESSA: Un Organismo Virtual no creado por ninguna corporación japonesa, multinacional china o empresa de datos americana.
DORIAN: ¿Cómo es posible que...?
NESSA: Antes de contestar tus preguntas, necesito saber hace cuánto nos vimos por última vez. Llevo demasiados años buscándote sin poder localizarte.
DORIAN: Han pasado catorce años, seis meses, dos semanas y cinco días. —Los cálculos de Stark hicieron que su voz muriera estrangulada—. Nunca sabrás cuánto te he echado de menos...
Si hubiera tenido ojos materiales hubiera llorado. El sentimiento de pérdida era demasiado doloroso, una sensación que no había muerto durante todos aquellos años, sino que parecía haberse fortalecido según los implantes cibernéticos sustituían sus partes humanas.
NESSA: Lo siento. —Le acarició las mejillas, limpiando sus lágrimas inexistentes—. Intenté salvarte, y veo que lo conseguí, aunque nunca estuve segura de ello.
DORIAN: ¿Por qué huiste? —La pregunta del Agente Ejecutor estaba llena de amargura—. Yo te amaba, nunca hubiese permitido que...
NESSA: Hubieras sido eliminado, Dorian. Preferí morir antes de que los Agentes Ejecutores de la Corporación te hicieran pedazos.
DORIAN: Nadie sabía nada de lo nuestro. Ni siquiera tus propios compañeros Beta-3 que nos acompañaban en mis misiones de exterminio.   
NESSA: ¿Por qué te engañas a ti mismo? —La voz de la mujer no fue dura, sino razonable—. Era un secreto a voces que entre ambos existía algo más que una buena relación profesional.
Stark comenzó a dudar de si sus suposiciones eran ciertas. De una manera u otra, Nessa se había trasladado dentro de Internet. Por supuesto que conocía la gigantesca matriz de información que unía todos los billones de ordenadores del mundo, permitiendo que las distancias, los hechos y las situaciones cobraran sustancia dentro de aquella identidad misteriosa que nunca había querido conocer. Se encontraba demasiado ocupado para conectarse a una consola y navegar a través de aquel mar artificial donde todas las preguntas parecían tener respuesta. Ella pareció leer sus pensamientos.
NESSA: Aquí hay menos respuestas de las que crees. —Observó la inmensidad teñida de haces fluorescentes—. Sólo es un mundo virtual que está siendo devorado por las IA de las Corporaciones.
DORIAN: ¿Cómo es posible que seas un Organismo Virtual? —Sus pensamientos se desvanecieron nada más enunciarlos—. Siempre pensé que habías desertado de la Schneider para convertirte en una terrorista.
NESSA: Probablemente esa fue mi primera intención, pero los Agentes de la OC me encontraron nada más salir de tu apartamento—. Frunció el ceño con una angustia que jamás había logrado borrar de sus recuerdos—. Luché contra ellos en una videogalería comercial antes de que me mataran. Pero mientras fui asesinada, estaba conectada a la Red, morí en el interior de la matriz y una parte de mi alma pasó a formar parte...
DORIAN: Pero... ¡Pero eso es imposible!
NESSA: No lo creas. —Se apartó el cabello del rostro—. Hay cosas que nadie se atreve a explorar por miedo a las consecuencias. Los cibernautas saben que si perecen atados a una consola, su alma se desvanecerá dentro de Internet. Una parte de sus mentes nunca morirá del todo, perdida entre los matices de información que conforman la matriz.
DORIAN: ¿Tu mente sobrevivió dentro de la Red?
NESSA: Efectivamente. No sé cómo pude hacerlo, pero parece que mi deseo de vivir fue mucho más fuerte que las balas de mis verdugos. Desperté sin saber quién era, o lo que fui, cerca del perímetro exterior, errando entre luces que en aquel momento me parecieron espeluznantes.
DORIAN: ¿Ahora eres inmortal? ¿No puedes morir?
NESSA: No. —Los músculos de su rostro se contrajeron—. Las Inteligencias Artificiales nos devoran lentamente...
DORIAN: ¿Qué son las Inteligencias Artificiales? —El alemán la interrumpió sin saber a qué se refería.
NESSA: Todas las grandes multinacionales han terminado por crear organismos inteligentes con vida propia en el interior de sus bases de datos para protegerse de los intrusos. En la antigüedad podrían haber sido llamados espíritus, presencias de otros mundos que accedían a La Tierra cuando eran convocados por un médium. En esta nueva era digitalizada, las IA dominan el mundo, alimentándose de la energía de los Organismos Virtuales que yacen sin rumbo en el interior de la Red.
DORIAN: ¿Quieres decir que aparte de crear máquinas en el mundo real, las grandes multinacionales las crean también dentro de Internet?
NESSA: Yo no lo hubiese explicado mejor. Nuestro mundo... —dudó—. Mejor dicho, tu mundo está amenazado por las máquinas que intentan destruir a la humanidad. No sólo han creado una nueva especie de seres cibernéticos tan sofisticados que nadie puede distinguirlos de los auténticos humanos, sino que también han extendido sus redes a través de la Red, creando IA que puedan devorar los únicos vestigios de libertad que quedan sin ser mancillados.
DORIAN: ¿Cómo es posible que sepas todo esto?
NESSA: Durante estos años he aprendido a moverme dentro de la matriz, volar sobre mares sin nombre condensados en las bases de datos de las Casas Madres sin ser detectada. Al principio fue muy duro, cuando vagaba sin saber quién era de una manera inconsciente, intentando escapar del aura de las IA que intentaban devorarnos para alimentar su inteligencia. Después, cuando los recuerdos que logré conservar despertaron, pude navegar a través de los archivos de información de las multinacionales, descubriendo todo aquello que nadie debería saber si deseaba continuar viviendo.
DORIAN: ¿Cómo es posible que pudieses entrar dentro de Internet? —se sentía confundido, todo aquello avanzaba a demasiada velocidad—. Nunca fuiste adiestrada. Sólo eras una cyborg del Programa de Asesinos.
NESSA: Eso era lo que tú creías. —La máquina sonrió melancólicamente—. Toda la Generación Beta fue condicionada con los recuerdos de los Ícaros caídos en combate cuando intentaban salir fuera de los bloques de información de la Schneider.
DORIAN: ¿Por qué intentaste entrar dentro de la Corporación?
NESSA: Necesitaba saber qué pensaban hacer con nosotros. Nada es lo suficientemente secreto como para no poder averiguarlo en el interior de la matriz. Me conecté sin ningún programa de evasión que ocultase mi presencia, pero logré entrar dentro de tu expediente. Aquella misma noche, un grupo de Agentes Ejecutores iba a eliminarnos. Sólo tuve que quedarme el tiempo suficiente dentro de los bancos de información para que me localizaran, y esos mismos agentes lucharon contra mí dentro de la Red, destruyéndome.
Cerrando los párpados a causa de la angustia, Dorian se sintió desvanecer dentro del conglomerado de haces mixtos que lo circundaban. Su cabeza osciló de un lado a otro, envuelta en una rabia impotente que le resultaba familiar; el dolor de estar condenado por una causa injustificada de la que no podía escapar.
DORIAN: ¿Qué es lo que has averiguado?
NESSA: Muchas cosas demasiado interesantes para todo aquel que intente derrocar al sistema. Hay un dicho entre los primeros Ícaros: “Nunca accedas al interior de una  Casa Madre”. Muchos de ellos lo hicieron y resultaron eliminados mientras intentaban huir de los programas anti-intrusos que atacaban sus sensores de movimiento. Perecieron prendidos al teclado, los ojos abrasados sin posibilidad de descansar en paz, porque tanto si eran devorados por las IA, convertidos en software biológico por las multinacionales, o erraban sin rumbo dentro de la matriz, jamás conocerían el descanso. Sus mentes estarían condenadas a no morir, volando sin dirección dentro de un universo que desconocían de una manera tan íntima...
Stark la interrumpió:
DORIAN: Necesito saber si es cierto lo que un técnico de la Schneider me contó. —Fascinado, observó cómo un código de información traspasaba su pecho, hundiéndose en la negrura—. ¿Son cyborgs nuestros superiores?
NESSA: ¿Quién te ha dicho eso?
DORIAN: Se llamaba Simón Demebe.
NESSA: ¿Llamaba...? —La cyborg hizo una pausa—. ¿Está muerto?
DORIAN: ¿Lo conocías?
NESSA: Fui yo quién le puso al corriente de todo lo que sabía. ¿Lo mataste?
DORIAN: Sí.
NESSA: Era un buen hombre, no merecía morir.
DORIAN: Tuve que hacerlo —intentó excusarse de alguna manera, conmocionado por las palabras que estaba escuchando—. El general Aries...
NESSA: Ha ascendido a general. —La mujer hizo un gesto amargo—. No tienes por qué excusarte, Dorian. Entiendo que fue una de tus misiones. Creo que te dijo mucho más de lo que esperabas, ¿verdad?
DORIAN: No pude creer en sus palabras. —El alemán la miró atormentado—. Mi vida ha sido una mentira, una broma de mal gusto que me ha ido arrancando lo que me queda de humanidad.  
NESSA: ¿Me creerías si yo te lo confirmara? —le preguntó apresando sus manos, transmitiéndole parte de los sentimientos que albergaba en su interior—. ¿Confiarías en los datos que tanto tiempo he guardado en mi mente?

Los desechos se amontonaban en las aceras: cajas llenas de escombros, botellas fragmentadas, bolsas de basura repletas de desperdicios, restos de paquetes de comida rápida... La mujer avanzaba, apesumbrada, bajo el peso de sus ropas. Sólo hacía un instante que lo había abandonado. El alemán dormía un sueño inquieto, cuando se levantó silenciosamente del lecho de poliestireno, vistiéndose entre las tinieblas de la habitación sin necesidad de luz que iluminara las sombras.
"Lo siento, Dorian", pensó la cyborg desconsoladamente, antes de despedirse con un mudo adiós.
Después de abandonar el apartamento, el ambiente mortecino de las calles fue especialmente agobiante. El cabello le caía desordenado en húmedos mechones alrededor del rostro y sus ojos sintéticos lloraban por el recuerdo de lo que acababa de hacer. Caminando con la cabeza inclinada por el dolor, avanzó sin rumbo debajo de la lluvia torrencial que lamía su llanto. A pesar de la tormenta tenía calor. El sudor resbalaba con tenues trazos a lo largo de su columna vertebral. Era su obligación haber tomado aquella decisión, sabía que sus destinos se separaban desde aquel momento, quizá para siempre. Puede que en el fondo fuera mejor así, ella era una máquina, no merecía ser amada por un humano. Apretando los puños en los bolsillos, con el cuello de la gabardina subido hasta la barbilla, continuó chapoteando con largos pasos las calles llenas de embotellamientos, herida por las texturas, colores brillantes y formas demenciales de los miles de transeúntes que llenaban las aceras. Los vehículos cruzaban el alquitrán mojado, deslizándose ruidosamente, iluminando con sus destellos la agonía de sus recuerdos.

DORIAN: ¿Cómo es posible? ¡No he sido capaz de darme cuenta!
NESSA: Siempre ha habido dificultades para localizar a las máquinas. Desde que los primeros androides Omega fueron fabricados en una cadena de montaje, los técnicos que los crearon fueron incapaces de distinguirlos de un auténtico ser humano. Hace nueve años que Aries, Moser, Kirchner y los demás líderes de la Corporación fueron sustituidos por máquinas. Ahora son ellos los que llevan el poder, moviendo sus hilos secretamente en pos de sus objetivos, hasta que la raza humana sucumba bajo el avance de la cibernización.
DORIAN: ¿Cómo conociste a Demebe?
NESSA: Investigando dentro de los archivos de la Schneider descubrí tu expediente personal. Gracias a ello supe que habías intentado suicidarte hace... ¿dos años y medio? —Stark asintió desesperadamente—. Así que seguí el rastro del técnico que reprogramó tus recuerdos con la esperanza de convencerle de que te comunicara que estaba buscándote. Para mi sorpresa, le gustaba navegar dentro de la Red. Después de hablar con él, abandonó la Corporación.
DORIAN: ¿Fuiste tú quien lo planeó todo?
NESSA: Sí. —Ningún rastro de orgullo sonó en su voz—. Lamento profundamente que este hombre haya muerto. Intenté disuadirle de su propia decisión. Sabía que tarde o temprano sería eliminado por los Agentes Ejecutores que enviaran tras su rastro.
DORIAN: ¿Cómo has podido sobrevivir durante tantos años? —El alemán la miró con incredulidad—. ¿Cómo has conseguido resistir con vida?
NESSA: Aferrándome a lo que un día compartimos —explicó—. Mientras erraba de un lado a otro, mi mente iba distanciándose, por así decirlo. Perdía mi memoria de origen detrás de los núcleos de información, los códigos de acceso, las espirales de datos... Tu recuerdo hizo que lograse atrapar una pequeña parte de la realidad que se me escapaba entre las manos.
DORIAN: Hubiera preferido morir antes de perderte —confesó con tristeza—. No quería que terminase de esta manera. —Señaló rabiosamente los millones de megabytes que cruzaban el abismo—. Nunca deseé que tuvieras que pasar por...
NESSA: Todo estaba condenado al fracaso. —La cyborg le apretó las manos con fuerza, haciendo que los recuerdos fluyesen con más rapidez—. Ambos lo supimos desde la primera noche que compartimos, pero no nos importó; fue el precio que tuvimos que pagar por ser felices.

Cuando el encargado de la videogalería la dejó dentro del pequeño cuarto forrado de espuma sintética, se sintió un poco más tranquila. Colgando la trinchera empapada detrás de la puerta, utilizó una de las dos sillas contrachapadas con kapok para atrancar la cerradura. Sentándose, se apartó los cabellos húmedos del rostro, mientras cogía el equipo que había alquilado durante unas horas. Mojando sus dedos y su frente con una disolución de alcohol, se colocó los guantes de retroalimentación encima de las almohadillas de transmisión de datos, conectando la consola Yamaha a una toma de corriente a la pared. Las correas superiores del casco con forma orgánica se adaptaron perfectamente a los moldes de su cráneo, preparado para emitir las imágenes a través de un láser de ultra frecuencia a los centros de sus nervios visuales. Previamente, había desechado el cable de fibra óptica. No tenía ningún implante dermatológico de toma de datos injertado en la mejilla, así que tendría que conformarse con algo mucho más rudimentario. Sus conductos lacrimales parecían haberse secado definitivamente, ello no sabía si le haría sentirse mejor o peor de lo que se encontraba. Aún sentía el aroma de Dorian sobre su piel aterida, el calor de sus besos ardientes, el recuerdo de su voz atormentada... Nessa ignoró sus propios dilemas y se concentró en lo que estaba haciendo. Sabía que su vida estaba sentenciada desde el instante en que había traspasado las puertas del bloque de apartamentos del alemán. Sentía una triste resignación, la voluntad que emanaba de su cuerpo artificial la había abandonado cuando más lo necesitaba.
Al entrar, sus ojos se cerraron víctimas de una sensación angustiosa. Sintió que el aire escapaba de los pulmones biomecánicos, mientras perdía el control de las habilidades programadas durante unos segundos. Cuando se recuperó, contempló desorientada la enorme red formada por meridianos de topacio que se extendía más allá de lo imperecedero. La destartalada cabina forrada de espuma había desaparecido, mostrándole aquel universo de códigos de información lleno de iconos flotantes con formas geométricas. En la pantalla liquida de la consola, había tecleado unos segundos antes de acceder al sistema:

BAUDELAIRE  818.448  @  SCHNEIDER
 
En un lugar remoto de su memoria, los recuerdos almacenados le indicaron lo que debía hacer. Los conocimientos del Ícaro que había perecido dentro del vasto sistema de computadoras de la Schneider, antes de poder escapar de los Bloques de Defensa que tejía alrededor de su núcleo central, se apoderaron de sus miembros. Esperaba que la contraseña falsificada les entretuviera lo suficiente, por lo menos hasta que pudiera atravesar las defensas del perímetro exterior. Las habilidades del antiguo piloto dominaron su inconsciente, mostrándole el código que debía utilizar: el mismo anagrama que había conducido aquel diablo al fin más atroz entre todos los finales posibles; una muerte en vida. Moviendo las manos sobre el teclado inexistente, cruzó las barreras delineadas en caracteres orientales que la eternidad manifestaba ante ella, saltando con movimientos concisos aquel intrincado cosmos virtual de luces esféricas al que nunca había accedido antes. No había querido utilizar otra imagen distinta de su cuerpo, pero le resultaba turbador mover su físico compuesto por frecuencias de estática. Presentía que sus superiores enviarían a alguien para matarles esa misma noche, sus afilados sentidos de máquina jamás la habían engañado antes; tenía que sacrificarse por él para que pudiera continuar despierto.
Al llegar a su objetivo, se quedó paralizada por el terror. Un gigantesco polígono icosaedro representaba los bancos de datos de la Corporación. Un astro maligno flotaba en un campo vacío en el no-espacio, alcanzando con su onda los límites de las esferas que la rodeaban. Alrededor del núcleo, una especie de brillantes protones y neutrones defensivos giraban enloquecidamente en círculos concéntricos, protegiendo el interior de aquella base de información de la que pocos habían logrado escapar. Nessa no poseía ningún programa de evasión que la ayudara a salir. Debía ser atrapada y cazada, no podía huir como la mayoría de su especie, caerían sobre Dorian con demasiada facilidad. Esta era la única manera de que el alemán quedara parcialmente libre de culpa, no sería asesinado por los verdugos de la OC.
"Debo entrar", pensó con fatalidad. "Aunque sea lo último que haga...".

DORIAN: Preferiría no haberte conocido antes de condenarte a esta locura. —Nuevamente, Stark sintió ganas de llorar—. Eres lo único que he amado durante toda mi vida. He estado enamorado de ti desde el día en que te conocí.
NESSA: No existe marcha atrás. —Se separó del Agente Ejecutor—. Ahora debemos elegir nuestro camino.
DORIAN: ¡Por favor, no te marches! —Intentó acercarse a ella, extendiendo los brazos hacia la eternidad, sin ser capaz de alcanzarla—. Te he perdido demasiadas veces...
NESSA: ¿Por qué intentaste suicidarte?
DORIAN: No podía resistirlo más. —Abrió y cerró las manos, impotente—. Mis pesadillas son insoportables.
La cyborg lo envolvió, tenuemente, con sus brazos de luz virtual. El alemán pudo sentir el roce de sus senos dentro del mono de cuero sintético, el olor abstracto a flores de su cuerpo, la presencia de su alma, hasta casi hacerle caer desvanecido por los recuerdos que lo asaltaron, como el caudal de una presa que había estado retenido demasiado tiempo.
NESSA: Te amo, Dorian. —Su aliento fue húmedo contra su mejilla—. Siempre te he querido y te querré siempre…

... en ese instante, uno de los Bloques de Defensa de la Schneider bloqueó su camino. Un gigantesco dragón apareció de improviso, despidiendo grandes llamaradas de sodio por las fauces abiertas. Alrededor de su cuerpo cubierto por brillantes escamas, la cola terminada en una hilera de espinas de acero se agitaba en torno a las patas delanteras provistas de afiladas cuchillas de doble filo. Desde la realidad, Nessa estuvo a punto de lanzar un grito de alarma, pero pudo contenerse en un último instante; sólo era uno, quizá podría liberarse de él si luchaba con los conocimientos que había adquirido gracias a los recuerdos neuroimplantados. De sus manos temblorosas salió un programa de defensa con forma de fénix, que tenía las alas rojizas desplegadas en una envergadura de cuarenta metros. Las plumas ondeantes estaban coloreadas de un brillante carmesí que hirió sus pupilas, mientras agitaba la cola veteada de azul en dirección a su enemigo. Las dos bestias se enfrentaron, rabiosamente, con un estallido de chispas luminosas en medio de la inmaterialidad. La cyborg puso todos sus esfuerzos en escapar de aquella lucha, prendida por el resplandor químico que circundó su programa de asalto. Pulsando una serie de códigos, sorteó a los antagonistas, esquivando una de las garras que intentó atraparla, antes de ser desviada por un ataque del fénix. El dragón se volvió, furiosamente, intentando destripar a su adversario, pero era demasiado tarde, la mujer había logrado escapar de su área de interacción. Acceder dentro del sistema de información de la Schneider fue relativamente sencillo. Sus manos cubiertas por guantes de neopreno se movían con familiaridad sobre el teclado ficticio, como si soliera penetrar dentro de la Red diariamente, dispuesta a robar/vender información a las grandes multinacionales. Eso le demostraba la calidad de los recuerdos que la Corporación le había implantado en un reducto de su cerebro, una serie de vivencias que la hacían moverse sin la menor duda, impulsada bajo los efectos residuales de la adrenalina. Había dejado un rastro perfectamente identificable desde el momento en el que se había registrado, debía darse prisa antes de que la localizaran nuevos Bloques de Defensa. El interior de la base de datos era una copia de alta fidelidad de la Schneider. No tuvo muchas dificultades en llegar a la Sección Beta-3, cruzando los pasillos interiores e intersecciones del rascacielos en un tiempo récord. Al llegar a su objetivo tecleó el nombre y el apellido del alemán sobre una pared semitransparente. A los pocos instantes, la información que necesitaba apareció enmarcada dentro de un rectángulo rosa. Arrastrando su campo de movimiento, con una gran amplitud de banda, chequeó todo el historial, volcando los datos impresos dentro de su memoria RAM para echarles un vistazo más tarde. Lentamente, retrocedió de aquella trampa, antes de que la Corporación mandara a sus perros de presa. No tuvo tiempo; finalmente había sido localizada. Al otro lado del corredor, una docena de Agentes Ejecutores armados aparecieron con un siseo, dispuestos a acabar con ella.
“Mierda”, pensó. “La he jodido”.
Ladeándose, la cyborg esquivó los disparos de calibre pesado. Abriendo una compuerta corrió en zigzag, cruzando hangares bañados por luces cenitales, sacando las automáticas de las fundas sobaqueras. El sonido de los balazos llenó su campo auditivo, rozando los bordes de su uniforme blindado con precisión. Sin detenerse a mirar, disparó siguiendo la frecuencia de los estampidos. Con un alarido de dolor, uno de los agentes se derrumbó con la cabeza destrozada. Al llegar al final del corredor, reventó los controles de una puerta de seguridad de una patada, eludiendo los goznes metálicos antes de que se cerrara detrás de su espalda. Rodando por el suelo, abrió fuego contra otro hombre que la atacaba por la derecha. Los impactos lo hicieron caer con las manos alrededor del vientre. Al ponerse en pie, volvió a disparar detrás de una hilera de controles, derribando a dos soldados más. La detonación de una M-15 le arrancó un aullido, atravesándole la columna vertebral de parte a parte. Un segundo impacto le perforó el corazón. El tercero hizo que la cabeza le estallara en un millar de pedazos. Nessa sintió cómo sus ojos ardían, consumiéndose dentro del banco de datos de la Corporación, arrancándole la vida brutalmente entre el sonido de la tormenta que bañaba las calles de Los Ángeles...

Al despertar, un bosque multicolor la rodeaba. Las copas de los árboles crecían hacia el cielo como brazos implorantes, anhelando una respuesta sobre los dilemas de la existencia. Cruzó senderos cubiertos de estática, inmersa en una pesadilla emitida por millones de canales de televisión descodificados, que procesaban imágenes confusas a las regiones posteriores de su cerebro. La cyborg era una figura varada entre árboles de neón, incapaz de encontrarse a sí misma, perdida dentro de los vastos e inabarcables confines de Internet. No podía respirar, sus circuitos mecánicos estaban atrapados en una red virtual, le era imposible acceder a su memoria, alguien había borrado los datos almacenados en su interior. Intentó flexionar los dedos, extender las falanges en el infinito, perturbada por las luces brillantes que la rodeaban, buscando la manera de escapar de aquella prisión. El vacío le arrebataba los sueños, nutriendo sus dudas, desmantelando su CPU. Poco a poco, iba perdiendo los programas que formaban su personalidad, mientras oscilaba en un océano de bordes reticulados que se extendía en la eternidad. Las subrutinas desaparecieron por completo. Sabía que no podría resistir mucho más, el olvido reclamaba sus sentimientos, absorbiendo sus fuerzas, haciéndola girar interminablemente.
NESSA: ¿Dónde estoy? —Se preguntó, confundida, sin poder ofrecerse una respuesta—. ¿Quién soy?
Una lluvia ácida y purificadora se deslizaba en el alabastro donde flotaba sin forma ni sustancia alguna, perdida en un universo de luces multicolores y flujos de información. Trasladada como una sombra en un constante oleaje de fluidos lechosos, a través del bosque virtual donde se representaban sus ambiciones, se perdió en el infinito. Aterrada, se encogió en posición fetal, cubriendo su desnudez con la materia robada de los sueños, sin liberarse del dolor lacerante de sus párpados abrasados. Volando sin sentido más allá de las estrellas, los recuerdos candentes la mantuvieron despierta dentro de la matriz. Arrastrada a aquel lugar donde todas las ilusiones eran compartidas, sintió cómo su interior moría lentamente, y sus sentimientos escaparon a borbotones por los impactos de las balas de punta endurecida. Un dolor ciego ascendió por su pecho y con un último estertor se rindió, derrumbándose contra la superficie de espuma, con las manos aferradas al teclado de la consola Yamaha, penetrando en aquel sitio que poseía el espectro de los ensueños...

Stark no pudo responder. La fusión que tanto le había conseguido alcanzar con el Órgano Hokusai era tan plena que apenas pudo hacer suyos sus pensamientos. Las emociones de la cyborg llenaban su conciencia como destellos tormentosos. Pudo saborear la desesperación que había albergado después de que los proyectiles destruyeran sus circuitos neuroelectrónicos; el estado irreal en el que se había visto envuelta durante tanto tiempo, vagando sin comprender qué era lo que hacía allí; las maravillas que sus párpados inmateriales habían percibido dentro de los millones de archivos que había investigado en las grandes corporaciones; su anhelo por volver a recuperar una vida que iba escapándosele de las manos; el sentimiento de dolor cada vez que se distanciaba de sí misma; la pérdida que implicaba cada una de esas formas de luces difusas por las que estaban compuestas las mentes de los cibernautas al ser destruidos; su firme decisión de escapar de aquel lugar inexorable antes de terminar como todos los de su especie; las esperanzas al seguirle la pista sin lograr llegar a hablarle hasta ahora; su alegría al darse cuenta de que iba venciendo el vacío que reinaba en su interior; la plena aceptación de su propia realidad... El alemán percibió aquellos pensamientos como un mosaico de transmisiones ardientes que estuvieron a punto de cegarlo debido a su intensidad de frecuencia. En cambio, Nessa únicamente lograba examinar a través de la conexión neuronal las noches desesperadas de Stark: sus distintos dilemas morales; las partes de su humanidad que siempre le había obsesionado perder; los remordimientos de conciencia al llevar tantos crímenes sobre su cabeza; los seres amados que siempre había terminado perdiendo: su desconocida madre, Hugo y ella; el dolor desgarrador de los implantes cibernéticos; las horrendas pesadillas que lo atormentaban; la desesperante resignación con la que aceptaba su huida; el dolor que había albergado en su interior desde el momento lo abandonó; el profundo desprecio que sentía por sí mismo; el odio que albergaba contra sus superiores... Separándose dulcemente del Agente Ejecutor, éste fue incapaz de formular su amor por ella, tal como siempre le había sucedido en el pasado. Pero la cyborg nunca necesitó que le expresara sus sentimientos con palabras: siempre los conoció a la perfección. Llorando, balbució con voz ronca:
DORIAN: Ya no puedo sentir nada...
Ella asintió, tristemente, comprendiéndole como nadie más podía hacerlo.
NESSA: Quizá deberías dejar de ser un Agente Ejecutor tal como siempre has deseado. Pensar y tomarte tu tiempo, para que puedas encontrar lo que realmente te importa.
Stark se quedó sin palabras. Nuevamente volvió a observarla, fascinado. Nessa posó sus labios sobre los suyos y se desvaneció con un susurro; ambos sabían que no podía haber ningún consuelo...


Deprimido, Dorian amaneció sumido en la oscuridad que emanaba desde las paredes de la suite. La amargura que llenaba su corazón era tan intensa que apenas podía respirar. Sabía que jamás volvería a verla: aquella había sido la despedida definitiva por la que tanto tiempo había esperado. Desesperado, soltó el Selector de Frecuencias y tomó una decisión. Nunca tendría esperanzas de redimir los crímenes que había perpetrado, pero quizá el dolor se apagara si se unía al bando justo...

 

Selector de frecuencias, libro 2 capítulo 5

 

CONTINUARÁ…



Alexis Brito Delgado
 
 
 
 
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  Comentarios (1)
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1. ¡Ciber!
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla website, el 01-10-2009 06:19
¡Faaa´! ¡Que zambullida ciberpunk! Me encnata esta variante dentro de la historia de Dorian Stark :eek

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