Inicio arrow Relatos y novelas arrow EDLD arrow Enfrentamientos de los Dioses I - La caída de los monárquicos (caps. 22 y 23) - M.C. Carper
Portal de Ciencia Ficción

Menú principal
Inicio
Artículos
Noticias
Novedades
Reseñas
Relatos y novelas
CiFipedia
Productos
Mapa del sitio
Productos
Libros
Merchandising
Películas y series
Utilidades
Buscar en este sitio
Foros
Suscríbete. Feeds
Webs de interés
Publica en este sitio
Enviar noticia
Descargas
Contacto
Quiénes somos
Términos y condiciones
Política de privacidad
Anúnciese con nosotros

SINDÍCATE

RSS 2.0
 
Suscríbete con FeedBurner


COMPARTE ESTE ARTÍCULO

 

LIBRERÍAS RECOMENDADAS

Banner cyberdark.net
 
Casa del Libro
 
 
EDITORIALES COLABORADORAS
 
Logo de Alkubia
Logo de AJEC
Logo de Por la tangente
Logo de Parnaso
Logo de La Factoría de Ideas
Logo de VíaMagna
Logo de Neverland
Logo de Nowevolution
Logo de Ediciones Evohé
Estadísticas
OS: Linux n
PHP: 5.1.6
MySQL: 5.0.77
Hora: 21:26
Caching: Enabled
GZIP: Enabled
Usuarios: 277
Noticias: 3376
Enlaces: 196
Visitantes: 5410389

Directorios

Bienvenid@ a nuestro portal
PostersPoint

Enfrentamientos de los Dioses I - La caída de los monárquicos (caps. 22 y 23) - M.C. Carper Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 1
MaloBueno 
Ficciones - Novela: Enfrentamientos de los Dioses
Escrito por Hari Seldon   
miércoles, 04 de noviembre de 2009

Enfrentamientos de los Dioses I - La caída de los monárquicos - M. C. Carper

 

 
 
22. EL ROBOT PERIODISTA Y SU INFORMACIÓN
 
 
 
La oferta de Claudia ocupó la mente del capitán Blanco por varias noches. Mientras ella se dedicaba a establecer contacto con viejas amistades de aristos-gen, la tripulación del Supertzar se mantenía a la expectativa. En ocasiones anteriores, se había visto en la necesidad de tomar decisiones en nombre de su jefe, Odayo. Kora vivía bajo las presiones de Sabbathco, tanto como de la Multicorp. Deshacerse de esa molestia era un objetivo que anhelaban. Cuando se los anunció a los demás, la calurosa aprobación lo tomó por sorpresa. No entendía bien por qué él era el único humano que podía apreciar la belleza indudable de la duquesa. Pero, al parecer, la joven seducía a otras especies.
Conectaron a PLPS al Computador central de Ciudad Espiral. A su lado, A-Drián operó una consola para filtrar y limpiar las grabaciones del robotito.
Los traficantes y Claudia contemplaron las pantallas. Las corruptas formas de osamenta amarradas al astillero espacial, los dejaron boquiabiertos. Parecían dementes racimos enredados en los no menos inquietantes cruceros biomecánicos.
—Hay sesenta de esos —anunció el androide—. Los equipos de propulsión aún no han sido montados, son esos tubos de distintos tamaños —señaló una sección en la pantalla etérea—: Ahí.
La computadora efectuó un acercamiento. Las toberas se vieron nítidas con sus irregularidades y la pútrida red de venas latientes.
—Necesitarán carburante —comentó Claudia—. Sólo se encuentran un par de cisternas en el perímetro, pero esta grabación es demasiado vieja. ¿Es probable que los hayan ensamblado en este tiempo?
—No se ha registrado tráfico de tropas en Kora —informó A-Drián—, al menos oficialmente. Sin tripulación, las naves no son muy peligrosas.
—Bob —dijo la duquesa—. ¿Podrían las naves de tu planeta reducir ese astillero espacial amarrado al hiperpuente?
—La Hermandad Estelar lo haría, pero se tendrían que unir los Padrinatos; algo difícil con la rivalidad latente entre Odayo y el Aguandés. Tampoco hay que olvidar que el Hiperpuente está custodiado por una poderosa flota y una superficie artillada.
PLPS hizo un carraspeo electrónico para decir:
—Cuando estuve amarrado al Cruz de Espinas pude notar la actividad de energía desarrollada para generar el hipercampo de translación.
 
Enfrentamientos de los Dioses. Por M.C. Carper
 
Todos oían atentos aquella voz de niño de tres años. El robotito cambió las imágenes, en rápida sucesión pasaron distintas tomas del Puente hiperespacial. Regularmente en la cara interna del magnánimo anillo se distinguían enormes cúpulas, flanqueadas por paredes metálicas que abarcaban la longitud completa de extremo a extremo, con una altura de kilómetros.
—Noten cómo se activan esas cúpulas cada vez que una nave cruza el anillo —continuó PLPS—. Siempre rodean a los generadores de hipercampos, es obvio lo que son.
¿Ah sí? ¿Qué son?, pensó Claudia.
—Para crear un pasaje hiperespacial, poderosos generadores comban el espacio sumando una cantidad específica de gravedades —explicó A-Drián, que entendió instantáneamente a su colega artificial—. Si estas gravedades no tuviesen control, el entorno celeste continuo sería absorbido sin posibilidades. Esas paredes neutralizan las fuerzas alteradas, manteniendo en equilibrio los hipercampos y dando seguridad al Hiperpuente.
Bob sonrió lobunamente. El funcionamiento de esos Hiperneutros era vital para la integridad del Anillo de Sabbathco, una debilidad que la Hermandad Estelar podía aprovechar. Dominar el Hiperpuente no solo los haría ricos sino también sumamente poderosos.
—Por eso están tan bien defendidos —descubrió Rylliu, el viejo—. Este pequeño tiene la información más valiosa de la galaxia. Nadie había logrado acercarse a esas secciones.
Claudia se concentró en las imágenes. Al mismo tiempo le llegaban los pensamientos nítidos de todos: iban a ayudarla, morirían intentándolo. La noche anterior, había solicitado a Drián que le efectuase un escaneo cerebral, esperando encontrar una anomalía, como un tumor, que explicase el cambio en sus percepciones. El robot le aseguró de que no tenía nada malo, sólo una separación sutil de los hemisferios, sin embargo no podía realizar comparaciones con otros análisis sin descubrir su paradero. Aquello le sirvió de consuelo, alejando las dudas sobre su cordura.
—Bien, ahora únicamente nos queda tomar ventaja de estos datos —sentenció ella—. En marcha. ¡Vamos!





23. BAJO FUEGO


El hurgador ordenó a sus sondas Hacker no perder la pista. Recorrieron los pársecs a la velocidad de la luz, en el universo de la Hipernet. Algo parecido a la desesperación agobió su alma por una eternidad de una millonésima de nanosegundo. La información provenía de uno de los desposeídos en Cinia, un anciano noble que no podía vivir lejos de las comodidades. De repente todo se iluminó cuando los datos afluyeron, sin margen de dudas. Cuando lo leyó, recobró algo de paz en su perturbada existencia.
Claudia Monteagudo de Pandior.
Proscripta de Prioridad Uno.
Localizada.
Emisión de contraseña obsoleta.
Ubicación: Rosaem A3.

Uno se los nobles que Claudia había contactado era un traidor. Un reflejo activó todo el cuerpo biomecánico del Arconte Rey. Solía desconectarse del cuerpo artificial cuando dormía; el único lugar seguro para ello era en el camarote del Cruz de Espinas que ahora se hallaba en el hangar de un palacio improvisado en Foornax, retirado de las intrigas de los mundos del Núcleo; pero la burocracia lo hastiaba. Él sólo entendía como demostración de poder a la tortura o la esclavitud. Sin embargo, la falta de paz no era consecuencia de las tramas políticas, era culpa de la duquesa.
Claudia aparecía en sus sueños, tentadora y apetecible, totalmente carnal. Había pensado seriamente en castrarse para eliminar esa clase de emociones, pero sabía que gracias a ellas había conseguido comprender a los humanos. Necesitaba de su odio; sin él, no tenía nada. Sus parientes seiyones nunca consiguieron relacionarse con los seres orgánicos, la mayoría habían reducido sus cuerpos originales a cerebro y médula. Finsen conservaba todo, atrofiado e incapaz de sobrevivir sin el cuerpo biomecánico, pero sin amputarse nada. Sus frágiles miembros seguían en su sitio.
Releyó la información en los monitores internos de su cráneo y ordenó a las guarniciones próximas a Rosaem ir a la captura de su enemiga. El Cruz de Espinas también encendió sus reactores.
Al fin, se dijo.


Bob blanco empujó las cajas con provisiones que A-Drián les había obsequiado, el Supertzar rumiaba de actividad y no había tiempo que perder. La joven pandioresa lo miraba ceñuda con los brazos en jarras.
—Eres realmente desagradecido, ponte en su lugar —repitió ella.
¡Es el colmo!, Pensó Bob.
—¿Que piense como androide? —exclamó—. Son máquinas.
—Pero se los estimula con programas que imitan sensaciones ¿Cómo sabes que la angustia humana no es sólo una ilusión? Sabes que las emociones son respuestas químicas —le gritó ella furiosamente.
—¡Qué!
—Bob —suplicó Claudia—. Hazlo, te compensaré.
—No. La nave ya ha sobrepasado el tope de pasajeros. Es imposi...
Unas detonaciones destruyeron la paz del cielo rosaemita. Cinco cazas Embryon se abalanzaron en recta picada hacia las espirales de la Ciudad.
 
Enfrentamientos de los Dioses. Por M.C. Carper
 
—¡Demonios! —gritó Bob— ¡Cara de Trompa, busca a Rylliu! ¡Yeshin, enciende los convertidores!
Claudia entrecerró los ojos y murmuró:
—Finsen...

A-Drián observaba cómo las decoradas paredes esmeraldas se hacían añicos bajo el fuego de los cazas. Todos los monitores del Centro de Control mostraban el desastre. Aquel sitio no poseía ninguna clase de armamento, la ciudad sería destruida sin remedio. Mientras así razonaba, llegó una transmisión:
—¡Ciudad Espiral! Esta es la fuerza de la ley del Arcontado. Entreguen a la traidora Claudia Monteagudo.
A-Drián dijo por el comunicador:
—No está en mí poder proceder con esa acción. ¿Usted se ha dado cuenta de que ha destruido treinta edificios con un costo de millones de univs?
—Ese es el precio que pagan por cobijar a los enemigos del Arcontado. Entregue a la duquesa o atomizaremos toda la ciudad.
—No estoy programado para destruir o contribuir a la destrucción de vidas. Corto y fuera. —El androide dejó caer el diminuto comunicador en un compartimiento disimulado en la coraza que cubría su pecho. Intercambió frases en un lenguaje informático con el Computador y abandonó la sala.

En el cinturón de hangares, la destrucción se multiplicaba con estruendos y fuegos rojos. El acre humo coronaba la esmeralda espiral. Un bosque de paneles solares estalló lanzando destellos luminosos en contraste con la oscura masa de ceniza.
Los cazas regurgitaron, por las bocas biomecánicas, más aniquilación.
Los mecanismos de relojería que activaban las fuentes móviles se descalibraron y rompieron con la terrible consecuencia de errores de sincronización. Monumentales construcciones de roca se precipitaron, produciendo un horrible estrépito.
En la cabina del Supertzar, Yeshin movía desesperado las almohadillas para iniciar el despegue. Pasó revista a toda la tripulación, pero aún no habían abordado ni Claudia, ni Cara de Trompa ni su capitán. Frente a Count Raven, en el cuarto informático, Quel y Lengua Veloz recibían las amenazas de los agentes del Arcontado.
—Entréguense y los jueces considerarán su actitud en la corte. El Arconte Rey en persona firmará sus indultos si nos dan a Claudia Monteagudo Krebs.
—¡Yarrrj! —gruñó con desdén Quel.
—Biomecánico asqueroso —siseó el denk.


El crucero biomecánico Cruz de Espinas abandonó el Hiperespacio, avanzando desde la nube cometaria hacia el tercer mundo del Sistema Rosaem A. Parado en el centro del puente, tomándose los codos con sus grandes manazas, el Último Seiyón proyectaba su mente en pos del perfil mental de la que consideraba su enemiga personal. Odiaba pensar en ella, el desprecio que le había demostrado era aún una herida abierta.


Desde el cielo, los pilotos biomecánicos de los Embryon contemplaban un desastroso panorama: Ciudad Espiral, agrietada y chamuscada por el continuo bombardeo. Dos de los árboles Columna estaban envueltos en llamas. La base Central aparecía completamente en ruinas. Cerros de escombros, roca, cerámica, plástico, metal y polvo.
Roberto Blanco tironeó de la duquesa.
—¡Rápido! Suba a bordo.
La joven se deshizo de la sujeción del traficante.
—¡Espere aquí! Voy a buscarlo —gritó.
—¡Estás loca! ¡No hay tiempo!
Pero de nada sirvió. Ella se lanzó corriendo hacia las cabinas de control de tráfico, donde estaban los elevadores que llevaban al Centro Administrativo de la ciudad.
Cara de Trompa y Blanco intercambiaron miradas.
—Iré por ella —dijo el capitán—. Dile a Yeshin que estén listos. —Dio dos largos pasos cuando notó a PLPS flotando a su lado.

Claudia se cubrió el rostro para transponer un muro de oscuro humo, apareció tosiendo un momento después. En la Administración la visibilidad era casi nula. No hacía un minuto que se había escuchado la explosión de algo que no podía ser otra cosa que la central de energía Solar y sus almacenes.
A contraluz, descubrió la figura estilizada de A-Drián, inmóvil.
—Ya debería estar lejos de aquí —dijo el robot—. Su existencia es importante.
—La tuya también, A-Drián. Vendrás con nosotros. Los yeils te dejaron con un propósito, debes pasar tus conocimientos...
El robot se acercó a ella, le llevaba una cabeza y tuvo que inclinarse.
—Nada podría servirme más, pero en estos momentos estaba entreteniendo a los arcontes para darles tiempo a ustedes...
Desde una esquina llegaron Bob y el robotito, jadeando.
—Terminen de conversar y larguémonos de aquí.
—Debo agradecer que me permita ser parte de su tripulación.
—A mí no —protestó el Koranio—, sino a esta bruja —añadió señalando a la chica.
—Vamos —dijo ella sonriendo.
Corrían por el puente en forma de quilla que daba a la cúpula central cuando uno de los atacantes se sintió inspirado en acribillarlo. Las paredes se llenaron de grietas en forma de telarañas de fuego.
—¡Apresurémonos! —gritó Bob—. Sentía bajo sus pies cómo las grietas se agrandaban. El puente tenía trescientos metros de largo y ellos sólo habían cruzado la mitad. Las paredes de jade se poblaron de agujeros con bordes al rojo vivo. El acre humo de los incendios hacía imposible la visibilidad. Tosiendo, corrieron guiados por los robots que eran inmunes a la humareda. En adición, se sabía, podían cambiar su sistema de visión por otro térmico o una guía de sensores. A la duquesa le preocupaba el peso de A-Drián. Temía que el suelo tan deteriorado cediese y cayesen, pero al afirmarse en sus hombros descubrió que era notablemente liviano, su interior no era de metal, en absoluto.
Claudia avanzaba aferrada a la cubierta del torso esmeralda con un puño cerrado ante la boca. Gradualmente el silbido de los mísiles, las explosiones y los temblores se fueron desvaneciendo a su alrededor. Hacía un rato que le dolía la cabeza. Ya había identificado la emisión psíquica. Escuchó las inmundas palabras como si lo tuviese en frente.
No existen escondites, Ramera.
Era Finsen. Percibía su pensamiento y él lo sabía. ¡Lo hacía a propósito!
Entrégate y seré clemente.
Ella quería contestarle, pero se daba cuenta de que algo le faltaba. Sus pensamientos no llegaban a su enemigo, se sentía frustrada.
Ya estaban ante la rampa del Mercenario.
—¡Suban! ¡Suban! —apremió Bob.
Cuando la esclusa de aire se selló, el traficante se envaró ante el androide.
—Tú. Sube a la sala informática, combínate con Count Raven, serás útil allí.
—Lo haré, señor —respondió y dio un paso hacia la baldosa de repulsión que lo elevó al otro nivel.
Bob ocupó su sitio e indicó con un ademán a Claudia donde sentarse.
—Energía —anunció Rylliu.
—Despeguemos —dijo Yeshin.
Ante ellos veían los hangares abrasados por las llamas.
La nave saltó hacia el centro de la cúpula en forma de copa boca abajo. En una decena de anillos, alrededor, los brillantes hangares se sucedieron a través de las ventanas de la nave mientras los cazas Embryon bombardeaban despiadadamente la ciudad. Un escuadrón entero atacó la parte alta que unía el complejo de hangares con el monumental puente en forma de quilla de la que pendía. Descendían entre los hangares anulares cuando la torre superior, unida al puente, explotó quebrándose.
La avalancha de escombros atronó sobre la nave corsaria cuando la gigantesca campana aeropuerto cayó sobre ellos, amenazando aplastarlos contra el suelo rosaemita.
Bob Blanco, instintivamente, giró su nave noventa grados en posición perpendicular a la superficie. Todos los estómagos subieron sin aviso hacia las gargantas. Los giroscopios de las cubiertas de A-Drián tardaron inefables veinte segundos en devolverle el equilibrio.
—¡Potencia, Rylliu! —gritó el capitán—. ¡Necesito potencia máxima!
El contorno borroso de La Cúpula en caída libre corría una auténtica carrera contra la muerte con los piratas. Si no salían de esa gigantesca campana, los apresaría y aplastaría. Yeshin encendió los impulsores auxiliares, necesitaban más empuje.
A-Drián, que conocía la altura y el peso del espaciopuerto, calculó el tiempo que tomaría llegar a la superficie dando los datos a Count Raven para que diera la impulsión necesaria con la cual superarían a las cinco mil toneladas que se precipitaban. Todo ocurrió en nanosegundos.
El Supertzar/Mercenario iluminó con una estela de carburante residual las oscuras cavernas de los hangares que como una ciclópea fauce se abalanzaba hacia él. Dio un respingo en “U”, raspando el fuselaje inferior con las ruinas del suelo, provocando mareos al colocarse de nuevo a noventa grados del suelo, pero en dirección contraria, a una velocidad cada vez superior.
 
Enfrentamientos de los Dioses. Por M.C. Carper
 
Bajo ellos, Ciudad Espiral sucumbía entre globos de luz y fuego.
Gradualmente, el planeta Rosaem Tres fue desapareciendo de los monitores.
—¡Capitán! Los Embryon aún siguen tras nosotros —comunicó el copiloto—. Son cinco.
—Posiciones de batalla.
Lengua Veloz, Cara de Trompa, Quel y Rylliu se acomodaron en las cuatro casamatas artilladas. Los cañones gemelos de alto poder de fabricaciones militares lagornias se cargaron con cápsulas de protones. Junto con Lengua Veloz, Bob modificó los cristales del láser; cambió los generadores de munición por otros más poderosos de tecnología esclipsia. Aunque estrechos y hacinados, los cubículos de las casamatas eran muy cómodos en gravedad nula. Un sillón de inercia permitía toda clase de movilidad ante la consola de ataque, combinado con unos cascos de RV, conectados permanentemente a Count Raven.
Tres Ojos corrió hasta la sala de computadoras. Su puesto de artillería se ubicaba en una disimulada casamata de la nariz de la nave, pero esta vez Bob lo prefería junto a Count Raven. El Chaluk, de apenas un metro cincuenta, se detuvo aferrando los marcos de la compuerta, con los tres ojos como platos, cuando vio al androide de metro ochenta.
—¡Hola! —saludó A-Drián.
—Bien, ya que te tenemos aquí me podrás dar una mano —dijo Tres Ojos en su propio idioma.
—¿Los Embryon son tripulados por seres vivos?
—Eso creo...
—Luego... No estoy programado para causar daño a ninguna entidad viva.
—¿Eso abarca todo lo que camina, coma o tenga emociones?
—Así es.
—Entonces siéntate en un rincón, no me ayudarás en nada. — Comenzó a mover sus dedos sobre los paneles de Count Raven.
—Podría servirte como ninguno en las maniobras de evasión. Conozco mil quinientas setenta y cuatro de esas maniobras posibles con este tipo de nave. Además, estudiando las tácticas del enemigo puedo llegar a prever sus acciones con un setenta y cinco por ciento de probabilidades de éxito.
Tres Ojos dedicó uno de sus ojos al androide mientras analizaba el comentario. Su barbilla se agitó, lo que en un Chaluk podía interpretarse como una sonrisa.
—Ven aquí, muchacho.



El texto y las ilustraciones son propiedad de M.C. Carper

 

Leer el siguiente capítulo: 23. Combate en la huida

Leer todos los capítulos

 

Sobre el autor: M.C. Carper

 

 


Add as favourites (4) | Cite este artículo en su sitio | Views: 315

  Sea el primero en comentar el artículo
RSS de los comentarios

Escribir Comentario
  • Por favor, mantenga el tópico de los mensajes en relevancia con el tema del artículo.
  • Lenguaje inapropiado será borrado.
  • Por favor, no use los comentarios para promocionar su sitio, ese tipo de mensajes serán removidos.
  • Aségurse de *Recargar* la página para mostrar un nuevo código de seguridad antes de cliquear 'Enviar', en caso de haber ingresado un código incorrecto.
Nombre:
E-mail
Sitio Web
Título:
BBCode:Web AddressEmail AddressBold TextItalic TextUnderlined TextQuoteCodeOpen ListList ItemClose List
Comentario:



Código:* Code
I wish being prevented by email of the comments which will follow

Powered by AkoComment Tweaked Special Edition v.1.4.6
AkoComment © Copyright 2004 by Arthur Konze - www.mamboportal.com
All right reserved

 
< Anterior   Siguiente >

Usuarios





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
Hay 22 invitados en línea

GIF Price Minister Libros 120x600 Clasico
exclusivas_fnac_120x600.gif