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Enfrentamientos de los Dioses I - La caída de los monárquicos (cap. 24) - M.C. Carper Imprimir E-Mail
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Ficciones - Novela: Enfrentamientos de los Dioses
Escrito por Hari Seldon   
domingo, 15 de noviembre de 2009

Enfrentamientos de los Dioses I - La caída de los monárquicos - M. C. Carper

 

 

24. COMBATE EN LA HUIDA

 

El Hiperpuente de Rosaem se hallaba a treinta U.A. de distancia. Los cazas Embryon los rodearon sin interrumpir sus disparos.
—Conecta en ángulos variables las pantallas fototrópicas —ordenó Blanco mientras los láseres rebotaban en los espejos energéticos que surgían al detectar el haz de luz continuo—. PLPS, ¿puedes encargarte de la estación de ingeniería?
—Es pan comido —contestó el robotito con voz de niño. Se encaminó ante la consola y con sus manitas de seis dedos operó los mandos.
La nave tembló, sacudida por el ataque. En las casamatas, los piratas ubicaban con sus miras computerizadas a los cazas biomecánicos.
—¡Son escurridizos! —gritó el viejo Rylliu.
En la cabina, Claudia se aferró a los precintos de anti  aceleración. Bajo la tormenta láser, el Mercenario giraba sobre su eje y cambiaba de dirección frenéticamente. Las luces internas de la nave se esfumaban a intervalos con cada sacudida.
Lengua Veloz se relamió bifídamente, estudiando su computadora de objetivo. Sobre una esfera dividida en rejillas detectaba a los ágiles Embryon, a la derecha de la pantalla se registraba la telemetría y los sensores de escaneo dibujaban una imagen tridimensional exacta de los enemigos, con su condición de armamento, daños y combustible. Aunque no hacía mucho que estaban en el mercado, a la Red le sobró tiempo para desglosar todos los secretos de fabricación, infiltrando a los guardianes de inteligencia de Sabbathco. Junto con Quel, escupieron los mortales rayos contra uno de los cazas.
La lustrosa pátina de fuselaje biomecánico se pobló de hoyuelos y zigzagueó eludiendo la artillería pirata.
Cara de Trompa cubrió con ráfagas láser el ataque contra la torrecilla de instrucciones y sensores, los cazas dejaron estelas fugaces, como colas de cometas, ante los ojos del Ceet.
Los motores de los mecanismos de la casamata de Rylliu hicieron girar a éstos ciento veinte grados, siguiendo despiadadamente a unos de los atacantes. La nave arconte explotó envuelta en fragmentos incandescentes.
—¡Uno menos! —gritó el viejo bucanero.
Carcajadas y gritos de jolgorio repercutieron en el Supertzar.
 
Imagen de Enfrentamientos de los Dioses
 
En la Sala informática, A-Drián se giró hacia Tres Ojos interrogante. El Chaluk sólo se encogió de hombros:
—Festejan que tenemos más posibilidades de salir de esta —explicó.
—¡Oh! —conminó el robot—. Ya puedo decirte sus ubicaciones en los próximos 60 segundos. Sólo debes apuntar tus armas en esas posiciones.
Tres Ojos se comunicó con la carlinga.
—Estamos listos, capitán.
—¿Están seguros? —gruñó Bob, mientras guiaba la astronave auxiliado por Yeshin y PLPS.
—Noventa y tres por ciento de probabilidades —aseguró A-Drián por el comunicador.
—Hagámoslo —dijo Bob mientras pasaba el control absoluto del armamento y el pilotaje a Count Raven. No era que confiase en esa maniobra, pero sólo una computadora podía dar el empuje preciso a cada impulsor de maniobra para ubicar las bocas de los cañones. El fuego los cubriría.
En la pantalla aparecieron coordenadas de disparo, pero aún ningún objetivo las ocupaba. Bob dio la orden a todos para ajustar los cinturones de anti aceleración.
La astronave corsaria viró en un vuelo tajante hacia babor, acosada por las cuatro enemigas.
De repente se sacudió, dando giros en direcciones diferentes, como si padeciese epilepsia. Diez segundos después todas las armas abrieron fuego haciendo blanco en los navíos biomecánicos que se fundieron en polvo estelar incandescente.
 
Ilustración de Enfrentamientos de los Dioses, por M.C. Carper
 
La tripulación de filibusteros galácticos hubiese festejado con aullidos y aplausos la abrupta victoria, pero todos sufrían de terribles mareos, casi al borde de la inconciencia.
Bob giró su asiento hacia Claudia.
—Tuviste toda la razón en hacerme abordar a A-Drián —sonrió—. Sin él, tal vez no lo hubiésemos logra...
No acababa de hablar cuando la energía de la nave desapareció, quedando envueltos en tinieblas y a la deriva.
—¡Energía de emergencia, Yeshin! —gritó el traficante.
—Eso no ayudará.
La voz era la de Claudia, pero el tono había cambiado. Dejó helados al capitán y a su copiloto. En la oscuridad las prendas blancas de la chica pandioresa se remarcaban como una imagen espectral.
A-Drián y Rylliu bajaron corriendo al puente de mando.
La joven duquesa sentía el poder de Finsen como una mano aplastando la nave, sin embargo, era consciente de que ella podía doblegar aquella fuerza extraña. En todo el crucero se oyeron crujidos y desgarrones.
Quiere comprimir el Supertzar, pensó ella.
Con un violento chasquido, la consola de Yeshin se encendió. Era tal el silencio que todos se sobresaltaron.
—Entreguen a la duquesa, ella es la única proscrita. —La voz biomecánica del seiyón acompañó a su imagen en una pantalla. El chillar de los metales erizó los cabellos de los mercenarios.
—Déjanos ir, desecho seiyón... —murmuró la chica pandioresa—. Déjanos libres y retrocede a las tinieblas que son tu destino. —Movió los dedos de forma instintiva, acompañando la orden.
En el Puente del Cruz de Espinas, Red Finsen se hallaba tendido de bruces, sosteniendo su cuerpo con las puntas de los dedos de manos y pies sobre un siniestro pentáculo de inscripciones, grabadas con obscenas artes y corruptas intenciones.
—Si no vienes a mí, te reduciré a una pulpa sanguinolenta junto con tu chusma.
—Retrocede, Finsen, ella notaba sensiblemente que la influencia del otro perdía terreno.
—Debes reconocer que soy más fuerte.
—No.
—Tomaré tu débil alma.
Claudia oyó distintas vocecillas en su cerebro, indicándole lo que debía hacer; eran parecidas a recuerdos perdidos. Una sensación de algo ya vivido, pero olvidado. Esta vez no dudó de sí misma. Ya no importaban las causas o las razones, había cambiado y usaría todo lo que estuviese al alcance de sus manos, o de su mente. Visualizó al hechicero en el puente del Cruz de Espinas e imaginó que se derrumbaba inconsciente.
—¡Vete! —gritó en voz alta—. ¡Vuelve a tu propio tormento!
Un segundo después la energía volvió al buque pirata. Rylliu hizo a un lado a PLPS para ocupar su puesto, Yeshin sonrió mientras operaba los controles.
—Ellos tienen al Hechicero Rojo, pero nosotros a la Dama Blanca.
Por los altos parlantes se oyó el grito de los bucaneros:
—¡Viva la Dama Blanca! ¡Viva!
La Mercenario/Supertzar dio un salto y se alejó hacia el H.P. de Rosaem. No detectaron al Cruz de Espinas alejándose.
     
Al llegar, orbitaron el colosal anillo. Con las nuevas matriculas provistas por A-Drián no pudieron ser descubiertos. Pasaron la identificación sin ningún altercado. Los turnos habían sido reservados con antelación, vía Hipernet. Después saltaron al hiperespacio.

Monseñor Red Finsen cerró las manazas en sus codos. Estaba sorprendido por la habilidad de la duquesa para contrarrestar su telekinesia. No había visto nada parecido desde los tiempos de Sálvat y algo le indicaba que esto era peor. Nunca había luchado contra una mujer, era evidente que las capacidades variaban según el sexo.
¡Dama Blanca!
Su poder se está manifestando, debo prevenir a mi amo sobre ella.
Ahora tendré que matarla.

Imagen de Enfrentamientos de los Dioses, por M.C. Carper

 


El texto y las ilustraciones son propiedad de M.C. Carper

 

Leer el capítulo siguiente: 25. El Refugio de Odayo

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Sobre el autor: M.C. Carper

 

 


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