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25. EL REFUGIO DE ODAYO
El cobrizo terreno de Kora desfilaba ante los visores del Supertzar cuando la duquesa atisbó por la ventanilla de la pared izquierda.
Se desvían de las ciudades.
Las luces de los herrumbrosos rascacielos, envueltos en smog, se hundieron en el horizonte nocturno. Atravesaron praderas de ocres y naranjas. Lagos de óxido reflejando el firmamento estrellado. Roberto Blanco insinuó aterrizar en el espacio puerto de “Tab Akroid”, pero se desvió hacia el terminador diurno del planeta. El sol ascendió tras unas espinosas cordilleras que se extendían de horizonte a horizonte.
Claudia observó entre unas mesetas, ahora totalmente iluminadas, kilómetros de simétricos contenedores apilados sin ningún cuidado. Algunos formaban pequeños cerros.
—¿Qué es eso?
Los Koranios se volvieron y le contestaron.
—Es el obsequio de los mundos civilizados —explicó Rylliu—. Cuando Kora era usado para arrojar los desperdicios de otros planetas para reciclarlos.
—¿No pueden volverlos al espacio? —preguntó ella.
—Están bien allí —dijo el ingeniero—. Moverlos sería peligroso y costoso.
Pese a esta observación, Claudia notó que el ánimo de sus compañeros era muy bueno. Reían y bromeaban. Estaban de vuelta en casa.
Ellos tienen un hogar. Eso es muy valioso, descubrió.
El robot de Rosaem se ubicó tras el asiento de la muchacha. Casi toda la tripulación había bajado hacia la cabina o estaba en la antecámara, con bolsos y cambiados de ropa. Kora Dos era un planeta de templado a caluroso. En la parte septentrional, que era a donde se dirigían, la temperatura oscilaba entre los 35° y los 40°. Ahora veían unos anillos concéntricos férreos a lo largo de cinco kilómetros de diámetro. La muchacha pandioresa no lograba identificar qué era. Desde ahí parecía una tupida telaraña de lava oxidada.
—¡El Cementerio de las Astronaves! —sonrió Yeshin—. Comenzó siendo un antiguo deshuesadero. Con el correr de los años, los obreros se quedaron a vivir entre los enormes fuselajes. Cada año se agregan nuevas adquisiciones y los barrios se agrandan. Bob, Quel y yo mismo nacimos allí.
—¿Te criaste entre carcasas de astronaves? Por eso sabes tanto sobre una astronave como la Supertzar —le dijo amigablemente la duquesa.
—En realidad, el capitán armó esta nave con desechos de ese lugar.
—Es un excelente trabajo —terció A-Drián—. Especialmente, la adición de Count Raven 7.0/00.
—Gracias —dijo Blanco con una mueca sardónica mientras dirigía la nave sobre un desierto de praderas rocosas. Gradualmente fue creciendo una línea oscura y serpentina que atravesaba el rojizo paisaje. Describía meandros que cortaban el agrietado suelo koranio.
Era una gigantesca falla meridional, un colosal cañón surcado de irregularidades.
—¡La Herida de Óxido! —presentó el capitán—. Todos los niños de Kora suelen venir a demostrar su audacia como pilotos aquí, es el mejor simulador natural que conozco.
—¿Qué hay ahí, Bob? —preguntó Claudia al ver que ingresaban en el gigantesco cañón.
—El Refugio de Odayo. La Supertzar se ladeó y penetró en un codo, entre dos taludes de roca tectónica. El cañón era estrecho y de cuando en cuando lo atravesaban arcos de piedra calcárea. La nave tenía que sortear estos obstáculos a la vez que seguía el curso irregular, pleno de curvas del pasaje.
Para los robots y la chica el laberíntico camino parecía una prueba de la muerte. Ni por un segundo la nave dejaba de ladearse y maniobrar.
Los koranios, no obstante, se mostraban indiferentes.
—Yeshin —dijo Bob—, estamos por pasar la primera. Transmite. Disimulados en las paredes del cañón se encontraban dos puestos de vigilancia que sólo permitían el paso a las naves que conocían las contraseñas. Más adelante hubo dos más, Odayo no permitía intrusos en su Padrinato. Era una de las razones de que aumentara su gran poderío. El único oponente era Cetar, el Aguandés.
Ingresaron más tarde a un rocoso corredor, iluminado artificialmente, que se abría a un inmenso hangar atestado de naves de variados tipos, la mayoría tan híbridas como sus propietarios. El Supertzar desplegó sus nueve trenes de aterrizaje y descendió suavemente sobre la pista de techo cubierto. Dos trinqueros de la pista aseguraron la astronave.
—¡Bienvenida a Rishga Zalum!, el Descanso de Kora, Padrinato de Odayo —anunció Rylliu a la chica.
Todos descendieron.
Ella notó la incontable actividad de puerto. Criaturas y robots, vehículos y maquinaria. Olores de lubricantes, combustible y sudor. Todo acompañado de golpes, chirridos, gritos y el rumor de fondo de la multitud.
Claudia tiró su chaleco sobre el flotante PLPS.
Quel y Yeshin la guiaron hacia un edificio que ocupaba todo el muro del fondo; no tenía muchas ventanas pero podía verse cinco galerías que daban a la pista. Llegaron hasta una barraca individual de dos ambientes que sería su habitación, algo totalmente inusual en la vida de la duquesa
—Aquí tendrás todas las comodidades. Si necesitas algo, ese es el videocom —le informó el copiloto.
—Yeshin, ¿no sabes si ya están aquí las personas que convoqué por hipernet?
—Despreocúpate y descansa, todo marcha bien —diciendo esto, cerró la puerta y se fue.
A-Drián-0 y PLPS aguardaron órdenes frente a ella.
—Bien —dijo mirando a su alrededor—. Descansen y recarguen sus baterías.
Luego de una larga ducha se quedó pensativa ante el espejo, el sistema de secado quitó la humedad rebelde del cuerpo. Estudió su rostro y no halló los cambios que esperaba.
¿Realmente soy yo? ¿Claudia Monteagudo de Pandior?
El secado terminó y un momento después entró A-Drián-0 con unas prendas.
—Esto es lo más parecido que encontré a lo que solicitó.
—A ver... Hm... No está mal.
Se vistió y observó su reflejo en la pared espejada del baño. Tenía un breve corpiño en su vestido negro elastizado y una falda hasta las pantorrillas, del mismo color, ajustada a la cintura por una faja de la cual colgaba un cinto de oro rodeándole las caderas. Con una ancha vincha, también negra, recogió su lacia melena, dejando límpida la amplia frente. Por último, se calzó unos suaves mocasines con tobilleras. Contempló sus facciones otra vez, los pómulos y la barbilla estaban más redondeados y sus caderas más llenas. La imagen reflejada la cautivó un momento sin tiempo, como si viese a otra persona. Tal vez no le gustaba del todo, pero estaba empezando a aceptarla.
Abandonó el departamento y salió secundada por los dos robots. Los pasillos de aquella construcción eran grises y sin decoración, no se cruzó con nadie mientras ascendía unas escaleras. De pronto entendió que todo le resultaba familiar; también llegaban a ella los pensamientos de la gente trabajando en el hangar, como murmullos, y razonó que la telepatía estaba relacionada con la distancia. Salió hacia la galería. Las plataformas con las astronaves estaban dos niveles más abajo, a la altura de la boca abierta a la Herida de Óxido. Se asomó a la balaustrada que daba a la pistas, recorriendo con sus oscuros ojos las tareas portuarias; el balcón se elevaba veinte metros del suelo.
—Hola, Claudia —escuchó a su espalda. Se volvió gatunamente, apoyando los codos en la baranda.
—¿Qué tal, Bob? —sonrió.
—Kora te sienta bien —apuntó el capitán—. Odayo ya ha recibido a cuatro flotillas, partes de los restos de la Armada Monárquica que se dieron cita aquí, gracias a ti. Yo ya les comenté sobre el astillero y los hiperneutralizadores.
—¡Magnífico! Llévame ante Odayo.
—¿Claudia? —oyó desde una entrada lateral, la voz provenía de un gigante a contraluz. Aunque el rostro estaba en sombras no era nada difícil identificar a quién pertenecía.
—¡Cush! ¡Cush Dodanim! —exclamó la duquesa con el rostro iluminado. Se abrazaron cariñosamente y ambos percibieron cambios desconcertantes en el otro.
—Ejem... Me adelantaré y los veré en el Directorio de Odayo —se excusó Bob.
—Espera —lo retuvo ella—. Roberto Blanco, este es Cush Dodanim —mientras se estrechaban las manos ella miró al jhaeliano—. Bob trabajaba para Ernesto en relaciones exteriores.
—Entiendo —murmuró Cush apretando sus mandíbulas.
—Nos veremos —se despidió el koranio y se alejó.
Claudia observó al capitán hasta que dobló en una esquina. Con el rostro resplandeciente dijo:
—¡Eres el primer sobreviviente que encuentro!
—No hay muchos, fue un genocidio —comentó serio el ciniano.
—¿Viniste con algunos de los nobles que convoqué?
—No —negó Cush con la cabeza—. Vine por mí mismo, con un puñado de soldados que reuní, el destino tiende a unirnos...
La joven duquesa se alertó con el último comentario. Hizo un mohín con la boca.
—Los destinos son muchos y la mayoría inescrutables. Ernesto ha muerto y yo ya no deseo comenzar otra relación.
—Yo... —titubeó el ciniano—. Te amo, Claudia. —Ella sonrió.
—Tus amas tu causa, Cush. En estos momentos te hallas lleno de euforia. Siempre hablabas de los tiempos de los Yeils y de Sálvat, de combatir al Maligno. Leo todos esos pensamientos en ti, mientras hablas.
—¿Lees? —murmuró el ciniano— ¡Lees!
—Sí. Sé lo que piensan Bob y sus amigos. Lo que cruza la cabeza de las personas que me saludan. La mente de la gente está llena de segundas intenciones y casi siempre perversas. Sólo a este androide —señaló a Drián— no lo leo aún, pero estoy aprendiendo trucos para adivinar sus razonamientos.
—¡Jhael! ¿Desde cuándo?
—No lo sé —dijo ella incómoda—. Hay más, percibo cosas que se mueven a mí alrededor. Oigo voces y con sólo quererlo veo lugares donde nunca estuve, pero sé que estaré. Por ejemplo, conozco los rincones de este sitio y jamás estuve aquí —cerró sus puños con fuerza—. No... No sé cómo controlarlo.
—Eso llegará —la abrazó Cush—, no siempre tendrás éxito. Hay dos cosas que debes aprender. Primero, no dejes que otro lea tu mente, esconde tus pensamientos detrás de otros y ciérrate. —El jhaeliano esperó un momento, viendo cómo Claudia intentaba pensar en otras cosas, dejándose llevar por un color, o un recuerdo, alejándose de aquello que ocupaba su mente antes. No era fácil, pero tampoco imposible—. ¡Eso es! Así —la animó el jhaeliano—. Contrólalo, con la práctica mejora. Segundo, hay un lugar donde los jhaelianos nos refugiamos, a donde huimos para descansar de los pensamientos de mundo. Ese sitio está en un campo recóndito de nuestra mente. No tiene tiempo ni espacio, aunque los puede crear, se llama Moqzumo. Alivia nuestra alma y sin él nos volveríamos locos.
Claudia cerró los ojos y se dejó conducir por Cush. Estaba en otro mundo, sin preocupaciones. Todo era armonía, era feliz allí.
—Muchos desearían quedarse en Moqzumo. Recuerda que no es otra cosa que un descanso, no puedes estar mucho tiempo. Si lo hicieras, al despertar estarías en una habitación acolchonada, impregnada de sedantes.
—¿Es Moqzumo real o ilusión?
—Un poco de los dos. La Profecía jhaeliana narra que el mundo será como Moqzumo al final. —La miró intensamente con sus fríos ojos grises y agregó—: Mira. No sé si volveremos a estar juntos antes del ataque, estoy ocupado con mis comandos —Hurgó en sus vestiduras y extrajo un Sai transparente—. Esto es de Cristal Viviente. Es un arma excelente, captura la esencia del portador, pero a la vez tiene conciencia propia. Medirá su voluntad con la tuya. Si hicieras algo en contra de los principios del artesano yeil que la creó, pienso que se volvería contra ti, pero si la gobiernas incrementarás tu poder. Sin esos Sais no hubiese podido sobrevivir en Cinia. Acéptalo, por favor.
Claudia esgrimió el Sai y se maravilló con los destellos que lanzaba. Tenía el peso adecuado para esgrimirlo, pero ella no sabía nada de armas. Sin embargo el objeto emanaba poder, como había dicho Cush. La presencia del jhaeliano era estimulante, quería considerarlo un amigo, aunque sabía que nunca podría serlo. Oír con tanta soltura hablar de yeils y profecías jhaelianas le daba un poco de sentido a sus experiencias. El Cristal en su mano le transmitía confianza, sentía que podía lograr muchas cosas con él.
—Gracias, Cush —dijo, engarzándolo en la cadena de oro y escondiéndolo entre los pliegues de la pollera—. ¿Qué otro conocido ha sobrevivido?
—Mi maestro Von Essger, huyó a Sirio. Desde allí organiza un refugio para los exiliados —caminó junto a ella por el pasillo, la hora de la reunión con los Padrinos koranios estaba próxima—, es el único conocido que vi escapar.
—Yo vi a Nut.
—¿La pequeña Nut? —una sonrisa se dibujó en el rostro de Cush—. ¡Qué afortunada!
—Me comentó que vio al Hablante —dijo Claudia remarcando las palabras.
—Oí a otros hablar de eso en Cinia Capital. Por cierto, no encuentro explicación para la forma en que todas las máquinas arcontes fallaron. Fue... un..... Milagro...
—¿Crees en él?
—Nuestro enemigo cree. Cruzaron una abertura custodiada por rambles que daba a un enorme salón. En el centro se encontraba una mesa oval rodeada de veinte sillones, alrededor había unas doscientas sillas.
Hacia ellos se adelantó un ser calvo de un metro noventa. Su casaca militar verde y gris le confería un porte autoritario, calzaba botas y guantes de un negro lustroso y usaba una loción pandioresa reconocida por su alto precio. El color de su piel era verde grisáceo y los ojos hundidos en las huesudas cuencas eran severos e indagadores. A Claudia le pareció un esclipsio, pero más alto.
De seguro corre sangre esclipsia en sus venas, se dijo.
Dos barbas blancas nacían a los lados de su mentón y otras dos de los pómulos. Extendió su mano y saludó.
—Duquesa.
—Señor.
—Yo soy Odayo, represento a los koranios. Tome asiento a mi lado, todos los Padrinos estarán representados aquí y esperan a oírla. Por aquí —señaló los asientos de la cabecera. Cush se ubicó en uno próximo.
En el centro del mesón había un holovisor que el mismo jefe koranio manipulaba. Detrás de Claudia se ubicaron los robots. Hubo un par de presentaciones y tras ellas la luminosidad disminuyó hasta quedar en una semi oscuridad. El Padrino se puso de pie activando su micrófono.
—Todos estamos al tanto del golpe de estado que ocurrió en Cinia —comenzó Odayo—. Nosotros siempre fuimos independientes en nuestro pequeño planeta. Ahora, con los Hiperpuentes, los tenemos en la puerta de casa. El Arconte Rey está construyendo una flota de cruceros pesados en nuestro sector, proveyéndose directamente del H.P. de Kora. Es de estimar que por la proximidad se vea tentado de probar sus armas con nosotros, así ocurrió siempre en la historia de nuestro mundo —hubo un murmullo de asentimiento—. Bob Blanco y La Duquesa de Pandior han capturado los datos que necesitamos para comenzar un ataque sorpresa y adueñarnos por la fuerza tanto de las naves como del Hiperpuente.
Varias etiquetas con los nombres de los representantes se encendieron, dando a entender que deseaban hablar.
Se le dio la palabra a Cendoo, que oficiaba como representante del Aguandés.
—En un ataque como ese habrá muchas pérdidas. ¿Cómo se dividirá el botín? ¿Qué nos garantiza que el Arcontado no envíe sus fuerzas contra Kora después?
—Es verdad. Nos costará vidas, pero no tenemos alternativa. Ellos convirtieron a Cinia en un erial. Aquí ya han traído demasiados eriales y sabemos que somos un punto estratégico de comercio —le explicó el líder híbrido—. Respecto al otro punto, el Arcontado gastó casi todo su potencial en el ataque a la Monarquía. Su flota se halla esparcida por la galaxia tratando de imponerse. En este momento están débiles. Además, si nos hacemos con el Puente, controlaremos el tráfico espacial. Nadie podrá entrar o salir de Kora sin nuestro consentimiento.
—Bien —sonrió Cendoo—, pero aún no me has dicho cómo se distribuirán las ganancias.
—Esto no es un botín, Cendoo. El Aguandés lo sabe bien. Todos somos koranios y quiero recalcarlo: no les propongo un negocio, hablamos sobre la independencia de Kora y la liberación de yugo de los sistemas del Núcleo —algunos cinianos recibieron compungidamente las palabras de Odayo—. Los beneficios serán equitativos para todos, incluyendo a los extranjeros que nos ayuden y a la Secta Rambles.
El Salón se pobló de murmullos y cuchicheos. El Padrino híbrido continuó:
—A decir verdad no estaríamos aquí de no ser por una extranjera. Ella consiguió los datos, planos y demás información que hace posible este ataque. Con su robot y algunos de mis hombres hemos organizado nuestra ofensiva —se volvió hacia Claudia—. ¿Duquesa?
La luz disminuyó completamente. Luego, sobre el lustroso mesón flotó el dibujo a escala del Hiperpuente y el Astillero Espacial.
La muchacha pandioresa habló.
—Este es el Hiperpuente. Mil doscientos kilómetros de diámetro, ciento doce kilómetros de ancho y veinte mil metros de espesor. La integridad está sostenida por campos de fuerza. La cara externa es solo fuselaje, exhaladores, recicladores y expulsadores de despojos. En los bordes están las bocas de los hangares y las secciones de puertos para uso de pasajeros; aquí, de color rojo. El Cuartel General de comando es esta zona azul —indicó una sección de torres, apenas visibles en el gráfico—. Desde allí se controlan los generadores de hipercampos, los directores de coordenadas, los estabilizadores de gravedad y los Neutralizadores de espacio-tiempo. Como ven, están muy bien defendidas por torres de Alto Poder y una compleja red de electronizadores, rayos de guerra electrónica que dejan inútiles las computadoras de vuelo. Ese será nuestro blanco principal.
Claudia operó un control remoto y la imagen se desenvolvió en las formas sicodélicas de los fuselajes biomecánicos.
—Anclado en una órbita estacionaria se haya el Astillero Espacial Arconte —continuó—. Son sesenta y seis Acorazados de un kilómetro y medio de eslora. Hace seis espacio meses, cuando PLPS realizó estas tomas, no estaban funcionando y sólo la patrullaban dos escuadrones de Embryon, no nos confiaremos de eso. El objetivo es destruir lo que no podamos capturar con las naves remolque. Allí hay sesenta y seis propulsores de tecnología luxoriana. Su valor: doscientos millones de univs cada uno. —Claudia hizo una pausa para que pudieran asimilar sus últimas palabras. Bajó la mirada, pensativa, un momento y luego—: Yo no soy korania pero, como muchos en la galaxia, he sido víctima de Finsen y Sabbathco. Mi familia fue destruida junto con mi mundo. Sabbathco creó al Arcontado para dominar la galaxia a través de los Hiperpuentes y el Univ. Abarcarán los cinco niveles de civilización conocidos: los Mundos Bárbaros, sin tecnología espacial pero con materias primas; los Mundos Subespaciales, aún sin gobierno global; los Mundos Lejanos, aquellos no agremiados, sin naves de largo alcance; los Mundos Anexados, con representantes políticos en el Congreso Galáctico unidos por hiperpuentes; y Las Naciones del Núcleo, los que gobiernan, tributarios de una sede común. Kora puede cambiar su status político de un solo golpe.
En esta oportunidad el recinto fue una cacofonía de llamadas, imprecaciones, ruidos de sillas arrastradas y dedos tecleando con frenesí notebooks.
Claudia contemplaba distraída los hologramas cuando tocaron su hombro.
Era A-Drián.
—Disculpa, pero... ¿Se avecina una cruenta matanza?
—Escucha —ella se volvió haciendo ondear la cola de su cabellera—. Es la única acción que se me ocurre para impedir que ese seiyón deje de asesinar planetas enteros.
—Veo su punto. Me tomé la libertad de diseñar el ataque junto con Blanco y Odayo para reducir las pérdidas de vidas al mínimo. El capitán del Supertzar me recomendó con elogios a su jefe.
—Claro que sí. Gracias a ti eliminamos a los que nos perseguían en Rosaem. Por cierto, ¿cómo es que pudiste ayudar a destruirlos? Los ojos café de ella lo hurgaron, sospechaba que la programación del robot no era tan rígida como la de los Fixer Instrumentos que ella conocía.
—En realidad sólo destruí artefactos. Los pilotos de los Embryon son considerados seres vivos porque les corre sangre por las venas artificiales y les late un corazón de goma. Su cerebro está reprogramado para obedecer órdenes a distancia. Verdaderamente son cadáveres fusionados con máquinas, acabar con su existencia fue un acto de piedad.
Ella respondió con una sonrisa de comprensión. En derredor los koranios conversaban vehementemente.
—Déjame ver el Plan... —pidió la chica.
A-Drián se quitó una placa pectoral de un centímetro de ancho. La intriga de la chica acerca del interior del robot volvió a su mente, pero no era el momento para eso. La placa era una pantalla de cristal líquido. La imagen la constituía un esquema del sistema planetario koranio, las órbitas de los tres únicos planetas y, en los bordes, el Puente hiperespacial y el astillero. Apretó un botón para dar comienzo a una animación: desde el segundo mundo partieron cuatro anchas flechas rojas. En su interior había nombres y leyendas.
En silencio el androide enseñó, por medio de gráficos, la táctica y estrategia a seguir.
—Hmmm... Veremos —dijo la duquesa dedicándole otra sonrisa.
Un holograma del planeta reemplazó al del Hiperpuente. El dibujo era político y geográfico. Cuatro anchas bandas púrpuras se formaron en la órbita. En la superficie del globo aparecieron decenas de puntos del mismo color.
Para sorpresa de todos, fue A-Drián quién comenzó la explicación.
—Las señales purpúreas son nuestros frentes. Cuatro en total. El primero operará en el planeta, reduciendo a las guarniciones arcontes en la superficie y en la órbita. Esta Fuerza de asalto estará comandada por el Aguandés, contará con los buques de asalto, los cazas “Mandbla” rambles, veinte naves cisterna y dos navíos Corresponsales. Después de recuperar el control del planeta escoltaremos a las estaciones de seguimiento hasta Kora 3, a unas treinta U.A. de aquí.
La astronave N.A.L.S.E. (Nave de Amplia Localización en Sección Espacial) provista por los sirianos y la Estación A.A.T.N.I. (Alerta y Análisis de Taquiones y Neutrinos), de nuestros aliados en Pandior, seguirán el desarrollo del combate. Los buques Tanque se mantendrán en permanente contacto con ellas para reaprovisionar los frentes. Las naves de este grupo actuarán como refuerzos de los otros frentes con el crucero Cornucopia como nave comandante.
Bob intercambió un gesto de suspicacia con Cendoo.
Qué oportuno para el Aguandés, quedarse atrás mirando cómo nosotros nos batimos con los arcontes, sonrió Roberto.
—El segundo Frente de Asalto lo dirigirá Odayo —prosiguió el robot—, quien partirá tras la señal del Aguandés, cuando los arcontes hayan sido expulsados del planeta. Su flota será el grueso de la Hermandad Estelar: treinta cruceros de abordaje, veinticinco naves rambles, variados navíos subespacio y diez Remolques pesados pandioreses. Orbitarán Kora Tres, catapultándose por la ventana de lanzamiento hasta el Astillero Espacial, y asaltarán requisando todo lo que pueda utilizarse. El buque líder será el crucero de Odayo: Guerrero Antiguo.
El líder Ramble alzó una mano enguantada para hablar, su casco no era idéntico al de los otros monjes. De color negro lustroso con filtros de diseño artístico, aparecía más amenazante. La bufanda lila tenía apliques de bronce y obsidiana. El peto que cubría el pecho era de oscuro metal con zafiros y esmeraldas, emanaba un aura de amenaza, autoridad y misticismo.
Odayo le concedió la palabra.
—Pondré a disposición de esta campaña cincuenta de nuestros fieles —dijo el Ramble—. Son los mejores pilotos y sus naves han sido consagradas al Dios Amo. Los Rambles amamos Kora, es el único hogar donde podemos practicar nuestro estilo de vida. Nuestros cazas Mandbla viajan a una U.A. por hora y su autonomía es de un alcance mayor que los Embryon. El armamento es un conjunto de distintas tecnologías, producto del Contrabando y acuerdos con el bajo mundo. La Planta motriz tiene cinco reactores Sclibbich 7.7. Nuestros transportes pueden llevar al teatro de operaciones diez “Mandbla” y reaprovisionarlos por lo menos una vez —hizo una seña de adoración personal y concluyó—: Venceremos y tomaremos lo que es nuestro por derecho.
La última frase espantó a Bob y a Odayo, quienes desde niños consideraban a los Rambles como demonios que infectaban su mundo. Lo cierto era que ya pertenecían al folklore del lugar, les gustase o no.
—Continuaremos con el Tercer Frente de Asalto —prorrumpió el robot—. Con Cendoo comandando desde su nave, Ensalada de Rata, la flotilla de ataque contra los escuadrones “Embryon” que patrullan el Hiperpuente. Esta Fuerza consta de quince cruceros tipo Yutang Zin, diez Lanzaderas artilladas de Comandos cinianos liderados por Cush Dodanim, cuatro Bombarderos subespacio, también cinianos, y ocho estaciones misilísticas de Sirio.
Junto con ellos irán las naves del Cuarto Frente, el destinado a atacar los Neutralizadores de Hipercampos. Aguardarán a que las instalaciones del hiperpuente sean tomadas por los comandos, es la única forma de asegurar que los arcontes no programen la autodestrucción. Una vez roto el bloqueo, el Supertzar de Bob Blanco, veinte cazas rambles escogidos por su pequeñez e inimitable maniobrabilidad y diez Lanzaderas cinianas destruirán la mitad de los neutralizadores.
Ante la afirmación hubo varios comentarios de disgusto y desaprobación. A-Drián se apresuró a aclararles:
—Los Comandos Cinianos abordarán, por infiltración, las secciones de Mantenimiento y Control del sector de traslado hiperespacial. El resto no nos será útil y por ello debemos destruirlo. Así debilitaremos el funcionamiento del Hiperpuente impidiendo que puedan trasladar refuerzos a este sistema. El Arcontado tiene dispuestos muchos destacamentos en los otros Hiperpuentes de la galaxia. Una vez concluida su tarea, los Frentes deben regresar lo más rápido posible.
—¿Por qué? —dijo uno de los Padrinos.
—No sabemos qué puede ocurrir si el Hiperpuente es dañado. Puede haber dispositivos de autodestrucción automática, un seguro contra acciones del tipo que vamos a realizar. Podría causar hiperexplosiones en cadena que desintegrarían todo en diez U.A.s por cuadrante, quizás. El peligro es posible aunque improbable.
—¡Jhael! —expresó Cush Dodanim.
Un clima de expectación carcomió los cerebros en el salón mientras las luces parpadeaban encendiéndose. Bob Blanco se aproximó a Odayo.
—Jefe... ¿Está seguro de ir personalmente a esta batalla?
—Por supuesto, Bob —lo miró directamente a los ojos—. No quiero que nada falle. Además, los Rambles y el Aguandés estarán allí. Mentí al decir que no había botín; el premio será influencia política.
El corsario se cruzó de brazos y observó maliciosamente a la multitud que se retiraba para organizar el ataque.
El texto y las ilustraciones son propiedad de M.C. Carper Leer el capítulo siguiente: 26. La hermandad Estelar despega Leer todos los capítulos Sobre el autor: M.C. Carper Add as favourites (2) | Cite este artículo en su sitio | Views: 284
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