El
Protocolo de Kioto (o Kyoto) nunca me ha gustado ni pizca. Contiene errores tan obvios que ya da palo criticarlo tanto. Parecemos conspiranoicos. Menos mal que de vez en cuando alguna autoridad reconocida internacionalmente acude a
Nature o
Science a alertar acerca de alguno de estos errores cuando la amenaza que se cierne es inminente, sobre todo al notarse ciertos movimientos en las políticas y los mercados energéticos, y le da un revés al IPCC.
El penúltimo caso fue el del
biodiésel y ahora ocurre algo similar con la
biomasa (conceptualmente vienen a ser parecidos), que había pasado desapercibida porque el protagonista siempre es el combustible líquido, el carburante, lo que va a parar al automóvil. Pero, ahora que llega el frío y ya que se había salvado del linchamiento de su primo oleaginoso, la biomasa este año estaba siendo objeto de campañas publicitarias (y subvenciones, ayudas...); en fin, que se hablaba de esta antiquísima fuente de energía y las empresas y ministerios de varios países habían puesto sus ojos en ella. Entre ellos el nuestro de Industria. Como muestra, un botón:
Hace unos meses un conjunto relativamente numeroso de ilustres investigadores procedentes de diferentes universidades se puso de acuerdo para publicar en
Science un artículo que apareció en el número del 23 de octubre en la sección "
Policy Forum". El título del artículo es “
Fixing a Critical Climate Accounting Error” (que traduzco más o menos libremente como "Reparar un error de contabilización crítico para el clima") y su resumen está disponible en el enlace
Science Vol. 326, 527-528 (2009). Lo que viene a decir el artículo en el interior es que
en el Protocolo está mal concebido el cálculo del balance de carbono para el uso de la biomasa, y que eso podría suponer un (literalmente) "incentivo perverso" e
inducir a prácticas abusivas por parte de los países industrializados, todo ello dentro de la legalidad. Pero al mismo tiempo que le dan el revés al Protocolo, estos científicos son gentiles y positivos y hacen hincapié en que este error se puede corregir.
Resulta que
el balance de carbono de la utilización de la biomasa generada en países en vías de desarrollo se considera nulo (lo fijado menos lo emitido es igual a cero) según el sistema de cálculo usado en el Protocolo. Y esto, aunque en cómputos estequiométricos directos es cierto,
no refleja la realidad, ya que al retirar la biomasa de un terreno se degrada el suelo, que es incapaz en lo futuro de fijar la misma cantidad de CO
2 que antes de la tala, limpieza y conversión de dicho terreno. Es lo que se llama "
emisiones por uso del terreno", que el IPCC (el famoso Panel Intergubernamental del Cambio Climático que recibió el Nobel junto a Al Gore y maneja el cotarro de forma oficial) no tiene en cuenta para el caso de los países en vías de desarrollo, como medida de compensación para ayudar a los desfavorecidos. Y ahí es donde se enturbia el asunto, ya que las empresas o países que tengan problemas de exceso de emisión de CO
2 (los industrializados) y no quieran o puedan comprar derechos o simplemente deseen no ser multados, lo que pueden hacer es
importar biomasa barata del tercer mundo. Es decir, provocar que las selvas se talen aún más, o que se siembre "biomasa productiva" donde antes había vegetación autóctona. Esto, llevado a la práctica de forma masiva, y pensemos que hablamos de fuentes de energía, podría conducir a
un desastre ecológico sin precedentes.
Se podría escribir una novela apocalíptica con este argumento central. Y no tan novela, porque nuestro
Ministerio de Industria (y Turismo y Comercio) parece haber adoptado o bien la idea de importar
biomasa del tercer mundo o la de que nosotros somos el tercer mundo, ya que nos ha estado anunciando a bombo y platillo las bonanzas de esta fuente de energía renovable, sostenible y limpia, cuyo balance de emisiones de carbono asegura que es neutro (cito textualmente a partir del enlace anterior):
Pero a pesar de todo, lo que más me gusta es el lema del anuncio de televisión que he puesto al comienzo y que he usado como título: "La energía que nos da la naturaleza con lo que a ella le sobra". Sin comentarios.
En fin. Saliendo de España y volviendo al mundo, no sé en qué se ha quedado este asunto tras la reunión de Copenhague, pero visto lo visto y sabiendo que casi todo lo hablado este mes en la capital danesa ha quedado en bombos mutuos y adoptar acuerdos futuros (es decir, agua de borrajas), posiblemente la cosa haya que modificarla "a pelo" y no en el marco de un putativo nuevo compromiso entre jefes de estado. Esperemos que, sea como sea, se revise este (otro) error de Kioto.
Y cuidadín con las campañas publicitarias, que la biomasa es una fuente alternativa de energía y puede -y debe- ser usada, pero ni a granel ni bajo lemas y panfletos informativos tan bonitos como engañosos.
Por cierto. En general rechina cuando en la propaganda de una fuente de energía llaman a lo demás "los combustibles convencionales". Pero es que en este caso, ¿hay algún combustible o fuente de energía más convencional que la biomasa?