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Enfrentamientos de los Dioses I - La caída de los monárquicos (caps. 29 y 30) - M.C. Carper Imprimir E-Mail
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Ficciones - Novela: Enfrentamientos de los Dioses
Escrito por Hari Seldon   
miércoles, 30 de diciembre de 2009

Enfrentamientos de los Dioses I - La caída de los monárquicos - M. C. Carper

 

 

29. TEMPESTAD DE METEORITOS
 
 
La onda de choque hiperespacial avanzaba, siguiendo al Supertzar. Arrastró los restos del Astillero Espacial y convirtió en asteroides al pequeño Kora IV. Las naves aterrizaron en la cara opuesta de Kora III y en el lado iluminado por la explosión hubo destrozos geológicos; la lluvia cósmica duró días, pero su mayor furia ocurrió en las primeras dos horas.
Cayeron muchos meteoritos, carcasas de astronaves y fragmentos de acorazados N.I.B.
Después de la lluvia el sitio quedó desolado y, con el esfuerzo de años, los despojos fueron llevados al Cementerio de naves.
Cetar, el aguandés, rindió honores a Odayo y fue elegido gobernante del Chiquero Galáctico. Sus hombres, con ayuda de los técnicos cinianos, A-Drián y obreros rambles, repararon el Puente para comerciar con otros Sistemas Fronterizos. Por supuesto el Hiperpuente quedó inutilizado durante mucho tiempo. Los técnicos foornaxios colaboraron voluntariosos en su restauración a cambio de ser liberados. Mas tamaña construcción espacial era lucrativamente provechosa para astutos comerciantes como los koranios. Primero fueron los gemólogos quienes se instalaron allí para aprovechar las condiciones de distintas gravedades y el vacío. Desde hacía siglos nadie superaba la fama que tenían en reproducir de manera artificial las más exóticas joyas. Les siguieron sin demora los usureros y los artesanos. Muchas fábricas de construcción explotaron los asteroides que ahora vagabundeaban en el sistema, algunas instalándose permanentemente en el Anillo. Kora no tuvo visitas oficiales del Arcontado hasta tres años después, cuando las necesidades económicas y comerciales se sobrepusieron al odio y la venganza de Finsen. El aguandés los recibió con muchos tratados planetarios que firmar. Aquello le demostró a Claudia que el Seiyón era prisionero de las burocracias, a pesar de gobernar la galaxia.
Desde entonces se celebran la Independencia de Kora y el Día de la Lluvia Cósmica en la misma semana.

 
 
 
 
30. FESTEJOS
 
 
Todos los koranios que habían participado en la batalla estaban en Rishga Zalum, al borde del Cañón de Meridiano, con La Herida de Óxido perdiéndose en el horizonte.
Bob y sus compañeros, como todos los demás, consumían aguacashasa. Hasta los rambles se mostraban alegres con los cinianos exiliados y los híbridos. Desde un estrado, Cendoo hablaba a los presentes, narrándoles la batalla, mientras P.L.P.S. registraba todo con su ojo-cámara y A-Drián lo compilaba en archivos de su memoria. El encuentro con el Hablante había significado un cambio en todos sus razonamientos. Ahora tenía la certeza de que había un plan con poderes que superaban la capacidad de los habitantes de la galaxia; al mismo tiempo concluyó que debía ser cauto con la mención de su experiencia, aunque, al contrario que los demás testigos, él había registrado una extraña energía que se disponía a analizar con P.L.P.S.
Cendoo continuó haciendo descripciones pintorescas, con alusiones personales e imitaciones. Era un presentador nato que daba un toque jovial a la fiesta. Era una ocasión sin igual para la pequeña nación fronteriza. Varios mundos habían enviado mensajes por hiperonda en señal de apoyo, incluidos los planetas del Arcontado. La noche anterior, A-Drián había contado su experiencia a Cush Dodanim y a Claudia. El jhaeliano lo tomó como una señal, en cambio la duquesa prefirió no dar su opinión.
La joven tenía otros asuntos ocupándola, después del asalto al hiperpuente, la pena por las pérdidas volvía. No obstante, con un hijo en camino, su dolor se veía mitigado; extrañaba a Ernesto y a Cinia Capital.

El Supertzar y el Ensalada de Rata estaban aparcados juntos, en una plataforma allende el escenario. Cualquiera podía acercarse a observarlas. Necesitaban muchas reparaciones, pero funcionarían. Ambas astronaves eran conocidas por todos los habitantes del planeta. La intervención ciniana y pandioresa fue tratada como chismes o murmuraciones a propósito para ocultarlos de las autoridades arcontes, la mayoría no podía quedarse en Kora y a nadie le convenía estar involucrado. Cush Dodanim se las arregló para no dejar ninguna huella de su presencia en la batalla, pues Von Essger le había ordenado infiltrarse en el Arcontado y eso haría.
Los corsarios del espacio aclamaban los comentarios de Cendoo con ruidosa algarabía, lanzando garrafas de aguacashasa al aire. En un rincón, Cetar contemplaba el acto, custodiado por diez guardias. Le agradaba el ambiente pero no los soportaba mucho tiempo.

Apartada y observando el abismo, Claudia Monteagudo, duquesa de Pandior, se mostraba melancólica. Vestía una costosa indumentaria de su planeta. Toda blanca. Colgando del cinto de oro lucía el sai de Cristal, al que había incorporado como símbolo de su apellido, y sostenía el cabello con una red de piedras preciosas. Aunque conservaba la belleza, su mirada era diferente y sus rasgos se habían redondeado por el embarazo. Apoyó sus manos en el marco del inmenso ventanal que daba al exterior.
Los años se abren ante mí con infinitas posibilidades. Pero... ¿por qué sólo puedo elegir un único camino? ¿Es esta la tortura de conocer un Poder y no tener posibilidad de utilizarlo? ¿Me veré siempre privada de esa ansiada cosa llamada felicidad? Aquí están todos, felices en su ignorancia. ¡Ah! ¡Bendita ignorancia! Aunque no, prefiero saber. Por más dolor que me provoque, prefiero saber. ¿Y qué opción tengo después de todo? Los dioses me escogieron para que fuera una como ellos, un destino que no tienes posibilidad de rehusar. Lo más insoportable es la soledad que siento. Ningún jhaeliano puede comprenderme y yo menos los entiendo a ellos. ¡Tan atados por esas antiguas costumbres! Humana o no, mortal o inmortal... disfrutaré de lo que me queda de vida.
Se volvió al oír pasos a su espalda.
Era Bob.
—Tendrías que unirte a los otros, es una fiesta —sonrió él—. ¡Lo logramos!
Ella sonrió. ¿Qué podría decirle? ¿Que su vida había cambiado para siempre? ¿Que viviría exiliada y perseguida hasta terminar con Finsen? ¿Que ella no podía cerrar los ojos para ignorar lo que veía? Volvió a sonreír y le dijo:
—Eres una buena persona, Roberto —se le acercó y lo besó tiernamente—. Lamento que te vieras envuelto en estos líos.
—Pero... Si todo ha terminado —sonrió él, perplejo; estaba seguro de que el Arcontado se olvidaría de su nombre.
Podía ser verdad, pero Finsen jamás borraría de su memoria a la duquesa.
Claudia bajó los párpados.
Si supieras que apenas comienza.
Vio que se acercaban Cush Dodanim y A-Drián-0.
—Ve con los muchachos —pidió la chica—, ya me uniré a ustedes.
 
Reflexiones en Rishga Zalum. Enfrentamientos de los Dioses
 
Roberto le obedeció. Su mente era susceptible a la obediencia. Lo supo porque sólo tuvo que desearlo para que él se retirase a hacerlo. En ocasiones anteriores le había hablado directamente a la mente para verlo hacer sus deseos, así le ayudó a aminorar su congoja por la muerte de Rylliu y el lagornio, era involuntario. Cush le advirtió que era mejor no tener esclavos mentales, solían perder la voluntad y era una de las aberrantes costumbres de los dimaneses. Todas esas alusiones religiosas le sonaban a inventos. Nunca se lo mencionó al ciniano, pero sospechaba que Sálvat opinaba como ella, tres mil años atrás.
—¡Alégrate! Ya ha terminado —rió Cush con una amplia sonrisa lobuna.
—No. Ha comenzado —dijo enfrentándolo—. Este fue sólo el Primer Enfrentamiento de los Dioses —miró hacia la nada para agregar—: y yo nací en esta época.
—Pero vencimos, Claudia, y este robot —señaló a A-Drián— es testigo de una manifestación del Hablante. Nut se ha comunicado con un mensaje codificado, estará aquí en el primer viaje que realice el Hiperpuente en reparación.
—Lo sé, pero... todos somos manifestaciones del Hablante. Él nos enseñó que todos somos dioses. ¿O te olvidaste? —La amargura del comentario no pasó desapercibida para Cush.
—¿Qué acontece?
—Voy a tener un hijo, Cush —ella quería conocer su reacción, las dudas la estaban consumiendo. Siempre consideró a su amante una diversión, un niño pedante que vivía en un mundo de ideales oxidados.
—Hmm. —El jhaeliano no encontró palabras, nunca había imaginado algo semejante.
—Espero que sea de él —dijo ella, mirándolo directo a los ojos.
 
Enfrentamientos de los Dioses, por M.C. Carper
 
—Yo también —murmuró Cush con calidez y sinceridad—. ¡Vamos! La gente de Kora tiene algo para ti. —La tomó del brazo para guiarla hacia el estrado. Pasaron junto a Drián. El robot la miró como queriendo hablarle, pero el momento se esfumó y sólo inclinó la cabeza.
Ya encontraremos un momento, amigo, pensó ella.
Cush corrió llevándola de la mano y subieron donde estaba Cendoo. Este decía en ese momento:
—¡Y aquí está la persona responsable de la Victoria! ¡La Dama Blanca de Pandior!
—¡Viva la Dama Blanca! —vitorearon.
—¡Viva Libre!
—¡Viva! ¡Viva! —se oyeron en distintos sitios de la multitud.
—Hoy —prosiguió Cendoo—, le otorgamos la ciudadanía de Kora y un ducado a su nombre. Además, la libertad de recorrer cualquier lugar de este sistema. En cualquier época, hasta su tercera generación.
La multitud estalló en aplausos y vítores.
Claudia hizo una reverencia y todos la ovacionaron.

 

 

FIN DEL PRIMER LIBRO

 

 


El texto y las ilustraciones son propiedad de M.C. Carper

 

Leer todos los capítulos

Leer los Apéndices y el glosario

Leer el segundo libro: Enfrentamientos de los Dioses II

 

Sobre el autor: M.C. Carper






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