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Mantis ensangrentadas - Francisco Javier Masegosa Ávila Imprimir E-Mail
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Ficciones - Relatos
Escrito por Francisco Javier Masegosa Ávila   
domingo, 03 de enero de 2010

 

Una de las pesadillas de cualquier persona infiel es, sin duda, que la descubra su pareja. No es el caso. Puede haber pesadillas mucho peores. Y pueden convertirse en realidad.

Mantis ensangrentadas es un relato de Ciencia Ficción terrorífica que nos brinda Francisco Javier Masegosa Ávila. Con él recuperamos la sección de relatos, que estaba parada desde este verano por causas mayores.

 

 
MANTIS ENSANGRENTADAS

 

Despierto con un sobresalto y compruebo aterrada que me encuentro ante una pesadilla peor que la de mis sueños. Las sábanas de satén azul están empapadas en sangre que rezuma estrepitosamente por todos los costados. No me atrevo a mirar, un bulto inerte comparte mi cama en silencio. Vienen a mi mente imágenes atroces. Cuchillos hundiéndose en la carne; cortando, rajando, cortando, rajando… Una y otra vez se repiten las mismas visiones y no dejan de atormentarme.
Con la mano ensangrentada y un temor que se acrecienta, me dispongo a destapar el misterio. Cuando empiezo a vislumbrar su cabeza inerte, arcadas de asco y oleadas de vómito me sorprenden. No sería capaz de contar las cuchilladas. Su cara es prácticamente irreconocible: una de sus mejillas cuelga tan solo de un trozo de pellejo y su globo ocular derecho está totalmente reventado. ¿Quién puede haber hecho algo tan atroz? Soy incapaz de seguir destapando y las nauseas se suceden.
Bajo de la cama, desnuda y teñida de rojo. Casi pierdo el equilibrio, el suelo está húmedo. Me doy cuenta de que no es agua; ahora ni siquiera me atrevo a mirar hacia el piso. Pero las paredes… Las paredes están totalmente cubiertas de símbolos garabateados con sangre que se me hacen inteligibles. Intento pensar, tengo que serenarme. Apenas conocía a este tipo, fue un polvo casual, si eso puede ser casual. ¿Cómo pudo pasar esto? El teléfono, la policía… No, no… Henry no puede saber que estuve aquí; qué sería de mí, de mi vida. Tengo que calmarme, tengo que pensar, pensar…
Paso un momento de pánico cuando me observo en el espejo del lavabo, apenas me reconozco… ¿Y si estoy herida?… Palpo mi cuerpo con el temor de encontrar algún corte, pero no, no tengo un solo rasguño, toda la sangre es de él, de mi improvisado amante, ahora muerto en la cama. La ducha me relaja un poco y limpia de mí su esencia vital; casi siento alivio cuando veo que el agua aclara mi piel y se lleva por el desagüe las pruebas de que estuviera en la cama.
Me visto con dificultad, todavía me tiemblan las piernas. ¿Quién coño se lo habrá cargado? ¿Y por qué sigo viva?... No lo entiendo, pero a pesar de que estoy aterrada no voy a dejar que descubran que estuve aquí. Si consigo salir sin que nadie se fije en mí, no podrán relacionarme con el muerto; al fin y al cabo solo follamos una vez, ni siquiera sabía mi nombre y yo ni recuerdo el suyo. Si me voy no encontrarán nada que me incrimine y podré seguir mi vida al lado de Henry.
Salgo por la puerta con sigilo mientras miro por última vez su rostro desfigurado y sin vida. Su expresión es terrorífica, presiento que sufrió mucho antes de morir. ¿Cómo puede ser que no escuchara nada?, solo esa maldita pesadilla que ya casi ni recuerdo… Es lo único que me queda de esta noche maldita. Solo imágenes inconexas que aturden mi mente.
Cuando abro la puerta de la habitación se me hiela el alma, el pasillo del hotel está decorado con sangre. Los mismos garabatos grabados de la habitación, pero por todas partes. Cuerpos descuartizados, como aparecidos de las antesalas del infierno, adornan todos los pasadizos. Esto tiene que ser una puta pesadilla, no puede ser verdad. Tengo que pasar por encima de de todos esos cuerpos sin vida, pero he de salir de aquí, tengo que hacerlo. Intento evitar pisarlos pero hay tantos…  Piso uno de los cadáveres y vuelvo a sentir arcadas cuando mi peso hace crujir sus huesos. El corazón me palpita con fuerza, ahora ni siquiera me importa demasiado que Henry se entere de mis infidelidades, quiero huir de este infierno. De todas formas, seguro que pronto lo sabrá todo el mundo. Sí, habrá cientos de cámaras, ambulancias, policía… Todos ellos estarán esperando a las puertas. ¿Cómo puedo pasar desapercibida entre tantos muertos? Cuando salga por las escalinatas me interrogarán y saldré en todos los canales de televisión. Mi matrimonio está acabado… Pero, ¿por qué no dejo de pensar en banalidades? ¿Y si el asesino está aún aquí, acechándome, esperando…? ¡Demonios, ni siquiera funcionan los ascensores! Esto no puede ir peor, por las escaleras también hay cadáveres. Me cuesta respirar, tengo que calmarme…
Sí, he de respirar despacio, esto no puede ser más que una pesadilla. Dios mío, eso es una cabeza y ahí esta el cuerpo, colgando de la barandilla. Paso por su lado intentando cerrar los ojos, pero es un error, me tropiezo y caigo precipitadamente por la escalera. Apenas me duele el golpe, pero es repugnante, un ejército de cuerpos sin vida ha amortiguado el golpe. Vuelvo a estar ensangrentada hasta las cejas… Henry… Qué pensará Henry de mí cuando salga de aquí y me saquen en las noticias. Ya puedo ver los titulares: “Una mujer sobrevive a una masacre en un conocido hotel de citas”. No, he de dejar de pensar en tonterías, aún no he salido de aquí. Creo que puedo oler cómo me acecha la muerte tras cada recoveco. Por fin se acabaron las escaleras, estoy en la recepción. Esta pesadilla no tiene fin, aquí también hay un reguero de cadáveres y muchos están tan descuartizados que alrededor suyo se mezcla la sangre con las vísceras.
Corro como si el diablo se intentara llevar mi alma y atravieso el hall intentando mirar hacia ningún lado. El pecho me arde, creo que me va a explotar el corazón. Nunca había sentido tanta excitación. Las puertas correderas de la entrada se abren a mi paso, por fin puedo huir… Un momento, no… ¡NO!
No puede ser verdad. Las calles, los edificios… todo está lleno de sangre y muerte. Los cuerpos descuartizados se disgregan hasta donde me alcanza la vista. Los vehículos permanecen inmóviles, es como si se hubiera parado el tiempo. Me arrodillo en el suelo e intento escuchar algún sonido, alguna pista que me diga hacia dónde ir, pero sólo encuentro como respuesta el silencio, el silencio que delata a la muerte. Cientos, miles de signos incomprensibles de tonos rojizos se agolpan en las paredes de muchos de los edificios y en la calzada. No puedo entenderlo. No sé qué ha desencadenado todo esto, pero aún comprendo menos cómo puedo seguir con vida. Supongo que debería estar tan muerta como esta gente. Si al menos hubiera alguien más… Me siento tan sola… ¡Claro! Henry, él sabrá qué hacer.
Dentro de lo macabro de la situación, no todo es tan negro, la mayoría de los vehículos llevan las llaves puestas. Lo malo es que en el interior también están sus dueños, o al menos lo que queda de ellos. Vuelvo a sentir un asco ancestral, pero abro la puerta de un coche y dejo caer a su dueño fiambre en el asfalto. ¿Y si es una epidemia?.. No, tonta… si fuera una epidemia los afectados no tendrían todos esos cortes ni amputaciones. Sigo sin entender por qué sigo viva, esto no lo ha hecho un solo asesino, es imposible. Parece como si algún tipo de horda demoníaca… Pero que digo… Estoy divagando de nuevo, menos mal que el coche arranca a la primera. No puedo evitar vomitar todo el salpicadero cuando unos restos de sesos del antiguo ocupante se enredan en mis cabellos. A pesar de todo no dejo de conducir. Esto supera mi comprensión, estoy a punto de tener un ataque, todas las calles están igual, llenas de muertos y esos símbolos extraños por cualquier rincón. ¿Hasta dónde llega esta locura?, no lo soporto.
Mi casa, al fin veo mi casa. ¿Por qué me siento tan intranquila? Nunca me había pasado algo así, pero las imágenes inconexas de la pesadilla vuelven con fuerza a mi mente. ¡Dios mío, me veo a mí misma apuñalando a Henry! No puede ser, eso es del todo imposible. Es solo un mal sueño. Bajo del coche y me acerco a la casa con sigilo, estoy muerta de miedo. Veo que mi porche está repleto también de esas malditas escrituras en sangre. Me temo lo peor, pero tengo entrar y comprobar si él está bien. No puedo evitar que las lágrimas se derramen por mis mejillas, presiento que Henry ha sufrido la misma suerte que los demás. Ahora caigo en algo en lo que no me había fijado antes: entre los asesinados no he visto ninguna mujer. Ni mujer, ni niña, ni anciana alguna. ¡Qué extraño! Es algo tan rocambolesco… Entro y un grito de horror emana de mi garganta, Henry está degollado en el sofá. Tiene incontables heridas de algún tipo de cuchillo por todo el cuerpo. Es tal y como recuerdo de la pesadilla. Sí, esto despierta las imágenes de la pesadilla. Me cuesta coger aire, allí era yo quien le apuñalaba. Salgo al exterior del porche mientras me martillean las sienes y fuerzo a mis pulmones a que me den un poco más de aire. Tengo que pensar… ¿Qué coño pasa aquí?
Estoy perdida. Sé que no sirve de nada, pero lloro desconsoladamente en medio de la acera, necesito saber qué tipo de broma macabra es esta. ¿Y si estoy muerta? No. Imposible, a los muertos no les duelen los moratones y yo tengo unos cuantos de cuando caí en el hotel. No me atrevo a moverme de aquí. Tengo sueño. Mucho sueño. Creo que…

Despierto con un alarido que resuena por los porches colindantes. No ha sido una pesadilla, todos siguen muertos y el silencio reina en las calles. Debo haber dormido unas cuantas horas, porque está anocheciendo y la luna se alza en su cénit. No sé a dónde ir, pero no podría volver a casa. Tengo grabada en la mente la imagen de Henry degollado. Pobre Henry, yo le quería.
Un momento. Escucho gritos. No deben de venir de muy lejos, como mucho parecen sonar a dos o tres manzanas. Corro con una desesperación creciente, parece que después de todo hay alguien más en la ciudad.
Me falta el aire de nuevo, no estoy acostumbrada a correr tanto, y hoy, además de ser el peor día de mi vida, no paro de ir de aquí para allá.
Joder, ¿pero qué coño…? ¿De dónde han salido todas? Cientos… miles de mujeres salen a las calles con objetos relucientes. Estoy acojonada, pero creo que el tipo ese que persiguen lo tiene más crudo. Buff, ya lo han atrapado. Es terrible, lo ensartan con cuchillos una y otra vez. Me estremezco. ¿Qué cojones pasa aquí?, cada vez entiendo menos toda esta locura.
¡Mierda, me han descubierto! Aquí no hay huida posible, la mujeres asesinas controlan todas las calles. Intento cruzar la calzada con rapidez para intentar alejarme lo más rápido posible. Corro y corro de nuevo para intentar esquivarlas, estoy acojonada… Me rodean, estoy muerta, sus cuchillos relucen con la luna. No, no… no os acerquéis a mí. ¡Joder, han bajado las armas y encima me sonríen con caras de posesas! Creo que me va a dar un colapso, y además no entiendo nada de lo que pasa. Las letras en sangre parece que brillan en la claridad de la noche. Estoy jodida, seguro que esto es algún tipo de infierno. ¿Qué coño he hecho yo para merecer esto?
Ahora una de las zorras posesas me ofrece un arma. ¿Pero, qué…?

Ahora, los garabatos en sangre cobran sentido para mí. Son palabras de odio hacia los hombres. Mientras siento el metal en mi mano, se desata en mí una rabia incontenible: odio a Henry, odio a todos los hombres. Matarlos es la solución,  solo eso puede aplacar mi sed de sangre… Matar a todos los hombres; matar, matar… Es lo único que importa, no puede quedar ninguno con vida.


* * *


—El experimento ha sido un éxito, le felicito.
—Fue muy fácil, son una especie muy manejable. Las feromonas modificadas pueden ser muy convincentes. Creo que, aplicando las dosis adecuadas una noche más, no quedará un solo hombre vivo en todo el planeta. Estoy muy satisfecho y le agradezco sus felicitaciones.
—Desde luego, hemos empezado esta invasión con buen pie, con los machos de las especies eliminados todo será muy fácil.
—Sí, pronto la dominación será absoluta y, lo más importante, sin una sola baja. Recuerde que cuando atravesemos la distorsión a través de los portales dimensionales seremos vulnerables. Por desgracia, aún no hemos podido solucionar el traslado de materias inertes.
—Las hembras no serán ningún impedimento, después de su perdida estarán tan desorientadas que se someterán a nosotros sin ningún problema.


* * *


Joder, joder, joder… ¿Qué coño ha pasado? Estoy rodeada de cientos de tías ensangrentadas que parecen tan perdidas como yo. ¿Alguien me puede explicar qué hacemos aquí? Henry, pobre Henry, yo misma le asesiné con el cuchillo de cocina. Puedo recordar cada detalle de su rostro. Sí, veo en mi mente su cara de sorpresa mientras hundía el acero en su pecho, una y otra vez. La imagen me atormenta, me persigue… Las otras mujeres también parecen haber pasado por traumas parecidos, quizás peores. Una madre explica cómo ahogó a su hijo con sus propias manos. Es algo tan atroz, tan inconcebible… Esto no es natural, alguien nos ha manipulado.

¡Pero, esto no puede ser! Del cielo emana una especie de ondas de energía de donde salen unos tipos desnudos rarísimos. Tienen unos rostros deformes, que me recuerdan a insectos. Se acerca a nosotros un grupo de ellos. Qué asco, sus brazos y piernas son alargados y peludos y sus torsos apenas recuerdan al de un hombre. Por las oquedades de energía, que parecen salidas de la nada, salen montones de ellos, parece una puta colmena. Uno se dirige a nosotras, su voz es casi ininteligible pero se puede entender lo que dice:
—Los Zey reclamamos este mundo, os ordenamos sumisión y…
El bicho asqueroso no tiene tiempo de acabar la frase, las mujeres más cercanas lo acuchillan una y otra vez con los ojos encendidos en furia. ¡Qué asco, su sangre es verdosa, como la de los saltamontes! El resto del bichos cambia de rumbo, como intentando huir de nosotras, pero ya es tarde. Las hojas de los cuchillos caen sobre ellos, como si fuera una lluvia de puñales. Me siento posesa, furiosa, enfadada…, estas alimañas asquerosas han sido las que en realidad han matado a mi pobre Henry, ahora lo entiendo todo. Los perseguimos y descuartizamos hasta acabar extenuadas. Puedo sentir el odio de todas las mujeres hacia los asesinos de nuestros maridos, nuestros hijos, padres… Son débiles, apenas se pueden defender. Sus cuerpos, delgados y enclenques, se doblegan con facilidad. Parece que estemos deshaciéndonos de una plaga de langostas gigantes o algo así. Cientos… miles de mujeres enfadadas salen a las calles a combatir a las bestias venidas de la nada. Los masacramos, los destrozamos y acuchillamos como hicimos involuntariamente con nuestros hombres. No pueden resistir nuestro embate y vuelven por donde vinieron. Las oquedades de energía se forman de nuevo y desaparecen del cielo tal y como aparecieron.

Pobre Henry. ¡Bichos desgraciados! Mi único consuelo es que ya no podrá disgustarse por mis infidelidades.
 
 
Francisco Javier Masegosa Ávila, 2009

 


 








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