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Alcoi Zombie City. Capítulo 13 (2ª temporada) - Carlos Daminsky Imprimir E-Mail
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Ficciones - Relatos
Escrito por Carlos Daminsky   
jueves, 14 de enero de 2010

La sintiente y calculadora Jezabel, la Big Mammy que se ha erigido en líder indiscutible  de los zombies alcoyanos -entre ellos uno con muy mala leche que lleva una camiseta de AC/DC-, trata de asediar y dar caza a Paco y Zacarías. Veremos si lo consigue en esta entrega de Alcoi Zombie City.

Alcoi Zombie City, de Carlos Daminsky
 
 

 

ALCOI ZOMBIE CITY

-Capítulo 13 (2ª temporada)-

 

—¡NO! ¡No! ¡Menuda pandilla de alimañas hay afuera, tío! —señala con el dedo Paco hacia el descampado.
—¡Madre mía! ¡Ahora sí que la hemos cagado! —exclama Zacarías.
—Esto es muy extraño... Es como si se hubiesen organizado o algo así —comenta Paco.
—Sí que huele mal... y no es por el olor putrefacto que sueltan esos asquerosos y babosos —responde Zacarías.
En aquello momentos, escucharon alaridos demenciales que provenían del exterior. Gritos deshumanizados que en verdad ponían la piel de gallina, que reclamaban con desespero... Una demanda que podría haber sido algo así, si se hubiera podido traducir: Para dios tu alma y para mí tu carne...
—¡Zacarías, hay que parapetarse! ¡Vamos! ¡Rápido, colega!
—¡Tienes razón! ¡Vayámonos! ¡Esos bastardos zombis van a recibir plomo por un tubo si quieren nuestros pellejos!
Los dos corrían hacia arriba, jadeando, sudando el miedo que era el enemigo perpetuo de sus miserables vidas.

Ella. Un nombre. Jezabel. La Gran Madre. A su lado los canes zombificados sentados sobres las huesudas patas. Sus acólitos cadáveres tras ella. Un grotesco y abyecto ejército que parecía, por momentos, caerse a pedazos.
Enfrente está el edificio del supermercado. Una silueta silenciosa y polvorienta. Y allí hay gente... Estúpidos humanos... Y los humanos atraen a más estúpidos humanos. Oh, sí. Hay que empezar la caza.

Los dos corren. Saltan por encima del cadáver de su ex-compañero ejecutado. No hay tiempo que perder. Los segundos son como losas. El pasado es una fracción de segundo oscuro en el que no hay que volver a pensar.
—¡Para arriba, Paco!
Suben los escalones de dos en dos, lanzando improperios y otros dulces soeces en relación con el mundo ruinoso que los envuelve.
—¡Arriba, tío!
Cuando llegan al puesto de vigilancia, una especie de terraza en la fachada en la que hay montado un G28 con trípode, van directos al por el fusil automático.
—¡Déjame a mí, Zacarías! —le dice Paco mientras lo aparta a un lado.
Empuña el arma y apunta con la mirilla. De frente viene un grupo de muertos vivientes, sin prisa, contorsionándose como lerdos. O mejor dicho: como tontos del culo.
—¡¡¡Ahora vais a ver, hijos de puta malnacidos!!!
Abre fuego y la ráfaga a discreción levanta trozos de carne y huesos en la primera fila de marionetas podridas. Trozos amorfos y blandos salen disparados, un remolino de partes y órganos entremezclados que dilapida a los zombis.
—¡Olé ahí, Paco! ¡100 puntos! ¡Jajajajajaja! —exclama enloquecido Zacarías a la vez que se ríe.
—Ahora déjame a mí. Van a comer plomo esos mierdas.
Paco le cede el G28, Zacarías se sitúa en su lugar y, enrabiado, aprieta sin contemplaciones el gatillo de la letal arma.
Cuando se está casi corriendo de gusto reventando alimañas, el tambor de municiones se queda sin balas.
—¡Me cago en la puta...! ¡Se terminó!
—¡Da igual, tío! ¡Ahora con nuestros fusiles! ¡A freír a discreción!
—No vamos a dejar a ninguno en pie, a ninguno.
—Jajajajajajaja...

La Gran Madre contempla cómo los zombis van siendo derribados, despedazados, ante las ráfagas de las balas zumbadoras.
No le importa lo más mínimo. Eran las bajas necesarias para el señuelo. Porque aquellos repugnantes hombres iban a caer... Sí... Ahora incluso estaban disfrutando, pero eso les iba a durar muy poco. Jezabel acaricia a sus dogos y uno de ellos, al agitar su cola correosa, se le cae en pedazos.
Después, por el rabillo del ojo observa cómo el Zombi de la Camiseta de AC/DC se escabulle por un flanco junto a varios muertos vivientes. Perfecto.

—¡¡¡Tomad, bastardos!!! ¡¡¡Tomad!!!! —exclama Paco, mientras sus brazos se agitan por el impulso del fusil de asalto. El aire huele a quemado.
—Colega, esto no me gusta. Muy fácil —Zacarías para de disparar y se dirige preocupado a su compañero.
—Ummm... Puede que tengas razón —Paco también dejó de accionar el gatillo del G28.
—¡Seguro que esos hijos de puta nos están rodeando!
—A lo mejor... sí, tío. Estos actúan de una manera muy extraña. No como las otras veces en que nos hemos tenido que enfrentar a ellos... Estos me temo que lo premeditan...
—Hay que cambiar de lugar y rápido.
—Tienes toda la razón, Zacarías.
—Movamos el puto culo si no queremos acabar como esos mierdas asquerosos.
—Sí, eso de quedarnos fijo aquí me temo que no va a ser muy rentable para nuestros secos pellejos.
—¿Por qué no subimos más arriba?
—¿A la azotea?
—¡Sí!
—Vayamos allá.
—Ahí hay una escalera, así que adelante —Zacarías señaló los escalones metálicos que estaban acoplados a la pared de al lado.
Los supervivientes se fueron hacia arriba.

Mientras tanto, el Zombi de la Camiseta de AC/DC junto con un grupo de alimañas ha tomado una tubería de desagüe como sujeción para escalar. Pero no todos los cadáveres pestilentes tenían la misma agilidad para escalar que él. Así que algunos se caen al vacío, desparramados, con los huesos medio astillados. Y la horda que lo seguía queda mermada en número.
Los restantes le siguen como pueden hacia la azotea del supermercado, parecen una especie de negras arañas funambulistas.

—¡Vamos, Paco! ¡Rápido! ¡Hay que darse prisa, tío! —Zacarías ayuda a su compañero a acabar de subir, dándole la mano y tirando de él.
—¡Uf, uf! No me siento bien... Hostias...
—Ahora no des por el culo, colega.
—¡Joder, déjame en paz!
—¡Hay que revisar los bordes del tejado! ¡Mueve el trasero!
—Vale, venga, vamos a hacerlo.
—Tú mira por aquel borde y yo miro por este.
—De acuerdo, tío.
Los supervivientes, uno a cada flanco, se ponen a mirar por el borde, vigilando que no suba ningún zombi hasta allí arriba.
De repente, Paco, que asoma su fusil de asalto hacia abajo, nota un tirón.
—¡Me cago en la leche! —exclama horrorizado mientras una mano insepulta agarra el arma.

  

Carlos Daminsky, 2009

 


Creative Commons License
Esta obra se ha publicado en el Portal de Ciencia Ficción bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España.


 

 
  • Sobre Carlos Daminsky (semblanza, bibliografía, y relación de todos los capítulos de Alcoi Zombie City)
 




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