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De lo que trata esta reflexión sobre Avatar es de proporcionar una visión más o menos —bastante, en realidad— subjetiva sobre lo que pensaría un amiguete del coronel Quaritch acerca de la que al fin y al cabo es una historia de minería exoplanetaria que al ser filmada se ha tergiversado con el fin de remover la conciencia en las mentes más sentimentaloides y bienintencionadas, es decir aquellas que se proclaman antibelicistas y respetuosas con el medio ambiente. Algo que Quaritch, desde luego, no comparte. Pero buen rollito, ¿eh? 
Así que quien haya llegado hasta este artículo interesado en volver a leer la sinopsis oficial de la película, algo sobre sus posibles fuentes de inspiración (con y sin causas legales por plagio de tal y Pascual obra soviética del siglo pasado), las peripecias de James Cameron desde que terminara Titanic, la interesantísima elaboración del lenguaje na’vi durante cuatro años por un lingüista profesional o las excelsas posibilidades que nos brinda la actual tecnología del cine en 3D, me temo que deberá seguir buscando en Google.
(Aviso: spoilers)
1. Sí, sí, claro, salvemos Pandora. Y a nuestros descendientes, que les den
La sociedad del siglo XXII necesita con verdadera urgencia energía para que su desarrollo, progreso y prosperidad no se vean detenidos bruscamente y que la nuestra no acabe como tantas otras civilizaciones, arrasada por hordas de bárbaros y enterrada bajo varias capas de polvo milenario. En realidad el ser humano siempre ha necesitado energía. Muchísima energía. La utilización de la energía es la medida más directa del desarrollo y el progreso. Cuanto mejor queramos vivir, más queramos utilizar medios de comunicación y mayores comodidades pretendamos dejar a las generaciones futuras, más energía emplearemos. Y, créanme, los hombres del siglo XXII, como el coronel, sienten un gran aprecio por sus generaciones futuras y no desean otra cosa que dejar a sus descendientes el mejor posible de los legados.
A todo esto, resulta que en el sistema de Alfa Centauro, más específicamente en Pandora, la luna habitable de un gigante gaseoso (Polifemo) que orbita uno de los tres soles que componen nuestro sistema vecino más próximo, se detecta la presencia de enormes cantidades del elemento clave que nos brindará una fuente enorme de energía utilizable. Es decir, que a tan solo 4,2 ó 4,4 años luz, a tiro de piedra como quien dice, al menos en términos astronómicos, tenemos la mejor solución a nuestros problemas a medio-largo plazo: la clave de la fuente alternativa quasi definitiva de energía. Y además solo hay que agacharse y recogerla porque se presenta en forma de unobtainium, un mineral que se encuentra en enormes cantidades en el suelo de Pandora. Y en estado bastante puro, cabe mencionar, ya que el precio de lo que se obtiene directamente tan solo se duplica tras el proceso de refinado. El único obstáculo para ese “agacharse y recogerlo” lo constituyen los habitantes nativos “inteligentes” de Pandora, un puñado de vertebrados mamíferos muy feos, azules, muy siesos y con muy mala follá, tan retrasados que andan predicando las beldades de una chorrada del calibre de la hipótesis Gaia mezclada con chamanismos varios a los que nadie medianamente sano daría el más mínimo crédito, al mismo tiempo que se reúnen en retrógrados clanes, dictatoriales y jerárquicos, para decidir con quién se casa la mema de la hija del jefe, contra su voluntad o no, mientras juguetean con sus arcos y flechas y montan sus dragones de colorines.  Vale, pues al final se salen con la suya. En aras del buen rollito new age chillout han jodido a muchos miles de millones de seres humanos. Pero, claro, no importa. Si la gente se muere de hambre en toda la Tierra, qué más da. El bien ha vuelto a triunfar sobre el mal en una historia —según dicen— cargada de sensibilidad y respeto por el medio ambiente. Eso sí, será por el de Pandora, porque el medio ambiente de la Tierra se va a tomar por saco, sin ningún género de dudas, pues habrá que seguir destrozándolo si se pretende no ya continuar con el progreso sino incluso mantener el estado actual de las cosas. Generaciones futuras humanas, lo siento pero se acabó el chollo. Cambio climático, holocausto, miseria, pandemias y canibalismo es todo lo que vais a tener. Dadle las gracias al triunfo de la estulticia y el buen rollito trascendente sobre la sensatez más elemental, la del coronel.
2. Traición, crímenes contra la humanidad y genocidio por un plato de lentejas (Gaia con puertos USB y un caso de encoñamiento zoofílico)
Porque sí, lo más cojonudo es que los nativos pandoreses, los na’vi, no habrían tenido la más mínima oportunidad, ni siquiera se les hubiera ocurrido nada que no sea intentar pinchar las ruedas de los camiones con sus ridículas flechas, de no ser por la inestimable ayuda de algunos de los más caprichosos y supersticiosos de nuestros congéneres.
 Por un lado nos encontramos al protagonista de la historia, Jake Sully, un tipo que no duda en traicionar a toda su especie, a todas las personas que existen, porque se encoña de una na’vi. Bueno, ni siquiera lo hace él,  lo hace su yo virtual, el avatar, su cuerpo a control remoto. Bonito protagonista…, un individuo cargado de complejos, resentido contra los suyos por su desgracia (es paralítico y no acepta su condición), inestable emocional y psíquicamente y que para colmo demuestra ser un trepa y un miserable desde el mismo momento en que pisa Pandora por primera vez. Además, si un vecino de Villaabajo es pillado in fraganti con los pantalones bajados y dándole todo lo suyo a un cabra, el vídeo sube a Youtube y el tipo se convierte en el hazmerreír de todo el país; pero si un marine espacial hace lo correspondiente con una extraterrestre y esa historia se narra en una película de Hollywood del siglo XXI, el buen mozo se convierte en héroe y la suya se considera una bella historia de amor cargada de sensibilidad y merecedora de un Oscar. Vivir para ver.  Por otro lado, si a ese mismo tipo no se le pasa por la cabeza tomarse a pecho una cruzada contra la humanidad en favor de unos extraterrestres bastante lerdos, a estos ni se les hubiera ocurrido enfrentarse en serio al ejército de ocupación. Si lo pensamos bien, se trata de la enésima visión, racista como la que más, del buen salvaje. No cabe la menor duda de que los na’vi representan al antiguo nativo norteamericano. El indio piel roja se deja avasallar sin apenas ofrecer resistencia y siempre es un blanco el que les muestra la Gran Verdad que los transforma en guerreros. No contento con ello el blanco se erige en su indiscutible líder, no sin antes demostrarles su superioridad, y les lleva a lograr esa victoria que a todas luces parecía —y, objetivamente, debiera haber sido— imposible. ¿Y quién es este blanco mesiánico? Por supuesto el acomplejado, resentido, emocionalmente inestable y miserable trepa llamado Jake Sully.
Pero de todo el plantel de protagonistas de esta historia los que se lucen de verdad son los científicos. Gente racional, de mente analítica…, de repente deciden que tienen que ayudar a los na’vi y dejan con un palmo de narices y sin unobtainium a la raza humana porque les parece que el verdadero valor científico de Pandora radica en una conexión universal de paz y armonía digna de los más espirituales hippies de la era de Acuario. O de su flipe con marihuana. Y vale que en Pandora se despacha algo así mezclado con una Gaia Místico-Digital establecida mediante unas conexiones USB orgánicas de dudoso origen evolutivo pero, ¿es esa razón suficiente para dejar allí tirado el mineral y dedicarse a corretear alegremente por las praderas bioluminiscentes? Sería equivalente a que cuando se descubrió la fotosíntesis en la Tierra se hubiera decidido, de repente, por consenso científico, que se dejaba de extraer hierro, por supuesto saboteando cualquier prospección ulterior enfocada a explotar este recurso tan importante. No, de verdad, a los que menos se entiende es a los científicos.
 Disclaimer: lo que se ha podido leer aquí es la opinión ficticia de un hipotético simpatizante del coronel Quaritch, el malo de la película.
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1. Por fin lo leo... Escrito por
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, el 21-03-2010 00:05 Hace rato estaba que me leía este artículo, pero lo había pospuesto por falta de tiempo. Se representa bien el pensamiento del personaje hipotético, quien tiene una visión bastante egoísta pero, examinando los argumentos detalladamente, no necesariamente equivocada. Respecto a lo de la ideología racista en la película, hay mucho de cierto. Incluso algunos norteamericanos reaccionaron, con los mismos argumentos que expones, en contra de la película. Ver artículo>>io9.com Creo que lo que más me gustó del artículo fue la mezcla de crítica con humor. Cuando leí "Gaia con puertos USB y un caso de encoñamiento zoofílico" casi me desternillo de la risa, de ver que era verdad. Creo que la trama de Avatar funcionó un poco mejor cuando Jake Sully se llamaba John Smith |
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