Inicio
Portal de Ciencia Ficción

Menú principal
Inicio
Artículos
Noticias
Novedades
Reseñas
Relatos y novelas
CiFipedia
Productos
Mapa del sitio
Productos
Libros
Merchandising
Películas y series
Utilidades
Buscar en este sitio
Foros
Suscríbete. Feeds
Webs de interés
Enviar noticia
Descargas
Contacto
Quiénes somos
Términos y condiciones
Política de privacidad
Anúnciese con nosotros

SINDÍCATE

RSS 2.0
 
Suscríbete con FeedBurner


COMPARTE ESTE ARTÍCULO

 
 
 

TIENDA DE DISFRACES

Posters Point
 

 

LIBRERÍAS RECOMENDADAS

Banner cyberdark.net
 
Casa del Libro
 
 
EDITORIALES COLABORADORAS
 
Logo de NGC ficción!
Logo de Alkubia
Logo de AJEC
Logo de Por la tangente
Logo de Parnaso
Logo de La Factoría de Ideas
Logo de VíaMagna
Logo de Neverland
Logo de Nowevolution
Logo de Ediciones Evohé
Estadísticas
OS: Linux n
PHP: 5.1.6
MySQL: 5.0.95
Hora: 08:43
Caching: Enabled
GZIP: Enabled
Usuarios: 495
Noticias: 3588
Enlaces: 200
Visitantes: 11710946

Directorios

Bienvenid@ a nuestro portal
Descubra miles de libros con gastos de envío GRATIS en IberLibro.com, el mayor mercado online de libros con un inventario virtual de más de 110 millones de libros nuevos, antiguos, agotados y de ocasión.

Enfrentamientos de los Dioses II - La herencia de Jhael (cap. 1) - M.C. Carper Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 8
MaloBueno 
Ficciones - Novela: Enfrentamientos de los Dioses
Escrito por Hari Seldon   
miércoles, 31 de marzo de 2010

Enfrentamientos de los  Dioses II - La herencia de Jhael - M. C. Carper

 

ENFRENTAMIENTOS DE LOS DIOSES II

La herencia de Jhael

 

 

A mi esposa Norah, por las sugerencias que dieron al personaje de Claudia una dimensión que no hubiese conseguido solo.

 

 

1. LA CITA DE LOS ARCONTES

 

Desde diferentes direcciones del espacio, nueve lanzaderas diplomáticas convergieron en el Hiperpuente de Foornax, el sistema estelar del Centro Universal de Comercio. Las astronaves lucían exóticos diseños, fruto de culturas con escasos puntos en común.
 
Foornax. Enfrentamientos de los Dioses
 
La tenue atmósfera del límpido planeta las recibió, guiadas por láser faro, hasta la Ciudad Administrativa llamada Mabledd, Cielo de Vidrio en el idioma  de los nativos Clorounc. Los edificios eran espigados, muy angostos y tubulares, que cerca de la superficie se resolvían enraizadamente en las entrañas del minúsculo mundo. Tenían forma alargada como sus habitantes, debido a la gravedad inferior a un g, común en los mundos con ciclo del agua. Algunas construcciones estaban rematadas por toroides de kilómetros de diámetro.
La tonalidad verde del cielo, abundante en amoniaco, causaba la ilusión de un exótico vergel arquitectónico. De vez en cuando, se desprendían de las alturas diminutos batracios alados llamados Padipta. Tenían los colores del arco iris y daban una exótica función a los extranjeros.
Entre las construcciones se destacaba el Palacio Arconte, una estructura tosca y maciza con cientos de torres rodeadas de perennes vapores carmesíes. Al igual que moscas, vehículos de patrulla giraban a su alrededor en formaciones quíntuples, los modernos Ponomas Q-12 de tecnología esclipsia para la guerra espacial tripulada. Tenían formas aplanadas rodeadas con disimulados propulsores de maniobras para el vacío, todos contaban con fuselaje accesorio para el ingreso a atmósferas planetarias.
Una decena abandonó sus posiciones para escoltar a las lanzaderas hacia el astropuerto del Palacio.

     
En la cámara mejor protegida, el Arconte Rey, Red Finsen, esperaba en su trono ante un mesón con nueve sitiales. Pronto estarían ocupados por los arcontes que regían el universo conocido en su nombre. Finsen había manchado su escarlata vestidura de mucha sangre para ocupar ese lugar. Motivado por el odio y el anhelo de venganza. Odio a la raza humana, la raza que dominaba la galaxia discriminatoriamente y había extinguido a su especie, los seiyones. Odio por la humillación de haber sido derrotado, tres mil años atrás.
Por un salvaje inculto con cuerpo de animal.
Inmundo ser de carne y sangre,  pensó el Arconte Rey.
Finsen tenía un cuerpo biomecánico. Hecho de un material casi indestructible, todas sus partes engranaban y respondían a estímulos.
¡Vivían!
Una fina película oleosa daba brillo y vitalidad a su compacto cuerpo. Sin embargo, para decepción del Último de los seiyones, todo eso era una fachada. Un engaño que sólo conocían los creadores luxorianos de ese físico artificial y la persona que más deseaba ver muerta Finsen.
Claudia Monteagudo de Pandior.
¡Ella lo supo! ¡La Maldita lo supo!, rugió la mente del soberano.
Los seiyones no eran biomecánicos, sino cyborgs. Seres de organismos decrépitos, mutilados humanos que vivían como parásitos en un cuerpo robot. Ahora tenía uno mejor, con órganos y músculos biomecánicos. No entendía cómo, pero había sido débil ante aquella humana.
¿Por qué?
¿Fue su piel? ¿Su boca? ¿Sus ojos?
Hubiese abandonado todo por ella. Sabía que nada podía ofrecerle el marchito despojo de ser que flotaba en la Tumba-Útero de su abdomen, lo que quedaba de su primitivo yo. Y además, la duquesa tenía poderes paranormales que incrementaba con un amuleto de Cristal Viviente, el extraño material que él no había podido conseguir. Un elemento que poseía virtudes psíquicas y era indestructible.
Hacía años, ella había retribuido sus ofertas con desprecio y desafío. En consecuencia, Finsen había aplastado un planeta, derrocado un monopolio económico y aniquilado una religión.
Los Hiperpuentes comunicaban todos los sistemas estelares civilizados a través de pasajes dimensionales. No tardaron en reemplazar a las lentas Caravanas Planetarias que circunvalaban el espacio, destruyendo la economía de la Monarquía Genética. Irónicamente, los capitanes de esas Caravanas habían catalogado las singularidades o brechas dimensionales que eran atajos hiperespaciales naturales. Cuando la ciencia descubrió cómo presionar las dimensiones y crear estos pasajes, sólo hizo falta financiar la construcción de los enormes anillos llamados hiperpuentes, controlando el comercio, la navegación y la política en toda la galaxia.
Pero no había sido suficiente.
Existía la Resistencia.
Y su Señor Dimán, su maestro y salvador, no estaba conforme con la situación. En pocos meses se cumplirían veinte años de gobierno y todo era apatía en su vida. Tenía planes de llevar su sede de gobierno hacia los mundos del Núcleo para renovar algo.
Lo trágico era que Finsen se sentía viejo. Aun con un nuevo cuerpo eficiente y poderoso, el cansancio de lo rutinario y la abdicación de los sueños estaban ocupando cada día más sus pensamientos. Únicamente su odio alimentaba las ganas de continuar.
Odiaba para vivir y vivía para odiar.
Su Amo lo había recompensado con todo, menos una única cosa. Si la tuviese se encendería una llamita de voluntad y la oportunidad de ser recompensado había llegado hasta él por la vía más imprevisible.
Era el motivo de la reunión, por eso citaba a todos sus Arcontes.
Uno a uno, los gobernantes de Sirio, Rorac, Sclipsia, Liuxor, Sijha, Pandior, el propio Foornax, Ulinis y Lagorn, ocuparon sus respectivos sitios. Todos eran de especies diferentes, a excepción del pandiorés y el siriano, quienes pertenecían al genoma humano. El cyborg de armadura bermellón habló:
—¡Líderes de la Galaxia! ¡Bienvenidos! —su voz biomecánica retumbó en el salón—. Agradezco su presencia física, hoy, es necesaria. No podemos arriesgarnos a ser interceptados durante una transmisión por enemigos y es preciso legalizar las acciones que tomaremos. —El seiyón se permitió una pausa de segundos antes de continuar—: Pronto se cumplirán dos décadas del Arcontado, aunque antiguos opositores continúan amenazando nuestro control total. Mas ahora, por primera vez, se nos presenta la oportunidad de acabarlos.
 
Cita de arcontes. Enfrentamientos de los Dioses
 
Con un saludo diplomático presentó al Zrokk, arconte de Luxor.
—¡Primario Dobom!
El aludido era un biomecánico de piel plateada como un espejo. Vestía un largo sobretodo de cuero oscuro rojizo. Sus facciones no eran en absoluto las de un luxoriano corriente —generalmente sin rasgos ni ojos—, recordaban psicodélicamente a un rostro humano, podían sonreír y fruncir el ceño. No obstante nada de esto hacía olvidar la frialdad de su interior. Una especie de capuchón sujeto por unos aros de rubíes cubría su testa. Se puso de pie.
—Como todos ustedes saben —comenzó—, en Liuxor, mi planeta, son inusuales las relaciones interespecies. En mis tiempos de Canciller recorrí los treinta mundos con mi comité. He desenmascarado a los más encubiertos jhaelianos y eliminado a los últimos restos de la Oligarquía monárquica. Pero mi interés obsesivo siempre fueron esa gente casi de leyenda: los yeilines, los últimos humanos... sagrados. —Pareció atragantarse con la palabra. Se decía que esta raza era descendiente de humanos con seres de otras dimensiones. Un absoluto mito en opinión de los arcontes, pero usado como propaganda por la resistencia—. Lo único que sabemos de los yeilines es que formaban parte de la Monarquía Genética, pero hace unos cinco siglos desaparecieron, emigrando a zonas desconocidas del espacio; ni siquiera sus aliados, los jhaelianos, saben adónde fueron. Hace unos espacio-meses, cumpliendo un periplo en las profundidades espaciales, capté una transmisión de origen desconocido. La lengua no me resultó familiar, era rica y cadenciosa. De sonoridad armoniosa, esta es.
La iluminación se redujo a un cuarenta por ciento. En el centro del mesón flotó un busto holográfico de rasgos humanos. Tenía una hermosura sobrenatural; ojos amplios de un profundo azul y una dorada cabellera se desenvolvían en bucles sobre los hombros. Los arcontes murmuraron impresionados.
—Conecten traductores.
Desde la holoimagen se oyó:
—¡Salve! Quienes seáis. He detectado vuestra espacionave y os quiero saludar. Mi nombre es Glaudon. Soy universitario y preparo un análisis de Sociología. Os agradecería cualquier colaboración, no importa la fuente, para contar con un estudio completo. Gracias.
—El Mensaje es más extenso, por supuesto. Llamó poderosamente mi atención —continuó Dobom, el Arconte Luxoriano—. ¿Por qué un muchacho querría información social con la extensa red de comunicaciones hiperonda? ¿Y en código no registrado? En verdad me costó descifrarlo, pues todo estaba comprimido en archivos incompatibles con nuestra tecnología. Investigué y descubrí que Glaudon era un sustantivo para nombres humanos de una lengua antigua. Las raíces se remontaban al idioma yeil, cuando ambas razas coexistían en el mítico mundo origen de los humanos, Arena. Continué mi enlace con el chico, ganando su amistad y confianza. Ahora sé, sin lugar a dudas, que pertenece al pueblo yeilin. Con un discreto rastreo hallé el mundo de los yeils en el sistema Faven.
—¿Faven? —resopló el adusto arconte de Sirio, un hombre duro pero de aspecto noble, de amenazante cabellera de canas—. Eso queda en el último extremo del Sector Levantia, más allá del cinturón de Supernovas de Escrabajj. Ni piratas ni comerciantes se aventuran en esas coordenadas, no hay hiperpuentes que lleguen hasta allí. ¿Está seguro de que no son un grupo de robots mineros sin dueño o algún eco de transmisión perdida?
Los ojos biomecánicos se encendieron de furia. Dos destellos carmesíes resaltaron en las cuencas oscuras del platinado rostro.
—¡Insulta mi inteligencia!, señor arconte de Sirio. No expondría nada inconcluso o incierto ante el Arcontado. Quizás —chasqueó la lengua biomecánica—, su punto de referencia sea su propia aptitud. Es de destacar que muchos de los traidores simpatizantes de la monarquía fueron atrapados en su territorio.
El arconte siriano apretó la mandíbula y pensó en un insulto apagado. Frunció el ceño y con una inclinación de cabeza concluyó la respuesta a las palabras de Dobom.
—¿Podría tratarse tan sólo de una colonia aislada de los yeils? —inquirió el arconte ulinisita, un tolp de voluminoso cráneo verrugoso para tres cerebros con un color violáceo oscuro. De su barbilla y mejillas caían barbas en bigotes trenzados. Los ojos bulbosos estaban cubiertos con gafas que los humectaban con la fungosidad de su planeta.
—De ninguna manera. Los Yeilin son empáticos con su ecosistema. Naturalistas y espiritualistas; tienen costumbre de echar raíces. He leído todo lo que existe referente a ellos. Faven es el típico mundo virgen que les agrada. Según Glaudon viven en armonía natural con su entorno. ¡Ahora! Necesitamos expertos estrategas.
—Los mejores —acotó el Arconte Rey—. No debe quedar en Faven piedra sobre piedra.
Un carraspeo se dejó oír. Compungido, un rollizo humano de colorida toga y aura de arco iris artificial hizo un gesto de compromiso al decir:
—Con el debido respeto, Monseñor —se aclaró la garganta con un tosido—. ¿Ha considerado las implicaciones religiosas? El clero tiene un valioso punto de adhesión con el cisma de los yeils. Ya tenemos serias dificultades con los minicultos y esas sectas de paranormales.
Finsen se irguió e indicó con un ademán a Dobom que volviese a sentarse.
—Todos nosotros sabemos lo que hace la “Germinadora”, Reverendo Magnánimo. Sabrán convencer a los fieles —replicó el seiyón—. ¿Piensa que no estamos al tanto?
El Arconte pandiorés asintió con una sonrisa de desprecio.
Durante siglos, agentes del monasterio de Elite, sicólogos y sociólogos, imprimían un mito en el inconsciente colectivo de grupos sociales, preparando el camino para que unas décadas después los misioneros de Pandior erigieran una avanzada de iglesias en los extremos más apartados de la galaxia.
El programa de la Germinadora había fundado templos en todos los hiperpuentes.
El Reverendo Magnánimo, Porcio de León, se abstuvo de decirle que la junta directiva de teólogos decidió derogar aquella costumbre. Tenía influencias, meditó, pero aún no las suficientes para provocar al Arconte Rey.
—Usted hará los arreglos en Pandior, Pontífice —siseó el último seiyón—. Use su divina influencia con los creyentes para transformar a los enemigos del Arcontado en enemigos de nuestros ciudadanos. —Finsen se envaró y envió un pensamiento a su espíritu guía superior. Por unos minutos se mantuvo estático, fijo como una estatua. No le importó mostrarse abstraído ante los demás arcontes. Él era el Arconte Rey, era quien impartía las decisiones. Imaginó cómo sería el momento en que su señor le ofrecería su merecida recompensa. Su cavilación se vio interrumpida por el otro asunto que le traía el zrokk, un viejo problema. Se volvió hacia el arconte luxoriano.
—Continúe, Dobom —dijo.
—Todos sabemos del ataque a la flota arconte hace dieciocho años, encabezado por esa subversiva proscrita, Claudia Monteagudo. Su cabeza está valorada actualmente en más de cien mil Univs. Ha estado escabulléndose todos estos años... Pero mis espías la han descubierto. Se oculta con otros criminales en una colonia de Sirio —lanzó una fugaz mirada al arconte de ese sistema—. En una luna de los gigantes gaseosos A'AMER'K. Los informes son vagos y no hemos querido hondear más para no alertarla.
En esta ocasión nadie puso en tela de juicio los datos del zrokk.
—Esto está bien —comentó el arconte de Sclipsia. Una criatura de un rostro surcado por profundas hendiduras y apéndices oculares parecidos a tubos—. ¿Qué hay de los piratas koranios? La Hermandad Estelar ha asaltado a doce convoyes en los dos últimos espacio-meses. ¡Amenazan nuestra economía!
—¡Jarr! —interrumpió el Tolp—. Es sabido que los Sclips negocian con ellos. 
Los Tolps de Ulinis y los esclipsios estaban enfrentados por una disputa territorial y religiosa que los mantenía en una guerra fría desde hacía siglos.
—¡Tampoco se desconoce que los Rambles proveen de esclavos a la Alta Alcurnia de Ulinis! —retrucó el Sclips.
—¡Suficiente! —ordenó Finsen—. Una vez acabados nuestros oponentes, enseñaremos a Kora que no se debe desafiar al Arcontado.
—Monseñor —pidió la palabra Alolim Kranguoll, el arconte roraciano, un ossrro de pelaje violáceo y aspecto marcial—. Las fábricas militares de la Sony Inc están a su servicio. Solicito luz verde de los corporativos de Sabbathco para mejorar nuestro ejército; nos han estado imponiendo trabas económicas de toda índole.
El seiyón cruzó sus manos tras la espalda en silencio.
Fue Dobom quién respondió por él:
—Pronto, colega, viajaré a Rorac para definir esos acuerdos.
El roraciano sacudió la cabezota de corto pelambre. Sus ojos anaranjados se clavaron en el Zrokk.
—Jamás hemos negociado con biomecánicos. —fue lo único que atinó a decir. En realidad le molestaba que el mediador no fuese un roraciano.
—Es hora, mi amigo ossrro —lo animó Finsen—. Es parte del Plan integracional.
Alolim Kranguoll, Arconte de Rorac, maulló una réplica indefinida. Con incomodidad tuvo que aceptar el dictamen de su superior.
—La Escuela de Torturadores de Lagorn está ansiosa de acción —gruñó el reptiloide denk, arconte de Lagorn. Su organización bélica siempre competía con los guerreros de Rorac.
—Ya lo he tenido en cuenta, arconte. Los precisaremos. —Dejó pasar unos instantes de silencio y concluyó—: Si todos están conformes, firmaremos el acuerdo para aprobar acciones sobre Faven y los yeilines.
Frente a todos los presentes se abrieron paneles en el mesón, desde donde se elevaron unos finos tubos. Los arcontes tocaron los mismos con sus extremidades, dejando muestras de ADN; las mismas se adjuntarían a las firmas que estampaban en el documento que aparecía en las pantallas del mesón. El destino de los yeilines se había sellado.
—Esto ha sido todo —afirmó Finsen—. Gracias, Señores.
Con ordenados movimientos se fueron retirando. El rumor de pies, colas y apéndices musculares de locomoción tardó un par de minutos en acallarse.
Sólo Dobom, el luxoriano, permaneció con las piernas cruzadas en uno de los sitiales, cercano al Trono. Aguardó hasta quedar a solas con Red Finsen.
El líder lo estudió un momento: era el nuevo aliado, recomendado con elogios por el mismo Dimán.
—Buen trabajo, Dobom —susurró.
¿Qué demonios hace? ¿Por qué no se retiró como los demás?, pensó el seiyón.
—Lo sé, pero prefiero la gratitud de nuestro Señor a la suya.
¡Me desafía!, se admiró Finsen.
¡Qué necio!
—No la tendría sin mí como intermediario —le recordó Finsen. Los músculos biomecánicos del zrokk se extendieron en una plateada sonrisa.
—Yo también soy un intermediario. Usted tiene cosas de mi autoría: su cuerpo fue confeccionado en Liuxor; y mejorado además. Sólo nosotros podríamos repararlo si algo funcionase mal. ¿Es esa la manera de demostrar gratitud de un seiyón? Liuxor ha asistido en variadas ocasiones al Arcontado, en especial para derrotar a los monárquicos: con los Asesinos Nonatos, los Sukdamos, sus cazas Embryon y el Acorazado espacial N.I.B. Recuerdo claramente mi aprobación al diseño de su primera nave, Cruz de Espinas.
La extorsión no podía ser más académica.
—Suficiente, Dobom. ¿Qué quiere? —dijo roncamente el último seiyón.
—Ya ha leído mi preámbulo y mis ensayos socio-gubernamentales, Monseñor. Deseo llevar a la práctica mis teorías sociales. No interferiré con “su Arcontado”.
—Usted es demasiado ambicioso, Dobom. Va muy deprisa para ser luxoriano. Si no se cuida, podría acelerar su final. Escribiría un capítulo muy corto en la historia.
—La duración no cuenta, sino su implicancia.
—Hemos regido en orden a la galaxia. Con los hiperpuentes bajo nuestro control, nuestros enemigos sólo pueden existir en grupos pequeños y marginales.
—¡Vamos, Arconte Rey! Diecinueve años de levantamientos constantes y estallido social. Además no puede confiar en los hiperpuentes para siempre. Ya se está trabajando en unidades para traspaso dimensional. Se ha conseguido rotar en ángulos rectos más de seis dimensiones, los problemas que quedan por resolver son la dirección y las nuevas computadoras para establecer las coordenadas en el espacio. Cuando las naves lo tengan… Adiós hiperpuentes. Por otro lado, nuestro Señor sigue inquieto por los rumores de ese “Hablante” y sus guardianes jhaelianos.
El Hablante era el guía místico de los jhaelianos, pero no había pruebas de su existencia.
—Esa religión está muerta, Cinia fue borrada de las cartas espaciales. Sobre el Hablante, el mismo Porcio de León admite que todo es producto del fanatismo, un autoengaño de los miserables y desamparados, como los ángeles o las Damas blancas.
Dobom tamborileó con los dedos sobre el plástico transparente del mesón. Unos dedales de cristal brillaban en las puntas.
—¡Cristal Viviente! —exclamó Finsen al reconocer el material sagrado que sólo jhaelianos y dimaneses usaban. Dobom quería impresionarlo y demostrarle que recibía el beneplácito de Dimán—. ¿Dónde lo ha encontrado?
—En mi juventud, cuando buscaba respuestas a preguntas que mis parientes Zrokk no podían darme, estos adornos de exquisita riqueza —los expuso a la luz—, me condujeron hasta Dimán. Antes de la Caída de los monárquicos, antes del Arcontado. Mis intereses difieren de los suyos. No me incumbe la religión, ni creo que los jhaelianos o los Yeils se preocupen más que yo.
—Lo diré sólo una vez más. ¿Qué es lo que quiere?
 
Dobom. Enfrentamientos de los Dioses
 
—Le propongo esto: Darle a Faven y a los yeilines;  junto con la cabeza de la duquesa de Pandior. Y usted me entrega un sistema entero, sólo para mí. Fuera de los controles de jurisdicción del Arcontado. Tengo planes para encauzar la sociedad galáctica hacia fines prósperos y exitosos.
—¿Y Luxor?
—En mi planeta nominarán a otro Arconte, no me extrañarán. La gran Mecana ya lo sabe. Nadie es profeta en su tierra.
Finsen cruzó las manos tras la espalda y escoltó hacia la salida al Zrokk. Aquel nuevo aliado se estaba convirtiendo en un competidor y eso era algo que no podía consentir. Mientras lo observaba alejarse dijo en un murmullo:
—Ambos servimos a Dimán, el Maligno. Pero en esta galaxia sólo puede haber un Arconte-Rey.
 
 

 

El texto y las ilustraciones son propiedad de M.C. Carper

 

Leer el siguiente capítulo: 2. Faven

Todos los capítulos

 

Sobre el autor: M.C. Carper

 

 





Add as favourites (21) | Cite este artículo en su sitio | Views: 1133

  Sea el primero en comentar el artículo
RSS de los comentarios

Escribir Comentario
  • Por favor, mantenga el tópico de los mensajes en relevancia con el tema del artículo.
  • Lenguaje inapropiado será borrado.
  • Por favor, no use los comentarios para promocionar su sitio, ese tipo de mensajes serán removidos.
  • Aségurse de *Recargar* la página para mostrar un nuevo código de seguridad antes de cliquear 'Enviar', en caso de haber ingresado un código incorrecto.
Nombre:
E-mail
Sitio Web
Título:
BBCode:Web AddressEmail AddressBold TextItalic TextUnderlined TextQuoteCodeOpen ListList ItemClose List
Comentario:



Código:* Code
I wish being prevented by email of the comments which will follow

Powered by AkoComment Tweaked Special Edition v.1.4.6
AkoComment © Copyright 2004 by Arthur Konze - www.mamboportal.com
All right reserved

 
< Anterior   Siguiente >


Usuarios





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
Hay 24 invitados en línea
Encuestas
¿Con qué frecuencia prefieres recibir los boletines?
 
Webs amigas
Asdociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror
Revista Vórtice en línea
Blog de El Hombre de Arena
Cardassia Primera
Logo de Literatura Prospectiva
Logo de WeekendTrek-CifiMad
Japan Next
PIEE
 

Popular