- Las escenas intensas interminables, sobre todo los planos de los protagonistas de perfil pensando en su misma mismidad. Podríamos decir que sobra la mitad de la película.
- Los efectos argumentativos enfocados hacia el despiste. Una cosa es sorprender al espectador y otra es meterle tanto despiste en el cuerpo que ya se espere cualquier cosa. Es que parece que ya se ha inventado todo; y con estas películas uno está tan toreado que cuando lo ve venir se mosquea y piensa que le están vacilando, cosa que cuela una vez, tres veces, cincuenta veces, pero luego pierde el interés y con éste se larga la emoción, que se va a buscar clones a otra parte.
La película no tiene nada nuevo. Pero eso no es perjudicial en sí (
Matrix +
Blade Runner, ¡
wow!). Se deja ver. Pero da la impresión de ser un batiburrillo de videoclips conectados entre ellos y sin nada de chicha propia.
Os cuento el principio:
Está ambientada en el año 2080. La sociedad utiliza unos
cyborgs (personas a las que se ha introducido una placa base en la nuca) como mano de obra para labores rutinarias, como soldados o en labores de “compañía”. Son más fuertes que los humanos y tienen una vida útil de tres años. Una vez transcurrido ese plazo chochean y mueren.
R es un agente del cuerpo MP, unidad especializada en la lucha antiterrorista contra algunos
cyborgs que pretenden saltarse las reglas y conseguir un modo de prolongar su vida. Pero R está enamorado de su
cyborg de compañía, Ria, que está a punto de caducar, así que trabaja en la clandestinidad para proporcionar chips de
cyborgs muertos pero sin caducar (o sea, terroristas a los que él mismo se carga) a un doctor que al parecer ha encontrado un modo de prolongar la vida de éstos. Para ello, los genomas de los sujetos trasplantador y trasplantado deberán ser compatibles (lo explican con otras palabras pero meten tal patada a la ciencia que me niego a reproducirlo). Y resulta que el doctor le dice a R que ha encontrado un sujeto compatible con su Ria, una muchachita llamada Cyon que se dedica a leer el futuro por el método oriental de los palitroques.
Hasta ahí, bien. Lo que viene a continuación, incluyendo la razón por la que el jefe de los
cyborgs terroristas, un tal Cyper, también busca a Cyon y todo lo que surge como consecuencia es el meollo de la historia, el enredo, y no lo cuento.
Sigo pensando que si se hubiera narrado de otro modo esta historia habría sido genial, incluso aunque se corriese el riesgo de que quedara considerada un
remake-secuela de
Blade Runner. ¿Por qué íbamos a rechazar algo así? ¿Qué tiene de malo?
Pero no.
En fin. Imprescindible para incondicionales del género.
Federico G. Witt, 2008