Por supuesto —qué os voy a contar, si estoy escribiendo en Internet, vosotros me leéis en Internet y todo esto de la Legión del Espacio se ha fraguado ahí—, el volumen narra las aventuras y desventuras (más las segundas) del almirante, el sargento, los legionarios y los clones que partieron el año 30.000 en su nave hacia la lejana Neo-Troya para rescatar a la bella Helena. Se trata de unos individuos que nunca llegan a su destino. Y menos mal; de lo contrario, pobre bella Helena… Porque no estamos hablando precisamente de unos apolíneos Aquiles o Ulises, ni en realidad entre ellos parece haber alguien que siga el camino del héroe.
Y no es sólo por su aspecto físico, son una especie de tapones de metro y medio mal medido con la cabeza cubierta por una escafandra-pecera que no se quitan ni dentro de la nave. Me refiero más bien a su actitud.
Ya de entrada, por razones presupuestarias, deciden tomar rutas comarcales y no pagar los peajes de las autopistas intergalácticas. Además, en sus periplos universales se las tienen que ver con todo tipo de razas hostiles que se las hacen pasar canutas. Veremos predators, conciencias colectivas, pulpos espaciales (de esos sorbe-cerebros), y aliens, muchos aliens, aliens hasta en la sopa. Hablo literalmente. Porque
homo homini lupus est, y lo peor no son las especies alienígenas (un recorrido por toda la ciencia ficción) sino ellos mismos. No sé si tiene más peligro el médico, el cocinero, el almirante, el sargento o los propios legionarios. Entre ellos, camaradería, poca; y escrúpulos, los mínimos. Lo que sí sé es que no hay que fiarse mucho de PAL-9000, la nueva computadora de a bordo, cuya frase favorita es “Se van a cagar…”. Y mejor dejar de lado a los
blasters de nueva generación, muy susceptibles ellos a cualquier comentario poco halagador.
La Legión del Espacio ha cosechado grandes éxitos desde su aparición en
El Sitio de Ciencia Ficción y su propagación (¿simbiontes parásitos?) por una gran cantidad de webs, pasando por
la suya propia desde hace no mucho. Esos éxitos incluyen los tres últimos
Ignotus al mejor tebeo. En realidad los dos últimos han sido porque yo estuve sentado a la misma mesa que
Álamo en la ceremonia de entrega, pero bueno, algo de mérito también tendrán los autores… El caso es que los legionarios, que de los bytes pasaron a las camisetas, ahora también están en papel en un tebeo que permite su lectura de una sentada.
Pobre universo.
Cabrones…
Federico G. Witt, 2008