Primero fue el libro de Richard Matheson ( Soy leyenda, 1954). Luego hicieron una película con Vincent Price como actor principal ( El último hombre sobre la Tierra, 1964), a la que siguió la que protagonizó Charlton Heston (El último hombre vivo, 1971), y ahora irrumpe la de Will Smith ( Soy leyenda, 2007). Como aún no he leído el libro ni he visto la primera película, voy a comentar la última versión, recién estrenada, y a exponer las diferencias que veo respecto a la de Heston de los años 70.
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Soy leyenda, con Will Smith en el papel de Robert Neville, es una película muy actual. Deja las cuestiones profundas a un lado en beneficio de los efectos visuales. En este aspecto el resultado es impecable. Se trata de una superproducción. Con lo que ha costado Soy leyenda —incluso compensando las diferencias entre el valor real del dólar USA de 1954, 1964, 1971 y 2007— se podrían haber rodado todas las anteriores y de propina seguro que hubiera dado para comprar todos los ejemplares de las ediciones inglesas del libro. Además, se suponen dos cosas: la tecnología cada vez permite un mayor realismo cinematográfico, algo muy importante para las películas futuristas; y, existiendo ya un libro y dos versiones anteriores, cabe suponer que se pueden estudiar los puntos flacos y fuertes de la historia y en base a ello hacer un remake mejor. Bueno, pues no diré que la versión de Will Smith sea mejor que la de Charlton Heston —sí, ya, las versiones serían respectivamente de Francis Lawrence y Boris Sagal; pero, así, entre nosotros, digamos que son de Smith y de Heston—. Sencillamente son diferentes. Son productos de dos épocas distintas. La ambientación visual de Soy leyenda es magnífica Las dos plantean una situación de partida similar: el oficial médico militar Robert Neville es el último hombre que queda sobre la faz de la Tierra. Las diferencias radican en que: El Neville-Heston era un supermacho rudo de los setenta y el Smith es un metrosexual sensible de la década actual; Heston vivía en Los Ángeles y Smith en Nueva York; Heston estaba solo y Smith vive con una perra que le alegra la existencia; La causa de la pandemia en la película de los 70 es un virus cuya difusión es consecuencia de una guerra bacteriológica sostenida entre China y la URSS. La versión del pasado año presenta un virus norteamericano, modificado genéticamente para ser la Endlösung contra el cáncer, que se les va de las manos (nada de Corporación Umbrella, que os veo venir). Heston se dedica a buscar infectados durante el día. Rastrea su guarida, su cuartel general. Su objetivo es el exterminio. Smith, por el contrario, busca la cura. Recorre la ciudad cazando infectados para experimentar con ellos. También dedica unas horas al día a convocar a otros supervivientes. No sé de dónde saca el tiempo pero además tiene montado un laboratorio de primera línea que maneja (y limpia) él solo. Y saca a la perra a pasear. Los infectados por el virus en la película de Heston son una especie de mutantes albinos con fotofobia que montan una secta integrista religioso-ecologista. Los infectados de Soy leyenda también muestran una acusada fotofobia pero en este caso son una especie de Gollums con hambre… y con perros. Will Smith practica su drive desde el puerto de NY Por lo demás, como digo, la situación de partida es la misma. Incluso ambas películas se recrean en lo que quizá sea lo más impactante de toda la trama: la presencia de un único hombre en una gran ciudad. Y dicho hombre único hace cosas de hombre: puede circular con el coche que le rote, por donde le rote y a la velocidad que le rote; hace compras sin compañía, y sin gastarse un duro; dispara, grita, rompe cristales, incluso se adivina que orina donde le viene cuando no hay cámaras. En la de Smith, rodada con muchos medios y sin escatimar efectos digitales, como hemos mencionado, Neville aparece jugando al golf desde la superficie de un avión Black Bird Stealth que se encuentra en la cubierta de un porta-aeronaves. También, y esto ya no tiene género, ambos hombres únicos hablan con los maniquíes —recurso más explotado en la versión de Smith, aunque no hay que desdeñar las partidas de ajedrez que se marca el Heston en su casa con un busto. De cacería en Times Square Siguiendo con la soledad y el abandono, Neville-Smith ve hierba por todas partes: incluso Times Square parece una sabana y creo que es Central Park donde aparece un campo de maíz. Por las calles corretean ciervos y hay leones que los cazan. Los efectos son impecables, repito. Pero la presencia de la perra le quita algo de la ambientación que se pretende conseguir. En la versión setentera (Dios mío, qué moda aquélla de las cazadoras sport) Neville sí que está solo, solo, solo. No había presupuesto para efectos especiales al respecto, y lo más digital que se podía encontrar el año 71 era un reloj Casio con caracteres luminosos rojos. Ni siquiera se había difundido la moda del display de cuarzo. Así que hubo que rodar al amanecer y los fines de semana para que el paisaje ofreciera el aspecto de una ciudad fantasma. (Por cierto, lo mismo le ocurrió a Amenábar con Abre los ojos en la Gran Vía). Sin embargo, la soledad del Neville-Heston está más conseguida. Smith habla con su perra, Heston habla con la estatua que tiene en casa. Quienes hayan tenido perro comprenderán la diferencia. Lo de cambiar los maniquíes de sitio es algo prescindible, habiendo un chucho por medio. Cualquier montañés, cualquier ermitaño que tenga perro, podría confirmar lo que digo si va al cine y luego lee este comentario, que lo dudo. No sólo los efectos visuales y la moda marcan la diferencia entre ambas versiones. Hay una cosa que me llamó poderosamente la atención: el aspecto religioso y moral de ambas es el opuesto al de sus épocas respectivas. Es como si hubieran tratado de provocar subliminalmente al espectador. Me explico: Cuando se rodó The Omega Man (título original traducido aquí como El último hombre vivo, es decir, la del tío Charlton) en 1971, la sociedad estadounidense estaba muy dividida. Pero en cualquier caso era una época de agnosticismo generalizado, muy nietzschiana. Era la última época hippy, la era en que el LSD daba paso a la heroína, Nixon era odiado (aunque aún faltaba un poco para lo del Watergate) y la religión era algo démodé. Sin embargo, el rol de Charlton Heston era el de un mesías a la anglosajona, muy del Antiguo Testamento: un destructor, un justiciero vengador. Cuando el chavalín (no el negro, el otro) le pregunta si es Dios, él se limita a sonreír.  | | Cuando el otro chavalín (el negro, ahora sí) le pregunta por qué no quiere curar a los infectados Mathias et al., él le dice que sólo son alimañas, que lo único que se puede hacer con ellos es exterminarlos, como dijo Dios a Noé y como repitió a Abraham antes de arrasar Sodoma y Gomorra. Es una versión moderna del general Custer: “El único indio bueno es el indio muerto”. Para Neville-Heston, Mathias y los suyos sólo eran alimañas | En la época actual, en la que la sociedad norteamericana se manifiesta profundamente religiosa, en la que el creacionismo más reaccionario triunfa sobre la ciencia empírica no sólo en el “pasillo de las biblias”, van y hacen una película en la que Neville niega categóricamente la existencia de Dios —aunque luego, en un final que para mi gusto sobra, se demuestre, por si las moscas, que quizá estuviera equivocado—. Pero Neville-Smith lo niega, que es donde quería llegar. El liderazgo del mal también sigue caminos diferentes en ambas versiones: Mathias es un líder religioso que tiene un plan supremo; el zombie listillo que tiene perros de presa y que tiende la trampa a Neville-Smith, el mismo que luego organiza el ataque final a la fortaleza de su enemigo, simplemente quiere matar. Sólo es un animal irracional. Es otra forma de ver las diferencias entre los años setenta y la época actual: los malvados ya no lo son por una cuestión moral, simplemente actúan como malvados porque su naturaleza demoníaca o monstruosa es instintiva. Y esto no sólo ocurre en el cine japonés. Los malos de Soy leyenda son meros monstruos Mathias, si nos fijamos bien, excepto en su concepción religiosa, representa la ideología europea actual, que era la americana de los años 70 y 80 —siempre he creído que los americanos nos llevan más de veinte años de ventaja en cuestiones ideológicas, y lo puedo demostrar; por desgracia eso significa que dentro de veinte años aquí habrá un 53% de personas que se manifiesten creacionistas—. Lo que pretende el malvado albino portador de la mutación de la mala leche es demonizar la sociedad de consumo, el gasto energético y la tecnología que ha acabado con la vida humana en el planeta. ¿Os suena? No, no me refiero sólo a mi reciente reseña de El rebaño ciego, de John Brunner, sino a cualquier manifiesto de Greenpeace, WWF-Adena o similares. Y el dogmatismo con el que exponen sus ideas todos ellos es prácticamente idéntico. Desde este punto de vista, que, por cierto, es el que ha guiado a Al Gore hasta el Premio Nobel de la Paz, Mathias, si obviamos sus métodos sectarios —y eso habría que discutirlo— hoy en día se podría considerar como alguien que tiene más razón que un santo. Neville-Heston era considerado un hereje por negarse a abandonar el progreso Los infectados de la versión actual dan menos juego, aunque visualmente sean mucho mejores que aquella especie de inquisidores dotados de estigmas (“¡Mostrad vuestros estigmas!”). Y se nota fundamentalmente en el hecho de que cuando rodean la casa de Neville-Smith nadie grita “¡Sal, Neville!”, que es uno de los hitos en la versión de Heston. El origen de la pandemia, que ya hemos comentado, también refleja otra diferencia fundamental entre la sociedad americana de los 70 —últimos coletazos de la guerra fría, con el affair de Cuba muy reciente, el peligro amarillo asomando la cabeza y la URSS aún consolidada como “los peores de todos los malos”— y la de los 2000 —los transgénicos y la ingeniería genética como posible peligro desconocido al que hemos abierto las puertas de nuestras casas como lo hicieran los troyanos el día que vieron un caballito muy mono a las puertas de su ciudad. | Para terminar, otra diferencia entre ambas versiones afecta de forma directa al concepto de héroe. En los años setenta el héroe todavía era un supermacho. La chica, incluso aunque caigamos en el tópico de la única mujer y el único hombre no ya en una isla desierta sino en todo el planeta, tiene que pasar por la quilla del héroe. Hoy ya no es lo mismo: el hombre, siendo aún un machote que hace barras todas las mañanas mostrando sus poderosos bíceps, puede encontrarse a una chica viva y no necesita de forma imperiosa mear en las esquinas y poseerla. Va más con la idea de metrosexual. | |  | Will Smith nunca se pondría un chándal como el de Heston, y no digamos ya el batín con el que el Neville setentero juega al ajedrez. Y si se lo pusiera no saldría con él a la terraza para ametrallar a los infectados como deporte, algo completamente fuera de lugar para un hombre sensible de hoy. De hecho, las acciones violentas de Smith siempre son en defensa propia, excepto una, que es por venganza (algo muy anglosajón). Y algo que no se escapa a cualquier observador que esté ligeramente atento es que el Neville de Charlton Heston no duda en emborracharse a diario. Will Smith interpreta a un personaje abstemio. En conclusión, si por alguna caprichosa jugarreta del destino ambos protagonistas hubieran intercambiado sus puestos, Charlton Heston hubiera disparado al león y Will Smith habría dialogado con Mathias. Federico G. Witt, 2008
Otras reseñas de películas - La bestia de la cueva maldita (Beast from haunted cave, 1959)
- Godzilla contra King Ghidorah (Omori Kenjiro, 1991)
- Resident Evil: Extinción (2007)
- Natural City (2003)
- Videodrome (1983)
- Los increíbles (2004)
- Tron (1982)
- Tokikake: Saltando en el tiempo
- The host (Gwoemul, 2006)
- El hombre perseguido por un O.V.N.I. (1975)
- Terminator (The Terminator, 1984)
- Regreso a la tierra (This Island Earth, 1955)
- Próxima (2007)
- Re-animator (1985)
- Battle Royale
- ESPECIAL GORILERO - King Kong (2005)
- Código 46 (2003)
- Hijos de los hombres (Children of men, 2006)
- Godzilla (Gojira, 1954)
- Dark City (1998)
- E.T. el extraterrestre (E.T. the extra-terrestrial, 1982)
- Los 4 Fantásticos y Silver Surfer
- Perseguido (1987)
- 28 semanas después
- A Scanner Darkly. Una Mirada en la Oscuridad (2006)
- Atmósfera Cero (Outland 1981)
- Barbarella (1968)
- Desafío Total (Total Recall, 1990)
- Depredador (Predator, 1987)
- El último hombre vivo (The omega man, 1971)
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