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Naves misteriosas (Silent Running, 1972) Imprimir E-Mail
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Reseñas - Películas
Escrito por Hari Seldon   
sábado, 08 de marzo de 2008

Otra de esas alegrías que de vez en cuando nos proporciona el dios de las pequeñas cosas. Una película que tiene su punto entrañable, su nota filosófica y su componente de ficción especulativa o de anticipación. Y digo esto porque además de ser una película que se puede ver para pasar el rato, también es posible que, una vez que termine, nos deje pensando en ella. Y nunca la olvidaremos. Nunca.

¿De qué trata Naves misteriosas?

Para empezar, olvidaos del título y cambiadlo mentalmente por el de Viaje silencioso, más acorde con el título inglés (Silent Running) o el de rodaje (Running Silent). Una vez hecho esto podemos pasar al argumento, que es muy simple. Os lo resumiré de la siguiente forma (aviso a navegantes: hay spoilers):

En 2000 ó 2001 (hablan del primer año del nuevo siglo) la humanidad ha progresado mucho. El hombre ha conquistado el espacio, al menos el Sistema Solar (supongo que cabía dentro de lo imaginable en 1972). Pero, como contrapartida, en la Tierra prácticamente toda vida vegetal —y bastante de la animal— se ha extinguido; o al menos ya no crece, debido a alguna razón que no queda clara pero que imagino serán la contaminación, las guerras y todo lo que en aquella época, nixoniana y hippy, salía en las noticias. Incluidos Vietnam, el agente naranja, el napalm...
  Naves misteriosas (Silent Running, 1972)

 

La solución a corto o medio plazo ha sido construir una especie de Arca de Noé y enviar al espacio una flotilla de ocho cargueros, cada uno de ellos de dos kilómetros de longitud, a los que se ha adosado unos domos geodésicos transparentes en cuyo interior viven los especímenes que se ha podido rescatar. Cada domo, seis por carguero, representaría algo así como una muestra de ecosistema encerrado dentro de un inmenso invernadero, y por seguridad se haría por sextuplicado. La empresa encargada de llevar a cabo tan gloriosa y trascendente misión es la American Airlines.

Naves misteriosas (Silent Running, 1972). Domos invernadero
Arriba: domos invernadero ensamblados en la Valley Forge. Estos domos contenían especies correspondientes a los cayos de Florida.

Naves misteriosas (Silent Running, 1972)
Encima de estas líneas: la Berkshire y la Sequoia vistas desde la Valley Forge, donde transcurre la película. Se nombran otros cinco cargueros portadores de domos pero no llegan a aparecer en pantalla. Se trata de las Yellowstone, Acadia, Blue Ridge, Glacier y Mojave.

Toda la acción transcurre en uno de estos cargueros, la Valley Forge, tripulada por cuatro hombres y tres robots de servicio (drones). En ella viaja el botánico y agrónomo Freeman Lowell (Bruce Dern, seguro que os suena), hombre absolutamente concienciado con la Ecología y entregado a la causa. Se considera además el mayor experto en la materia —que al resto de tripulantes de ésa y las demás naves importa un bledo— y sueña con que algún día, pronto, recibirán la orden de regresar y repoblar el planeta, con él al frente del proyecto. En realidad, los otros tres tripulantes, que están hasta los huevos de viajar y se dedican a juguetear con los cochecitos y pisar el césped, están deseando recibir la orden de regresar, sea cual sea el motivo, y desprecian a Lowell y sus nobles ideales.

Y claro, no es Lowell quien se llena de dicha y alborozo cuando al fin llega la orden. Son los otros tres los que dan saltos de alegría cuando les comunican que deben destruir los domos y poner rumbo hacia la Tierra, ya que la misión queda cancelada y los cargueros vuelven a su servicio comercial. Es que ni se lo piensan. Sólo uno de ellos, el que sentía algo de afecto por Lowell, le da a éste unas palmaditas virtuales en la espalda antes de ponerse a dar saltos con los otros dos mientras los tres arman las bombas atómicas que acabarán con el sueño del botánico.

Pero Lowell no se va a quedar quieto. Cuando sólo quedan dos domos por ser eyectados y explotar, lucha con su ex amigo y lo mata, impidiendo que eyecte un domo. Luego se dirige hacia el control de mandos, cierra la puerta del domo restante, donde los otros dos están colocando las bombas armadas y programadas, y hace con ellos lo que Ripley con el Alien en la primera de la saga: “hasta luego, Lucas, y gracias por el pescado”.

Naves misteriosas (Silent Running, 1972)
 
Una vez solo, los drones hacen un impecable trabajo de cirugía y Lowell se comunica con las otras naves, finge que hay una avería irreparable y se despide en plan “no os sacrifiquéis por mí, regresad; sé que soy un héroe pero me conformo con que hagáis fiesta en mi nombre un día al año”. Dentro de poco quedará oculto por Saturno y se cortarán las comunicaciones. Además, la nave corre peligro de quedar destruida por su exceso de velocidad, debido al fenómeno de honda gravitatoria, al pasar a la altura de los anillos exteriores del planeta.

Pero la Valley Forge se salva y sigue su rumbo hacia ninguna parte. Como compañía a Lowell sólo le quedan las plantas, los animales y dos de los tres drones —1 y 2, pues 3 ha salido despedido al pasar los anillos a gran velocidad—. Desde este momento lo que ocurre es que Lowell se dedica a organizar el mantenimiento de su nave y su preciado domo: reprograma a los drones, les bautiza (Dewey y Huey respectivamente a 1 y 2, el 3 hubiera sido Loui) y a sus rutinas de mantenimiento y reparación suma las de jardinería y servicio de acompañantes, concepto éste que abarca desde jugar al póker haciendo trampas hasta sesiones de psicoterapia.

Naves misteriosas (Silent Running, 1972). Drones
Los tres drones efectuando el mantenimiento en el exterior de la Valley Forge

El resto de la película consiste en solucionar un problema que le trae de cabeza —y que podría haber resuelto no ya un botánico sino cualquiera que tenga tiestos con geranios en el patio de atrás: las plantas necesitan luz—. Cuando finalmente recibe señal de las naves que aún le buscan, lanza al espacio, sin rumbo, al único dron operativo (Dewey); y no, no regresa a la Tierra con el carguero y lo que queda de Huey, sino que, atormentado por los remordimientos como consecuencia de los crímenes cometidos y además habiendo fracasado en su Gran Misión, sin encontrarle ya ningún sentido a su vida, detona las bombas que le quedan y destruye la Valley Forge.

Naves misteriosas (Silent Running, 1972)
Lowell enseña jardinería a Dewey y Huey

Las imágenes finales, con canción de Joan Baez incluida, nos transportan a la visión del domo que viaja a la deriva con Dewey como jardinero eterno; una metafórica imagen con el sueño de Lowell hecho realidad: preservar algo de la biosfera terrestre y hacer que llegue hasta el infinito y más allá. Ésa es la intención, aunque cualquiera que haya utilizado lámparas como las de la película puede intuir que éstas se fundirán pronto, las de reserva también, las plantas se morirán y Dewey se quedará a oscuras.

En fin. De vez en cuando elevo mi mirada al cielo y me pregunto dónde andará el pobre Dewey, solito, tan mono él, a oscuras y agarrado a su regadera sin saber qué hacer con ella.

Bueno. Queda claro que los gazapos científico-técnicos están presentes, por supuesto. Podríamos enumerar, a bote pronto, además del asunto de las bombillas, que:
 
  • el viento silba entre los anillos de Saturno;
  • un robot fabricado para sustituir piezas en una nave es poco probable que pueda llegar a mantener un cultivo de chumberas, menos aún un bosque subtropical caducifolio completo;
  • la gravedad artificial parece obra de magia;
  • las comunicaciones instantáneas con la Tierra, sin lag, no resultan creíbles;
  • el esquijama que usa Lowell para sus paseos por el exterior de la nave no parece muy funcional, aunque… qué más da si en otras escenas parece que
  • el espacio tiene una presión “atmosférica” similar a la del interior de la nave, a tenor de la falta de efectos cuando se abren las compuertas.

Y más. Pero no importa. No importa porque todo se puede solucionar con ligeras modificaciones, sin alterar ni la historia que se pretende contar ni los temas que se tocan de pasada, que están muy bien planteados. La pena es que seguro que si hicieran un remake de la película solucionarían algunos de los errores pero eliminarían el trasfondo para sustituirlo por efectos visuales, como siempre.

Naves misteriosas (Silent Running, 1972). Freeman Lowell (Bruce Dern)

He mencionado el trasfondo. La primera vez que vi Naves misteriosas me quedé preocupado: empaticé con Lowell. Algo no iba bien en mi interior, pues había empatizado con un chalado que tenía pretensiones megalómanas, que había sido capaz de matar a tres personas, compañeros suyos para más señas, sólo para enviar un enorme invernadero a los confines del universo, y que, al menos al principio, se sentía bien por ello. Por el contrario, era incapaz de ponerme en el lugar de los pobrecillos que habían muerto sólo por ser buenos profesionales, empleados que cumplían sus órdenes, cuyo mayor pecado había sido —si obviamos lo de pisarle las plantas al otro— no sentir aprecio por la comida naturista y querer volver a la Tierra, a casa, cuando sus superiores les dijeron que lo hicieran. Y comprendería más mi identificación con Lowell si éste hubiera tenido un propósito; no sé, por ejemplo convencer a sus jefes de que se replantearan su decisión, que en la Tierra no se podía vivir sin flora y fauna. Que no sólo le importara la simbología de “salvar el bosque”. Algo evidente. No sé si me explico. Un bosque a salvo siguiendo el rumbo de las dos Voyager no tiene sentido ni como hecho simbólico, por mucho que al final el mismo Lowell cite el ejemplo del mensaje dentro de una botella. Y es que deduzco que a Lowell no le importaba realmente la biosfera terrestre. No tenía mentalidad científica. Sólo quería escuchar los trinos de los pájaros, ver los colores de la primavera… cosas así. Y si no, pues crimen, suicidio y destrucción.

Naves misteriosas (Silent Running, 1972). Lowell y los drones juegan al póker

Para más INRI, lo peor era que había empatizado con un individuo que de entrada me caía mal. Aparte de que nunca me ha gustado Joan Baez —que canta dos veces, ambas para poner énfasis en los ideales de Lowell—, resulta que el tipo es antipático, caprichoso y maniqueísta. Comprendo que en 1971 estuvieran de moda los hippies. Que sí, que un fallo lo tiene cualquier época; mira los raperos… o los del reggaeton de la gasolina… y son de ahora (bueno, vale, eso queda para otro día, cuando reseñe Idiocracy). Pero es que Lowell no resulta simpático ni por asomo. Es un tipo autoritario y dogmático. Su verdadera ideología sale a relucir cuando intenta hacer prevalecer su opinión acerca de la superioridad de los valores organolépticos de las verduras que él cultiva sobre los de la comida sintética, que es la que prefieren sus compañeros. Es de esos individuos que si llegaran al poder pondrían a todo el mundo a hacer lo que ellos consideran justo y adecuado, o al paredón. Y a pesar de eso, en mi fuero interno me identifiqué con él en mi infancia y eso mismo me ha vuelto a ocurrir la semana pasada. Ya os digo, estaba, y aún estoy, preocupado.

Naves misteriosas (Silent Running, 1972)

Es curioso, pero el argumento original era así: un Lowell talludito que no quiere jubilarse secuestra la Valley Forge para suicidarse contra los anillos de Saturno. Falla y entonces contacta con una civilización alienígena (primer contacto terrestre con los extraterrestres). Los busca en una contrarreloj mientras los de “la Compañía” le persiguen a él para recuperar el carguero. Entonces sí me hubiera sentido más tranquilo al identificarme con él (excepto en lo del suicidio). La película terminaría con Lowell muerto a tiros, la Valley Forge recuperada por ”la Compañía”, el domo a salvo y abordado por ETs, y Dewey mostrándoles a éstos la foto de familia de los drones y Lowell. Pero al parecer eso de los aliens restaría “seriedad” a la película, que pasaría a ser una soft space opera en lugar de una space opera realista y convincente.

Poco queda por decir. Los datos y la ficha los tenéis en IMDB. La imagen es bastante adecuada, al estilo de 2001. Una odisea en el espacio, y parece que en base al presupuesto los resultados son más que buenos. Otra vez lo de siempre: no hace falta un presupuesto astronómico para hacer una buena película.


A la derecha: el truco de los drones. En realidad eran carcasas manejadas por personas con las piernas amputadas.
  Naves misteriosas (Silent Running, 1972). Cómo se hizo

Los efectos además salieron rentables. En la serie Galactica original de los 70 se utilizaron secuencias de Naves misteriosas. En la actual se emplea un diseño derivado de los de esta película para el Crucero botánico.

Y para terminar os diré que he vuelto a ver Naves misteriosas por dos razones: la primera es que hace poco preguntaron por ella en nuestro foro; la segunda, que estos días he leído la noticia de que el 26 de febrero se ha inaugurado el primer Banco Mundial de Semillas en La isla de Longearbyen, en el archipiélago noruego de Svalbard. No es algo novedoso como concepto, pues bancos de semillas hay legión, pero sí lo es en la medida en que constituye el primer intento de hacerlo a lo grande. Este banco de semillas sería algo muy parecido a lo que se plantea en la película Naves misteriosas, sólo que en la ficción que estoy reseñando lo que se pretende conservar es el ecosistema entero, algo que se antoja realmente ambicioso. Bueno, el caso es que en cuanto leí la noticia me acordé de esta película.

Al ver Naves misteriosas estaríamos ante otro ejemplo de la Ciencia Ficción en su versión anticipatoria, y no sólo en lo que respecta a artefactos, mecanismos o dispositivos domésticos, sino de grandes proyectos que presumiblemente (esperemos que no) servirían para permitir la continuidad de la biodiversidad en nuestro planeta. De momento se ha adoptado una solución más sencilla que la de la película, pero... ¿y en el futuro?

Naves misteriosas (Silent Running, 1972)


Federico G Witt, 2008


Las imágenes mostradas son propiedad de Universal Pictures, que conserva sus derechos de copyright.



Tienes disponible el DVD en:



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