Como consecuencia de estas premisas básicas, aparte de los casos particulares que ya hemos citado también hemos visto las siguientes situaciones significativas:
Aunque —siempre ateniéndonos a la hipótesis a la que aludí al comienzo— DHARMA ha construido la máquina del tiempo, ésta no es la única manera de efectuar viajes temporales en
Perdidos. El hecho de que la isla se encuentre anclada en 1996 —desde que se implantara el mecanismo de acoplamiento entre el supuesto artefacto y las propiedades magnéticas de la propia isla hasta que Desmond destruyera la máquina al girar la llave—, implica que quien viaje entre la isla y el mundo exterior también lo hará en el tiempo. Dejaremos las consecuencias y los pormenores de dichas excursiones a un lado —esto daría para un artículo bien largo por sí solo, ya que el problema ahí radica en la presencia simultánea de dos entidades idénticas coincidiendo en el mismo tiempo, asunto que se “resuelve” mediante el concepto de viajes de la mente— para seguir con el tema del destino y sus implicaciones en un viaje en el tiempo.
Hay multitud de obras de ficción que muestran cambios en el presente y el futuro por medio de viajes al pasado. El caso más típico sería el de las diferentes modificaciones de la paradoja del abuelo: si viajo al pasado y altero el curso de la historia, cambiaré el futuro y esto puede condicionar mi propia existencia; por ejemplo, si mato a mi abuelo antes de que conciba a mi madre, yo nunca podría haber nacido y por lo tanto jamás habría viajado al pasado ni habría matado a mi abuelo. La primera de estas obras que nos viene a la mente seguro que es la de
Regreso al Futuro (con el condensador de fluzo incorporado al DeLorean, sí, ésa). Otra sería
El sonido del trueno, y otras donde el tema se trata con mayor complejidad,
Next y, sobre todo,
El efecto mariposa. Podríamos seguir citando, hay muchas, pero éstas nos ofrecen casi todos los puntos de vista y vemos que, en general, todas procuran evitar el engorroso e incómodo concepto del destino como elemento no deformable. Cuando tocan el tema, lo hacen de modo que siempre tenga cabida eludir a los hados. Se libra la excelente
Doce monos, pero para explicarlo necesitaría una reseña entera.
Todo esto es algo que, de otro modo, trató de manera magistral
Greg Egan en el relato titulado
El diario de cien-años-luz, incluido en
la antología Axiomático que publicó el Grupo Editorial AJEC en septiembre de 2006. Aquí no se viaja en el tiempo sino que se transfiere información, pero de este modo podemos hacernos una idea bastante precisa de que el destino es ineludible si no se acude al recurso —hoy por hoy de ficción especulativa— de los universos paralelos:
Sin entrar en detalles de cómo y por qué —recomiendo a todo el mundo leer este relato—, en un futuro a medio plazo la humanidad habrá encontrado el modo de conocer el futuro. Fijaos que no hablo de predecirlo sino de conocerlo. Todo individuo, cuando nace, recibe un dossier completo de su vida, que él mismo habrá escrito a modo de diario o blog. Sabrá, por ejemplo, qué día morirá y de qué. También sabrá, si lo hubiera anotado, a quién y con qué números tocará la lotería en tal fecha. Y entre qué horas no funcionará el ascensor. Pero no hará nada por alterar estos hechos.
La Historia futura de la humanidad también está escrita, y se conocerá del mismo modo que se conoce la Historia pasada. No se podrá actuar de forma distinta, ni cambiar el futuro, del mismo modo que no se puede haber actuado de manera diferente a como recordamos haberlo hecho, ni tampoco cambiar el pasado. Lo escrito, escrito está. El único modo para intentar escapar al destino consistirá en mentirse a sí mismo y escribir algo diferente u omitir los hechos. Y, de la misma manera que la Historia se rescribe, los gobiernos también mentirán sobre el futuro: los datos sobre la Historia futura se alterarán o se omitirán a voluntad, como se hace actualmente con la Historia pasada. Pero es eso, una mentira; no significa escapar al destino, que es ineludible. Para tener una falsa sensación de libre albedrío, algunos ciudadanos elegirán no escribir el diario y creer que actúan según les viene en gana en cada momento —exactamente igual que el resto, pero ignorando que de todos modos iban a actuar así—. Harán lo mismo para evitar disgustos, como por ejemplo que una niña lea que alguien la violará en tal fecha dentro de unos años. Bendita ignorancia.
Si lo pensamos, cuando en la historia nos encontramos ceñidos a una sola línea temporal o, si lo preferimos, a un solo espacio-tiempo, esto es absolutamente cierto. Sólo podemos alterar el futuro mediante viajes al pasado si tomamos en consideración la existencia de universos paralelos, dimensiones alternativas, divergencias espaciotemporales, etc.
Pero
J. J. Abrams intenta dar un paso más con sus mecanismos correctores del destino, empleando (qué remedio, acabamos de explicar por qué) esas diversas realidades alternativas mencionadas. Y lo hace con una particularidad: que las líneas temporales alternativas converjan en una sola. Ahí radicaría lo ambicioso de la serie —de ser cierta la hipótesis de
Hunter—, que los guionistas llevan de manera admirable dando vueltas y más vueltas a una tuerca que, excepto por el hecho de que somos espectadores y tenemos los
chakras abiertos para aceptar pulpo como animal de compañía, no puede girar más sin pasarse de rosca.
Y es que, si todas las líneas temporales al final convergen en una única realidad, fallos tiene que haber. Sin ir más lejos, esos dobletes de personas en un mismo momento… De hecho, sólo por no romper el principio de conservación de la energía, un viaje en el tiempo implica que, en ese instante y en dirección opuesta, debe trasladarse “algo” equivalente a quien viajó, cosa que en
Perdidos no se refleja. Pero el truco de hacer verosímil lo imposible a base de jugar con muchos conceptos y situaciones que se superpongan los unos a los otros, da resultado.
La clave creo que está en que todos los acontecimientos que se narran en
Perdidos giran en torno al intento que hace una sola persona para alterar el destino, para burlar a esos mecanismos correctores. Me explico: Si DHARMA falló en sus primeros intentos de manejar el curso de la historia y organizó una masacre en la isla, poniendo a los otros (hostiles) en un estado tal de aborrecimiento que les llevó incluso a organizar la famosa “purga”, hubo alguien que sí parece que consiguió llevar ese asunto a buen puerto. O al menos, a juzgar por el rumbo que ha tomado Perdidos con esos últimos
Flash Forwards, aparentemente tuvo cierto éxito:
La madre del “malvado” (entrecomillo porque parece que al final parece que es el bueno, aunque sus métodos sean maquiavélicos) Ben intenta hacerle una jugarreta al destino mediante una argucia que resulta bastante interesante: cuando se cabreó con DHARMA y se largó, no tomó el famoso rumbo de salida de la isla sino que utilizó la máquina del tiempo y regresó al instante en el que iba a ser reclutada en su trabajo. Entonces no siguió sus anteriores pasos sino que urdió una trama para que todo fuera diferente. Fue como si no hubiera estado esos quince años en la isla. Aunque parece que luego el destino la sustituyó por Ben, matándola durante el parto y permitiendo que éste viviera, todo lo que ocurrió después, su aparición ante el propio Ben, la purga y todo lo demás, son actos planeados o propiciados por ella aprovechándose de sus conocimientos sobre el modo de actuar del destino. La colaboración de los
losties, sobre todo la de Locke y presumiblemente la de Jack (esto está por ver), van a permitir alterar el curso de la historia, burlando al destino de algún modo que todavía no podemos intuir. Preveo que el monstruo del humo será engañado o utilizado.
O eso, o tendremos que admitir que en la serie no existe el libre albedrío y que en realidad todos son meras marionetas en manos del destino. De todos modos, no descartemos la existencia de futuros no convergentes; solución que, aunque más rigurosa, sería tan decepcionante para nosotros, los asombrados espectadores, como si nos resolvieran la trama introduciendo elementos mitológicos o religiosos.
Por favor, J. J., no nos decepciones. Que todo eso de Abadón y el resto de los nombres bíblicos sólo sea un engañabobos para despistar, porque no es necesario acudir a argucias mágicas o esotéricas para cerrar la trama. De verdad.
Federico G. Witt, 2008