En este artículo voy a tener que pedir disculpas de antemano. Porque lo que voy a soltar es una sarta de blasfemias irreverentes en contra del séptimo arte y la política correcta. Dicho esto creo que tengo vía libre.
 | Me encanta Charlton Heston. Desde niño me ha encantado. Y me da igual que en estos instantes sea representante de lo más rancio del republicanismo USA. O que sea el presidente de honor de la Asociación Nacional del Rifle. Cuando empuñó su Winchester de 1866 en la asamblea de la NRA, que preside desde 1998, lo alzó, elevando su voz atronadora (y ya algo temblorosa) en un movimiento que iba in crescendo, y pronunció la maldita frase de "Sólo me lo arrancarán de mis manos frías, muertas", ése, ése y no otro era el Charlton que me subyuga. Un crack, el de siempre. Todo un personaje. Lástima que pocos años después le retiraran la licencia de armas por culpa del Parkinson. Eso es algo con lo que nadie puede contar. |
Creo que no puedo hablar igual de ningún otro actor. El que más y el que menos tiene películas con las que he bostezado, pero Charlton no (espero que me deje llamarle Charlton). Aún no he visto una película con él de protagonista que me aburra. Todas las de catástrofes, de aeropuertos y terremotos, embutido en aquellas cazadoras sport setenteras. Las de cine épico y “de romanos”, con Ben Hur en cabeza, personaje que tiene su cara y no puede tener otra, y seguida, o precedida, de Los Diez Mandamientos; ah, qué Moisés hizo, cómo estrellaba las tablas de la Ley al ver la bacanal que se había montado en honor a Baal. Y La Historia más grande jamás contada, El tormento y el éxtasis, El Cid (¿quién si no la iba a protagonizar?), Marco Antonio y Cleopatra (en la versión con Carmen Sevilla)… Se sale en las de aventuras en lugares exóticos. En Cuando ruge la Marabunta, cómo enamora a aquella mujer, adquirida por correo en el Amazon o el E-Bay de la época, que le odiaba, le aborrecía. Y sin tener que ceder ni un ápice. La rindió sin agasajarla, sin trabajarla, sin caer en baboserías románticas. Nada de hombres sensibles, no estamos hablando de ellos. No se podía uno andar con esas chorradas cuando tenía que andar dando sopas con honda a los boxers en 55 días en Pekín, con una mano, y con la otra a un montón de árabes furiosos en las revueltas coloniales de África, en Kharthoum, donde se pudo librar rindiéndose pero fue firme hasta el final, de modo que nadie pudiera dudar jamás de su honor y valentía en un asunto perdido de antemano y que en realidad no le incumbía. No nos dejemos Los indomables, película ambientada en Hawai. Qué tío. O con el cine de vaqueros, en el que son memorables Mayor Dundee y La ley de los fuertes, donde Richard Harris le vio, se fijó en él y dijo “De mayor quiero ser como éste”. El pobre Harris nunca lo consiguió, por más que trató de sobreactuar cuando elevaba su grito al cielo en todas y cada una de las películas que protagonizó. Charlton se hizo un hueco también con El más valiente entre mil y El valle de la furia.
Bélicas no hizo muchas. Cabe destacar La batalla de Midway pero ése era un batiburrillo de glorias vivientes. Y de las de cine negro, policíacas, Charlton tiene un gran papel en Sed de mal, dando muy bien réplica al mismísimo Orson Welles. No sé si me olvido de alguna importante. En su decadencia ha hecho papeles menores, no hablaremos de ellos. Esos no cuentan. Los ha hecho con dignidad, han sido homenajes y punto pelota. En ninguna, absolutamente ninguna, he bostezado. Y no, no he olvidado las de ciencia ficción. Charlton Heston tiene tres papeles de ciencia ficción que hubiera firmado cualquier actor:  | La primera vez que vi El planeta de los simios (1968) fue en la sesión que daba TVE los sábados por la noche, como de 10 a 12 en el VHF (es decir, el único canal que había, porque el UHF ya había chapado a esa hora). Después había un debate de media hora con sesudos analistas y expertos en la materia, uno de los cuales dijo que cuando ocurriera un holocausto nuclear (eran los 70, aquello era obsesivo) no serían los simios, sino las ratas, las que surgirían como dominadores del planeta. Otro dijo que no, que las cucarachas. A mí me importaba un bledo. Joder, acababa de ver El planeta de las simios, con Charlton en el papel de Taylor. Aunque en la mente de los espectadores quizá quedara impresa con mayor profundidad la escena que reproduce el cartel publicitario, en la que cae arrodillado ante una estatua de La Libertad semienterrada en la playa, que cierra una película en la que sólo él podía ser el protagonista, a mí me quedó grabado a fuego lo primero que les dijo Charlton a los simios dominadores del planeta: “¡Aparta tus sucias manos de encima, mono asqueroso!”. |
Vamos a ver. Pongámonos en su lugar. La situación es la siguiente: eres el comandante Taylor, caes en un planeta donde los simios dominan y los hombres viven en rebaños, son meros seres cuyo destino es ser enjaulados a la espera de que experimenten o hagan cualquier otra barrabasada con ellos. Entonces das con un par de monos buenos que tienen algunas influencias porque son científicos, te pueden ayudar, pueden ser tus intermediarios para que expliques poco a poco que el ser humano posee inteligencia, que hay sociedades humanas más avanzadas que aquélla de los simios y, sobre todo, que el que tú estés allí es una delicada casualidad, y que te quieres largar. Todo eso habría que plantearlo poco a poco, claro, llevaría su tiempo pero no estaban las cosas como para enfrentarse a los simios: de tu tripulación sólo sabes que uno ha sido expuesto en la vitrina de un museo de Zoología. Y va Charlton y la primera vez que habla, pues tenía la garganta dañada, en vez de decir algo en plan “me temo que todo esto es fruto de un lamentable y enojoso malentendido”, le suelta al más bruto de todos, a uno de los que iban armados y que se dedicaban a cazar humanos, lo de “Aparta tus sucias manos, mono asqueroso”. Diplomacia Charlton- style. Ése es mi Charlton, nada de política correcta. Prefiero no opinar sobre lo que han hecho hace poco con el remake políticamente correcto de El planeta de los simios de Tim Burton en el que, por cierto, Charlton hace un papel de homenaje. Y respecto al proyecto Gran Simio… ¿es que esa gente no se ha enterado bien de cómo empezó todo? ¿no ha visto las cuarta y quinta de las pelis de la serie de los simios? Claro, como ya no salía Charlton… Unos años después participó en la segunda película de la serie de El planeta de los simios, robándole absolutamente todo el protagonismo a James Franciscus cuando coincidían en escena (para colmo le sacude una paliza, poniendo las cosas en su sitio, por si no estaba claro) y ya no vuelve a salir en las otras tres que cierran el ciclo. Off topic, el que sale en todas, incluso en una sexta, que explica a las otras cinco, es Roddy McDowall, haciendo un total de tres papeles de simio, si no me equivoco. Cuatro, si incluimos el suyo propio como presentador en la sexta. Y sí, antes de que alguien lo pregunte, en las tres primeras era el pusilánime y repulsivo Cornelius, el monito bueno. Ains. | Charlton se aficionó a protagonizar ciencia ficción de aventuras y en El último hombre... vivo (1971) se metió en el papel de Neville, el médico que poseía la facultad de ser el único hombre vacunado contra un virus que habían tirado en 1975 los rusos a los chinos, o viceversa, en la tercera guerra mundial. Dicho virus volvía albinos a los afectados y les proporcionaba el gen de la mala leche… y los estigmas. “¿Acaso tiene él estigmas? ¿veis sus estigmas? ¡mostradle vuestros estigmas!”. Y claro, los de “la familia” de Mathias, que sí tenían los estigmas, se ponen tan pesados que a Neville-Charlton no le queda más remedio que cargarse a la mitad (o más) de los únicos humanos que quedaban con vida en el planeta. |  |
Una de las veces, cuando se disponía a cenar con un batín muy hortera, se levanta de la silla, aparta la servilleta con un gesto de hastío en plan “ya están ahí otra vez esos pesaos”, y los ametralla sin piedad desde el balcón. Casi al final de la película, cuando el chaval, ya curado, le pregunta por qué lo hace y le recrimina que no intente ayudarles en lugar de cargárselos disparando cada vez que se mueven, él responde que “sólo son alimañas”. Hay un buen guiño con el título original de la película (Omega Man) cuando un niño le pregunta si es Dios. Si se fijan ustedes, Charlton no responde. Sonríe, en plan “qué cosas…”, pero yo juraría que se muestra complacido. Me he enterado que van a rodar un remake, o en cualquier caso otra versión de la novela Soy leyenda, con… ¡Will Smith! No digo que no salga algo divertido y entretenido de ahí, pero… en fin.
 | También protagonizó, haciendo de hombre muy hombre, Cuando el Destino nos Alcance (1973). Qué historia, la de un durísimo detective en 2022, cuando la humanidad vivía hacinada y un lujo podía ser darle un lametón a una cucharilla ya chupada con la que una prostituta desconocida había rebañado el fondo de un tarro de mermelada. Y es que para comer sólo tenían Soylent Green, una especie de obleas rectangulares servidas y publicitadas en megafonía por el Estado, que en teoría estaban hechas de extracto de algas pero en realidad… bueno, no quiero fastidiar a nadie el final si la ve, pero eso de reciclarlo todo… absolutamente todo… Es una delicia también ver a Edward G. Robinson haciendo su último papel. Literalmente. | Creo que voy a verlas otra vez.
Por cierto, aunque esta imagen sea de broma, hoy en día se pueden comprar muchísimos productos de herboristería que llevan el nombre de Soylent Green. Add as favourites (1) | Cite este artículo en su sitio | Views: 1182
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