El doctor Stojkovic saltó a la fama en mayo de 2004 al convertirse en el primer científico europeo que logró clonar un embrión humano con fines terapéuticos. Hasta entonces, el único investigador que le sacaba ventaja en este terreno era el surcoreano Hwang Woo-Suk, considerado en aquel momento el líder mundial de la medicina regenerativa. Sin embargo, la escandalosa caída en desgracia de Hwang en diciembre de 2005, cuando se descubrió que había falsificado sus trabajos, colocó a Stojkovic en la vanguardia de este campo de investigación.
El nuevo experimento de este científico serbio, que acaba de publicarse en la revista
Stem Cells, podría ayudar a superar la intensa polémica ética que sigue existiendo en torno a las investigaciones con embriones.
DIVISIÓN INTERRUMPIDA
Su trabajo demuestra que las células madre -esa materia prima biológica de la que los científicos pretenden obtener toda clase de tejidos para realizar trasplantes y combatir enfermedades degenerativas- se pueden extraer de óvulos fecundados en clínicas de reproducción asistida que de forma natural han dejado de dividirse, y se consideran inviables para engendrar una vida.
Por lo tanto, si este hallazgo se confirma, nadie podría objetar que la obtención de células madre de estos embriones muertos es como asesinar a un futuro ser humano, ya que se trataría de un material totalmente inservible desde el punto de vista reproductivo.
Según explica el doctor Stojkovic, «menos de la mitad de los óvulos humanos fecundados in vitro llegan a alcanzar la llamada fase del blastocisto, que es imprescindible para que puedan implantarse». En su experimento, su equipo empezó a trabajar con 161 embriones que fueron donados por clínicas de reproducción asistida. De estos 119 murieron (es decir, dejaron de dividirse) a los cinco días de la fecundación y 13 se volvieron inviables una semana después de fecundarse.
Tras meses de trabajo, Stojkovic y sus colegas lograron extraer células madre de uno de estos embriones muertos, y aunque evidentemente el nivel de éxito fue bajo, demostraron que es posible obtener células madre con un material biológico que no podría utilizarse para que una mujer tuviera un bebé.
El científico serbio, en cualquier caso, asegura que su intención no era encontrar una forma de superar los problemas éticos que plantea la investigación con embriones, sino optimizar la utilidad científica del material donado por las clínicas de reproducción asistida. «Creo que si alguien dona embriones humanos para la investigación, mi deber como científico es aprovechar el máximo posible de este material», explica Stojkovic en declaraciones a
Nature. «Ahora hemos comprobado que no tenemos porqué descartar la mitad de los embriones que recibimos, como hacíamos antes».
«ES COMO EXTRAER ÓRGANOS VIVOS DE UN PACIENTE QUE HA FALLECIDO»
La posibilidad de obtener células madre de embriones muertos introduce un nuevo e importante elemento para el debate en la controversia bioética que rodea desde hace años a la investigación en el campo de la medicina regenerativa. Según el doctor Donald W. Landry, del Centro Médico de la
Universidad de Columbia en Nueva York, se trata de un paso crucial para obtener un mayor consenso social sobre la legitimidad moral de este tipo de experimentos.
«Si el embrión está muerto, ya nadie puede decir que se está matando a una persona al manipular este material. En ese caso, este procedimiento es comparable a una donación de órganos: es decir, obtener células vivas de un embrión muerto es como extraer órganos vivos de un paciente que ha fallecido», opina este experto, en declaraciones a la cadena CNN. Lo mismo opina Hans Schöler, director del
Instituto Max Planck de Biomedicina Molecular en Münster (Alemania): «Si no se destruye un embrión, no puedo concebir cómo alguien puede denunciar que estas investigaciones sean inmorales».
Sin embargo, los nuevos resultados presentados por el equipo de Miodrag Stojkovic no han convencido a todo el mundo. El doctor Robin Lovell-Badge, del
Instituto Nacional de Investigación Médica del Reino Unido considera que no hay ninguna manera de demostrar que un embrión supuestamente 'muerto' en un laboratorio hubiera dejado de dividirse si se hubiera implantado en el útero de una mujer. «Es posible que sean las condiciones del propio experimento las que hayan provocado su destrucción», asegura.
En esto coincide el reverendo Tad Pacholczyk, director del
Centro de Bioética Católica de Philadelphia, quien considera que «un embrión quizás no está muerto del todo si sus células individuales siguen vivas y pueden obtenerse líneas de células madre. Aún sabemos muy poco sobre los embriones para saber si están realmente muertos».