Hace un mes y pico alguien preguntó en nuestro foro el título de una película en la que unos tipos salían a media noche de las paredes y modificaban el mundo real; abrían puertas donde antes no había ninguna, cambiaban las cosas de lugar o las hacían desaparecer, le borraban la mente a la gente...  | | El protagonista —en palabras de quien preguntaba en el foro—, trataba de averiguar por qué él era especial y podía ver todo aquello, qué razón había para que no pudieran borrarle la mente por completo, e incluso se daba cuenta de que tenía el poder de hacer lo mismo que esos tipos. Ni puta idea. Yo no podía contestar a nuestro co-forero. No había visto esa película, pero me empezaba a interesar. Así, a bote pronto, pensé que podría tratarse de Chypher (2002) o —más probablemente— Paycheck (2003), pero ninguna de ellas incluía todos los elementos que decía el forero. Pensé en más títulos, incluso me vino a la mente El Show de Truman (1998) pero tampoco coincidía con todos los datos. A Reverenda Madre le sonaba que tal vez fuera Silent Hill 4, uno de los juegos de la franquicia. Así, días después el forero volvió a dar más datos después de haber consultado con una amiga que tampoco recordaba el título. Ella le dijo que recordaba que además de salir de las paredes a media noche estos tipos eran similares entre sí, vestían gabardinas y eran calvos. | Al entrar en el mundo real 'por así decirlo' (sic) detenían el tiempo y era ahí donde alteraban las cosas: cambiaban a la gente de posición o la vestían de forma diferente; también quitaban objetos o elementos de las casas (los hacían desaparecer o los cambiaban de lugar).
Es que ni puta idea, de verdad, pero cada vez me apetecía más ver esa película. Cuando llegó Reverenda Madre y leyó los datos nuevos enseguida recordó una película que había visto hacía mucho y que había pasado sin pena ni gloria por las taquillas de nuestro país: Dark City (1998). Al día siguiente, en una de las muchas listas de distribución que frecuento —ya ni recuerdo cuál era—, puñetera casualidad, van y ponen un análisis comparativo entre Dark City y Matrix (1999). En ese análisis parecía obvio que los hermanos Wachowski se habían copiado vilmente de la película del año anterior. Habían utilizado algunos de los decorados, las escenas oscuras eran muy similares e incluso el tema de 'la realidad no es lo que parece' era calcado. Por no hablar de la presencia de un 'elegido' o la de unos pibes raritos que vigilaban que todo siguiera como querían que siguiera, por alguna extraña razón. Joder, ya sí que no me la podía perder. ¿Cómo se me había podido escapar vivo algo así, con lo que me gusta todo lo que huela a Matrix? En cuanto vi de qué año era lo comprendí: estuve viviendo en Alemania de 1995 a 1999 y durante ese periodo sólo vi en el cine aquello de lo que tenía referencias muy concretas. Y ya digo que de Dark City ni flowers. Me hice con ella y la he visto. Para empezar, no le encuentro tanta similitud con Matrix, y menos que ésta sea una copia de Dark City. Son dos películas muy diferentes, pero por culpa de la contaminación que había sufrido al leer aquel análisis no pude evitar estar comparándolas durante todo el tiempo. A toro pasado, y decorados y oscuridad aparte, creo que hay tanta similitud de trama entre estas dos películas como la que pueda haber entre Dark City y El Show de Truman. Visualmente es una película muy atractiva. El aspecto gótico-expresionista de los escenarios, los automóviles de época, las ropas demodé, el Art Nouveau de la ciudad... nos llevan a recordar inmediatamente otras películas como Metropolis, Dick Tracy, Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, El cuervo (también dirigida por Alex Proyas), algunas de la serie Batman o la más reciente de Sin City. Bueno, y otras varias. Así, mezclándolas todas, nos sale una estética como la de Dark City. Al que le guste lo gótico-demodé —pero no mucho el gótico-The Cure— esta película le va a poner los pelos como escarpias. Y el título está bien pensado, por lo obvio del mismo. Todo se desarrolla en una ciudad y ésta es más oscura que la boca del demonio. Tanto que nunca se hace de día. | |  | El argumento: de entrada, una voz en off, la del Dr. Daniel Schreber ( Kiefer Sutherland), nos pone un poco sobre la pista. Un poco bastante. Dicen que no era la intención inicial de Proyas, y que incluyeron esta explicación introductoria en off porque si no los espectadores no se iban a enterar de la misa la media hasta bien avanzada la cinta.  | | El caso es que los más puristas afirman que conviene bajar el sonido para evitar escucharla, que la película así gana mucho. No lo sé, yo la vi tal cual y creo que ya tiene el misterio suficiente, que como no se esté atento no se capta todo lo que hay entre líneas, que es bastante, como para encima complicar más la cosa. No la dan masticada, no, aunque se entienda perfectamente. No es una película difícil pero en determinados momentos no conviene quitarle el ojo de encima ni para hacer un pis rápido. El Dr. Schreber nos cuenta que unos extraterrestres llamados 'los ocultos' vinieron a la Tierra porque su civilización, que estaba muy adelantada, había empezado a caer en decadencia. Habían llegado a dominar una tecnología por la que podían cambiar la realidad física con su voluntad, lo llamaban 'sintonizar'. Querían alcanzar la inmortalidad y para eso necesitaban la ayuda —involuntaria— de los humanos, que eran sus conejillos de indias. Juro que no es un spoiler, que todo esto lo cuenta esa voz en off. | En la película ocurre todo lo que nos decía el forero y que ya os he contado ahí arriba. El protagonista, John Murdoch ( Rufus Sewell), se despierta dando un respingo en la bañera de una cutre-habitación de hotel. Tiene amnesia. Y nada más ocurrir eso le empiezan a perseguir la policía, por un lado, como asesino en serie de mujeres, y unos tipos muy extraños y calvos ataviados con amplios gabanes, por el otro (enseguida se adivina que son ‘los ocultos’). La película, en una primera lectura simplista, se puede resumir como esta doble persecución más un desenlace de ciencia ficción futurista y un cierre muy emotivo. Los ocultos, que vienen a tener —cómo no— una especie de mente colectiva, persiguen a Murdoch porque en sus apaños a veces se les escapa del control algún humano, y esta vez ha sido él. Vamos a ver, antes de liarnos. Lo que hacen los ocultos es experimentar con las personas, con la ayuda del bueno —y capullo traidor a su raza— del Dr Schreber, para conseguir entender al Homo sapiens. Pretenden identificar —y adquirir— aquello que nos hace ser personas, lo que nos da la individualidad: el alma (zas, arriquitaun, taun taun). Ellos se mueren; son muy poderosos, muy avanzados, son la hostia, pero se mueren poco a poco. Y sí, pueden ocupar cuerpos humanos, pero son cuerpos muertos. Su aspecto me recuerda en cierto modo (añadámoslo a la lista de pelis oscuras) al de los cenobitas de Hellraiser. Sobre todo al bueno de Pinhead. | |  | Pero para diferenciarlos bien de los cenobitas, estos ocultos no tienen nada de gore y se ponen nombres de objetos o conceptos comunes: Señor Libro, Señor Mano, Señor Esto y Señor Aquello. Y no tienen nada, absolutamente nada que ver con el sado-masoquismo ni con la búsqueda del placer mórbido en su esencia última. Todo lo contrario. No sólo emplean el poder ése de sintonizar. Además de cambiar toda la ‘realidad’ en plan ‘quito pared, pongo ascensor, alargo escaleras, le doy dos metros más a esta mesa de comedor y mientras tanto tú pones un rascacielos aquí y le metes la sisa a ese vestido o le sacas un dobladillo, que tira mucho’, también cambian las vidas de sus cobayas humanos. Y esto último es gracias a un invento de Schreber que consiste en hacer un cóctel con la personalidad, memoria, etc. que inyecta —a lo bestia, léase con jeringuilla de veterinario— en el cerebro de los inconscientes habitantes de la ciudad. Es decir, dan nuevas vidas e identidades, que el sujeto del experimento considera que son su vida y su identidad, conservando memoria y experiencia como si fueran de verdad. Pero vamos, los cambios son radicales: ahora estás casado con fulana y eres quiosquero, ahora eres soltero y recepcionista de hotel casposo, ahora magnate de la bolsa y vives en una chabola de putísima madre… Y nadie se entera, porque eso se hace todas las noches a las doce o’clock. Todas las noches, repito, y con puntualidad británica. Así, los ocultos van afinando su experimento. Todo el mundo se duerme, el tiempo se para y allí ellos manejan lo que les da la gana para ir mejorando poco a poco en su comprensión de —¡oh!— la raza humana. (Un inciso: hay que ver lo sumamente egocéntricos que somos; cómo nos gusta ser el centro de atención y el modelo que todas las razas del universo, incluso aquéllas superiores a la nuestra, desean seguir. Acojonante, ¿verdad?)
Los habitantes de Dark City viven en un escenario de constante nocturnidad y encerrados en la ciudad sin darse cuenta. Ya he dicho que alguno, de vez en cuando, se despierta antes de tiempo (antes de que el reloj comience de nuevo a andar) y ve cosas raras. John Murdoch es uno de ellos, pero es especial. No tiene ni zorra de lo que está pasando (me imagino que lo mismo que el espectador que no ha querido escuchar la voz en off de la introducción) pero le persigue un policía ( William Hurt), le busca su mujer ( Jennifer Connelly, la de su(s) última(s) vida(s), suponemos —que, por cierto, le ha puesto los cuernos y él está tan quemado que asegura irse de putas por esa razón, y olé) y le siguen los ocultos para dejar todo en orden. Y además puede hacer cosas que antes no podía, como sintonizar, sin saber de qué va el asunto. Su obsesión es ir a Shell Beach, único y soleado lugar que recuerda vagamente en su amnesia, donde se crió, pero no sabe cómo se va hasta allí. Todo el mundo dice saber cómo se va pero nadie le puede indicar el camino. Qué mal rollo, ¿no? Y así, y también porque nunca se hace de día (cierto, nadie excepto él se lo cuestiona ni puede hacerlo, pero es obvio) y porque el reloj se para a las doce y la gente se duerme y todo cambia, es como se da cuenta de que algo muy raro ocurre a su alrededor; pero todavía hay otras cosas que no sabe muy bien qué relación tienen con todo esto. Es consciente de que el día en que arme el puzzle va a ser la hostia. Y lo es, mucho más de lo que él mismo se espera. Ya no os cuento más, porque si lo hago os fastidio la película, pero es la típica que va a más. Cada minuto que pasa el espectador se da cuenta de que el asunto es más embrollado de lo que creía. Al final, o un poco antes, se aclara todo, por supuesto. E incluso se adivina en parte (no, no va por ahí, ya he dicho que Matrix no tiene tanto que ver como parece). No os defraudará. Es efectista pese a no gozar del presupuesto que merece una producción de ese calibre. Tiene, además, en una segunda —e incluso tercera— lectura, un componente filosófico bastante bien trenzado que mezcla el amor, la importancia de la predisposición genética frente a la experiencia y los recuerdos, la existencia del alma, la eternidad del ser y muchas cosas más. Bastante profunda para ser una producción USA/Australia/acción/efectos especiales. Da que pensar. Es lo que suele ocurrir cuando falta presupuesto, que lo suplen con un buen argumento… Sí, ya sé que está mal generalizar y todo eso, pero da que pensar. Ah, y no es un remake. Su homónima de 1950 no tiene absolutamente nada que ver. Nota: a fecha de hoy el DVD está descatalogado. A mí me lo han pasado. Si vuelve a entrar en catálogo prometo avisar. Federico G. Witt, 2007 Créditos: Todas las imagenes son propiedad de New Line Productions, nc. ™ & © 1998, Todos los derechos reservados. Otras reseñas de películas: Add as favourites (2) | Cite este artículo en su sitio | Views: 368
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