Todo ello -excluyendo el turismo sexual en los países más desarrollados, y habría que hacer matizaciones- es legal y se ve favorecido por una presión social que impulsa la presencia del erotismo y la sensualidad en nuestras vidas, hecho que se asocia a una situación de opulencia que siempre es bien recibida.
Pero no siempre fue así. Hace tiempo, no tanto, ni pensar en el sexo explícito en medios públicos. Incluso el erotismo estaba mal visto de cara a la galería. Siempre ha habido reclamos sexuales, siempre, pero había que cumplir ciertas normas de ‘decoro’. La situación establecía, por una parte, que hubiera que clasificar todo moralmente -los famosos rombos, la clasificación por edades (que aún se mantiene en según qué productos), etc.- y, por otra, que el consumidor debía ser hombre -una mujer consumiendo erotismo en público (además de que no existía tal cosa para su condición femenina) hubiera sido tachada de inmediato de indeseable, de alguien que estaba próxima al arroyo, si no ya inmersa en él-. Finalmente, había que ocultar su consumo: cuando alguien compraba una revista, cómic o librito, no ya pornográfico sino que en su portada o título incluyera algún tipo de alusión, referencia o imagen erótica, lo introducía rápidamente entre las hojas del periódico. Era legal, estaba perfectamente autorizado para adquirirlo y leerlo en público, pero estaba mal visto y peor considerado.
Pero había un gran mercado. Se vendía. El erotismo se vendía y vendía, atraía al público. Y eso, en combinación con productos que ya de por sí estuvieran mal vistos, que se consideraran ‘inferiores’ o para mentes ‘infantiloides’ -y ahora hablo de la ciencia ficción y compañía-, podía ser una bomba, porque esos productos también atraían. La ciencia ficción estaba ligada -en las revistas
pulp- a las historietas de detectives, románticas, de vaqueros, de terror y medievales o fantásticas. Había un mercado notable de novelas cortas e historietas, mucha oferta, gran demanda y, aunque estuvieran mal vistas, funcionaban, y asociadas al erotismo, más.
Me vienen a la mente varias preguntas acerca del origen de la asociación entre portadas
pulp y erotismo:
- ¿El reclamo erótico y las historietas pulp se asociaron de forma espontánea por sus condiciones marginales?, es decir, ¿ambos ghettos convergieron por simpatía?
- ¿O quizá fue lógico que la temática de las historietas supusiera un terreno abonado para que en ellas se incluyera al erotismo?
- ¿Tal vez, por otra parte, al ser unos géneros muy visuales, cuyo mercado se basara en gran medida en las ilustraciones, erotismo y pulp estaban condenados a asociarse?
La verdad es que no puedo responder a estas preguntas de una forma categórica. Para cada respuesta que dé existe al menos una excepción clara que invalida la regla. Pero voy a argumentar un poco, comparando con las historietas equivalentes que están a la venta hoy en día: comics -incluyendo fanzines.
Las novelas, relatos y cuentos de ciencia ficción incluyen en sus tramas -hoy, como ayer- el erotismo justo. Incluyen erotismo y sensualidad, sí, y a veces, puntualmente, bastante, pero en cualquier caso no es una norma distintiva; no hay diferencia alguna en ese aspecto con el
mainstream. Eso favorece una respuesta negativa para mi segunda pregunta -la de la temática favorecedora-. Parece ganar peso, por el contrario, el argumento basado en que la historieta -en contraposición a la novela- sea un texto propenso a la ilustración, gracias a la cantidad de comics -y no sólo ilustraciones de portada- que se han dedicado a ello desde que el género cobró fuerza. Es lógico, cuestión de longitud, novela:película, historia corta (o por entregas):cómic. También favorece este argumento el hecho de que las superheroínas de los comics sean, por norma general, un auténtico compendio de fetichismo, llevado hasta su último extremo en ilustraciones ajenas a la serie habitual del cómic en cuestión.
 Batgirl en 2002 (Scott Cooper ©) | |  Batgirl en la versión de Luis Royo © para Norma (1996) |
Sin embargo, también encuentro argumentos a favor de que el
pulp y el erotismo se asociaran por simpatía o porque, una vez que ambos estaban mal vistos… pues ‘de perdidos, al río’. Esto lo demuestra además la circunstancia de que las novelas ‘serias’ de ciencia ficción, una vez que se han tomado en serio por el lector de
mainstream -cosa que nunca ha ocurrido con la historieta corta de CiFi- han dejado de presentar portadas que sean excesivamente sensuales para la tendencia de la época. Hago generalizaciones, claro.
Creo, por tanto, que dos de las razones que expuse son ciertas: hubo una asociación erotismo-historieta en plan ‘de perdidos, al río’, y otra, complementaria, debida al componente estético o visual inherente tanto a las historietas como al propio erotismo. Y siempre, siempre, ha estado presente el reclamo sexual, que se aprovecha de ese componente vicioso que todos llevamos dentro. Lo demuestran la escasez de ropa de la que hacían gala las
pin-ups de las portadas del
pulp de ciencia ficción, incluso aunque el
partenaire masculino fuera forrado e incluso portara escafandra, como veremos, y las nada discretas -ni cómodas- indumentarias que usan las superheroínas de los comics desde los años 60.