
Como indica el texto de la contraportada, que es lo primero que se lee en un libro,
La nave de un millón de años es la historia de unos inmortales —entendiendo como tales a quienes no mueren de viejos, personas que por alguna graciosa y simpática casualidad han nacido con una asombrosa capacidad autorreparadora de su organismo, aunque sí sean susceptibles de morir por causas violentas.
El planteamiento es muy elemental: los inmortales nacen como cualquier otra persona y se dan cuenta de que son diferentes cuando todo el mundo, excepto ellos, envejece a su alrededor. Anderson decide contarnos su historia de un modo discreto, no continuo, con saltos en el tiempo. Tienen diferentes orígenes, proceden de diferentes épocas y lugares, pero comparten un problema común: la gente que los conoce termina desconfiando de su falta de arrugas, pensando que han hecho pactos con el diablo o que desde luego no son trigo limpio. Y los inmortales, en lugar de preguntarse por qué son así —lo hacen pero no es una prioridad para ellos—, se preguntan principalmente si habrá otros o son únicos. Se buscan.
- Título original: The Boat of a Million Years (1989)
- Autor: Poul Anderson
- Traducción: Carlos Gardini
- EDICIONES B, S.A.
- Lengua: CASTELLANO
- Encuadernación: RUSTICA (BOLSILLO)
- Precio: 5 €
- ISBN: 8466623159
- 724 páginas
La narración sigue un orden cronológico: la edad de hierro, el imperio romano, la China imperial, los pueblos bárbaros, la edad media, la Francia de Richelieu, el oeste americano, el siglo XX y el futuro, en líneas generales.
No se trata ni de una novela de acción ni de un profundo tratado sobre la inmortalidad. Tampoco sigue un proyecto en plan ‘sólo puede quedar uno’. No. Es una historia sobre los diferentes personajes, por separado y en conjunto, con sus problemas, sus objetivos, sus diferentes formas de ser… no son seres excepcionales salvo por el hecho de no morir de viejos. Los hay miserables y los hay grandiosos, los hay cobardes y valientes, mediocres y sobresalientes, aventureros y prudentes, leales y traidores.
¿Qué es lo mejor, aparte del precio? La originalidad, el transcurso de la novela a lo largo de la historia. Y el final.
¿Y lo peor? Pues que se trata de un ladrillo de más de 700 páginas de las cuales 400 o más son relleno, o esa es la sensación que da.
Leyendo
La nave de un millón de años me ha ocurrido algo extraño: unos días me enganchaba, pasaba las páginas sin pensar en otra cosa que en lo que leía, deseando leer más, saber qué vendría a continuación. Otros, por el contrario, le daba vueltas a la cabeza a otros temas mientras leía una página entera sin hacerle ni caso, teniendo que volver atrás.
La novela de
Poul Anderson es recomendable por su originalidad. Es de esas obras que cuando uno acaba de leer piensa que ha hecho bien en leer, que tiene pinta de clásico, pero que no apetece releer. Ya he dicho que le sobran la mitad de las páginas o más. Es una novela de “Muy bien, ya está, me ha dado ideas, he aprendido, me ha aportado novedades, pero ya está, leída”.
Así que mi recomendación definitiva es: cuando tengas unas vacaciones o estés convaleciente tras una operación, léetela, no la olvides y aprovecha al máximo lo que de ella hayas obtenido.
Federico G. Witt, 2006