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Estoy viendo Expediente X de un tirón. Las nueve temporadas, sí, a razón de varios episodios por día. La serie no está nada mal pero he dado con algo que merece la pena ser reseñado en particular. Mejor dicho, con alguien. Se llama Darin Morgan y es guionista. Uno de los mejores que haya parido madre. De hecho, es la primera vez en mi vida que me pongo a rebuscar en la información de una serie para ver quiénes eran los guionistas de determinados capítulos, que además luego han resultado ser el mismo. No sé si me volverá a ocurrir algo parecido.
 Todo empezó cuando vi el episodio titulado Truco (Humbug), el número 20 de la segunda temporada. En este episodio, que no sigue la línea argumental central sino que es de los del “monstruito de la semana”, Mulder y Scully van a un pueblo cuyos habitantes tienen en común que son lo que en EE.UU. denominan “freaks”, palabra de la que aquí ha derivado la famosa expresión “friki” pero que no tiene mucho que ver. Aquí un friki es un tipo, habitualmente varón, que se ha visto todos los episodios del Enano Rojo en inglés, por poner un ejemplo. Es algo que está bien considerado, sobre todo en los foros de Internet, y que habitualmente se mezcla con lo geek (toma ya). Pero un freak en inglés es más bien un “monstruo de circo”. La mujer barbuda, el hombre con dos cabezas, el hombre cocodrilo (Scully dixit, “¿Te imaginas tener que vivir con ese aspecto toda tu vida?”), el tragasables… todos esos y muchos más eran los habitantes del pueblo donde llega la pareja de agentes del FBI a resolver un caso que, de hecho, el espectador ha resuelto casi desde el comienzo.  Vale, pues en un capítulo así cualquier otro guionista se hubiera metido de puntillas; nada de risas. Además sería caldo de cultivo para los tratamientos profundos sobre la sempiterna gaita de “ser diferentes”: los clichés, lo establecido, el racismo... Y, si ese guionista fuera español, no sólo hubiera metido la moralina de los derechos y la igualdad sino que encima lo habría hecho con el tufillo político de siempre, mostrando tener todavía más prejuicios que los que intentara denunciar. Pues llega nuestro amigo Darin Morgan y entra con el remolque hasta la cocina, obteniendo unos efectos de (¿sutil?) humor negro absolutamente transgresores que ridiculizan precisamente al espíritu apriorístico de la tolerancia y la corrección política de “igualdad por encima de todo”. Los ejemplos son muchos, pero me quedo con la charla entre Mulder y el recepcionista enano del motel —el mismo que pocos años antes hablara al revés en los sueños de otro agente del FBI, Dale Cooper, en Twin Peaks—. En un quasimonólogo francamente genial, argumentando en contra de los prejuicios y los clichés, el recepcionista adivina que Mulder es agente federal basándose exclusivamente en su aspecto. Consigue exactamente lo contrario de lo que pretendía. Y lo hace mostrando una intolerancia, un resentimiento y unos prejuicios asombrosos, llegando incluso a abordar el tema sexual ante la atónita y paciente mirada del espigado e intuitivo agente. Hay que verlo. Mejor dicho, hay que ver el capítulo completo. Como anécdota adicional off topic, la ultrahigiénica Gillian Anderson se come un bicho. Una cucaracha o un grillo. Que sí, que se lo come de verdad, o al menos se lo mete en la boca. No me refiero a que se lo coma Scully, pues de hecho más adelante demuestra que ha hecho un truco, sino la actriz, Anderson. Se lo mete en la boca, sin duda. Ahí quedó ese capítulo. No le di mayor importancia y pensé que había sido una especie de desahogo de los guionistas habituales, una liberación de tensiones entre tanto episodio intenso, emocionante, serio y trascendente. Un alarde de frescura en medio de tantas comeduras de coco, problemas institucionales o burocráticos y dramas kantianos sobre la crítica a la razón pura. Pero hete aquí que en el cuarto episodio de la tercera temporada, El descanso final de Clyde Bruckman, nuestra pareja favorita de agentes se enfrenta a un caso en el que se trata en tono de humor —¿de nuevo sutil?, pero negro, bien negro— el tema de la adivinación. En esta ocasión se verán ayudados por un agente de seguros que es uno de los mejores personajes secundarios que este que firma haya visto jamás. Se trata del veterano Clyde Bruckman, interpretado por Peter Boyle, que llega a enternecer a la mismísima Dana Scully, quien ve en él a una persona; no como Mulder, que sólo es amable y correcto (el viejo es otro expediente X). Bruckman no es un adivino del futuro sensu stricto. Sólo puede predecir la muerte de las personas. Sabe cómo, cuándo y más o menos dónde ocurrirán. Ve la escena. Y lo lleva con resignación. Él preferiría poder ganar la lotería pero no le llamó el Señor por ese camino, sino por el de la oscura parca. Y sí, es La Muerte, con sus temas asociados —como lo ineludible del destino—, lo que Morgan satiriza en este episodio que no tiene desperdicio. Nada de chistes fáciles, nada de tópicos que volvemos a redescubrir una vez más, expuestos de otra manera. No. Es humor del bueno. Es un episodio genial en el que cabe de todo, sin que haya rígidos puntos de vista que nos señalen el recto camino de la Verdad occidental actual, ni la tortuosa senda que antaño llevara por la Recta Virtud de Santo Tomás. Incluso el malo del episodio es un tanto atípico, un individuo al que hay que seguir con detenimiento. No se suele ver un malo como éste. Ya me mosqueé. Aquí pasaba algo. Eran dos los capítulos, y sólo dos, que se salían de la tónica habitual. Pero todavía no busqué. No se me ocurrió.  Lo que hizo que me pusiera a rebuscar para encontrar los cambios que había de vez en cuando en el equipo de guionistas de Expediente X —bueno, en realidad fue Reverenda Madre la que obtuvo la información, los dos vimos esos capítulos y comentamos entre nosotros que ahí había gato encerrado—, fue el episodio titulado La guerra de los coprófagos: una aventura de Mulder en un pueblo en el que está empezando una invasión de cucarachas asesinas robóticas extraterrestres (vale, vale, vedlo; no pongáis esa cara). La población cae en el pánico más horroroso y demencial posible: el que causa la paranoia. Me pregunto si después de lo del 11-S hubiera pasado el filtro de censura de la Fox. En este episodio, parodia de La guerra de los mundos de H.G. Wells, hay, de nuevo, golpes geniales de humor socarrón y negro. Pero el colofón lo ponen los celos de Scully ante el presunto coqueteo de Mulder con la científica Bambi Berenbaum (“¿Bambi? ¿De verdad se llama Bambi?”), entomóloga cuyo curioso nombre de pila es el disparador para que nuestra agente especial se incorpore al caso. Y lo hará sin dudarlo después de haber estado dando largas a Mulder durante medio capítulo para disfrutar de esos momentos que incluso un agente especial del FBI debe tener, como relajarse en casa, pasarse la esponja, bañar al chucho (que aparece desde el final del episodio de Clyde Bruckman), leer a Truman Capote, comer helado enguarrichinando el envase... El capítulo siguiente, titulado Syzygy, intentó volver a exprimir los celos de Scully. No fue lo mismo. Craso error, poner de postre arroz con leche cuando se ha comido paella… Tras comprobar que el guionista de esos tres capítulos que hemos comentado era un tal Darin Morgan, un rápido vistazo a la Wikipedia y a su ficha de IMDB nos reveló a Reverenda y a mí que el susodicho sólo había hecho el guión de cuatro capítulos, más la historia en la que se basó el genial Sangre (tercero de la segunda temporada); y que había co-escrito otro más, aparte de participar durante un tiempo en el plantel de guionistas-correctores habituales de Expediente X. Luego hizo un par de episodios de Millenium, serie hermana, y campana se ha acabao.  Al parecer todo surgió porque su hermano mayor, Glenn Morgan, ya había escrito varios guiones de la serie de Chris Carter. Ofrecieron a Darin la posibilidad de actuar en un capítulo haciendo de mutante —el hombre-tenia, para ser precisos; por cierto, vaya cante dieron los asesores científicos en este episodio, mezclando conceptos y equivocando taxonomías de forma constante—. Se trataba del capítulo segundo de la temporada dos, titulado El huésped. Él aceptó, curró y a cambio le concedieron el guión de un episodio, a ver qué tal. Por cierto: durante el rodaje de El huésped tuvo que permanecer caracterizado durante más de veinte horas con una especie de mortaja incomodísima. Las pasó putas. Yo creo que por eso decidió vengarse un poco de Chris Carter y darle caña a la serie. Escribió la historia Sangre, que guionizaron (¿existe esa palabra?) entre su hermano Glenn y James Wong, y el capítulo fue un éxito. Es bueno, la verdad. A raíz de eso le permitieron seguir como guionista pata negra y de ahí surgieron los cuatro episodios que firmó en solitario: Truco ( Humbug, nominado al Premio Edgard Allan Poe en 1996), El descanso final de Clyde Bruckman (con dos Emmys, uno para él por el guión y el otro para Peter Boyle), La guerra de los coprófagos y el inefable "Del espacio exterior” de Jose Chung (20 de la 3ª).  No he hablado de este capítulo. Es una narración retrospectiva de la serie desde varios puntos de vista incompletos que, en combinación con la distorsionada historia que construye el propio Jose Chung, escritor de bestsellers tipo Código da Vinci, resulta en una sucesión de situaciones contradictorias e hilarantes. Es un delirio absoluto. Morgan se ríe de algunas de las piedras angulares de la trama central que con tanto mimo habían tratado Chris Carter y compañía. Y lo mejor es que lo hace sin desvirtuar la trama. Podemos, por ejemplo, ver a Scully amenazar de muerte a un testigo si éste cuenta algo de lo que ha ocurrido, o chillar histérico a Mulder al ver un OVNI. ¿Queréis más? Salen incluso los hombres de negro y Scully llega a efectuar la autopsia de un tipo disfrazado de extraterrestre con un traje de goma. ¿Aún os parece poco? No diréis lo mismo cuando veáis la escena en la que un supuesto intraterrestre rojo abduce a dos presuntos extraterrestres grises que a su vez iban a abducir a un terrestre. Pues bien, os aseguro que todo cuadra. No se desvirtúa la serie. No hay nada erróneo ni contrario a la trama central de Expediente X en , por raro que parezca. Es algo así como una mezcla total de historias superpuestas que al final se recopilan en un best seller que Scully lee con cara de circunstancias —esa cara que nuestra querida Dana sabe poner como nadie más en la historia de la TV. En el siguiente episodio, titulado Avatar, la moralina vuelve por sus cauces habituales: "Qué se puede esperar de un tipo que contrata a una prostituta" (conversación entre Mulder y Scully refiriéndosse a Skinner). Ya os digo. Que pongan tu guión detrás de uno de Darin Morgan es una putada. Más tarde, Darin Morgan contribuyó en la mini-parodia del Monstruo del Lago Ness titulada Quagmire (22º de la 3ª). Aunque ahí ni aparece en los créditos —se limitó a arreglar un capítulo ya escrito—, se nota la influencia de su alargada sombra en algunos gags que no se le hubieran ocurrido a ningún otro. Ejemplo: en determinado momento Mulder y Scully deben pasar parte de la noche en un pequeño islote tras haber naufragado —escena que emula a una de Tiburón, cuando se hunde el barco pesquero—. Son momentos de enorme significado, honestas confesiones y gran interiorización. Todo termina con el “rescate” gracias a alguien que llega a ellos caminando desde la orilla sin apenas mojarse las rodillas. La conversación de la roca es digna de mención, y el hecho de que dicha roca estuviera a pocos metros de la orilla y ellos no se dieran cuenta, mera coyuntura.
Es la firma de Darin Morgan, que, de paso, eliminó del reparto al perrito de Scully que él mismo había introducido varios capítulos antes, como hemos mencionado.
Todo esto contado así parece simplón. Pero hay que verlo, de verdad.
No he visto Millenium, ni es ésta una serie que me atraiga demasiado. Pero casi estoy por echarle un vistazo al par de capítulos cuyo guión lleva la firma de Morgan. Hay uno, que curiosamente se llama “Defensa del día del juicio final” de Jose Chung, que, si no me equivoco, será equivalente a “Del espacio exterior” de Jose Chung.
No sé nada más de Darin Morgan. Pero si vuele a aparecer en escena, por favor, avisadme.
Por cierto, para hacer este artículo he tenido que buscar imágenes. Poned "Clyde Bruckman" en el buscador de imágenes de Google y veréis lo que sale… Ah, que ya lo sabíais… Yo no tenía ni idea. El cine mudo no es lo mío y el gordo y el flaco me dan cierto repelús.
Federico G. Witt, 2008
Lo que se cuenta sobre Expediente X en la blogosfera
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